La Segunda - Móvil

Internacional

Caroline el último suspiro de los Kennedy

Al cumplirse 50 años del asesinato del Presidente John F. Kennedy, esta semana su única heredera fue investida como la nueva embajadora de EE.UU. en Japón. Se transforma así en la última miembro de esta casta política en ocupar un alto cargo en la administración estadounidense. Sobre sus hombros descansa toda una dinastía. Pero, ¿podrá ella mantenerla en el tiempo?  

sábado, 16 de noviembre de 2013 / Pablo Rodillo M..

LaSegunda.com

Foto:

Si las coincidencias existen, ésta podría ser tomada como una: A seis días de cumplirse los cincuenta años del asesinato del Presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, su hija, Caroline Kennedy, se prepara para asumir desde este martes como la nueva embajadora de Washington en Japón. Así, la única sobreviviente y heredera de la dinastía política más famosa e importante de EE.UU. en el último medio siglo, vuelve a la escena pública.

El 17 de octubre pasado el Senado de Estados Unidos aprobó de forma unánime el nombramiento de Caroline como embajadora de Estados Unidos en el país del "Sol Naciente" y presentará esta semana sus credenciales al emperador Akihito. Con su nuevo cargo se une a la lista de los Kennedy que han ocupado un puesto como diplomáticos. Su abuelo Joseph lo fue en Reino Unido durante el gobierno de Franklin D. Roosevelt y su tía Jean en Irlanda durante la administración de Bill Clinton. Ayer, tras su arribo a Tokio se declaró "orgullosa" de seguir con el "legado de servicio público" de su padre.

"Hoy Caroline es sin duda la cara visible del clan Kennedy", asegura a "La Segunda Sábado" el analista político de la Universidad de Wisconsin-Madison, Barry C. Burden . "Y también representa a la última Kennedy en el escenario político nacional", agrega el experto. Tras el asesinato de su padre en Dallas y el de su tío Robert en 1968 en Los Angeles, fue su otro tío, el senador Edward "Ted" Kennedy, quien tomó el estandarte de la familia hasta 2009, año que muere por un tumor cerebral. Con su fallecimiento, los Kennedy abandonaban Washington por primera vez desde la década de los 40.

De sus cuatro hermanos, ella, con 55 años, es la única que queda con vida: Su carismático hermano menor, John John, falleció en un accidente de avión en 1999. Aunque no la alcanzó a conocer, su hermana mayor, Anabella, no sobrevivió al parto en 1956. Mientras que en 1963 Patrick murió a los dos días de nacer por el síndrome de distrés respiratorio. "Ella claramente es la continuadora de los vínculos históricos del linaje de la familia de John F. Kennedy, y en este momento es la cabeza de la familia tras la muerte de Ted", afirma a "La Segunda Sábado" Rick Halperin, profesor de la Universidad Metodista del Sur, Dallas, y estudioso del impacto que provocó la muerte de JFK.

Cuando se le preguntó en 2012 si alguna vez se sentía abrumada por el legado de los Kennedy, Caroline afirmó simplemente que "no pude haber tenido mejores padres y un hermano más maravilloso. Así que me siento muy afortunada de que sea mi familia, y me gustaría que estuvieran aquí. Sin embargo, mi propia familia, mis hijos, mi esposo, son realmente mi familia... sólo somos nosotros".

Así, ¿podrá ella darle continuidad política a su apellido en las altas esferas? ¿Será el despegue definitivo de su carrera política? ¿O será éste el último alto cargo que ostentará un Kennedy?

La embajada en Japón ha sido ocupada tradicionalmente por grandes figuras de la política estadounidense. Por ella han pasado el ex vicepresidente de Jimmy Carter, Walter Mondale, y los ex presidentes del Senado Mike Mansfield y Howard Baker.

Una carrera con altos y bajos

Los japoneses quedaron fascinados con su nominación. "Sabemos que ella es muy cercana al Presidente (Barack) Obama. Como embajadora, una de las preguntas cruciales es si puede o cómo va a comunicarse con el Presidente en una variedad de temas. Y por ese papel, yo le daría una gran bienvenida", dijo el jefe de Gabinete japonés, Yoshihide Suga, tras enterarse de su nominación.

Llama la atención, no obstante, que Caroline nunca ocupó ningún cargo político a lo largo de su vida. Por ahí, una vez ejerció como asesora de Educación de la alcaldía de Nueva York. Pero no más. Madre de tres hijos y casada con el diseñador Edwin Schlossberg, estudió derecho en Harvard y Columbia. Ha publicado varios libros, ha participado en varias fundaciones vinculadas con los derechos civiles y también en la John F. Kennedy Presidential Library and Museum de Boston.

"Caroline Kennedy se ha mantenido fuera de la esfera pública. Desde luego no es como su padre. Ella nunca fue influyente políticamente. Y como tampoco nunca vi a la señora Jacqueline Kennedy Onassis (su madre) como figura política, así que, en ese sentido, tal vez se parece más a su madre", afirma a "La Segunda Sábado" Joan Mellen, profesora de la Universidad Temple en Filadelfia, Pensilvania y autora del libro "A Farewell to Justice: Jim Garrison, JFK's Assassination, And the Case That Should Have Changed History" . Es sabido que Jackie, como le decían a su progenitora, nunca jugó ningún papel político activo en las frenéticas jornadas que le tocó vivir junto al ex Mandatario en la Casa Blanca: La Guerra de Vietnam y la Crisis de los Misiles.

Según Halperin, "no creo que Caroline pueda compararse con sus padres. La situación de ella es muy diferente. Su padre tenía una larga línea de antepasados con participación en la política. El padre de John F. Kennedy, su abuelo Joseph, fue la principal fuerza para que sus hijos se dedicaran a la política".

A pesar de permanecer fuera de la vida política durante la mayor parte de su vida, Caroline tampoco siguió el modelo de su madre ni los consejos de sofisticación que ella quiso entregarle. De la pequeña niña vestida cuidadosamente en los 60, pasó a fines de los 70 y principios de los 80 a las discotecas neoyorquinas, las que visitaba con frecuencia hasta altas horas de la madrugada.

Además le gustaba vestir informalmente, situándose muy lejos de la imagen que irradiaba Jackie, la cual con el tiempo se transformó en un ícono de la moda y que trascendió a su muerte en 1994. Pero tras conocer a Schlossberg, la hija de los Kennedy se puso seria, comenzó a estudiar de nuevo y se casó con él en 1986.

Políticamente, Caroline siguió siendo nula. No apoyó -al menos públicamente- ni a Bill Clinton ni menos a Al Gore en los 90. Pero fue en 2008 cuando salió del ostracismo y apoyó la campaña para el primer mandato de Obama. En el diario The New York Times publicó una emotiva carta, que tituló "Un Presidente como mi padre".

"Nunca he tenido un Presidente que me motive de la misma forma que la gente me dice que mi padre les motivó", contó Caroline en esa oportunidad. También se animó a participar en mítines demócratas, dar discursos de apoyo al candidato y comenzó a mostrarse públicamente. Ya con Obama como Presidente electo, se perfiló como candidata a senadora por Nueva York para sustituir a la recién nombrada secretaria de Estado, Hillary Clinton.

Al poco andar, en enero de 2009, abandonaría la carrera por el Senado luego que la prensa la hiciera pedazos tras una intervención en Harlem, en donde usó la muletilla "you know" (tu sabes) 104 veces en una conferencia de prensa sobre educación. La acusaron de no estar preparada políticamente y vivir en la burbuja del Upper East Side, de Manhattan, el barrio de los adinerados de Nueva York.

"Recuerdo que vi un programa en donde (Caroline) utilizó tanto esa coletilla que muchos consideraron que no tenía la posibilidad de llegar muy lejos. Quizás fue un momento de nervios", afirma a "La Segunda Sábado" la historiadora de la Universidad Autónoma de Madrid y autora del libro "Historia de Estados Unidos", Carmen de la Guardia . Fue el comienzo del fin.

Luego, la cadena Fox News la vinculó sentimentalmente con un ex editor de The New York Times. Acusaciones, que de paso, nunca fueron confirmadas. "No fue capaz de ver la crueldad y el trato que se requiere en política. Además ella carece de convicciones firmes. No parece que haya ninguna razón de por qué las personas deberían haber apoyado su candidatura", afirma Mellen al explicar el fracaso de su intentona por llegar al Capitolio.

Todo esto hizo que pasara, de ser la postulante favorita de Obama, a disputar palmo a palmo su nominación con el demócrata Andrew Cuomo, quien además comenzaba a aventajarla en las encuestas.

Al tiempo vino otra decepción: en abril de 2009 su nombre quedaba afuera también como la posible embajadora en el Vaticano. Aunque nunca fue designada oficialmente, trascendió que la postura abortista y de células madre de la administración demócrata le pasó la cuenta. Además, desde Roma preferían un representante de carrera. De ahí, nuevamente vuelve a la vida privada hasta que a inicios de este año Obama la nomina sorpresivamente para que dirija la legación estadounidense en la isla nipona.

"El nombramiento de Caroline Kennedy como embajadora en Japón es una retribución por su apoyo a Barack Obama. El Presidente esperó mucho tiempo antes de darle este premio que se ganó al darle su temprano apoyo", afirma Meller al comentar los motivos su nominación.

Cuando ya se instale definitivamente en Tokio, la hija del icónico ex Mandatario tendrá que abordar complejos temas, como reubicar las tropas estadounidenses en ese país -una herencia de la Segunda Guerra Mundial- y la negociación de entrampados tratados comerciales. Casualmente, la primera y última vez que su padre "visitó" tierras japonesas, fue como soldado en ese conflicto bélico.

 ¿Al Congreso o a su casa?

A pesar del alto cargo que recién comienza a desempeñar, analistas estadounidenses dudan de que éste sea un verdadero despegue de la carrera pública de Caroline. La última de las Kennedy, según cuentan, tiene pocas posibilidades de seguir en política después de que termine su gestión en la Embajada de EE.UU. en Japón.

"Creo que ella hará un buen trabajo como embajadora, pero después volverá a su vida privada en Nueva York. Se trata de un puesto que no la ayudará a construir un apoyo político necesario para correr por un cargo de elección popular", afirma a "La Segunda Sábado" Christopher Arterton, profesor de Administración Política de la Universidad George Washington.

C. Burden, el analista político de la Universidad de Wisconsin, agrega que "ser embajadora la deja en una posición mucho menos visible". "Se la llevarán del país y lejos de la sociedad estadounidense. Esta es otra indicación de que la prominencia de la familia Kennedy se desvanece. Ser embajador ha sido a veces una opción para políticos que se encuentran en el ocaso de sus carreras. Es probable que Caroline sirva hasta el final de la presidencia de Obama y luego encontrará otras actividades en la filantropía", afirma.

Laurence Leamer, columnista de The Huffington Post y autor de los libros "The Kennedy Women: The Saga of an American Family" y "Sons of Camelot: The Fate of an American Dynasty", afirma también a este diario que "dentro de la actual y próximas generaciones de los Kennedy no se vislumbra ningún líder. Caroline, además, tiene una actitud de pertenecer más a una 'casa real', una cualidad que no es adecuada para aspirar a cargos de elección popular".

Mientras que Thomas J. Whalen, profesor de la Universidad de Boston, columnista de The New York Times y autor del libro "Kennedy versus Lodge: The 1952 Massachusetts Senate Race", coincide que "es muy poco probable" que los Kennedy vuelvan a surgir como la dinastía política que fueron en su época de esplendor.

"Nunca hay que decir nunca, pero nadie en la actual generación tiene el carisma, ni se parece política e intelectualmente a John, Robert o Ted. La desastrosa campaña de Caroline para senadora por Nueva York ilustra este punto. Otro factor es que los jóvenes estadounidenses menores de 40 años no ven a los Kennedy con los mismos ojos con que los ven sus padres y abuelos", afirma Whalen. Y estos jóvenes representan ya más del 50% de Estados Unidos de hoy. "Que me perdonen, pero el mundo ha cambiado enormemente desde 1963", finaliza Arterton.

Comentarios en facebook: