No confundir profundo con denso
En ciertos sectores de nuestra sociedad, que podríamos denominar de cultos, existen muchos prejuicios. Personas que apuntan con el dedo a quienes se dan el permiso de ser más simples en sus gustos o preferencias, y que son honestos al momento de reconocer sin complejos que disfrutan de un programa de TV liviano, o de una novela de fácil lectura.
Lamentablemente, en estos casos, se confunde profundidad con densidad. A esto se suma el temido espejo social, ente invisible formado por la percepción que tenemos de lo que los demás piensan y esperan de nosotros.
Por ejemplo: Si por lo general recibimos el calificativo de “serios”, en ocasiones nos costará darnos licencias y disfrutar abiertamente, frente a terceros, de opciones que no caben necesariamente dentro del perfil que el resto ha diseñado de nosotros. Así, algo tan simple como darse merecidos recreos como una película light, hojear revistas de moda o de espectáculos, y conversar temas triviales, nos provoca conflicto debido al temor de ser juzgados.
Sin embargo, ocurre que para más de alguno, darse estas licencias resulta terapeútico, especialmente en períodos de mucha carga laboral, de estrés y depresión.
De hecho, no es raro que a algunos de mis pacientes les recomiende en ciertas ocasiones evitar los informativos de TV, ya que la carga que transmiten es muy pesada y oscura, al punto de causar ansiedad. De la misma manera, en ciertos períodos de auto cuidado es bueno suspender por un rato esas dinámicas filosóficas o eso de darle y darle vueltas a ideas que lejos de ser constructivas nos sumergen en pensamientos obsesivos y perturbadores.
Las personas pensantes deben saber equilibrar sus vidas con diferentes contenidos. Deben alcanzar la sabiduría y seguridad personal para darse el permiso de matizar lo más complejo con lo sencillo. Darle un lugar las relaciones interpersonales, afectivas y las actividades recreacionales.
¿Quién es más entero como ser humano? ¿Aquel que se pasa todo el día leyendo temas profesionales, asistiendo a conferencias ligadas al mundo laboral o esa persona que, haciendo uso de su derecho a la alogicidad, se da el espacio psicológico para incorporar entretención, cotidianeidad y lenguaje común en su vida?
La existencia puede ser más profunda cuando logramos equilibrarla y darle a cada instante su justa medida. Para eso es importante entender que una persona inteligente no se define por la manera afectada o engorrosa que tiene de hablar, por los idiomas que maneja o los eventos culturales a los que asiste. Esto muchas veces, si no se trata de un interés genuino, sólo está dando una pauta de rigidez cognitiva, y evidencia prejuicios que distancian al sujeto de personas que se permiten vivir más simplemente la vida. Personas que son más felices.
No tengamos miedo en declarar “gusta la cazuela, jugar fútbol, ver teleseries y muchas veces hablar de temas comunes y corrientes” ¡No tiene nada de malo! Lo importante es que también sepamos darle lugar a otras inquietudes. |