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Por: Marlén Eguiguren.
Diseño: Francisca Sallato.

 

 

 

   
 
     
 
     
 
     
 

 

 
“Siempre me ha gustado cocinar, pero uno nunca se da el tiempo… por eso es más que nada en las vacaciones cuando exploro en la cocina…y ahora, que ya tengo mi propia casa”…

Sofía Echeverría
Diseñadora

Su receta (hacer click para ver el resumen):
Carpaccio de alcachofa y pepino _ Lasagna provenzal _ Helado de manjar

Entre casi puros edificios de mínimo diez pisos cada uno en la calle Holanda, todavía sobrevive uno de esos antiguos: tres pisos, puertas anchas, suelo de piedra dibujada, escaleras con barandas de madera, balcones angostos y alargados, ventanas redondas… es ahí donde vive Sofía Echeverría, mezclando lo moderno con lo antiguo, combinando lo clásico con lo vanguardista. Y es que su departamento no es el “típico” de recién casados que se arma con los objetos de las tiendas de moda… tampoco es el de anticuario donde fueron a parar todas las herencias de una abuela que ya no está. No. Reúne de todo un poco. “Es que de alguna manera se puede decir que este departamento lo fui armando a lo largo de mi vida sin darme cuenta, porque hay muebles que los compré hace muchísimo tiempo pensando en algún día, en mi propia casa”, cuenta.

Tal vez sea porque es diseñadora, pero el resultado es que todos los elementos están en perfecta armonía y uno siente que nada más falta y nada sobra… Además, aprovecha los espacios de tal manera que logra que uno tenga la sensación de estar en un tremendo lugar y “en todo el departamento no hay más de 80 metros cuadrados”, se ríe.

Su marido es fotógrafo y viaja por todo Chile sacando fotos a los más diversos paisajes de nuestra geografía nacional, viajes de donde aprovecha para traer cualquier utensilio u objeto típico del país. Y así los platos y fuentes en la casa son de greda de Pomaire, hay alfombras de colores del norte del país, cojines bordados a mano y mantas de Chiloé.

Lo que la Sofía cocina también es fiel reflejo de su estilo propio: ingredientes archi-conocidos y recetas tradicionales, pero con un toque de diferencia que las hace totalmente nuevas, como por ejemplo, un carpaccio de pepinos y alcachofas.

“Me gusta hacer aperitivos ricos, pero más bien livianos. Generalmente cuando uno va a comer termina saturada precisamente de tanto comer, porque todo es pesado, entonces qué mejor que hacer un aperitivo de verduras, pero de tal manera que uno no sienta que está comiendo la típica alcachofa o el típico pepino”, explica mientras ralla el queso parmesano. Acto seguido prepara una salsa para unos espárragos y, como todo, es una salsa de mayonesa, pero con su “toque”… incluso las galletas que pondrá para el aperitivo tienen su historia y a modo de dato cuenta que las hace de pan “pero no tiene que ser una baguette cortada, porque es muy dura. Lo mejor es hacerlas de pan de hot dog, que es más barato y más blando y si está medio añejo, mejor aún”…

Para la lasagna, tiene los ingredientes ya cortados. “La materia prima de esta comida ya está, porque me lo deja preparado mi nana, porque si no, no alcanzo y tendríamos que comer a las 12 de la noche. Ahora sólo tengo que combinar los ingredientes y después poner todo al horno. Tampoco es mucho lo que uno se demora”, comenta, como explicando que no es nada del otro mundo trabajar, llegar tarde a la casa y convidar a comer. “Si uno se organiza bien, no hay ningún problema”.

“Y con el postre sí que nunca me he complicado, porque no hay nada más rico que comer helados, así que eso lo dejo hecho incluso puede ser con días de anticipación”, dice como pidiendo perdón, después de haber trabajado un día completo y haber organizado una comida para 8 personas. “Ahora a gozar, que hace tiempo que no veo a mis amigos”.

 

 

 

 
 
       
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