"Lo que más me gusta
son las cosas para la hora del té, no hay nada mejor que un muffin,
un sándwich rico o un buen café…, por eso estoy ahora
con todo el cuento de instalar una cafetería".
María
Ignacia Bustos (Nacha) (24)
Repostera y licenciada en literatura
Su
receta (hacer click para ver el resumen):
Calamares en su tinta acompañados
de arroz blanco_ Tártara de chocolate con licor cubierta de marrasquinos
y almendras.
La
Nacha comenzó estudiando gastronomía en el Inacap, pero
a pesar de ser muy aficionada a la cocina, duró sólo un
semestre. “La carrera tenía muchos ramos rellenos, demasiado
teórica. Yo quería puro cocinar, irme directo al grano.
Prefiero hacer una cosa bien que un poco de todo”.
Luego
hizo el ciclo básico de literatura en la Universidad Católica.
Una vez terminado éste, empezó a meterse de lleno en el
ámbito culinario, lo suyo.
Repostería
en Nueva York: Una vez que se pone su delantal, y que esparce
todo tipo de ingredientes y máquinas sofisticadas por la cocina,
empieza a contarme cómo fue su estadía en Manhattan en “The
Institute of culinary education”. “Hice el programa ‘Postry
and baking arts’, que es un programa de pastelería, teníamos
media hora teórica y el resto del día sólo se cocinaba
y se echaba a volar la imaginación”.
Mientras
rebana los calamares en finos anillos y los limpia por adentro, “porque
tiene unas espinas que pueden ser peligrosísimas”, continúa
con su relato de Estados Unidos. “Me acuerdo que al principio alojaba
en una residencia de monjas, era muy agradable porque me quedaba al lado
del instituto y era muy seguro…, tenía varios amigos orientales,
de hecho ahora sigo manteniendo contacto con una japonesa”.
Después
hizo la práctica en un restorán de Boston, “ahí
cocinaba alrededor de 10 horas diarias, aprendí muchísimo”,
cuenta, mientras saca una variedad de productos gringos que le agrega
“al ojo” a las ollas que ocupa. “Me cuesta decirte exactamente
mis recetas, yo le agrego un poco de todo hasta que quede rico, además
me gustan las cosas muuuy aliñadas. Aparte mis cuadernos tienen
las medidas en onzas” (sistema gringo).
Montolín:
Ahora la Nacha está trabajando en esta pastelería. Queda
en Manuel Montt y tiene más de 50 años de vida. “Yo
llegué ahí por una nieta de la dueña, que quiso retomar
las riendas de la dulcería porque estaba media botada. Queremos
sacarle partido al local, ya que aún se conserva como una tradición
chilena, porque a pesar del difícil acceso, la gente sigue llegando.
“Vamos
a abrir un nuevo local (también llamado Montolín) en Vitacura
con Armando Jarmillo”. En un mes les entregan la casa y en marzo
empieza a funcionar: la idea que tienen es partir con cosas nuevas, pero
siempre conservando la línea de la dulcería. “Los
clientes son demasiado fieles, hay muchas personas que no transan otro
merengue, manjar o huevo mol que no sea de Montolín”.
“Primero
me preocuparé de que la cosa ande y después de introducir
mis recetas y productos nuevos. También pretendo instalar mesitas,
dar almuerzo…, hacer una cafetería. Una especie de café
para abuelitas, pero 2004”.
Es
impresionante ver el drástico cambio de color de los calamares,
cuando se les agrega la tinta, de ser rojos por los tomates pasan en dos
segundos a ser negros brillantosos.
Una
vez que los retira de la olla, los sirve en un plato alrededor de un perfecto
molde de arroz blanco. Lo decora con dos hojitas de perejil…, pasan
los segundos, y noto que la Nacha quedó con cara disconforme. “¡Ahhh,
espérate!”, dice. “Falta una hoja más, siempre
se decora de tres…, son reglas culinarias”.
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