Pastelero
a tus pasteles
Me
han pedido que escriba de pastelería... nada más
ni nada menos. Además, que recomiende un postre fácil
y otro más elaborado. Para ser la primera vez, parto
por uno sencillo, aunque siempre hay que tomar en cuenta
que el problema no es la complejidad de una receta, sino
conseguir el punto preciso. Para ello tendré que
remontarme a mis cursos y experiencia en París, hace
algunos años atrás.
Recuerdo
que cada mañana, tras entrar puntualmente al hotel
Ritz (por la puerta de servicio, por supuesto), no sólo
me encontraba con la clase de cocina y punto. Con la clase
de cocina a secas. Todo un mundo se me abría, empezando
por la diversidad de nacionalidades de los otros alumnos.
Ya les iré contando...
Es mucho lo que se aprende en ese edificio inaugurado cuando
apenas faltaban dos años para el 1900 -y cuyo frontis
da a la imponente Place Vendome-, como por ejemplo... ¡que
los merengues no son de origen chileno!
En realidad son importados, dicen que de Alemania, donde
los habría inventado el pastelero suizo Gasparini,
quien hizo gala de su buena mano en el pueblo de Meiringen
(por eso los llaman mereingues).
Yo estaba segura que bavarois era un vocablo francés.
Sí. El vocablo puede serlo, pero su origen parece
que no. Es la traducción de crema bávara y
aunque no se ha establecido a ciencia cierta una conexión
entre el postre y los bávaros, muchos chefs franceses,
nos dice la historia culinaria, derrocharon su arte en la
corte de los príncipes de Wittelsbach.
Pero no hagamos más historia. Vamos a la receta:
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