SEX AND THE CITY
Se fue el sexo, quedó la ciudad.
Por Andrés Nazarala R.
“SEX AND THE CITY”, al igual que toda extensión cinematográfica de series populares, está pensada para el nicho consumidor del producto televisivo. Poco interés hay aquí en complacer a los que no han tenido el disgusto de conocer a Carrie y sus amigas, esas tipas banales de Manhattan que, seguramente, representan a muchas a lo largo del mundo. El epíteto no responde a alguna clase de misoginia; sólo que para algunas personas (especialmente hombres) no será fácil empatizar con una escritora que posee un ropero descomunal, contrapesa su banalidad con una aspiración literaria igualmente superficial y acepta pasar su vida con un tipo aburrido sólo porque es uno de los financistas más importantes de Nueva York. O una ninfómana que no entiende cómo lleva tanto tiempo sin engañar a su novio. O una profesional exitista que desconfía de los mexicanos por puro racismo. Estas son mujeres modernas, ombliguistas y a ratos insoportables. Otra película ya lo dijo: “El diablo viste Prada”.
Pero claro, estas son las impresiones lógicas de alguien que no ha seguido la serie con una devoción religiosa, a diferencia de muchas mujeres. Estas quedarán contentas sin importar como sea la entrega cinematográfica. Ver los últimos modelos de diseñadores aclamados (la inventora de la estética punk Vivianne Westwood, entre muchos otros) y acceder a nuevas aventuras de las amigas, ya justificarán la entrada.
Para los tevitos: la película es un vistazo a las protagonistas en una nueva etapa de sus vidas. Han pasado cuatro años desde lo último que vimos a través de la TV y ahora Carrie está por casarse con el Sr. Big. El evento, anunciado por toda Nueva York, reúne a las amigas, quienes enfrentan nuevos ciclos: Samantha vive con su novio —un famoso actor— en Los Angeles; Charlotte lleva una vida feliz junto a su esposo, y Miranda está lidiando con un divorcio. La dicotomía entre el sexo y el amor que ha alimentado a la serie pareciera ser asunto del pasado. Ahora las chicas deben asumir la adultez.
La película es ágil y está llena de esos diálogos ingeniosos que han encantado a muchas, pero —siguiendo la dinámica de la serie— carece de un verdadero argumento. Aunque Carrie nos anuncie que esta es una historia sobre las 2 L —“Labels and Love” (marcas y amor)—, nada aquí puede enmarcar el caos que se nos ofrece. El director Michael Patrick King (productor ejecutivo y guionista de la apuesta televisiva) pretende reflejar el ímpetu de una vida lleva de vaivenes, pero para eso nos entrega un filme de casi 2 horas y media de duración en el que todo puede pasar. “Sex and the City” podría no tener fin.
Forzada —y pensada para “humanizar” a las protagonistas— es la inclusión de una joven negra (la ganadora del Oscar por “Dreamgirls”, Jennifer Hudson) de bajo estrato socioeconómico que se transforma en asesora de Carrie. La escritora acoge en su mundo a esta chica que arrienda carteras Louis Vuitton para parecer sofisticada. Innecesarias son también algunas soluciones que extreman una idea que funciona bastante bien cuando es sugerida de forma más sutil: la obsesión por las marcas no es más que el reflejo de una profunda soledad.
IDEAL
PARA: quienes son capaces de diferenciar una cartera Louis Vuitton falsa de una auténtica.
“SEX AND THE CITY”
Reparto:
Sarah Jessica Parker, Kim Cattrall, Kristin Davis, Cynthia Nixon, Jennifer Hudson.
Dirección:
Michael Patrick King.
EE.UU., 2008
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Duración:
2 hora 28 minutos.
MAYORES DE 14.
REGULAR 