LOS SEIS SIGNOS DE LA LUZ
Un laberinto de bostezos.
Por
Juan Carlos González O.
Esta historia recuerda a “El laberinto del fauno”, pero en versión malograda (por no decir aburrida). También aquí hay un niño que no se siente cómodo en el mundo de los adultos y que comienza a vivir aventuras en una dimensión paralela. Se supone que él es un “buscador” de signos, una figura clave en la “eterna lucha entre las tinieblas y la luz”.
Se cuenta que cada mil años, más o menos, ocurre una batalla clave entre los que quieren la luz, encabezados por una pandilla de viejos (no es un decir) inmortales, que se enfrentan a un montón de cuervos, serpientes y perros rabiosos que siguen a un jinete que cabalga de noche y que de día se disfraza de médico buena onda del pueblo.
El niño, llamado Will, tiene que descubrir signos invisibles a los ojos de los demás (buenos y malos) y coleccionarlos. Este hobby tiene un sentido: estas chucherías son en realidad una especie de misiles de la luz que permiten luchar contra la oscuridad cuando ésta ataque con lo que sabe, es decir, convirtiendo el día en noche y, peor aún, echando a perder el ya terrible clima de Inglaterra.
Lo más siniestro en “SEIS SIGNOS DE LA LUZ” es su claro propósito de apropiarse de las voluntades de los más pequeños (a juzgar por su doblaje al castellano) e indefensos de la casa y hacerlos ir a una tenebrosa sala para despojarlos de su tiempo y de su dinero. Permitirlo sería un triunfo para la oscuridad.
IDEAL
PARA: quienes quieren aprender cómo no se hace cine fantástico.
“ LOS SEIS SIGNOS DE LA LUZ ” (" The Seeker: The Dark is Rising ")
Reparto:
Alexander Ludwig, Christopher Eccleston, Ian McShane.
Dirección:
David L. Cunningham
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Estados Unidos, 2007.
Duración:
1 hora 34 minutos.
TODO ESPECTADOR +7.
MALA 