BATMAN: EL CABALLERO DE LA NOCHE
No necesitamos otro héroe
Por Ana Josefa Silva
Muy violenta en parte del metraje, fascinante hasta el embrujo y cansadora a la vez (le sobran unos 30 minutos), “BATMAN, EL CABALLERO DE LA NOCHE”, uno de los estrenos más esperados del año, cumple, sin embargo, las expectativas del público al que está dirigido.
Bruce Wayne, el frívolo millonario que se esconde tras el hombre murciélago, vive ahora, con su sempiterno mayordomo Alfred (Michael Caine), en un frío y lujoso penthouse. En su holding cuenta con otro incondicional —y también conocedor de su secreto—, el científico Lucius Fox (Morgan Freeman), algo así como el Sr. Q. de James Bond.
Vulnerable a patadas, balas y cuchillazos, este Batman tan aterrizado tampoco tiene a “su chica”: ella, la brillante abogada Rachel Dawes, es la mano derecha, y novia, del exitoso fiscal Harvey Dent. Tanta es la “humanización” del hombre murciélago que hasta el propio Bruce Wayne es quien se hace cargo de algunas situaciones.
La historia comienza en un banco, mientras es asaltado por una banda de hombres con máscaras de payaso. Una cámara nerviosa, que antes ha ubicado a personajes saltando desde edificios circundantes, se deleita en una secuencia violenta, un preludio del filme que se nos viene.
La institución financiera es de la mafia y el robo no es más que el comienzo de una siniestra estratagema del Guasón (Heath Ledger) para poner en jaque a Ciudad Gótica. ¿Por qué? ¿Para qué? Lo explica él mismo: “Algunos hombres no buscan cosas lógicas como el dinero; no pueden ser comprados, ni se puede negociar o razonar con ellos. Algunos hombres sólo quieren ver el mundo en llamas”.
Siempre en clave oscura, por momentos sin contrastes ni matices, la película es, en todo caso, un contundente ejercicio estético y ético que ubica acertadamente a este cómic vintage en pleno siglo XXI, en un mundo sombrío, con más incertidumbres que certezas y donde todo puede ser peor.
Ciudad Gótica es cualquier lugar del planeta donde las mayorías han fracasado en sus decisiones, nos dicen los líderes-guardianes del orden. Y en este escenario sin personas que ejerzan cabalmente su carta de ciudadanía, se verán obligados a manipular la verdad para evitar la debacle, una verdad que sólo les es revelada a ellos. Este desesperanzado pronóstico de las bases de la democracia apenas es amortiguado, en una de las muchas situaciones de violencia del filme, con la aparición de un cierto espíritu ¿solidario? en una escena que no se ve demasiado coherente con el todo.
La acotada paleta de colores (azul noche preferentemente) y la selección musical permiten que el guión encaje en un mundo onírico —en “modo” pesadilla—, lo que evita que el espectador se detenga a buscar realismos donde no los hay.
Efectivamente —como se ha especulado todo este tiempo— la película funciona como homenaje a Heath Ledger. El buen oficio de Ledger no debería sorprender. Ya había transitado de caballero medieval al ritmo de Queen (“Corazón de caballero”) a vaquero gay (“Secreto en la montaña”) con toda naturalidad y sorprendente solvencia.
Más allá de ello, cabe preguntarse: ¿El director Christopher Nolan terminó el montaje después de la trágica muerte del actor australiano y dejó a su magistral Guasón (Jocker) muchos más —y mejores— minutos de lo programado?.
Como sea, Nolan y Ledger convirtieron al Guasón en el auténtico protagonista de esta versión que tiene por segunda vez a un muy efectivo —y más discreto también— Christian Bale en el rol de Batman. En este escenario, Gary Oldman desaparece: el bueno del Tte. Gordon desluce en este mundo donde malos y buenos van y vienen desde el lado oscuro al luminoso, una y otra vez.
El Guasón de Ledger es un ser complejo, auténticamente misterioso, que engaña por igual a víctimas y espectadores, que se ríe de su propia sicopatía (preste atención a la variedad de “motivaciones sicológicas” que se despacha) y que, para escalofríos de todos, parece no tener límites ni flancos vulnerables (visibles al menos). ¿Qué puede ser peor que un villano impredecible a más no poder, que no admite disquisiciones a lo Sherlock Holmes, rompe-esquemas contumaz, que no sólo sabe muy bien lo que quiere sino cómo es que lo conseguirá?.
El cóctel es aderezado por mucha acción. Entre éstas, unas de las mejores secuencias del subgénero persecución-en-vehículos- motorizados de que se tenga memoria.
Pero ni la envolvente atmósfera que proyecta rescata a la historia de cierta reiteración que muy pronto se convierte en una suerte de muñecas rusas en el que se suceden presentación-conflicto-desenlace en una historia sin fin.
IDEAL
PARA: vacaciones de invierno.
“BATMAN: EL CABALLERO DE LA NOCHE” (“The Dark Knight”)
Reparto: Christian Bale, Heath Ledger, Aaron Eckhart, Michael Caine, Maggie Gyllenhaal, Gary Oldman, Morgan Freeman.
Dirección: Christopher Nolan.
EE.UU., 2008.
Duración: 2 horas, 30 minutos.
Mayores de 14.
BUENA