EN
ISLA LENNOX,
A 29 AÑOS DE ESTAR AL BORDE DE LA GUERRA
Por
Ana María Guerra Y. / Fotos: Fernando Herrera
Convivimos
con la única familia establecida por un año: los Valdés-Aranda.
Cada dos meses les llevan comida y agua en un barco de la Armada. "La
soledad se siente a veces, te preguntas qué hago para que pase la hora",
confiesa la mujer.
La
isla de Lennox tiene un gran lago de agua dulce en su interior y el suelo
es tan húmedo, que al pisarlo el pie se hunde y salen pequeñas
burbujas entre el pasto.
Pero
el líquido que se ve por doquier es de un color negruzco -por haber
sido filtrado una y otra vez por tanta raíz, dicen- y no se puede tomar.

Los Valdés Aranda pueden caminar
tranquilos, ya que a diferencia
de otras islas de la zona, en Lennox no hay minas antipersonales,
tampoco culebras o alimañas peligrosas.
Por
eso, la única familia que vive en la isla depende del agua que le llevan
cada dos meses a bordo de un buque de la Armada. Son 4 mil litros (un estanque
de dos metros de alto por 1,5 de diámetro) que deben alcanzarles para
cocinar, bañarse, limpiar el retrete y todas sus necesidades básicas
durante 60 días.
Pero el sargento segundo de la Armada Eleazar Valdés (35) y su esposa
Diosa Aranda (27) no se complican. Partieron explicándoles a sus hijas
Camila (6) y Leticia (dos años y medio) que hay que jabonarse el cuerpo
"en seco" y jamás, pero jamás, dejar correr una llave.
"El
agua es el único tesoro, hay que cuidarla", señala Diosa
(diminutivo de su nombre, que no le gusta) sin aflicciones. "Uno aquí
no puede echarse a morir. Ni siquiera cuando el otro día se congelaron
las cañerías".
Tampoco tienen posibilidad de comprar nada. Todo se debe encargar anticipadamente
para que llegue a bordo del buque de reaprovisionamiento que pasa bimestralmente.
Y si algo escasea, lo único que cabe es racionar. Así le pasó
una vez a Diosa con la leche de las niñas.
Tal vez lo único que podría complicar a los Valdés Aranda
sería que fallara el calefactor a gas que mantiene la casa increíblemente
temperada, mientras en el exterior la temperatura oscila entre 1 y 2 grados
durante el día y siempre bajo cero en la noche. Todo, con el marco
de un viento constante, que puede llegar los 100 kilómetros por hora
en los días peores.

Contadas son las ocasiones en que las niñitas
pueden salir a columpiarse.
"Cada
cierto tiempo debo pedir que me manden una nueva bandera, porque el viento
la destroza, como que la rasguña con tanta fuerza que sopla",
cuenta Eleazar.
Es que el pabellón patrio jamás deja de flamear en este pedazo
de tierra chilena, epicentro junto a las islas Nueva y Picton del conflicto
que casi nos lleva a la guerra con Argentina en 1978.
De hecho, en una terraza natural que mira hacia el mar todavía es posible
meterse en las húmedas trincheras cavadas por los comandos navales
que en esa época se apostaron en Lennox dispuestos a defender la soberanía.
La misma soberanía que hoy hacen carne los Valdés Aranda junto
a otros nueve matrimonios instalados en igual número de "alcaldías
de mar" de la Armada, entre el Canal Beagle y Cabo de Hornos.
Donde los días son siempre iguales, semana tras semana, mes tras mes.
Donde la vida sólo está marcada por la majestuosidad, la fiereza
y la soledad que impone el Océano Pacífico.
Cómo llegar a la isla
Para un mortal común y corriente, llegar a Lennox (nombre colocado
por expedicionarios ingleses en el 1.800, que sustituyó a uno de origen
yamana) es casi imposible, porque no hay un circuito de navegación
comercial en el Canal Beagle. Los únicos civiles que normalmente pasan
por la isla son los pescadores que van en busca de centolla y los millonarios
que recorren el mundo.

Diosa Aranda enseña a su hija y también
es una eficiente operadora de la radio.
Para cualquier otro interesado, el viaje necesariamente contempla dos etapas.
La primera es entre Punta Arenas y Puerto Williams (una hora 15 minutos en
avión, cuando las condiciones de tiempo lo permiten, o 22 horas de
navegación por los canales australes).
La segunda parte del viaje sólo es posible con la ayuda de la Armada
y tres horas de navegación entre Williams y Lennox.
El sargento segundo Eleazar Valdés y su esposa hicieron ese recorrido
en diciembre pasado, después de que postularon, pasaron los exámenes
físicos y sicológicos, les extirparon el apéndice y guardaron
todos los muebles de su casa puntarenense en un contenedor.
Pasarán en Lennox un año, sin salir nunca de la isla excepto
que haya una emergencia. El sacrificio significará que el sueldo de
Valdés aumente en un 105% durante los doce meses, y como no gastarán
en arriendo, luz o gas, pretenden ahorrar para dar el pie de la casa propia.
Eso, cuando alguna vez vuelvan a establecerse en Villa Alemana, donde ambos
nacieron, se criaron y se casaron.
Pero para Valdés el dinero no fue el principal motivo que lo llevó
a postular. "La mayor parte de mi vida en la Armada he estado embarcado
y para mí lo más importante era poder estar un año con
mi familia. Despertar y poder ver cada día a mis hijas, tomar desayuno
con ellas, recibir su sonrisa, su buenos días papá".
También quería hacer soberanía. Y eso que podría
parecer tan lejano para un civil, cobra lógica en su explicación.
"Cuando vuelva a estar con mis compañeros de la Armada, voy a
poder decirles Yo hice patria en Lennox. Estuve un año aislado por
Chile. Y eso no lo puede decir cualquiera. Además, acá yo soy
la autoridad marítima, y eso también le gusta a uno".
Es que, por razones de seguridad, todas las embarcaciones que pasan por la
zona deben reportarse radialmente a las alcaldías de mar (también
por este medio piden ayuda en caso de emergencias). La operación de
las comunicaciones es cumplida a medias con las esposas, que además
son capacitadas en materias tan diversas como meteorología, reglamentación
marítima, enfermería y combustión interna. Por eso Diosa
dice que además de poder estar un año con el jefe de hogar,
la vida en la isla le permite por primera vez "trabajar a la par con
él. En la alcaldía somos 50% y 50%".
Sin
internet ni teléfono
En la isla no se recibe ninguna emisora o canal de TV abierta. Tampoco hay
internet. Por eso, la base de la distracción hogareña es la
TV satelital. En invierno la luz del sol desaparece antes de las 17 horas.
Sólo ven a otros seres humanos cada dos meses, cuando llega el buque
de reaprovisonamiento. "Aquí cada hora se siente", resume
Diosa Aranda. "Se arrastra", agregamos nosotros.

Todavía es posible meterse en las trincheras
que construyeron
los uniformados chilenos en 1978.
En verano la vida es más amable, si es que no molesta que haya luz
de día entre las 4 y la una de la madrugada. En esos meses las niñas
juegan en el inmenso "patio", porque las temperaturas pueden llegar
a increíbles 5 u 8 grados. A diferencia de otras islas de la zona,
en Lennox no hay minas antipersonales, tampoco culebras o alimañas
peligrosas. Sólo se ven algunas arañas, castores y conejos que
hacen vistosos túneles.
Además entre enero y marzo hay mucho tránsito turístico
extranjero. "Entonces, hay mensaje tras mensaje radial. Varios andan
en viajes de un mes para llegar a la Antártida y aprovechan de bajar
para recorrer la isla, porque hay unos senderos muy lindos que terminan en
unas playas preciosas. Se toman un cafecito con nosotros, sacan fotos",
relata Diosa.
Camila dice que le gusta la isla, pero echa de menos tener amigas. Eleazar
sólo añora, a veces, "estar con los amigos, tirar una talla,
ver puntos de vista diferentes". Diosa habla periódicamente por
radio con sus padres, que viven en Villa Alemana. "La soledad se siente
a veces, pero tratas de ocupar el tiempo, te preguntas qué hago para
que pase rápido la hora". Cuando es muy fuerte la nostalgia, sale
a caminar un rato por la playa ubicada frente a la casa. A la vuelta "vengo
renovada".
Pese a que están todo el tiempo juntos, ahora pelean menos que antes.
"Ya no hay motivos. Por ejemplo, antes él llegaba cansado y yo
quería salir, porque había estado sola un mes seguido. Esas
diferencias ya no existen", dice Diosa.
"Este
es un año de paz, tranquilidad y vida sana. De disfrutar las cosas
sencillas. Ninguno de nosotros ha sufrido ni siquiera un resfrío en
estos siete meses. Después... habrá que volver a lo de siempre",
rubrica animoso el sargento segundo.
"Cuando
vuelva a estar con mis compañeros de la Armada, voy a poder decirles
Yo hice patria en Lennox. Estuve un año aislado por Chile"
Al
inicio del día, "faena de agua" y "faena de petróleo"
La radio es el centro neurálgico de la actividad en Lennox. Nunca puede
apagarse, nunca puede dejar de ser atendida (los paseos en familia casi no
existen) y existe incluso un equipo en el dormitorio matrimonial. Chilla inclemente
durante la noche con frases del tipo "Alcamar Lennox, aquí (nombre
del barco que llama)...", o simplemente con la estática que de
repente se cuela por el aire.
El comienzo del día está marcado por el informe meteorológico
que Eleazar envía cada mañana a las 5.40 horas, prácticamente
a tientas. El generador que provee de electricidad debe ser apagado cada noche
y en ese momento una oscuridad profunda se apodera de cada rincón de
la casa. Lo mismo que el aplastante silencio, sólo interrumpido a veces
por ráfagas de viento.

Para disponer de agua es necesario surtir el tanque
ubicado detrás de la casa
El segundo reporte debe enviarse a las 7.45 horas. Ahí generalmente
empieza a moverse toda la familia. Eleazar cumple un riguroso ritual para
chequear y hacer funcionar el generador, lo que denomina la "faena de
petróleo". También cumple cada día la "faena
de agua" para acopiar el vital elemento y llenar la "copa"
ubicada a la altura del techo. La frecuente lluvia, e incluso la humedad que
se condensa en los techos cada mañana son aprovechadas mediante un
ingenioso sistema de canaletas.
Luego del desayuno, Diosa se dedica a enseñarle las materias de primer
año básico a Camila. Como la pequeña está matriculada
en la escuela de Puerto Williams, cuenta con los libros oficiales del ministerio
de Educación y además tiene la ayuda de un profesor de Puerto
Toro (a una hora de navegación de Lennox). Si Diosa tiene alguna duda,
le manda a preguntar por radio al maestro.
En este año la pequeña deberá haber aprendido a leer,
escribir, sumar y restar, lo que acreditará mediante exámenes
libres a fin de año. (Damos fe de que ya sabe hacer todo eso. Como
yapa, la hija de dos años y medio aprendió a reconocer las banderas
de más de veinte países).
Mientras ella enseña, el sargento segundo ayuda con las tareas domésticas,
lo que incluye quemar las basuras cada día. Las aguas servidas van
a parar a un depósito donde se las trata químicamente.
Para que haya pan, Diosa debe amasarlo y hornearlo. Verduras comen muy pocas
(se las traen de Puerto Williams o Punta Arenas) y generalmente hay jalea
de postre.
Bolocco,
el Koala y la delincuencia
Por
los programas de farándula, que a Eleazar le disgustan, pero que Diosa
disfruta, saben que el Koala es el baile de moda, aunque lo reprueban por
"vulgar". A Cecilia Bolocco ambos la defienden a brazo partido:
"Fue un abuso (lo de las fotos paparazzeadas). Ella es la reina de Chile.
Todas estas cosas van a pasar y va a seguir teniendo la misma clase de siempre.
Es distinguida, no como otras de la tele", dicen casi al unísono.
-¿Cómo se ve la delincuencia desde aquí?
-Lo que más me asusta que es que cometen un delito y al poco tiempo
están en la calle, responde Eleazar. Es mucho el contraste con lo que
estamos viviendo ahora como familia. Es tanta la inocencia de mis niñas
que cuando llegan los pescadores a renovar zarpe, los saludan con un Hola,
tío. Para ellas todos son tíos. Aquí pueden salir y no
hay ningún peligro. Entonces, me asusta un poco llegar a la civilización
y que ellas tengan la misma confianza.