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 LOS FUNERALES          
     
 
El Arzobispo Stanislaw Dsiwisz (R), pone un velo de seda blanca sobre la cara del Papa, antes de cerrar el ataúd para el funeral.  
El Arzobispo Piero Marini coloca una pequeña bolsa con medallas conmemorativas, como parte de los ritos fúnebres.
     
 
El mundo dió el 8 de abril el último adiós a Juan Pablo II, con la celebración de un multitudinario funeral en el Vaticano.  
El cuerpo de Juan Pablo II fue introducido a primeras hora de la mañana (hora de Italia) en el féretro de ciprés, el primero de los tres en los que será depositado, en una solemne ceremonia celebrada en el interior de la basílica de San Pedro.
     
 
El ataúd con el cuerpo de Juan Pablo II inició el recorrido llevado en hombros por los caballeros de la orden de Malta y acompañado por los cardenales que oficiaron la misa.  
El cajón fue depositado sobre una alfombra frente al altar. Sobre el ataúd se depositó un gran Evangelio abierto.
     
 
Asistieron unas doscientas delegaciones de los principales países del mundo, representantes de las distintas iglesias cristianas y otras confesiones, así como centenares de miles de peregrinos repartidos entre el Vaticano y otras zonas de Roma.  
Cientos de miles de personas siguieron el funeral de Juan Pablo II, desde una decena de puntos en la ciudad de Roma, en los que se colocaron pantallas gigantes que transmitieron la ceremonia.
 
"Santo, ya", "Santo, ya" es el grito con el que la gente que asistió al funeral del Papa pidió que Juan Pablo II fuera proclamado santo "inmediatamente".  
Tal como lo pidió en su testamento, Juan Pablo II será enterrado bajo tierra, sin sarcófago y con una sencilla lápida.
     
 
La homilía fue interrumpida numerosas veces por los aplausos de los presentes.  
Dentro del ataúd se introducen algunas medallas, un texto biográfico y la mitra papal.
     
 
Alejandra Correa, la chilena que leyó la primera lectura  
El Cardenal Jorge Medina
     
 
Las campanas de Roma replican sumándose a esta despedida.   El ataúd es levantado nuevamente por los hombres de la orden de Malta y llevado al interior de la Basílica. Un aplauso final es da el último adiós al Pontífice.
 
El ataúd del Pontífice será puesto al interior de otro de plomo, que lo cuidará de la humedad, y luego éstos dentro de un nuevo féretro de madera de nogal.  
Juan Pablo II será sepultado en tierra bajo una sencilla lápida de mármol blanco en la cripta de la basílica de San Pedro, en el lugar que ocupó Juan XXIII hasta después de su beatificación en 2000.
     
 
El cardenal camarlengo, Eduardo Martínez Somalo presidió la ceremonia de sepultura, en que el cajón de madera de ciprés es atado con cintas rojas sobre las que se colocan los sellos de la Cámara Apostólica, de la Prefectura, de las Celebraciones y del Capitulo vaticano.  
El primer cajón se introdujo en otro de zinc y luego en un tercero de madera de nogal, con los mismos sellos y con la cruz y el blasón del pontífice fallecido.
     
 
Mientras el féretro era dispuesto en la "tierra desnuda" (en realidad en un espacio cavado en el pavimento), los presentes entonaron el "Salve Regina".  
Una lápida de mármol blanco de Carrara con la sencilla leyenda "Juan Pablo II 1920-2005" sellará la tumba del Papa.
     
     
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