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Harald Beyer, director del CEP: "El nuevo paradigma es una clase media fuerte, con ideas propias y sin lealtades mayores"

"Le dio el triunfo a Piñera, se lo dio a Bachelet, pero también estuvo dispuesta a abandonarla", dice al analizar los escenarios que se abren para la derecha.  

por:  Giselle Crouchett G.
viernes, 23 de enero de 2015
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"La derecha no ha muerto". Con toda serenidad y una mirada desapasionada del momento marcado por el caso Penta -que considera "un gran escándalo"-, Harald Beyer se salta la coyuntura para delinear el cambio de switch que a su juicio requiere este sector político para reconstituirse, después de haber abandonado equivocadamente agendas que le eran propias; desorientado -diagnostica- por la baja popularidad de la administración Piñera.

Y contrariamente al pesimismo de muchos en la centroderecha, el director del Centro de Estudios Públicos y ex ministro de Educación asegura que, tal como una derrotada Concertación se reinventó, es posible levantar a la hoy oposición. Para él la señal es que "quedó claro que la población no quiere un proyecto refundacional; quiere cambios, pero no otro modelo. Quiere estabilidad".

-¿En qué quedó la voz de la calle?

-La voz de la calle no es la ciudadanía. Lo que tiene Chile es una gran clase media fragmentada, poco ideológica, que se va moviendo en función de sus apreciaciones. También es mucho más educada, más reflexiva. Ha emergido otro paradigma, una clase media fuerte, con ideas propias y que no tiene lealtades mayores.

-¿La conclusión de este año?

-Yo creo. La misma clase media que le dio el triunfo a Piñera, por estrecho margen, se lo dio con claridad a Bachelet, pero también estuvo dispuesta a abandonarla cuando sintió que no estaba interpretando adecuadamente sus visiones.

-Héctor Soto planteó que ante un gobierno "refundacional" la derecha duerme, incluso si este gobierno llegara a fracasar.

-Eso es cierto. Pero Harold Wilson, primer ministro inglés, decía que en política una semana es mucho tiempo. Después del primer año del gobierno de Piñera todos decían "la Concertación está muerta", y eso cambió inesperadamente el 2011, se reinventó.

-Pero la izquierda tiene un sustento ideológico claro.

-Eso iba a agregar. El problema que ha tenido la derecha es que heredó de la dictadura un modelo económico y social relativamente exitoso, y ha girado sobre eso y no ha sido capaz de adaptarlo a las nuevas circunstancias: un país más rico en promedio, que sigue teniendo grandes deficiencias, y donde la política social económica tiene que responder a la mayor fragmentación y diferenciación de los grupos emergentes, que además expresan demandas por cosas no propiamente económicas y materiales, sino culturales, de medioambiente. Se requiere, por lo tanto, una mirada más sofisticada, no de un país que tenía US$5.000 de ingreso per cápita y 45% de pobreza. La Nueva Mayoría ha sido más exitosa en reinterpretar esta nueva realidad, políticamente, sin que su reinterpretación sea la correcta, porque ha tenido un fracaso el año 2014.

-¿Por qué?

-La población no la "compró" en su totalidad. Y eso es lo que le abre una oportunidad al mundo de centroderecha para renovar su proyecto, y no ha ocurrido con la intensidad que debiera, es la gran falencia de la centroderecha. Al Gobierno curiosamente lo ha perjudicado no tener una oposición que pueda bloquear las reformas peor pensadas.

-¿Habla de la "baja densidad técnica", según Clarissa Hardy?

-Eso estaba hace rato en el ambiente. Produce más repercusión porque viene de la fundación Dialoga. Me toca recibir gente de afuera y les llama la atención que los proyectos han sido construidos técnicamente de forma deficiente. El Gobierno, al no tener mayorías tan claras, necesitaba negociar, intercambiar ideas; hoy no lo necesita. Lo que ha sorprendido este año es que un gobierno que parecía tener respaldo para todas estas reformas ha caído fuertemente en adhesión. Probablemente las grandes ideas tengan respaldo; la forma de llevarlas a la práctica, no el que se esperaba.

-La izquierda mira hoy a Piketty. ¿Dónde está el ideario de la derecha?

-Hoy día los grandes países están siendo gobernados en una parte importante por ideas de derecha. El mundo está lleno de experiencias interesantes.

Agenda abandonada

"Es evidente que el tema orden, seguridad individual y ciudadana, sigue en las prioridades de los chilenos, se sienten mucho más inseguros que el promedio de la OCDE. Ahí hay una agenda que la derecha abandonó completamente y que en algún momento fue suya. No logró ser consistente en ese discurso, en armar una buena agenda. Pero es algo que le sale más natural al mundo de la centroderecha y podría retomarlo con fuerza", aconseja.

-¿Y en educación?

-Las ideas matrices del mundo de la centroderecha también tienen cierto atractivo en la población. Hay que empaquetarlas de alguna forma distinta, no me parece que sea un gran desafío. Hay suficientes experiencias en el mundo de gobiernos de derecha. Lo que pasa es que hay que tener la voluntad política de construir esa plataforma.

-¿Hubo un error de lectura?

-Para la derecha fue muy dura la impopularidad del gobierno de Piñera, y esa impopularidad se vinculó a que a lo mejor las ideas del mundo de la derecha en Chile no tenían demasiado arraigo. Hubo una mala lectura y cierta desafección. Entonces, si bien hay que renovar el ideario, tampoco hay evidencia de que hay un rechazo en la población a esas ideas. La impopularidad del gobierno de Piñera produjo una desorientación de la que (la derecha) no se ha recuperado.

-¿Y se dieron cosas por seguras?

-Las reglas que dejó la dictadura favorecían un poquito a la derecha -podemos discutir el grado, hay áreas legislativas que requieren sólo mayoría simple, como la laboral-; eso genera un exceso de confianza. Pero quedó en desventaja con la misma institucionalidad, el binominal, en la pasada elección; el blindaje era un poco de mentira. El mejor blindaje al final siempre es una plataforma atractiva de ideas, de acción política. Los blindajes institucionales a la larga no son positivos.

-Para Hugo Herrera (UDP) la derecha está en medio de una crisis intelectual, sin herramientas discursivas ni políticas actualizadas para enfrentar un cambio de ciclo político. De partida, ¿cree que hay un cambio de ciclo?

-Es discutible. Hay una demanda por un nuevo acuerdo económico, social y político, pero dentro del ordenamiento que Chile ha venido construyendo. También hay que ver el contexto internacional: La crisis económica del 2008 generó una sensación de desconfianza hacia el capitalismo, en todo el mundo ha significado que las ideas básicas de la derecha estén siendo cuestionadas, pero no significa que la derecha tiene que refundar todos sus planteamientos. Lo que pasa en Chile es que no ha habido realmente una plataforma de ideas, de intelectuales, que sostenga con fuerza el discurso político de la derecha. Pero no es porque no estén las ideas; el mundo político no ha sido capaz de articular esa plataforma que le dé soporte y le permita conseguir los votos marginales que necesita para ser gobierno. Lo consiguió con Sebastián Piñera; no veo por qué en el futuro no lo pueda conseguir.

-¿Qué pasa con el discurso?

-Se tiene que sofisticar. Cuando se moderniza la sociedad, la demanda es por complejidad, y el discurso de la derecha ha sido más simplista de lo necesario.

-Entonces, la derecha no está muerta, pero hay bastante por hacer.

-No está muerta porque la población adhiere mucho más a varias de sus ideas, no todas por supuesto. Se dice mucho que el votante chileno es sociológicamente de izquierda; la evidencia no permite sostener eso. Es un votante matizado, en algunas áreas está con las ideas de derecha, en otras con la izquierda, y eso hace pensar que una plataforma política bien articulada permite que haya más alternancia en el poder. Hoy parece que vamos a tener 20 años de Nueva Mayoría; creo que con lo que pasó este año, eso no es tan evidente.

-¿Dónde debe ir la derecha? Herrera dice que "está parapetada en el sector oriente y en ciertos sectores de la Iglesia y del empresariado".

-Eso no es cierto. La derecha ha sido históricamente fuerte en Chile porque está en todos los sectores, en distintas capas poblacionales, tiene más arraigo de lo que uno cree. La Nueva Mayoría tiene la gran ventaja de ofrecer un menú muy amplio, una diversidad que la derecha no es capaz de exhibir, porque está en peleas personales. La política de centroderecha tiene que hacer la pega para mostrar esa diversidad, para apelar a amplios sectores y no quedarse pegada en una visión romántica de lo que fue su "éxito" de los últimos 20 años. Hoy, habiéndose perdido un poco el centro, hay una oportunidad para que sea capturado por una oferta atractiva.

-¿Renovar cuadros también?

-Eso se produce naturalmente en la medida que haya apertura. Pensar que de la noche a la mañana la derecha chilena va a ser como el partido liberal alemán, no es real.

-¿Cómo ve la estructura del poder?

-Creo en la tesis de Moisés Naim, Chile es ejemplo de eso, el poder se ha dispersado. La idea de que habría grupos que se oponen a todo y que por eso tenemos el tipo de reglas que tenemos, no resiste análisis. El desprecio por las elites proviene un poquito de esa mirada que no tiene sustento. Son los votantes más bien los que están llenos de matices. Los países son más difíciles de gobernar, las lealtades son menores, pero eso hace a la política más atractiva.

Advierte sobre proyecto del Gobierno: Un financiamiento sólo estatal fosiliza la política

"Un grupo (Penta) se salta las reglas y eso produce indignación. Pero no es razonable legislar a partir de ese estado de ánimo una mejor regulación del financiamiento de la política", advierte Beyer sobre la reacción ante el caso Penta. "Financiar a los partidos a cambio de nada, produce desconfianza. Y un financiamiento sólo estatal, fosiliza la política", critica del proyecto del Gobierno por las restricciones a los privados. "La competencia en general y la innovación provienen de nuevos emprendimientos políticos, pero el Estado no puede apostar a ellos porque tiene reglas asociadas a la votación, que un candidato nuevo no puede demostrar", explica.

-Pero lo que se quiere sacar de raíz es el financiamiento de las empresas.

-En el 70% de las democracias las personas jurídicas pueden donar. Entre los casos emblemáticos donde no pueden, EE.UU. tiene límites ridículos para las donaciones, pero en la práctica se hacen por vías indirectas, con un impacto negativo en la democracia, porque las campañas se vuelven orientadas a issues, cosas muy específicas, y las grandes ideas se olvidan. La academia se va inclinando por un modelo de aportes reservados.

En Francia prácticamente todo el financiamiento es estatal, y todo el tiempo está lleno de escándalos, la confianza en los partidos es muy baja y hay muy poca renovación.

Que donen o no los privados, no es un principio per se; son mecanismos. Lo que uno quiere evitar es la corrupción.

-¿Qué pasa con la influencia de los llamados poderes fácticos?

-Mucha gente dice que los aportes reservados "benefician mucho más a los partidos de derecha". Pero la posibilidad de que doble en 59 de los distritos de diputados en Chile es baja. Entonces, lo que hay es una competencia al interior de la derecha y en ese sentido hay poderes fácticos; y esos aportes reservados son para competir entre ellos. Por eso la política es tan personalista en la derecha... la influencia por el corazón de la derecha ha sido histórica.

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