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Aníbal Palma, ex ministro de Educación: "No es fuerte una democracia en que menos del 50% del electorado ejerce su derecho a voto"

El enrarecido debate de la reforma educacional le parece menos relevante que la desconfianza ciudadana hacia los políticos y la baja participación electoral que -dice- "fragilizan la democracia".  

por:  Rebeca Araya Basualto
sábado, 13 de diciembre de 2014
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ENU: La reforma que se hundió por una frase

El proyecto de la ENU, presentado en marzo de 1973 y cuya implementación Allende postergó tras un debate que dividió al país, no se entiende -dice el ex ministro de Educación- sin conocer el Chile de 1970: "Ese año había 79.000 estudiantes universitarios y en 1973 se llegó a 158.347, aumento asociado a un conjunto de medidas destinadas a romper el histórico sesgo elitista y excluyente de las universidades".

Cuenta que la reforma, parte del programa de gobierno de la UP, surgió tras dos años de debate en el Primer Congreso Nacional de la Educación, iniciado en 1971, que incorporó a todos los actores del proceso educativo a nivel nacional y acogió recomendaciones de la Unesco para América Latina. Su meta: unificar los múltiples sistemas educativos existentes (técnico /profesional; escuelas normales y educación científico/ humanista), entregando una formación inicial igualitaria, que habilitara a todos sus egresados para terminar la enseñanza media con algún nivel de calificación técnica y optar a la educación superior que prefiriesen.

"Presentamos el proyecto en vísperas de elecciones parlamentarias -rememora Palma- y con un texto introductorio que sostenía la intención de 'preparar a los chilenos para un sistema socialista de vida'. Esa frase, que nada tenía que ver con la perspectiva técnica de la propuesta, selló su destino, pues centró el debate en la cuestión ideológica. En esa, como otras materias, perdimos la capacidad de reflexionar democráticamente cuando dejamos de escucharnos unos a otros".

El 2015 cumplirá 80 años y del "pibe Palma" al que las liceanas de los 70 gritaban piropos cuando, como ministro de Educación, promovía la reforma que intentó impulsar Allende, persiste la figura espigada, una sonrisa cálida, el tono suave y conciliador y una hiperactividad que el tiempo apenas ha moderado. Hace 10 años abandonó la política y hoy sus días se dividen entre las mañanas en tribunales y las tardes en reuniones o atendiendo clientes en su oficina de abogado, donde se dedica a asuntos civiles, comerciales, laborales y de familia.

"Si vamos a hablar una vez más de la Escuela Nacional Unificada (ENU) -parte diciendo- hablemos del Chile en que se generó esa reforma, que nunca fracasó. El Presidente Allende decidió suspender su puesta en marcha ante el conflicto político que provocó su anuncio, aunque la Constitución de la época no requería una ley para su implementación, por lo que pudo imponerse sin debates".

Despliega cifras para argumentar que aquella reforma fue una entre muchas intentadas en Chile desde el siglo XIX en adelante, para adecuar la oferta educativa a las demandas del desarrollo productivo y las expectativas de equidad y movilidad social expresadas -dice- en el hecho que todos los gobiernos, hasta 1973, entendieron el proveer educación pública gratuita y de calidad como obligación del Estado.

-La Presidenta Bachelet podría apelar a su mayoría parlamentaria e imponer la reforma comprometida en su programa. ¿Sería eso más eficiente?

-En absoluto. Pocos temas son más sensibles en la sociedad que la educación y sin acuerdos sustantivos no hay política pública sostenible en esta materia.

-Algunos dicen que 100 días para formular un proyecto de reforma a un sistema que hizo crisis tras casi 40 años, constituyen un plazo poco prudente, que dio lugar a un proyecto precario.

-Si se hubiera tomado más tiempo, otros habrían dicho que postergaba sus promesas. Y como existe desconfianza ciudadana, basada en compromisos programáticos que no se cumplieron en gobiernos anteriores, posiblemente estaríamos igual de trabados en el debate

-¿Es un debate sin solución?

-Estamos enfrentados a la expresión de un problema mayor que, a mi juicio, incumbe de izquierda a derecha, a todos los que hoy participan del quehacer político nacional: la desconfianza de la mayoría ciudadana respecto a quienes aspiran a representarla, manifiesta en una participación política reducida a mínimos histórico. Hoy, el mayor problema de Chile es el descrédito transversal de sus políticos.

La esquiva confianza


Palma sostiene que la búsqueda de acuerdos no es pusilanimidad, sino de un imperativo propio del ejercicio democrático. Valora en ese sentido el acuerdo en torno a la reforma tributaria, pero crítica la reforma al binominal, pues, a su juicio, refleja una práctica que subyace al menoscabo público del quehacer legislativo:

-Hay unanimidad al decir que el binominal no se sostiene. Pero, en lugar de debatir qué sistema es mejor para incrementar la representatividad ciudadana, la discusión está centrada en el aumento de diputados y senadores...

Levanta entonces la voz y se pregunta: "¿Qué expresa eso?"

-¿El viejo "C.V.A." ("¿Cómo vamos ahí?"), definido en función de las conveniencias de los partidos?

-(Se ríe)... No quiero descalificar. Pero es obvio que una discusión que prioriza intereses... digamos... poco comprensibles para los electores, provoca rechazo. Como ocurre cuando los parlamentarios aumentan sus dietas en el contexto del aumento a los empleados fiscales. Tal vez merezcan ganar aún más, porque trabajan mucho. Pero no es prudente actuar de ese modo en una democracia endeble. Y no es fuerte una democracia en que menos del 50% de la población ejerce su derecho a voto.

-¿Será responsable la Concertación de esta desafección política, en tanto no hizo cambios significativos en un modelo social que el 2011 la ciudadanía rechazó en las calles?

-Buen punto. Admitamos que hasta hoy las condiciones no estuvieron dadas para hacer cambios sustantivos. Tal vez por eso hoy el Gobierno pone tanta urgencia a cambios cuya necesidad ya no cabe discutir.

Palma sostiene que posiblemente fue un error del Gobierno el entramparse en plazos perentorios y que, particularmente en materia de educación, habría sido importante abrir un debate público sobre la reforma antes de llevarla al Parlamento, de modo de hacer comprensibles y perfectibles los cambios propuestos. "Aunque -reflexiona- es posible contraargumentar que hubo la audacia suficiente para ir al hueso de los temas que es perentorio resolver".

-¿Faltó habilidad política para impulsar los cambios en educación?

-Creo que la oposición encontró puntos débiles en la propuesta y se enfocó en ellos. Como ocurrió con la reforma tributaria, también en lo educativo se llegará a acuerdo. El punto es que los beneficios que generen al país esos acuerdos sean claros para el ciudadano de a pie. Es clave legislar asumiendo que recuperar confianza colectiva es más urgente que infringir una derrota puntual a los adversarios.

Socialismo y democracia


Comenzó a militar a los 17 años en el Partido Radical y, tras el golpe de Estado, terminó por sumarse al llamado "proceso de renovación", hasta afincarse en 1990 en el Partido Socialista.

-¿Suscribiría la posición de los diputados que intentaron legislar rebajas a los ingresos parlamentarios?

-Sí, como un gesto para recuperar la confianza colectiva. El Parlamento es fundamental en una democracia, pero la gente debe respetar a sus representantes. No sé cuándo, cómo o qué hicimos para construir en el imaginario social el descrédito actual de la política, pero sé que no siempre esta imagen de abuso de poder, venalidad, descompromiso, caracterizó la percepción colectiva de los políticos chilenos.

-Ud. milita en el partido de la Presidenta: ¿Cuál es el socialismo que el PS ofrece a Chile?

-Ese es un debate en el cual el partido está inmerso hoy. Yo estoy alejado de la militancia activa hace 10 años. Es obvio que en este siglo no cabe la utopía de los 70, porque cambió el mundo. También la derecha actual es distinta. Sin ignorar los errores cometidos, creo que Allende fue un visionario al sostener la posibilidad de cambios estructurales en democracia. Países como Cuba, Ecuador, Bolivia o Uruguay están explorando esa senda.

-A su juicio, ¿Cuba es una democracia?

-Hay una democracia social, no política...

-...¿Es posible la democracia social sin democracia política?

-(Largo silencio)... No. Tienen asegurado el derecho al trabajo, la salud, la educación. Pero admito que sin participación política ni elecciones libres, a mi modo de ver, no hay democracia. Tal vez por eso me preocupa tanto proteger el sistema que logramos devolver a Chile.

" Hoy, el mayor problema de Chile es el descrédito transversal de sus políticos".

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