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Carlos Bresciani, el jefe jesuita en la zona mapuche: "Lo que el Estado no hizo de derecho, las comunidades lo están haciendo de hecho"

El sacerdote dice que el verdadero paso que hay que dar, es hacia la autonomía. 

por:  Fernando Duarte, La Segunda
jueves, 30 de octubre de 2014

"El 5 de octubre, después del corte de la ruta que une Cañete con Tirúa, nos tocó adelantar una caravana de Carabineros con guanacos, tanquetas, cinco carros... Era un convoy que creaba la sensación de miedo, de represión, de 'aquí estamos en zona de guerra', y eso no es así".

El relato es de Carlos Bresciani, probablemente el jesuita que más sabe hoy del conflicto mapuche en Chile. Hijo menor de una familia santiaguina, estudió en el San Ignacio de El Bosque, y, ya siendo cura, partió a los 33 años a internarse en Arauco. De eso han pasado nueve. Casi una década en que ha visto cómo la zona no logra salir de la pobreza ni avanzar en su historia.

Hoy Bresciani es el jefe máximo de la misión jesuita mapuche en Tirúa, un pueblo donde los días se pasan intentando sobrevivir a la falta de trabajo.

-¿Y qué labor hace aquí?

-Tratamos de acompañar las vidas de las familias. Sobre todo de mapuches, pero también chilenas, tratando de crear puentes, de que podamos reconocernos como hermanos desde nuestras distintas espiritualidades. Nuestra apuesta no es para hacer proselitismo religioso, no estamos para hacer más católicos. Queremos relaciones justas, y desde ahí creemos que podemos acompañar los procesos.

- ¿Y qué es lo que ve en ese acompañamiento cuando hay hechos violentos?

-La mayoría tiene una conciencia de que hay un derecho que exigir y que tiene que ver con la reparación de una deuda histórica que tiene muchas aristas: restitución, autogobierno con posibilidades de reconocimiento y no sólo desde un punto de vista folclórico. Tienen ese horizonte de lucha colectiva por los derechos, con distintos lenguajes.

En general, el comentario "es podré estar de acuerdo o no en el modo, pero esto es fruto de una negación primera, es reacción de una acción que realizó el Estado históricamente y que además se suma a la pobreza del lugar, a la sensación de exclusión y postergación".

-La furia de los mapuche no se aplaca. Más bien va escalando.

-Mientras todo se deje en lo policial o se judicialice, el problema se va a agudizar y el reclamo social va a empeorar.

La reacción policial hace que los más moderados se radicalicen. Desde hace muchos años, comunidades, dirigentes, nosotros como Iglesia, algunas ONG y el Observatorio Indígena, entre otros, decimos que si no se respondía a las demandas como una política de Estado, más allá del gobierno de turno, y que implique restitución territorial y hacer productivas esas tierras, la crisis se va a agudizar.

-¿Y cuando dice que se crea una sensación de zona de guerra, cree que hay es un prejuicio, entonces?

-Este país continúa siendo clasista y racista y se sigue actuando desde ahí. Veo buenas intenciones en mucha gente de gobierno, pero repito, desde el momento en que las políticas y las reacciones son sólo a nivel judicial y policial, va a seguir habiendo reacción contra reacción.

-Pero el último incidente grande no se produjo por la deuda histórica, sino por un robo de madera.

-Los cortes de caminos siempre son gatillados por un tema puntual y en este caso fueron dos: primero, en solidaridad con el comunero que murió en Galvarino y segundo, porque las forestales, en especial Arauco y Volterra, no estaban comprando la madera de las comunidades que provenía de las tierras que los mapuche están recuperando de esas mismas compañías. Eso en términos legales es robo, pero una cosa es lo legal y lo otro es lo legítimo. Aquí hay que ser súper sincero: las forestales reciben toda esa madera igual, aunque sea robada.

Lo que el Estado no ha podido hacer de derecho, las comunidades mapuche lo están haciendo de hecho. El Estado no ha sido capaz de ponerse los pantalones y decirle a estas empresas que sus impuestos queden en el territorio. Estas pagan una patente municipal que es irrisoria comparada con las utilidades que tienen.

Autonomía, sin espantarse

-Pero últimamente se han visto gestiones desde el gobierno para buscar una solución. Por ejemplo, la idea de crear un ministerio indígena.

-No me he metido a ver de qué se trata porque sé que eso responde a tratar de darle una institucionalidad más seria a la hora de repartir recursos por parte del Estado al mundo indígena y que no sea sólo a través de la Conadi, que está absolutamente deslegitimada.

Lo que un ministerio podría hacer, supongo, es hacer más expedito el traspaso de recursos y podría solucionar algunos problemas para el Estado en términos burocráticos. El problema de fondo es cómo participan las comunidades en la toma de decisiones de sus propios territorios y creo que esa es una pelea más grande que hay que dar.

-O sea, la autonomía.

-Sí. Uno lo puede decir con nombres más bonitos, porque al hablar de autonomía la gente se espanta. Igual como cuando se habla de expropiación o de violencia, conceptos que han sido instalados con mucho prejuicio. Ahora, esa propuesta tendría que ir al Senado, donde creo que no quedará en nada.

-El intendente Huenchumilla pidió un presupuesto especial para hacer habitables las tierras para mapuche.

-Es lo que se necesita. Porque así como en su momento el Ejército invadió el territorio mapuche, entregando las tierras a colonos chilenos y extranjeros, hoy se tiene que pagar esa deuda histórica. ¿Cómo? Comprando tierra, pero generando una política de recuperación agrícola porque eso forma parte de la identidad de estas personas, de sus raíces, de su modo de relacionarse, de su espiritualidad.

-¿Ve posible que el chileno pueda entender esa relación espiritual de los mapuche con la tierra?

-Para ellos la tierra es alguien, no algo. Alguien tiene que ver conmigo, con mi familia, con mis antepasados, con mi futuro. Entonces, desde el momento en que se relacionan con alguien que les da y con quien establecen una relación recíproca, quieren que ese contacto se produzca no desde el utilitarismo, si no desde el centro de la espiritualidad. Y creo que entender eso nos haría bien a todos.

 
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