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Juan Gabriel Valdés, nuevo embajador en EE.UU.: "Yo debí ir en el auto que explotó con Orlando Letelier"

Desde su ventana, el ex canciller contempla el lugar del fatal atentado, habla de las lecciones del pasado y adelanta temas de la cita de Bachelet con Obama.

por:  Phillip Durán
viernes, 06 de junio de 2014

Valdés en el frontis de su oficina en Washington.


El pasado 21 de mayo, Juan Gabriel Valdés tenía en su agenda dos actividades importantes. Ajeno a la cuenta pública de la Presidenta Michelle Bachelet en Valparaíso, el recién asumido embajador en EE.UU. tuvo su primer encuentro con Barack Obama en la Casa Blanca. Luego hizo otra visita, quizás más sensible en lo personal: depositó una ofrenda en Sheridan Circle, en el memorial del ex canciller de Salvador Allende, Orlando Letelier, asesinado en un atentado explosivo el 21 de septiembre de 1976.

Valdés debió estar hace 38 años en el auto que explotó con Letelier a bordo, recuerda ahora. Pero, por una "casualidad", relata, se quedó en su casa. En esta entrevista, el ex ministro habla del trágico episodio, del polarizado clima de la época y de cómo Washington lo recibió ahora, mientras prepara el viaje que hará a fin de mes la Presidenta Michelle Bachelet.

-Yo estudié en Princeton, desde el 73 hasta el 77. Pero el 76 vine a vivir a Washington por invitación de Orlando Letelier, a trabajar en el instituto en que él estaba como director.

-¿Lo conocía de antes?

-No, nunca lo había visto. El llegó de Isla Dawson y lo primero que hizo fue invitar a un grupo de tres o cuatro jóvenes chilenos a un hotel en Washington, donde tuvimos una larga reunión con él y con Isabel (Morel, su esposa). El empezó a ir a Nueva York, donde yo estaba más activo, actuando dentro de Naciones Unidas con una tarjeta de periodista que me dio mi amigo Roberto Savio, para conseguir condenas en DD.HH. contra la dictadura.

-Con eso le permitían entrar al edificio.

-Así es, a mí y a otros cuatro más. Teníamos una oficina que se llamaba Chile Democrático, en el edificio de las iglesias metodistas. Orlando nos contactó y valoró lo que estábamos haciendo. Llegué a Washington con mi familia -mi mujer y dos niños chicos-, dejamos nuestras cosas en el garage de la casa de Orlando. El consiguió que un amigo suyo, que estaba de viaje, nos prestara su casa.

-Hace algunos días, usted depositó una ofrenda en el lugar del atentado.

-Fue muy emocionante eso. Hay que pensar que yo debí ir en el auto con Orlando Letelier y Ronni Moffitt. No fui simplemente por casualidad, porque mi mujer me pidió la noche antes que no fuera esa mañana con Orlando -él me pasada a buscar siempre-, porque quería que me quedara con los niños. Ella tenía compras que hacer en el supermercado. El me debe haber llamado a las 23.00 para decirme "te paso a buscar, ¿está listo el papel?", refiriéndose a algo que me había pedido. Le dije "está casi listo, pero no me puedes pasar a buscar porque me quedo aquí en la casa y llegó a las 10.00 a la oficina". No le gustó, pero conversamos y lo aceptó. Fue la última conversación.

-¿Cómo se enteró del atentado?

-Yo estaba con los niños en casa y me llamaron por teléfono desde el instituto, la secretaria, para contarme que Orlando había tenido un accidente. Después me llamó Cecilia Medina, una famosa jurista chilena, para decirme que fuera porque estaba llegando el FBI. Le pregunté qué tiene que ver el FBI con un accidente de auto. Y me dijo "qué accidente de auto; una bomba". Salí corriendo a la calle a tomar un taxi... Ahora en la embajada estoy al lado de donde pasó esto, lo veo desde la ventana casi y es impresionante. Me impresionó también una cena que me dieron cinco días después de que llegué ahora a Washington, personas que trabajaron con Orlando y conmigo. Los vi por primera vez desde el 77. Un encuentro muy emotivo.

-¿Después del atentado se quedó en Washington? ¿Tomó medidas por su seguridad?

-Me quedé por un tiempo. La vida cambió completamente, porque Washington se transformó en invivible en lo sicológico para mí. En un momento el instituto puso una persona que me seguía para ver si estaba siendo seguido.

-¿Hubo amenazas?

-Bueno, mi padre sufrió amenazas directamente. Llegaron informaciones de que yo estaba en una lista. Era el ambiente propio de lo que rodea un crimen, que tiene olas magnéticas que siguen ocurriendo. Llegó un momento en que me dije que tenía que encontrar un lugar donde recomenzar mi tarea profesional, un lugar que no estuviera marcado. Seis meses más tarde, partí a México.

-¿Qué le provoca ver por la ventana el lugar del atentado? Usted se fue para dejar atrás ese episodio...

-Cuando me fui el 76, pero la vida pasa y ya tengo otra mirada. Pero cuando paso por ahí todas las mañanas, para ir a mi oficina, no puedo dejar de pensar, naturalmente. Y veo la embajada de Rumania, donde ocurrió el episodio, y me acuerdo del taxista que me llevó de mi casa hasta el hospital, quien -sin tener idea quién era yo- me contó todo el camino el atentado, con los detalles más brutales....

-Hace días EE.UU. desclasificó textos sobre el golpe del 73. ¿Tiene algún impacto aún en la relación bilateral?

-Bueno, es el pasado, la historia. Mi amigo Tom Shannon, consejero del secretario de Estado, John Kerry, me regaló un volumen con los documentos cuando lo fui a ver. Leer lo que dicen los funcionarios de EE.UU. en esa época sobre Chile, hiere. Son gente que uno se pregunta si estaban en su sano juicio.

-¿Qué pudo leer en esos papeles?

-Trae alusiones a mi padre, a Salvador Allende, a Eduardo Frei Montalva. O se estaba en contra o a favor. Y quien está contra está con la URSS. Es un mundo de dementes que pasó hace tan poco tiempo que uno no lo puede creer.

-¿A su padre lo meten en ese saco pro soviético?

-Claro, hay dos señores, el señor Korry (Edward, ex embajador en Santiago) y el señor Shlaudeman (Harry, del Departamento de Estado) que lo retratan como un permanente representante del «mundo del Este». Esos funcionarios estaban con serios temas sicológicos.

-¿Su padre conocía a Letelier?

-Se habían visto varias veces. Letelier había sido un muy activo participante del BID en Washington, antes de ser embajador y se encontró varias veces cuando mi padre fue canciller. Cuando yo estaba aquí, fuimos una vez a almorzar con mi padre y Orlando.

-Su padre fue canciller. ¿Cuánto lo marcó esa herencia?

-Una influencia muy determinante. En mi familia mucha gente se dedicó a temas internacionales. Desde mi bisabuelo.

-¿En qué ámbito pesa más ser un «Valdés», en diplomacia o en política?

-No lo sé. Tengo la suerte de haber tenido el padre que tuve, me enseñó muchas cosas útiles para los dos temas.

-¿Cuán distinto está Washington?

-Tengo la impresión de que la ciudad está un poco más linda. Me acuerdo de lugares un poco tristones y derruidos; ahora es una ciudad brillante. La belleza natural de Washington está maravillosamente incorporada a la arquitectura y la gente goza mucho la ciudad, sale a caminar, corre, tiene bicicletas, en fin... Esa parte de la vida es muy agradable.

Visita de Bachelet a Washington: "Por cierto, el gas está en agenda de la cita con Obama"

-¿Qué pudo conversar con Obama?

-Fue una conversación breve, me manifestó la alegría por la visita de la Presidenta y por poder trabajar de nuevo con ella los dos últimos años de su mandato. Después me preguntó por las prioridades del gobierno, le hablé de educación y me dijo que a él le parecía que eso era esencial.

-¿Inquietan las reformas de Chile?

-Están interesados. La tarea esencial es explicar. Participaré en una discusión del Interamerican Dialogue en cinco días sobre la reforma tributaria y de educación. Estoy invitado también por el Wilson Centre...

-¿Hay preocupación?

-He notado eso sólo en el extremo derecho del espectro. En alguna prensa. Pero no en el mainstream, donde se sabe que los países OCDE tienen un récord en materia impositiva bastante más exigente que Chile.

-¿Qué pasará con el TPP?

-Es una negociación muy compleja, con muchos países. Chile ha planteado qué desea en algunas áreas, como propiedad intelectual, mantener lo que negociamos en el TLC. EE.UU. conoce las dificultades de Chile en esa materia.

-¿Se hablará de venta de gas durante la visita de Bachelet?

-Yo diría que educación y energía -renovables y limpias- son nuestros temas esenciales. Y por cierto en el gas. El lunes me reuní con el secretario de Energía del departamento de Estado. Creo que la visita del ministro Pacheco va a ser muy fructífera.

-¿Que EE.UU. exporte gas a Chile y la región introduce una dinámica distinta? ¿Dependencia del gas de EE.UU. y no más del petróleo venezolano?

-La producción de shale gas introduce cambios geopolíticos importantes. EE.UU. tiene que autorizar la venta de gas y los países que tienen TLC, como el nuestro, no requieren de esa autorización.

-¿Sería una señal de cercanía con Chile?

-Sin duda, marca un grado de acercamiento importante. Avanzar en esto, significaría otro grado de vinculación de nuestras economías, muy importante.

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