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Roberto Ampuero, entre el beef capitalino y el Chile profundo: "Quiero impulsar un debate inspirador en la derecha"

"Aquí, al margen de los símbolos patrios, lo único que nos une es la Selección Chilena, y ojalá que le vaya bien en Brasil. 

por:  Lilian Olivares Fotos: César Silva/La Segunda
viernes, 09 de mayo de 2014
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En su próxima novela regresa el personaje de "Nuestros años verde olivo"

"Estoy contento", dice. Y explica: "Lo que me tiene más contento es que quiero, en octubre, sacar una nueva novela".

-¿La segunda parte de "Nuestros años verde olivo"?

-"Nuestros años verde olivo" termina en que el muchacho va a salir de Cuba. Y mi nuevo libro trata de que este mismo personaje llega a Alemania Oriental. Pero no es una segunda parte. A mí lo que me ha interesado es escribirlo desde la actualidad. Es un personaje que vuelve, ya maduro, a la Alemania Oriental cuando ya no hay muro. A partir de ahí es el relato del pasado y la reflexión del presente. Lo tenía muy avanzado. Me faltaba la posibilidad de afinarlo. En definitiva, es el mismo personaje pero desde su madurez.

Está con barba el escritor Roberto Ampuero.

Y este viernes, por primera vez, se pone corbata. Una corbata morada que estrena para inaugurar su charla en la Universidad Finis Terrae. "Cátedra Ampuero 2014". El tema es "Chile en la encrucijada". Lo acompaña Alvaro Vargas Llosa.

Roberto Ampuero está con barba y eso tiene un sentido. Todo partió el 11 de marzo, cuando entró al Congreso Nacional como ministro de Cultura y, después de despedirse de las autoridades de gobierno y oposición que estaban en una fila, salió a la calle y no tenía auto ni rango.

Entonces se sacó la corbata, se puso los anteojos de sol, sacó una gorrita que llevaba en un bolsillo de su chaqueta y salió a caminar por Valparaíso.

-Empecé a caminar por un Valparaíso que estaba vacío en ese momento, y nunca más me afeité. Lo interesante es que, de pronto, cuando uno deja el cargo de ministro, de embajador (en México, antes de ser secretario de Estado), se da cuenta de que uno puede ser uno mismo cien por ciento, de nuevo. Porque antes eras tú mismo, pero te debías al cargo; es decir, a una institucionalidad republicana que prometiste respetar.

Ya no anda apurado, corriendo, como lo hizo hasta marzo. Ahora se sienta a conversar y se toma todo el tiempo del mundo para responder a las curiosidades que uno tiene cuando está frente a un escritor importante, que durante 21 años ha mantenido a un personaje notable del género de la novela policial, como Cayetano Brulé, y que marcó un hito con su libro "Nuestros años verde olivo". Ahí muestra su desilusión con el mundo comunista que idealizó a los 17 años, desde que empezó a militar en las JJ.CC., y que abandonó a los 25 después de haber vivido y convivido con el mundo real del PC, en Alemania Oriental y en Cuba.

Está viviendo en Olmué, su Itaca. Y a fin de mes espera comenzar a desplazarse entre esa casa que simboliza lo permanente, las flores, el parrón, el cielo estrellado, y su nuevo departamento en Valparaíso, su puerto natal, donde observará el Pacífico.

La decisión la tomó Lucrecia, su esposa. Una inteligente guatemalteca que estudió en Estados Unidos y en Austria, y después fue diplomática en Alemania, Suecia, Finlandia y Chile. El la conoció viviendo en Alemania y de ahí no detuvieron su vida nómade.

Pero ahora Lucrecia le dijo: "Se acabó. Aquí nos vamos a quedar".

Tiene su cátedra y también, una vez al mes, la reunión en "Avanza Chile". Es que el ex Presidente Sebastián Piñera lo nombró director de su fundación. Toma el Pullman Bus en la plaza de Olmué, llega hasta la estación Universidad de Santiago, sube al Metro, se baja en la estación Tobalaba y desde ahí suele caminar. Es que hizo una opción: Quiere estar en el Chile de los márgenes, "no engrosando el beef capitalino donde todos se dan vueltas como en un carrusel y nunca ven al Chile profundo".

-¿A qué se refiere con el beef capitalino?

-Para los gringos, la pregunta siempre es: dónde está el steak ?

Ampuero vivió en Estados Unidos antes de instalarse en Chile el 2011.

-Dónde está el filete, dirían acá.

-Y eso es lo que pasa: que el filete está en Santiago. Entonces, es muy fácil para uno, volviendo de Estados Unidos o de Europa, instalarse en Santiago y sumarse a este filete en términos de proyección y también de consumo. El reto está en no sumarse a ese beef .

"Santiago es un monólogo"

Descubrió el carácter monologante que tiene Santiago en relación con el resto del país y eso no le gusta.

-Santiago tiene un discurso, es como un gran altoparlante. No dialoga, no negocia con las regiones. Efectivamente se preocupa cuando hay grandes catástrofes, pero después del momento desaparece. Y yo quiero estar en ese otro Chile. En ese Chile que es el que ha estado históricamente condenado a escuchar este monólogo que emite Santiago. Yo no quiero estar en ese centro del poder. Conocí el poder, lo vi, lo ejercí, me sentí muy privilegiado y muy honrado de formar parte del gobierno del Presidente Piñera, pero ahora quiero ver a mi Chile, sentirlo no desde el centro, sino desde sus márgenes.

-Si quiere verlo desde el Chile profundo, ¿por qué hoy es director de "Avanza Chile"?

-Porque yo pienso que uno tiene un compromiso con sus regiones y tiene que llevar esa sensibilidad, ese malestar, esa forma distinta de ver las cosas, hacia lo que es el gran centro, que es fundamentalmente Santiago. No es que esté en una opción regionalista en busca de autonomía; estoy en una visión de un Chile unitario, pero que debe ser capaz de escuchar y de interactuar con todas sus regiones. Entonces, claro, estoy en el directorio de la Fundación Avanza Chile y estoy en una cátedra en la UFT, que son lugares hasta donde uno puede traer un aporte que va a estar siempre permeado por los márgenes.

Quiere intentar interrumpir ese monólogo de Santiago.

-En su cátedra, usted se preguntó si la derecha podrá construir su relato inspirador. ¿Va usted a intentar escribirlo?

-No, yo creo que esto es una tarea gigantesca, que se abre.

-¿Pero no sería un desafío mayúsculo?

-Es un desafío mayúsculo. Lo que yo sí quiero es impulsar este debate, y para eso he estado hablando con muchas personas. Porque es necesario generar algo al respecto, que vaya más allá de lo que es la política estrictamente técnico-parlamentaria. Al quedar solamente en esa dimensión, ¿sabe lo que ocurre? Pierde un sentido esencial que tiene que ver con las alternativas de una sociedad democrática: Que sea capaz de presentar alternativas inspiradoras por las que valga la pena vivir. No dramáticamente, sino porque hay una búsqueda de algo que realmente trascienda el día a día. Algo que haga sentir que yo creo en este Chile; hay un proyecto con el cual me identifico. Aquí, al margen de los símbolos patrios, lo único que nos une es la Selección Chilena, y ojalá que le vaya bien en Brasil. Y el resto, ¿dónde se produce esta necesidad de trascendencia y de identidad, que vaya por encima de la cotidianidad?

-Pero es esencialmente más difícil construir un relato de la derecha, puesto que la izquierda tomó la bandera de la pobreza. ¿Qué puede decir la derecha?

-Es que, ¿sabe lo que pasa? Esto es como en la física: el espacio que tú no ocupas lo llena otro, y lo puede llenar incluso con un populismo poderosísimo porque no hay nada que desde el mundo de las ideas se oponga. Ese es el tema. ¿Conoces algo más vinculado con la centroderecha, en términos de lo que es el emprendimiento y la libertad, que "el sueño americano", o "el milagro económico alemán", o que "la revolución en libertad?". Hubo momentos en que sí fue posible levantar estos grandes relatos. Una sociedad democrática necesita la confrontación de las ideas, de los sueños de la sociedad. Es la forma de avanzar. El totalitarismo, por el contrario, lo que quiere es que haya un solo relato. La sociedad democrática requiere de esta discusión, y ahí está el espacio de los liberales.

 "Viene un momento tenso. Hay que cuidar el país porque no tenemos otro de repuesto"

 

Está preocupado Roberto Ampuero. Le inquieta la temperatura que está tomando el debate en el país.

-¿Sabe lo que pasa? Es que la convivencia en una sociedad democrática es algo esencial, vital, productivo, pero extremadamente frágil. Basta con que unos opten por romper el tono, para que eso se venga abajo. Y otra cosa: la muerte de la convivencia democrática comienza matando los estilos y el lenguaje que se usan en la convivencia democrática.

El vivió la época de la Unidad Popular y del golpe, siendo entonces un comprometido estudiante comunista.

-Si hay algo que mi generación saca como gran lección de nuestra historia reciente es el hecho de que en los momentos en que priman en un país visiones distintas muy encontradas debe existir la voluntad de diálogo, de aceptar la diferencia, y de respetar las formas y el debate democrático. Eso tiene un impacto en toda la ciudadanía. Hay cosas en la democracia con las cuales no se juega.

Se explaya:

-Eso yo creo que es muy importante. Sobre todo aquí en Chile, que viene un momento que yo veo complicado, tenso, y espero que me equivoque, hay que cuidar el lenguaje, los modos, el trato que nos damos. Hay que cuidar el país, también; no tenemos otro de repuesto en el maletero del auto.

Le llama la atención que hasta el año 2010 se entendía que nuestro país no era perfecto, pero se apoyaba y se valoraba la construcción que se había hecho por una gran mayoría en el Parlamento.

-De pronto, el desconocimiento de esa paternidad con respecto al país que construimos en los últimos 24 años me inquieta. Porque yo recuerdo perfectamente haber visto a muchos diplomáticos, políticos y parlamentarios hoy de gobierno, viajando por el mundo, celebrando su modelo, su estabilidad, su lucha y éxito en el combate a la pobreza. Y de pronto los veo, cuatro años después, convertidos en críticos de aquello que ellos mismos administraron. ¡Y ni siquiera pasaron cuatro años! Y uno escucha a algunos de ellos con un discurso apocalíptico: "¡Esto ya no da para más!", o "hay que cambiarlo radicalmente".

-La Nueva Mayoría dice que antes no era el momento y que ahora sí, de hacer cambios radicales. ¿Qué le parece el argumento?

-Me parece que es un pretexto flojo y débil.

Cree advertir el momento exacto en que el clima se empezó a enrarecer:

-Esto comienza el año 2011, en el mensaje del 21 de mayo del Presidente Piñera. Hubo más de 80 interrupciones en su discurso, de gente que estaba sentada en distintos lugares del público invitado, claramente organizados para gritar e increpar e interrumpir al Presidente. Y en un momento alguien del Parlamento mismo también lo increpó. Ese clima de crispación no lo habíamos vivido en democracia. Y era muy repentino en su aparición. Quedé muy preocupado.

Vuelve a esta fecha:

-Y ahora viene el discurso de la Presidenta Bachelet. Estoy convencido de que nada le haría peor a este país que si alguien decidiera que tienen que hacerle lo mismo. Pienso que estamos en una situación donde pueden aparecer muchas cosas vinculadas con tensiones mal resueltas, pero yo quiero ser todavía optimista y pensar que se van a imponer, al final, la mesura, el diálogo, las formas. Andrés Velasco habla de las malas y las buenas prácticas. Yo hablaría de las buenas formas, necesarias en democracia.

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