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Ottone: "¿Cuáles son los miedos (con Bachelet)?... No estamos en el campo del populismo o la revuelta"

"Nada más lejos de la personalidad política de Michelle Bachelet que una concepción de manejo del poder basada en el matonaje y la aplanadora", afirma el sociólogo frente a su eventual retorno a La Moneda. Frente al retroceso electoral de la derecha, advierte que "el país necesita que tenga una representación política real, lo peor es cuando sectores sociales quedan sin representación política, fuera del sistema o demasiado jibarizados".

por:  Claudio Salinas M./La Segunda
viernes, 29 de noviembre de 2013
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"Hay que darle tiempo al voto voluntario"

-Sólo un 49% fue a las urnas el 17 de noviembre. ¿Hay que revisar la voluntariedad del voto? -No hay que hacer de esto una religión o un dogma. El voto voluntario lleva muy poco tiempo en Chile, es probable que después de una evaluación de su funcionamiento se considere volver al voto obligatorio, pero creo que hay que darle un tiempo más. Lo que refleja esta baja votación es un fenómeno más global de las democracias representativas. Yo creo que el voto es un deber moral de membresía de la sociedad. Hay otras personas que no lo ven así, pero nada de eso pone en juego la legitimidad de la decisión de los que fueron a votar. -La abstención es interpretada como conformismo por algunos y rechazo al sistema por otros. -Yo creo que no es lo uno ni lo otro. Allí hay de todo, más bien una cierta indiferencia, una cierta pereza cívica, no hay que atribuirle que es de aquí o de allá, simplemente es ausencia de comprensión que las decisiones electorales pesan sobre la vida de los ciudadanos. Eso obliga a un mayor esfuerzo, a mejorar fuertemente la calidad de la política, más cercanía de los políticos de la ciudadanía, mayor austeridad política, que no los perciban como señores que están trabajando para ellos.

"Me llama la atención que en esta segunda vuelta aparezca el fenómeno del miedo, cómo si fuéramos hacia una cosa desconocida", sostiene el sociólogo y cientista político Ernesto Ottone al salir al paso de las aprensiones que suscita el programa de Michelle Bachelet y la sólida mayoría parlamentaria que conquistó su coalición para llevarlo adelante si es que ella vuelve a La Moneda.

Ex asesor estratégico del Presidente Lagos e influyente intelectual de la centroizquierda, Ottone hace hincapié que un eventual segundo gobierno de Bachelet representa un nuevo ciclo de reformas, no una refundación, subrayando que no busca seguir algún modelo latinoamericano sino parecerse a los estados nórdicos.

-¿Cómo se van a manejar las expectativas generadas por el inédito avance en el Congreso que logró la Nueva Mayoría?

-Es importante que las propuestas que haga Michelle Bachelet, si es elegida, sean consideradas rápidamente por el Congreso. La campaña de Michelle Bachelet tuvo mucho éxito en poner los tres grandes pilares, reforma tributaria, nueva constitución y una reforma a la educación. pero cuando esté en el gobierno hay que generar una pedagogía en relación a cuales son los tiempos de estos cambios.

-¿Y cómo se hace eso?

-Comunicando bien, con sinceridad, con credibilidad, algo que Michelle Bachelet sabe hacer. Se debe entender que la reforma tributaria tiene que tener cierta secuencia para que se realice bien, que el sistema educacional es extremadamente complejo y transformarlo significa establecer diversos momentos de cambio. Lo mismo respecto a una nueva constitución.

-¿Sobre qué grandes ejes se debe generar esa nueva constitución?

-Tiene que ser una constitución moderna, basada en derechos, no ligada a una doctrina económica como lo es el estado subsidiario. Pero no se trata de volver a un estado obeso, que esté en todas partes, sino un estado con mayor capacidad estratégica de intervención y regulación y en donde se garanticen todas las libertades propias de una sociedad democrática.

-¿La amplia mayoría parlamentaria lograda no conlleva la tentación de pasar la aplanadora en el Congreso?

-No, nada más lejos de la personalidad política de Michelle Bachelet que una concepción de manejo del poder basada en el matonaje y la aplanadora. Por el contrario, su rasgo es una solidez tranquila, convicciones democráticas muy fuertes. Naturalmente en toda democracia hay mayorías y minorías, pero también hay acuerdos. No creo que haya un espíritu de banda en la vida parlamentaria chilena.

-¿La historiadora Lucía Santa Cruz alertó que el programa de Bachelet sería el primer peldaño a la instauración del socialismo en Chile?

-Esas son monsergas y paparruchas. En el programa de Michelle Bachelet no hay ningún elemento que no esté en los países de la democracia occidental. ¿Cuáles son los miedos? Siempre en la centroizquierda se ha tratado de ir avanzando gradualmente hacia una democracia más perfecta, de tener un mayor equilibrio entre una economía de mercado que funcione, que no dé lugar a abusos y tenga regulaciones fuertes por parte del estado. Estamos siempre en el campo de la reforma, no estamos en el campo del populismo, el revolucionarismo o la revuelta.

-Bachelet encabeza hoy una coalición mucho más diversa, con la posibilidad de que el Partido Comunista se incorpore a tareas de gobierno.

-Se dice ¿cómo van a estar los comunistas con los DC? ¿Es que se les olvidó la historia de Chile? Cuando surgió la Falange Nacional desde la juventud conservadora lo primero que hizo fue apoyar a Aguirre Cerda contra Gustavo Ross; cuando González Videla dicta la Ley de Defensa de la Democracia la Falange se opuso, el de Frei Montalva fue un gobierno que sólo la inflación ideológica que existió en aquellos años hizo que la izquierda no fuera capaz de verlo como un gobierno progresista. O sea, la DC ha tenido una historia ligada a posiciones de cambio y reforma y muchas veces se ha encontrado con el PC. También ha habido momentos de lejanía y contraposiciones, particularmente en el momento del golpe, es cierto que con la represión de la dictadura el PC tuvo posteriormente una deriva a mi juicio ultrista durante años, pero hoy está retomando su práctica reformadora, ha tenido tres diputados en el Congreso que hasta donde sabemos no han incendiado el hemiciclo.

"Habrá que tender puentes con el movimiento social"

-¿Qué rol pueden jugar los ex dirigentes estudiantiles que van a estar en el parlamento?

-Uno muy importante porque van a llevar sus ideas a las instituciones. Es bueno que conozcan las instituciones, actúen a través de ellas y ayuden a transformarlas, de eso se trata también la democracia.

-¿Cómo se relacionará el eventual gobierno de Bachelet con un movimiento social que promete seguir activo?

-Si el gobierno de Michelle Bachelet plantea cambios naturalmente tendrán que tenderse puentes. En determinados momentos el movimiento social juega un papel muy importante en impulsar ciertos temas. Hoy no existirían políticas de igualdad de la mujer, protección del medio ambiente y de no discriminación si no hubiesen existido movimientos feministas, ambientalistas o de la diversidad sexual. Los movimientos sociales siempre están presentes y deben tener hilos de contacto con el sistema político. Es necesario crear esas pasarelas y mantenerlas. Uno de los déficits del gobierno de Piñera fue no haber tenido estos vasos comunicantes.

-Pero los movimientos sociales suelen ser impacientes y propician cambios más rápidos y radicales.

-Las propuestas de Michelle Bachelet no son de una inflación de expectativas, es un programa sustentado en recursos y gran seriedad fiscal. Seguramente va a haber momentos de impaciencia pero a eso tendrá que responder no sólo el gobierno sino el sistema político en su conjunto, también el Congreso.

-¿El PC y sus dirigentes sociales podrían cumplir un rol de contención del movimiento social?

-No diría de contención, pero el hecho de tener el apoyo del PC para llevar adelante estos cambios significa que se tienen más canales. Nadie ha dicho que esto va a ser fácil, pero lo peor sería no hacer los cambios porque con ello se estaría creando una olla a presión y aumentando el distanciamiento del sistema político con la ciudadanía.

"Reformas para que Chile se parezca a los países nórdicos"

-¿El crecimiento parlamentario del PC y el PS, la llegada de líderes sociales al Congreso y el alto apoyo a temas como la nacionalización de los recursos naturales son signos de "izquierdización" de la sociedad?

-Los comunistas existían de antes, el problema es que no estaban en el sistema político. Es bueno que una expresión de la opinión pública que existe y tiene raíces históricas actúe en base a las reglas democráticas y dentro de las instituciones. Este no es un país que se está yendo a la izquierda o la derecha sino que se está reacomodando a un sentido común mas laico, abierto, acogedor y más ciudadano.

-Destacados personeros del mundo de la gran empresa como Jorge Awad y Hernán Sommerville anunciaron que votarán por Bachelet. ¿Lo hacen porque garantiza la estabilidad del sistema y que no haya desbordes sociales?

-¿Por qué el análisis tiene que ser desde el miedo? Lo que Bachelet está planteando es proseguir el proceso de reformas en una etapa que es distinta; son reformas para que Chile se parezca más a los países que les va mejor en el mundo, los nórdicos, que son los que tienen mayor competividad y mejores niveles de igualdad. En ese referente estamos pensando, hacia allá quiere caminar la centroizquierda.

-Algunos advierten que vamos hacia una "argentinización" del proceso chileno.

-Eso es no conocer la historia ni la realidad chilena y argentina. Lo mismo se hablaba antes del chavismo, como si Chile pudiera ponerse como ideal la realidad de Argentina o Venezuela. Cada nación recorre su propio camino. Con los países latinoamericanos debe haber las mejores relaciones pero ninguno es un referente.

-En caso de ganar Bachelet ¿Ve a la Alianza atrincherándose en el próximo Parlamento?

-Espero que no. En lugar de atrincherarse yo quisiera que la derecha se diera cuenta que tiene por delante un país que ha cambiado, que está por la democracia y el crecimiento, que no está en contra de la economía de mercado sino un cierto tipo de funcionamiento de la economía de mercado, que no está por la uniformidad pero sí por la igualdad. Una derecha más moderna y democrática le haría mucho bien a Chile porque el país necesita que los sectores más conservadores tengan una representación política real, lo peor es cuando sectores sociales quedan sin representación política, fuera del sistema o demasiado jibarizados.

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