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Andrés Zaldívar desclasifica los «secretos» del NO

A 25 años del triunfo de la Concertación en el plebiscito del 88, el senador DC revela detalles inéditos de cómo se financió el comando opositor: la cuenta secreta que abrieron en Suiza para recibir los aportes del exterior. "Las platas las entregaban por la vía negra... no podíamos traerlas en maletas".

por:  Paula Canales G., La Segunda
viernes, 04 de octubre de 2013
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Cuando la Nueva Mayoría se prepara para celebrar mañana los 25 años del triunfo del «NO» con un gran acto masivo -en que la única oradora será la candidata Michelle Bachelet- el senador DC Andrés Zaldívar revela la historia oculta de cómo se financió la campaña de la oposición y de quiénes en el régimen militar se alinearon con ellos para evitar un fraude en el plebiscito del 88.

El parlamentario, quien fue una pieza clave en esa campaña, pues en su casa se definió la bandera del arco iris y también la franja electoral, defiende que la política de los consensos haya sido el pilar de la transición. "Hay que ser realistas, lo que hemos logrado hasta este momento, si bien nos hemos demorado 20 años, es tener una democracia funcionando. Ahora faltan cosas por hacer, pero no podemos ser autoflagelantes y decir que no hemos hecho nada".

Entre medio de chapitas, banderas y piezas gráficas alusivas a ese 5 de octubre, que guarda como recuerdo en su casa de Vitacura, Zaldívar devela algunos de los «secretos» de esa campaña.

- Se cumplen 25 años d el triunfo del «No». ¿Dónde se fraguó la idea de que era mejor aceptar el plebiscito de Pinochet?

-Eso ya se había dado dentro de la DC y entre algunos actores como Ricardo Lagos, que llegamos a la conclusión alrededor del año 87 de que la manera de derrotar a Pinochet era con sus propias reglas. Hay una decisión de la DC de inscribirse en los registros electorales que no había sido aceptada por otros partidos, salvo Ricardo Lagos que da la idea de hacer el PPD como un partido instrumental. Mi hermano Adolfo Zaldívar tuvo la responsabilidad de llevar adelante la inscripción del partido y a mí se me encarga, en mi calidad de vicepresidente DC, que estructure el plebiscito. Ahí tomo contacto con Lagos y con Enrique Silva Cimma, y en ese minuto también se buscó al secretario ejecutivo, donde yo propuse a Genaro Arriagada.

-¿ Es efectivo que las primeras reuniones con el PS para abordar el plebiscito fueron muy tensa s?

-Sí, porque había mucha indecisión y muy poca convicción. Se pensaba que bajo las reglas que ponía Pinochet la situación era muy precaria para tener un resultado positivo. Había muy poca mística al comienzo para creer que el camino sería suficiente para derrotarlo. Ya habíamos tenido la experiencia del plebiscito del 80, que había sido brutal cuando confrontamos a Pinochet, pero a pesar de eso seguimos trabajando y fue en esta mesa (la de su casa) donde se expuso la bandera del «No» del arco iris.

-¿L e gustó a todos la bandera?

-Al comienzo provocó una reacción como diciendo, ¡esta cuestión no sirve para nada! Pero después entendimos el concepto de que los colores nos representaban a todos.

-¿C ómo encontraron la casa donde se instaló el comando del «No»?

-Salí con mi señora a dar vueltas por el barrio Ejército, Brasil, y en todas partes me decían que no, por miedo. Me acuerdo que llegué al local en Villavicencio con la Alameda, donde hoy está la Coopeuch, y estaba Marco Albo, quien tenía abajo una venta de automóviles. Yo lo conocía porque cuando fui ministro de Hacienda (con Frei Montalva) había ido en 2 o 3 oportunidades a verme y manteníamos una relación. Me mostró el local, le dije para qué lo quería y también le dije "no tengo plata, te puedo dar cheques personales". Marco se atrevió y dijo que sí.

- ¿A todos les gustó la ubicación?

-Me acuerdo que se los comuniqué a los miembros del comando y todos me dijeron: «pero tú eres loco, cómo vamos a arrendar esto, si estamos al lado de Pinochet» porque el local estaba al lado del Diego Portales. Yo les dije que era bueno estar al lado, porque era una manera de desafiarlo y al final aceptaron... además no teníamos otra cosa. Ahí nos instalamos con cosas mínimas, porque era muy poco lo que teníamos, y nos reuníamos Genaro, Lagos, Silva Cimma y yo. Al tiempo se incorporó Luis Maira.

- ¿Fue en ese momento que se sumó el Comité de Elecciones Libres?

-Ahí se sumó este referente que estaba presidido por Sergio Molina, con quienes si bien coincidíamos en que queríamos recuperar la democracia, ellos postulaban algo más atractivo que lo nuestro, que era solicitar elecciones libres. Así hicimos un trabajo conjunto.

"Recibimos unos 400 mil o 500 mil dólares de la época"

- ¿Cómo se hizo la recolección de fondos para la campaña?

-Hoy día puedo confesarlo: salimos en una gira con Lagos y Molina, fuimos a Europa y nos entrevistamos con los principales líderes de allá. Yo tenía muy buena relación con Felipe González en España; con Helmut Kohl, de Alemania. También teníamos buena relación con Italia; Lagos con Bettino Craxi y yo con Andreotti, y fuimos a pedirles recursos.

- ¿Qué mecanismo utilizaron para hacer efectivos esos traspasos?

-Los tres se comprometieron a dar recursos y por supuesto las platas las entregaban por la vía negra , porque no podíamos entrar aquí con recursos. Confieso que aprovechamos las relaciones que habíamos tenido con José Klein, quien tenía inversiones aquí en Chile -era dueño de la minera Santa Fe- y tenía un banco en Suiza. Tomé contacto con ese banco y me llevaron los papeles a Roma para abrir una cuenta.

- ¿A nombre de quién se abrió la cuenta en Suiza?

-En Roma firmamos los papeles y la cuenta se abrió a nombre de Ricardo y mío, los dos teníamos que firmar. Lo otro que hicimos es que puse a disposición del comando una fundación que había formado en España, se llamaba CIPI, y a través de ella también logré algunos respaldos y apoyos españoles. Había que hacer algo, porque era totalmente negro todo, no podíamos traer la plata en maletas, que tampoco fue mucha. La solidaridad de España, Italia, Bélgica, Holanda y Alemania nos ayudó.

- ¿Cómo giraban el dinero?

-Había que hacer operaciones negras, había que venderle a alguien, las platas se ponían afuera donde él decía, pero no fueron grandes cantidades.

- ¿Pero qué monto recibieron?

-Deben haber sido unos 400 mil o 500 mil dólares de la época.

-¿Y EE.UU., que había colaborado con Pinochet, los apoyó?

-Las fundaciones más políticas hicieron alguna transferencia para apoyar. Pero para nada de la CIA, no fue el gobierno. Y el otro esfuerzo que se hizo es el interno, porque hubo pequeñas cantidades que cada uno ponía. Una cosa importantísima es que hubo una movilización de elementos que hoy día llaman "merchandise", que fue creado por la propia gente y tuvo mucha demanda.

- Más que la publicidad, ¿cuál era su meta?

-Nos pusimos como meta que la inscripción debía bordear los 8 millones de personas. Y creo que se abrieron más espacios para participar entre quienes estaban más a la izquierda, que no eran partidarios de jugar con las reglas de Pinochet. La gente estaba entusiasmada, tanto así que cuando hablé con Kohl en Alemania sobre esto me dijo: «Andrés, ustedes no pueden ganar un plebiscito contra la dictadura, es una locura, pero a pesar de esto los voy apoyar»; y yo le dije: «mire, canciller, vamos a poder». El después lo recordaba.

El rol de Matthei: "Hay que hacerle un reconocimiento"

- ¿Qué resguardos tomaron esa noche para asegurarse de que Pinochet reconociera el triunfo?

- En todo momento estuvimos conscientes de que teníamos mayoría, pero sabíamos que así como había pasado lo del 80, Pinochet y su gente estaban en condiciones de hacer un fraude. Entonces, decidimos tener un sistema de control electoral: uno se instaló en el edificio del «No», otro en la DC y otro en el Comité de Elecciones Libres.

Otro elemento es que también tuvimos control espontáneo de la gente en las mesas. Y en tercer lugar la presencia de parlamentarios y políticos de todo el mundo; en total fueron 200 que estuvieron aquí el día del plebiscito.

-¿Esa noche tuvieron algún nexo con autoridades del régimen?

- El sistema de control electoral nos permitía tener un resultado paralelo al gobierno y lo podíamos hacer llegar a algunas autoridades que sabíamos eran más leales. Máximo Pacheco padre tenía una relación con Fernando Matthei y otras personas tenían relación con Stange; los mantuvimos informados.

-Es decir, Matthei jugó un rol...

-Jugó un rol porque a él se le entregan los resultados, teníamos contabilizados más de un millón de votos y Cardemil estaba dando 10 mil votos y daba casi un triunfo del Sí sobre el No. Después dijo que era un empate y ahí nos dimos cuenta de que había una intención de hacer un fraude. Entonces le hicimos llegar a Matthei el resultado y hay que hacerle un reconocimiento, porque él es la persona que antes de entrar a La Moneda habló. Es cosa de leer sus memorias sobre que existió la intencionalidad de desconocer el resultado por parte del círculo más duro de Pinochet. El dijo que no aceptaba que se hiciera eso y ahí es donde se desarma el movimiento para evitar el triunfo del «No».

-¿Recibieron algún tipo de amenaza en las horas previas al reconocimiento del resultado?

-Cuando empezaron los rumores de que se iba a desconocer el triunfo, como a las 11 de la noche recibí la información de carabineros de que en la Plaza Italia se había detenido a un grupo de encapuchados que era gente de la CNI, que iba a provocar un atentado en el comando. Se les ubicó con armas y fueron detenidos por Carabineros. Patricio Aylwin tomó contacto con el jefe de plaza, pero ahí fue vital la operación y el contacto de Pacheco con Matthei.

- ¿A partir del triunfo del «No» se configura la trenza DC-PS?

-Efectivamente, pero se comienza a cuajar mucho antes, porque la primera convergencia con el mundo socialista con el cual habíamos sido opuestos se inicia el año 76 cuando hacemos el primer manifiesto. Ahí ya hablamos de la necesidad de hacer una convergencia de las fuerzas que estaban por la vía no violenta para recuperar la democracia. El plebiscito lo que hizo fue consolidar la alianza del mundo socialista, social-demócrata, DC y liberal.

- ¿Ahínacela idea de los consensos?

-Esa fue una convicción de todos porque teníamos que hacer la transición con Pinochet sentado en el medio. Eso obligó a tener más consensos quizá de los necesarios.

- ¿No había otro camino?

-Yo tuve que negociar con Pinochet cuando estaba en el Senado y cedía sólo si se veía acorralado. Uno siempre es general después de la batalla, pero no teníamos mayoría para hacer los cambios.

 "El ministro del Interior de Bachelet tiene que ser muy cercano a ella"

-¿Cómo debería ser el trato a la DC en un gobierno de la Nueva Mayoría, donde su partido será minoría frente a una coalición de izquierda?

-No creo que ahí jueguen las minorías. En las coaliciones funcionan los entendimientos, que es lo que hemos practicado en estos 20 años. No se puede imponer a una parte, porque precisamente sobre la búsqueda de los consensos en la Concertación se pudo avanzar. Los DC y los PS no pensábamos lo mismo pero llegamos a acuerdo en cosas comunes y dejamos al margen lo que no estábamos de acuerdo.

- Todos los ministros del Interior DC, incluido usted, pasaron malos ratos en el gobierno de Michelle Bachelet. ¿A la luz de eso sería mejor que en un nuevo gobierno la ex Mandataria designe a un PS en esa cartera?

-Sinceramente, creo que el Presidente tiene que tener un ministro del Interior que le sea afín, tiene que ser como un alter ego de ella. No es que yo no haya tenido la confianza, pero nos faltaba química, porque no teníamos una relación. Soy partidario de que sea una persona con quien tenga una relación estrecha, incluso de entendimiento de lo que ha sido una vida política. Si me preguntan, digo que el ministro tiene que ser muy cercano políticamente a ella.

- Cuando terminó el gobierno de Bachelet usted reconoció que su salida de Interior había sido más humillante que su exilio en la dictadura. ¿Lo mantiene?

-Sí, para mí fue muy duro ese momento y lo dije porque sentí que no había causa.

Me sentí un poco sorprendido con una medida que no consideraba que procedía, así que efectivamente fue muy doloroso. Incluso le mandé una carta privada a la Presidenta, pero al mismo tiempo siempre dije que, a pesar de todo, yo no ponía mis sentimientos personales sobre el proyecto común de la Concertación. Seguí siendo tanto o más concertacionista, pero fue muy doloroso.

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