Política
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Los descargos de Arturo Fontaine

En su primera entrevista luego de que el Comité Ejecutivo del CEP le pidiera dejar la dirección del influyente think tank tras 31 años, el académico responde todas las críticas que se han formulado. “Yo nunca he expresado una preferencia política por un candidato político”, asegura, y recalca que siempre ha hablado como analista.

por:  Felipe Edwards Del Río
viernes, 17 de mayo de 2013

Foto Fernando Herrera

"Harald sabe perfectamente de qué manera lo ayudé"

"¿Por qué me preocupa tanto el tema del lucro? Por la educación misma, y porque deslegitima a la empresa privada: es un abuso, un engaño y da origen a escándalos como la Universidad del Mar".

Dos de los temas que habrían causado mayor molestia entre autoridades del CEP son lo que algunos consideraron una defensa tibia de parte de Fontaine al ex ministro Harald Beyer durante la tramitación de su acusación constitucional en el Congreso, así como su oposición al lucro en la educación superior. El niega rotundamente la primera aseveración, y defiende con brío su postura en la segunda de ellas.
-En el caso del ex titular de Educación, usted participó en la comida de apoyo organizada por académicos, pero llamó la atención que no firmara la primera declaración de respaldo suscrita por intelectuales de un amplio espectro político.
-No la firmé porque yo jamás como director del CEP he firmado cartas públicas. Me parece delicado que el director de una institución como el CEP, por la posición que tiene, participe en cartas colectivas. Además, no habría podido hacerlo porque estaba en el extranjero y cuando vi el email, ya era tarde.
Pero no hay duda de que yo le dí mi apoyo a Harald. Estuve en contacto muy estrecho con él todo el tiempo, y sí asistí a esa comida de académicos de apoyo, y hablé y le dí mi apoyo y salió en la televisión y en los diarios.
-¿Y no podía firmar la carta a título personal?
-Es una práctica. Yo nunca como director del CEP firmé una carta pública. No ha habido ningún distanciamiento personal con Harald. De hecho, comí con él después de la acusación en la Cámara y antes de lo del Senado, los dos solos como los viejos amigos que somos. He estado siempre en contacto con él, y él sabe perfectamente de qué manera lo ayudé, o traté de ayudarlo más bien. Plantear eso como razón o causa es una mera excusa.
-¿Por qué ha condenado el lucro en la educación superior? ¿Cómo compatibiliza eso con su legitimidad en la educación básica y media?
-Yo tengo la convicción de que el debate actual ha perjudicado a las universidades privadas sin fines de lucro.
-Todas son supuestamente sin fines de lucro.
-Supuestamente son sin fines de lucro, pero muchas veces sabemos que no lo son por la vía de la triangulación. Lo que la ley prohíbe queda sin efecto a través de la triangulación. Eso daña, a mi juicio, a las universidades sin fines de lucro -por ejemplo, la Universidad de Los Andes, la Adolfo Ibáñez, la Diego Portales- porque es muy difícil conseguir donaciones (para una universidad) que aparentemente es igual pero que en el hecho no los necesita porque funciona como una con fines de lucro.
Eso dificulta crear una cultura de filantropía, que a mi juicio es fundamental crear. El gran mérito de haber abierto el sistema universitario es la posibilidad de que Chile desarrolle esa cultura en este campo, como la que existe en EE.UU. y que tanto ha contribuido a la cultura, a la ciencia y al prestigio de los empresarios privados que las financian.
-Las universidades privadas que usted menciona son las que han recibido las mayores donaciones de privados, y también son las que reciben los mejores estudiantes.
-Claro, pero la situación habría sido mejor para ellas si no existiera esta competencia incorrecta.
Ahora, si tú miras a EE.UU., el modelo ha funcionado. Ahí están Harvard, Princeton, Stanford... En Chile ese modelo ha sido probado. Es el de la Universidad Católica, de la Universidad de Concepción, de la Universidad de Santa María, de la Universidad Austral.
Hay una cantidad de papers que muestran que las universidades con fines de lucro en EE.UU. son más caras, de menor calidad y que tienen un mayor nivel de desempleo entre sus graduados que las sin fines de lucro del mismo nivel socioeconómico. Además, el 70% de las denuncias de fraude que llegan al ministerio de Educación en EE.UU. apuntan a universidades privadas con fines de lucro, que allá son legales. Se ha mostrado que es sumamente difícil regularlas bien.
Déjame aclarar: yo no soy partidario de que se prohíban las universidades con fines de lucro, y lo he escrito numerosas veces. Están prohibidas hoy, y lo que hoy hay, por tanto, es incorrecto. Lo que debe prohibirse es la triangulación. A mi juicio, es perfectamente legítimo y sería conveniente que se las autorizara, que pagaran impuestos, que perdieran las ventajas que tienen para las donaciones, que no recibieran financiamiento del Estado, y que hubiera una clara información a los apoderados y a los estudiantes de que están ingresando a una universidad que es un negocio.
¿Por qué me preocupa tanto el tema? Por la educación misma, y porque deslegitima a la empresa privada: es un abuso, un engaño y da origen a escándalos como la Universidad del Mar. Estoy convencido de que la crítica hecha por los estudiantes en este punto ha tenido un alto costo para la empresa privada, para las universidades y el país. En lugar de aparecer una empresa privada que se legitima a través de la cultura, a través de universidades sin fines de lucro, aparece más bien aprovechándose de filantropía para hacer otra cosa.
No comprender la importancia ética y política de esto es grave; es tener poca sensibilidad ante el abuso y su poder deslegitimador.

Debe haber sido una de las semanas más difíciles y emotivas de su vida. Tras 31 años como director del Centro de Estudios Públicos, el 10 de mayo el Comité Ejecutivo de la entidad instó a Arturo Fontaine Talavera a que dejara ese cargo, decisión publicada por El Diario Financiero el miércoles pasado. Se le ofreció quedarse en calidad de investigador, lo cual aceptó.

Su cara revela el cansancio y la tensión de los últimos días, pero también algo del alivio que confiesa que también siente ante un cambio tan profundo de sus responsabilidades. Le agrada la idea de tener más tiempo para escribir y más libertad para expresar sus opiniones personales.

En su oficina en el segundo piso de la sobria sede del CEP en Providencia, rodeado de libros que cubren todo los muros salvo el espacio ocupado por las ventanas y puertas, con su habitual chaqueta de tweed y corbata levemente suelta, se refiere a las circunstancias y especulaciones en torno a su remoción.

—Usted calificó la determinación del Comité Ejecutivo del CEP como “inesperada”, pero después de tres décadas en el cargo, no puede haber sido una decisión repentina. ¿Qué factores piensa que pueden haber contribuido a ella?
—Bueno, la explicación que yo he recibido es que el CEP necesita iniciar una nueva etapa y por ello necesita un nuevo director.

—¿Le dieron alguna explicación para justificar esta renovación?
—No. Pero la idea de renovar la institución me parece muy positiva.

—¿Siempre se requiere una renovación, o es necesaria específicamente en éste momento?
 —Es bueno que las instituciones se renueven, y ese argumento es muy respetable.

—Vamos a las críticas reproducidas por La Segunda el miércoles. Se han mencionado varios factores que habrían contribuido a la decisión, entre ellas una supuesta “personalización” del CEP en su figura. ¿Es justa esa caracterización?
—Yo ese argumento no se lo he oído a nadie.

—¿Cuál piensa Ud. que debe ser el rol público de un director de un centro de estudios?
 —Hay distintos modelos. Hay institutos como el Fraser de Canadá, por ejemplo, que es un instituto muy bueno y presente en los medios, que tienen un director y un equipo de gente joven debajo. Ese director hace la vocería y presenta los trabajos. Es el conductor y el rostro de la institución.
Pero el esquema que hemos tenido en el CEP es completamente opuesto. Aparecen más los investigadores que figuras académicas con peso propio y no necesitan vocerías hablando de los temas sobre los cuales han hecho sus estudios. Fraser es un instituto que se pronuncia sobre la coyuntura, y nosotros estamos, en general, preocupado de problemas del mediano y largo plazo.

—Están preocupado del mediano y largo plazo y también de temas más bien amplios, como la cultura. ¿Cuál es el rol que debe jugar el CEP en la sociedad chilena? ¿Cómo lo distingue del rol de los centros de estudios ligados a los partidos?
—Yo diría que un instituto ligado a un partido, a un grupo de partidos, o a un sector político es un instituto cuya función es producir trabajo técnico para apoyar la tarea política de ese partido o de ese sector político. Eso es necesario, es bueno, y es importantísimo.

Nosotros nos definimos, y eso se desprende de nuestros estatutos, de otra forma. Nosotros lo que queremos es más bien ser un instituto que gravita en todos los sectores políticos. Un ejemplo concreto de esto es la encuesta. Tú puedes tener una encuesta para un partido político que tiene por función afinar la estrategia política de ese partido. Entonces formulas preguntas y mediciones destinadas para esa finalidad estratégica.

Nosotros desarrollamos la encuesta en un modelo opuesto: la idea es una encuesta que en el fondo es un barómetro de la opinión pública creíble para todos los sectores. Nuestra base de datos la puede consultar cualquiera en nuestro sitio web http://www.cepchile.cl

Esa encuesta, justamente por no ser “política” tiene enorme gravitación política en Chile. Por ejemplo, gracias a esa encuesta, creo yo, la delincuencia tiene la prioridad que tiene en la agenda.

—Sin embargo, a usted se le ha atribuido una cierta cercanía personal y filosófica hacia la Concertación y hacia la figura de la ex Presidenta Michelle Bachelet. ¿Es justa esa caracterización? ¿Y cómo se mantiene la gravitación política de las encuestas en medio de esa cercanía?
—Yo creo que el aterrizaje de la Presidenta Bachelet, a lo cual me refiero en los primeros días de su regreso a Chile, fue hecha con gran destreza política. Y expliqué un poco cuál el la estrategia que yo creo que ella está siguiendo.

Ella está copando el flanco izquierdo con el objeto que no se le meta por la izquierda un candidato alternativo, como le ocurrió a Frei con Marco Enríquez, y además, asegurando que en la primaria no vaya a haber una competencia por el lado de la izquierda, que puede ser una competencia que se haga presente numéricamente en una primaria. Eso me parece muy astuto, y creo que luego se va a correr al centro.

Esa estrategia, siendo astuta, tiene un riesgo, y eso es que si ella llega a la Presidencia, ha potenciado una serie de demandas y expectativas, y va a tener que conducir esas demandas y expectativas, cosa que va a ser difícil de lograr.

Esto transciende el tema de ella. Estamos en una situación en que hay expectativas muy altas, y tengo la impresión por lo que leo que es posible que el ciclo económico que viene no lo haga posible. Vamos a encontrarnos entonces con que la bonanza económica de los últimos años no se pueda mantener y las expectativas se frustren.

He dicho que creo que dado los números, y dado el fervor que despierta en sus filas, es más probable que gane Longueira a que gane Allamand. Ese es un juicio. Puede ser que me equivoque. No estoy dando una preferencia; estoy haciendo un análisis.

Pero yo nunca he expresado una preferencia política por un candidato político. Ninguno de los miembros del Comité de Opinión Pública lo ha hecho. Cuando un miembro del comité quiere formar parte de un comando, como ha ocurrido, sale del Comité de Opinión Pública. Por ejemplo, ocurrió en el caso de Leonidas Montes, que está en el comando de Andrés Allamand, y apenas eso ocurrió, se retiró del Comité.

—Y estos análisis, ¿son compatibles con ejercer la dirección del Centro de Estudios Públicos?
—Hay una zona de grises. Yo de tarde en tarde he hecho un análisis político, cuando he sentido que tengo algo que aportar a la discusión. Eso ha ocurrido últimamente, porque siento que estamos en un clima de crispación y de polarización en el país, y me pareció bueno plantear por qué yo creo que eso está ocurriendo. Y yo creo que eso está ocurriendo en parte por el sistema de las primarias que tiende polarizar.

Las primarias se van a llevar a cabo en las presidenciales, y eso significa que los candidatos le hablan a un votante convencido y generalmente más radicalizado que el promedio, porque son los que van a ir a votar en una primaria. En Estados Unidos votan el 10 o el 15 por ciento de la población, que tienden a ser los derechistas e izquierdistas más convencidos, y después el candidato se mueve al medio. 

Hoy día, con los medios tecnológicos que hay, ese desplazamiento no es tan fácil porque las opiniones de la primera fase quedan en internet dando vueltas y te las enrostran más adelante. Por otra parte, en Chile tenemos un plazo muy corto para hacer ese desplazamiento.

La polémica por debates CASEN

—En los debates sobre el CASEN que desarrolló el CEP, se le ha acusado de que no fueron dadas las condiciones para que el gobierno se defendiera adecuadamente.
—Eso es falso. Al primer seminario vino el propio Ministro Lavín y tuvo dos comentaristas, uno afín al gobierno y otro crítico, ambos expertos en la materia, Ignacio Irarrázabal y Dante Contreras. En todos los demás seminarios hubo una variedad de personas. Yo no veo en qué consiste la crítica. En todo caso todo fue publicado. Todos tuvieron la oportunidad de dar sus puntos de vista.

—¿Usted mantiene que fueron equilibrados y abiertos a todas las posturas los tres seminarios?
—Yo lo diría, sí. No sé quién faltó, quién no habló. Prácticamente todas las personas que estuvieron en el tema estuvieron de algún modo en la testera o en el público y a todos se les dio la oportunidad de hacer presente sus opiniones. Los trabajos se subieron a nuestra página web, se pusieron en nuestra página web el PowerPoint y los videos. Los puedes revisar. Cuando los argumentos pesan, se abren paso. Siempre hubo alguien cercano al gobierno en la mesa.

—¿Están en riesgo la calidad y la confiabilidad de los datos y cifras oficiales del país?
—Yo lo veo al revés. Creo que lo que emergió a raíz de este seminario y de otros problemas que ha habido es el camino que el gobierno tomó, es decir, construir un INE autónomo, que no dependa del gobierno, y que le de garantías a todos los sectores. Aquí había un sistema institucional débil.
Y ahora un nuevo diseño está en marcha, y entonces yo creo que el resultado es positivo. La independencia del CEP y la calidad de la discusión que en él se produjo han permitido este salto adelante como país.

Chile tiene un cierto sentido institucional. Sabe crear instituciones. Por ejemplo, en el campo de los partidos políticos, que están tan desprestigiados, la solución va por el lado de crear una estructura institucional con democracia interna, y con un financiamiento mixto, en parte privado y en parte público: eso va a afirmar el sistema y hacer que los partidos tengan representatividad. Lo que hay hoy es una crisis de representatividad de los partidos; son estructuras cerradas y oligárquicas. Y no creo que las primarias vayan a solucionar el problema.

A mí me inquieta la gobernabilidad si se generalizan las primarias a nivel parlamentario. En eso, por ejemplo, discrepo de la posición que ha tomado la candidata, la ex Presidenta Bachelet, que me parece una postura muy popular, pero la solución real va por el lado de la democracia interna.

De lo contrario nos vamos a encontrar con una serie de parlamentarios que son autónomos de la dirigencia. A la hora de negociar las leyes, vamos a tener una enorme pluralidad de parlamentarios que se van a comportar como hoy se comportan los independientes.

—¿Cuál es el peligro de esa independencia?
—La gobernabilidad se hace más difícil porque los costos de transacción de negociación de una ley se multiplican, porque tú en lugar de negociar con algunos jefes de bancadas, tienes que negociar uno a uno con una pluralidad muy grande de parlamentarios que se mandan solos.

—Usted dijo inicialmente que no quería hablar sobre su salida de la dirección del CEP. ¿Por qué cambió?
—Porque se han levantado una serie de hipótesis que, por lo menos, no oí yo en el Comité Ejecutivo: que el gobierno presionó a miembros del Comité Ejecutivo porque le molestaron los seminarios CASEN, por ejemplo; que miembros del Consejo Directivo y financistas del CEP han presionado a causa de que yo he escrito varios ensayos criticando a las universidades que de hecho tienen fines de lucro, que el gobierno y financistas me objetan a causa de mis críticas al proyecto de Superintendencia de Educación Superior...

Este proyecto preparado por el Gobierno el 2011 —pese a lo que promete— legaliza el lucro encubierto actual. He detallado mis razones en un texto que presenté en la Comisión de Educación del Senado los primero días de enero del 2012, y que apareció en CIPER, el Mostrador y se puede leer, por cierto, en el sitio web del CEP.

Por ejemplo, para evitar el conflicto de interés entre el controlador de la universidad a su vez dueño del campus que arrienda la universidad, se establece que en la aprobación del canon de arriendo sólo voten los directores independientes; pero ocurre que ellos son nombrados y removidos por los directores dueños de la inmobiliaria y controladores de la universidad. El conflicto de interés entre beneficiar a la universidad o a la inmobiliaria no se evita.

Otro: el canon de arriendo debe ser a precio de mercado, se dice. Pero sabemos que determinar ese precio es sumamente difícil; no hay un mercado de arriendo de campus universitarios como sí lo hay en el caso de los departamentos. No; mi opinión es que, por desgracia, el proyecto de Superintendencia no logra lo que se propone.
 
Sus planes futuros

—¿Por qué ha querido quedarse como investigador dentro del CEP?
—Porque me lo pidieron y hay áreas en las que creo que puedo hacer un aporte.

—¿No va a ser difícil para un próximo director tenerlo como investigador habiendo sido usted el director por más de tres décadas?
—En el mundo académico es común que una persona, por ejemplo, deje de ser decano y siga siendo profesor. No es como una empresa, donde sería impensable que un gerente general pase a ser gerente de finanzas de su propia compañía. En el mundo académico es muy común esto.

—¿En qué áreas le gustaría investigar? ¿Tiene algunos planes?
—Bueno, sí, yo creo que estaría probablemente más bien en un área vinculada a la política y sociedad, y espero colaborar en ese aspecto en la revista. Empecé por ahí, y me gustaría volver a acercarme más a la revista.

—¿Por qué le ha dedicado tiempo a la cultura y a la literatura dentro de las actividades del CEP? Eso es inusual entre los centros de estudios.
—Porque gran parte de los centros de estudios liberales de América Latina han estado excesivamente concentrados en los temas y los enfoques económicos. Veo en el mundo liberal hay un exceso de economicismo.

Creo que, por ejemplo, los análisis políticos que se han hecho por mucha gente en los últimos años son muy economicistas. Un ejemplo: los datos de este gobierno en empleo, en crecimiento, en inversión, y sobre todo en consumo, un consumo que crece a un ritmo del 10 por ciento, un consumo que crece al ritmo que crece el consumo de China, deberían generar una agenda política afín a este gobierno, lo que no ha ocurrido.

La agenda política en Chile hoy está a la izquierda de los que estaba cuando dejó (la Presidencia) Michelle Bachelet, pese a un gobierno de centro derecha con ése éxito económico. Por otra parte, la popularidad de este gobierno está hoy a 33 puntos de lo que estaba a esta época la de la Presidenta Bachelet.

Pese al bono que se entregó ahora en el mes de abril, el gobierno ahora cae, según la encuesta de Adimark, por primera vez la oposición supera a la Alianza, y sube la valoración del Congreso. O sea, todo al revés de lo que un análisis economicista esperaría.

¿Por qué menciono esto? Porque los variables económicos son una parte de la explicación política, pero hay factores no económicos que inciden mucho en la política.

A mí me parece que el CEP tiene que tener una mirada más global, que incluya lo no económico. Es lo que hemos tratado de hacer. Entonces hemos invitado, y hemos tenido trabajos de ciencia política, de temas jurídicos, y le hemos dado también a la sociología y a la historia, su espacio. La vida humana es multidimensional, entonces hay distintas maneras de acercarse a la realidad. Es un centro de estudios liberales en un sentido amplio, cultural.

Y hay vasos comunicantes. Yo estoy convencido de lo que necesitamos hoy en Chile con mayor urgencia que hace algunos años es precisamente tender puentes, conversar, entender la posición del otro, y esos son prerrequisitos para que los trabajos técnicos puedan ser escuchados. La literatura, por ejemplo, adelgaza la sensibilidad y ayuda así a ponerse en el lugar del otro.

Creo que muchas veces el problema no es que no esté disponible el estudio técnico; es que no está el clima para que ese estudio se tome, se lea, y pese. Eso es lo que hay que cuidar en Chile. Que no se deteriore el clima de racionalidad que permite mejorar las decisiones de políticas públicas.
Queremos conocerte. Por favor, responde esta encuesta.
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