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María José Zaldívar, la hija más política del «colorín»: "A mi papá no le habría gustado volver a la DC... quedó muy desilusionado"

La abogada y Superintendenta de Seguridad Social relata cómo fueron los últimos días de la familia con su padre, los tratamientos alternativos a que se sometió, las conversaciones más íntimas... "Mi papá estaba convencido que salía de ésta. La peleó entera".  

por:  Paula Pincheira M., La Segunda
viernes, 01 de marzo de 2013
María José Zaldívar

Foto Alfonso Díaz

"Victoria", llamaba insistentemente Adolfo Zaldívar los últimos días, acostado en su dormitorio de la casona que habitó por años en Vitacura.

Victoria se llamaba su abuela. Pero también así se llama su última nieta, de sólo tres meses.

Cuando María José, la hija mayor de los cuatro que tuvo el «colorín» con Alicia Larraín, escuchaba a su papá, corría a ponerle en los brazos a la pequeña y sentía que en algo alegraba sus últimas horas.

Igual que su madre y sus hermanos, ella está entera. Increíblemente entera a sólo horas de que muriera quien fue considerado el más «díscolo» de la Concertación, el "duro entre los duros"...

"Mi papá no era un hombre duro. Era puro corazón y por eso era tan apasionado", retruca.

Abogada y Licenciada en Historia de la UC, cuenta que cuando tenía sólo 12 años hizo de "secretaria" de Zaldívar para el proceso de inscripción de la DC en los registros electorales. "El papá no le confió las fichas a nadie más que a mí porque yo soy súper ordenada", recuerda.

Tenían planeado formar juntos una oficina de abogados cuando terminara el gobierno de Piñera. Y hasta habían hablado de un viaje familiar a Salta en febrero, y de otro a Disney con sus nietos...

Cuenta que el «colorín» pasó sus últimos días en paz, con la familia. Sólo lo podían visitar su hermano Alberto, y su amigo de toda la vida, Jorge Garay. Escribió hasta el final y ella pretende ordenar todo y, quizás, hacer un libro. "Últimamente escribía sobre el tema de la integración, pero también mucho sobre lo que se debe hacer con la clase media".

Del lado humano, pero también del político que se fue, habló María José -hoy Superintendenta de Seguridad Social- con «La Segunda» pocos minutos antes de partir a dar el último adiós.

-¿Cómo fueron las últimas horas con su padre?

-Fue un proceso súper lindo, tranquilo, muy íntimo. Afortunadamente estábamos todos juntos. El papá de alguna manera esperó que llegaran todos, porque había dos que no estaban, Francisco y la Ana María. Y fue precioso porque estábamos todos alrededor de su cama, tomándole la mano, haciéndole cariño y abrazándolo. Nosotros somos una familia que también nos reímos harto, entonces entremedio también nos reíamos, pero seguíamos rezando. Abrazándolo, haciéndole cariño y el se fue de a poquito, poquito.

-¿Se daban cuenta de que se estaba muriendo?

-Sí, fuimos viendo como se iba yendo. De alguna manera acompañándolo y diciéndole que estuviera tranquilo. Incentivándolo a que dejara de pelear.

-¿Peleó hasta el final?

-Mi papá estaba convencido que salía de ésta. La peleó entera.

-¿Y cómo reacciona cuando se da cuenta de que perdió la batalla contra el cáncer?

-Yo creo que para él fue un golpe muy duro, porque le habían salido todos los exámenes bien, pero en diciembre salió un examen que demostraba que había pequeños núcleos que atacar, y había que hacer tres quimios más, aparte de las 10 que ya se había hecho. Entonces dijo «pucha, hice todo, di toda la pelea y no funcionó, y entonces tengo que partir de nuevo ¿tengo la energía? no sé». Ahí hubo un cambio. Fue súper rápido, a mediados de diciembre.

-¿Pasó las fiestas en la clínica?

-No, la navidad la pasó en mi casa. El 25 fue la celebración familiar en la casa de mis papás, con todos. Y el año nuevo nos fuimos a Cachagua, igual que siempre. A la vuelta lo notamos más o menos y lo llevamos a la clínica. El dos de enero ingresó.

-¿Fueron preparándose para la despedida cuando se dan cuanta que no tiene sentido luchar más?

-No. Mira, yo no sé si mi papá sabía que esto no tenía solución. Porque un doctor nos dijo que él le había dicho al papá que no se podía mejorar, que esto se podía administrar, pero que no se iba a mejorar. Yo no sé si mi papá no nos quiso contar a nosotros, quiero creer que fue así, que nos quiso regalar un año precioso. Nosotros estábamos convencidos de que le estaba ganando a la enfermedad y nunca lo tratamos como enfermo. Él nunca dejó de trabajar, siempre estuvo en todas. Nosotros ya pensábamos que éste había sido un episodio chiquitito, un mal chiste, y que las quimios eran necesarias para que se recuperara totalmente pero que ya estaba solucionado.

Lo que sí mi papá se dio cuenta que la vida le había dado una nueva oportunidad para volver a poner en su lugar la prioridad de las cosas, y puso como primera prioridad a su familia y a sus hijos, y a mi mamá. A mi mamá se volcó por entero. Y siguió haciendo política.

"Nunca le dejó de doler" que lo echaran de la DC

-El siempre fue visto como un díscolo, como un duro. ¿Se reconcilió con personas de las que estaba distanciado en los últimos días?

-Es que yo no creo que mi papá era un hombre duro. El era puro corazón y por eso era tan apasionado. Por eso le dolían las cosas profundamente, las deslealtades, las injusticias.

El en ningún caso dejó de ser quien era porque era pasión, pura pasión. De hecho, justo cuando lo iban a operar del páncreas se produjo una situación bien delicada con Argentina; lo estaban preparando y él estaba hablando por teléfono con ministros de ese país... A fines de enero le tuvimos que quitar el teléfono y el ipad en la clínica, porque seguía hablando con todos y el doctor decía que no tenía que agitarse para recuperarse.

Fue súper duro enero. Horrible. Cuando lo internaron su doctor nos pidió una reunión. Nos juntamos todos como familia y nos contó cuál era el escenario al cuál estábamos expuestos y nos habló de plazos. Fue demoledor porque ninguno lo esperaba.

-¿Lo sabía Adolfo?

-Sí, pero no le gustaba hablar del tema con nosotros porque él creía que lo iba a revertir y nosotros también creíamos que se iba a sanar. Teníamos toda la energía puesta en eso.

-Se hizo tratamientos alternativos...

-Sí, muchos. Le dimos agua de diamantina, una sustancia que se llama ginesteride, que supuestamente detiene el desarrollo del cáncer, unas hierbas que le mandaba desde EE.UU. un doctor chino. Oraciones, él estaba encomendado, los monjes brasileños que lo operaron a distancia... lo hicimos todo.

-¿En algún momento hablan con él sobre su muerte?

-Sí, hubo varias conversaciones, pero eran más bien sutiles y dentro de otras. Muchas veces no es necesario decir las cosas verbalmente.

-¿No hubo una despedida?

-No, no explícitamente. Pero tuvimos todo el tiempo del mundo para decirle todo lo que lo queríamos, para decirle que estábamos con él, que estábamos orgullos de él, para besuquearlo, para apachurrarlo.

-¿Cómo ha visto todo lo que ha pasado desde su muerte?

-Para mí ha sido un gran regalo. Mi papá nunca estuvo sólo en la clínica, eran hordas de personas que lo iban a ver, que le llevaban todo tipo de encargos, de medallas. Conozco muy poca gente con tan buenos amigos. Pero no me esperaba un reconocimiento así, a este nivel... Sé que él está feliz .

-¿De la DC sintió un reconocimiento? Se ha dicho que al final tuvo un acercamiento con el partido.

-El siempre fue un humanista cristiano, los principios y los valores que nos transmitió eran el humanismo, la justicia, la verdad, y por parte de la DC, estaba el tema de la reconciliación de alguna manera... Yo creo que al papá nunca le dejó de doler todo lo que pasó (con su expulsión del partido) y por eso es tan lindo que personas que tuvieron desavenencias con él fueran a verlo y le dieran un reconocimiento a la justicia con la que él había actuado, independiente de si estuvieron de acuerdo.

-Se ha planteado la idea de una militancia póstuma en la DC. ¿Cree que a él le habría gustado?

-El se fue reconciliado con todos, y se mostró muy agradecido por la preocupación que le manifestaron distintos militantes y dirigentes por su salud, sobre todo en el último tiempo. Pero a mi papá no le habría gustado volver a la DC, el quedó profundamente desilusionado por la forma en la que fue expulsado. Ese hecho, a sus ojos, demostró que su partido se había alejado de los principios que lo inspiraban y por los que había luchado. A el lo echaron por pensar distinto y atreverse a manifestarlo, lo echaron por defender a la clase media y trabajadora de Chile.

-También se dice que terminó sus días desilusionado del gobierno porque no se hizo más por la clase media.

-Mi papá era de alcanzar los máximos, entonces todas las cosas intermedias le parecían poco porque era como conformarse. Nunca estaba conforme, siempre queria más...

-¿El sentía que le faltaba más a este gobierno?

-Sí, que faltaba muchísimo, no solamente en este gobierno. El pedía transformaciones sociales y las transformaciones no han sido suficientemente profundas en todo aspecto.

-¿Qué va a pasar con el PRI? Porque vendrá una disputa entre la Concertación y la Alianza por esos votos...

-Carlos Olivares es un excelente presidente del PRI y refleja súper bien el ideario del partido. El papá tenía fe en él, confianza y una gran amistad. Yo creo que el PRI en la medida que sea fiel a sus principios se va a mantener.

 
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