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Rodríguez Cuadros: El gran impulsor de la demanda peruana desclasifica su historia

Ex canciller de Alejandro Toledo revela cómo, desde los inicios de la década pasada, construyó el escenario para, de no haber negociación por el límite marítimo, poder llevar el tema a La Haya... donde formó parte de la defensa peruana que alegó ante el tribunal internacional.

por:  Por Alvaro Valenzuela M.
viernes, 21 de diciembre de 2012
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Aunque le gusta recordar que Hermes es el dios de la diplomacia, lo hace para luego afirmar que ésos son estereotipos.

Que lo de él es la transparencia.

Transparencia para señalar lo que le preocupa después de los alegatos en La Haya (ver pág 29).

Y transparencia, también, para asumir su rol como impulsor de la demanda por el límite marítimo, desclasificando la historia de cómo, durante la primera mitad de la década pasada, empezó a construir el escenario que llevó el tema ante la Corte Internacional de Justicia.

El de Manuel Rodríguez Cuadros -embajador en la Unesco, ex canciller del Perú entre 2004 y 2005, y parte del equipo jurídico de su país en La Haya- es un nombre que enciende polémicas. Tanto internas (cayó en desgracia y luego fue reivindicado por Alan García, para después levantar una fugaz candidatura presidencial), como externas: muchos en nuestro país lo califican de «antichileno».

A cada cuestionamiento, responde con tranquilidad, en una conversación que se inició la semana pasada en Holanda, luego del término de los alegatos, y siguió telefónicamente. Un diálogo que parte con su relato de cómo en 2001, tras asumir como vicecanciller de Alejandro Toledo, se fijó como una de sus prioridades "buscar una solución definitiva y permanente para el tema del límite marítimo con Chile". El asunto, asegura, le preocupaba desde sus inicios diplomáticos, pues "siempre he tenido la convicción firme y honesta de que ese límite nunca ha sido establecido".

Ya como vicecanciller, su interlocutor era el subsecretario chileno de RR.EE., Cristián Barros, y la ministra era la hoy senadora DC Soledad Alvear. A ambos les planteó el tema y la respuesta fue "la lógica desde la perspectiva chilena: que el asunto no tenía viabilidad de negociación".

-¿Había en todo el Gobierno peruano la misma convicción suya respecto de este tema?

-Sí. El Presidente Toledo me otorgó apoyo pleno. Por ejemplo, en 2003, le quitamos la reserva al Pacto de Bogotá y reconocimos así la competencia plena de la Corte de La Haya.

Luego, cuando asumo la Cancillería, en 2004, el tema entra en un proceso de definición. Yo había hecho los sondeos desde vicecanciller y, no obstante que tenía muy claras las señales de que el gobierno de Chile no estaba dispuesto a una negociación, me pareció que lo correcto era plantearla formalmente. Así, le mando una nota a Soledad Alvear donde le señalo que, desde la perspectiva del Perú, no existe un límite marítimo y que es un deber de los dos países iniciar las negociaciones. Le propuse empezarlas en los siguientes 60 días.

-Un ultimátum.

-No. Lo que quería era expresarle al gobierno de Chile que nuestra disposición a negociar era de buena fe. Y la buena fe en el derecho internacional es la voluntad de un Estado de llegar a un resultado concreto.

-Pero Ud. tenía claro que para Chile era inaceptable negociar.

-Tenía la esperanza de que su gobierno, al verse con una nota formal, con una voluntad definida de un canciller que le decía «vamos a negociar», eso pudiese incentivar a una visión realista de reconocer que el problema estaba irresuelto.

Después de eso viene la respuesta de Soledad, donde me señala que el gobierno de Chile no va a ingresar a ninguna negociación. La prensa en el Perú a mí me pregunta y es en ese momento que yo, por primera vez, señalo que el haber cerrado las puertas de la negociación por parte de Chile significaba abrir las puertas para recurrir a la Corte Internacional de Justicia, porque se agotaba un requisito esencial del Pacto de Bogotá, que es el agotamiento de las posibilidades de una solución negociada.

-Si uno es mal pensado, diría que Ud. fue creando la situación, al haber levantado antes la reserva al Pacto de Bogotá y mandado luego una nota de respuesta predecible.

-Hay que ser bien pensado. Yo tenía absolutamente claro que, de buena fe, la primera opción era la solución negociada, pero que si la solución negociada no iba, teníamos que recurrir a la corte. Y es un acto de honestidad que yo le diga a Ud. que evidentemente el reconocimiento de la competencia obligatoria, el retiro de las reservas y otro tipo de decisiones que yo tomé estaban dirigidas a manejar los dos escenarios.

De hecho, creo que el gran cambio que se produce en este proceso es la identificación del Pacto de Bogotá como la cláusula jurídica que habilitaba al Perú a presentar una demanda ante La Haya. Me da la impresión de que antes ni en Chile ni en Perú había la percepción de que eso fuese posible. El Pacto de Bogotá se firmó en 1948: ya la gente no se acordaba y estaba empolvado en las bibliotecas.

-¿Y cómo Ud. se acordó?

-Siempre he sido un diplomático acucioso, pero adicionalmente tenía el antecedente de Nicaragua, que llevó a los Estados Unidos en los 80 a la Corte por aplicación del Pacto de Bogotá. Consecuentemente, cuando asumo el viceministerio, tenía claro que el Perú y Chile habían reconocido la competencia obligatoria de la Corte a través de ese Pacto.

-Pero la presentación ante la Corte no fue inmediata. ¿Qué vino tras la respuesta de Alvear?

-Yo hago una presentación ante el Congreso en 2004, donde expongo todos los planteamientos de la Cancillería para llevar el tema a la Corte y el Congreso lo recibe con beneplácito. Ya habíamos contratado a abogados internacionales para hacer los estudios. Por otra parte, Perú, igual que Chile, se había demorado en la elaboración de su ley de líneas de base, en lo que procedimos a avanzar.

Así, cuando renuncio a la Cancillería, dejo la demanda ya establecida. De hecho, iba a ser presentada por el Presidente Toledo, pero el Presidente Alan García, electo, le pide que esa decisión no la tome un gobierno que estaba ad portas de salir, y accede.

"Chile no presentó excepciones preliminares" por declaración que firmó Walker

-Volvamos atrás. Luego del intercambio de notas con Chile, ese mismo 2004 se reúne Ud. con el sucesor de Alvear, Ignacio Walker, en Río...

-Días antes, el Presidente Lagos había anunciado que enviaría unas misiones a países de América Latina para explicar la posición de Chile, pero me pareció extraño que haya existido una declaración de que iban a ir también a la OEA, pues la ausencia de límite marítimo entre Perú y Chile es un tema bilateral. Multilateralizarlo hubiese sido introducir elementos de conflicto muy complicados.

Entonces, me entrevisto con Ignacio Walker y le digo: ¿Uds. quieren multilateralizar el tema? No tengo ningún problema: mañana llevo el tema a Naciones Unidas, al Grupo de Río, al Mercosur... Entonces Walker, con mucha razón, me dice no, no queremos multilateralizar. Me señala que habían salido cuestiones equivocadas en la prensa y que Chile pensaba que era un tema estrictamente bilateral.

-¿Y qué pasó con la otra parte de esa reunión, que derivó en una declaración conjunta?

-¡La famosa otra parte! Yo le propuse que tuviéramos un diálogo franco para identificar los elementos que configuraban la situación. Y le señalé que no deberíamos tener mayor problema en reconocer que teníamos posiciones distintas y que además el tema de la delimitación marítima era estrictamente jurídico y que no debería confundirse con apreciaciones de tipo político. Así, el canciller Walker coincidió conmigo en tres cosas: primero, que era un tema bilateral; segundo, que era jurídico, y tercero, que en ese tema jurídico los dos países tenemos posiciones distintas.

Entonces, le propuse firmar una declaración conjunta donde registraríamos todos estos elementos a los cuales habíamos llegado de común acuerdo no sólo nosotros, sino nuestras delegaciones: ambos estábamos con todos nuestros asesores. Se redactó el texto del comunicado conjunto, y acordamos, por la importancia, darle una significación especial y realizar una ceremonia en el hotel Copacabana, donde lo anunciaríamos.

-Walker dice que Ud. ha tergiversado esa declaración...

-Yo siento mucho respeto por él... La negociación que hicimos con el canciller Walker fue un texto acordado mutuamente. Ahora, si Ud. me pregunta si ese texto tiene alguna significación jurídica para el proceso, yo le contesto que tiene no una, sino toda la significación jurídica.

-¿Cómo es eso?

-Yo tengo la convicción de que Chile no presentó excepciones preliminares en el juicio por ese texto. Porque las que pudo haber presentado habrían estado dirigidas a demostrar que no había una controversia jurídica porque según la posición chilena había un tratado que ya había resuelto el problema. Pero ese texto reconoce la controversia jurídica.

-Volvamos hacia adelante. García le pidió a Toledo postergar la demanda. Luego va a Chile y le dice a la Presidenta Bachelet que quiere engavetar el tema. Según Ud., ¿fue un error?

-No sé si habrá sido exactamente así.

- El hecho es que se postergó.

-No creo que el Presidente García haya hecho un compromiso para no presentar la demanda. Es cierto que se postergó, pero después sucedieron una serie de cuestiones. En el Perú hubo movilizaciones demandando que se presentara la demanda... el Presidente Humala participó en ellas, y vino la cuestión de la ley que fijaba los límites de la región de Arica y Parinacota, y al final la historia encuentra siempre sus contrapesos y el gobierno del Presidente García presentó la demanda.

-Ud. en ese período no la estaba pasando bien. El gobierno de García lo cuestionó por unos gastos...

-Esa fue una pequeña gran infamia de tipo político. Los gobiernos tienen dos tipos de embajadas: las de su propiedad y las que alquila el Estado. El Perú no tenía una residencia propia en Ginebra y se alquiló, y hubo falsos cuestionamientos sobre el monto del alquiler. De hecho, hoy día el Estado paga bastante más que lo que a mí me correspondió administrar. Y yo creo que el gobierno de García se rectificó posteriormente, cuando me solicita ser su embajador en Bolivia.

-Llama la atención que su nombramiento se produjo cuando Bolivia estaba muy cerca de Chile e incluso el Presidente Morales había criticado la demanda peruana, y luego va Ud. y Bolivia toma distancia de nosotros.

-Yo recibo las relaciones peruano-bolivianas en la situación más crítica de los últimos 80 años. Y hoy tenemos una situación en la que el Presidente Morales ha señalado que la demanda peruana por la delimitación marítima es justa, y que también va a hacer una demanda a Chile. Pero lo que quiero decir claramente es que, siendo embajador allá, siempre declaré el respaldo del Perú y el mío a la agenda de los trece puntos entre Chile y Bolivia, y que ella pudiera fructificar.

Soy consciente de que el resultado de mi gestión vuelve a poner las relaciones peruano-bolivianas en su nivel histórico. Y de alguna manera eso ha coincidido con una caída de las relaciones chileno-bolivianas a un nivel quizá por debajo del histórico.

-¿Ese no fue un objetivo suyo?

-De ninguna manera.

 
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