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El nuevo trato entre La Moneda y sus presidenciables

Con la carrera por la sucesión ya instalada en Palacio, el Gobierno pretende retener a sus ministros hasta comienzos del 2013, pero darles mayor margen para que se desplieguen evitando roces que ya se comienzan a sentir.

por:  Por Sebastián Minay C./La Segunda
viernes, 02 de marzo de 2012

Una serie de llamados telefónicos -algunos de ellos a miles de kilómetros de distancia- evitaron que esta semana detonara el primer desaguisado entre los ministros que aspiran a suceder al Presidente Sebastián Piñera. Ocurrió el miércoles, cuando Laurence Golborne (MOP) y Pablo Longueira (Economía) acompañaban a Rodrigo Pérez (Vivienda) en la inauguración de diversas obras de reconstrucción en Juan Fernández.

En plena visita se enteraron que, en Santiago, Andrés Allamand (Defensa) había dicho que "es impropio vincular actividades de ministros con candidaturas presidenciales". El ex senador RN era ese día el gran ausente de la llamada "cumbre" protagonizada por los otros dos presidenciables en el archipiélago, y había respondido así cuando se le preguntó por las críticas opositoras al evidente cariz precampañero que tomaba el viaje.

Sus palabras sorprendieron a tal punto a Golborne y Longueira, que durante el recorrido se sucedieron llamados a Santiago para requerir detalles y aclarar lo sucedido. Y aunque en La Moneda algunos desdramatizan el episodio, sólo tras conversaciones de ida y vuelta se zanjó el impasse. Un rol destacado fue el del vocero Andrés Chadwick, que goza de una muy buena relación con los tres secretarios de Estado. "Allamand no quiso criticarlos. Le estaba contestando a la Concertación", se dijo. Eso no evitó que uno de los ministros comentara en privado un par de días después que "había sido algo muy desafortunado".

El episodio no sólo pareció dar la razón a quienes aseguran que Allamand y Golborne se han ido distanciando. También fue el tercer hito consecutivo en que los tres ministros -Longueira admitiendo finalmente estar disponible y Golborne comparando su papel en el rescate de los mineros con el rol de Michelle Bachelet en el 27/F- marcaron territorio en una carrera que está irreversiblemente instalada en el corazón de La Moneda, reconocen allí mismo. El cuadro -se advierte- abre la interrogante de cómo se las arreglará el Gobierno en un año electoral con al menos cuatro ministros (incluyendo a la titular del Trabajo, Evelyn Matthei ) con agendas cada vez más perfiladas bajo sus respectivos "paraguas" sectoriales.

Lo más tarde posible

Lo que terminó desatando la carrera por la sucesión, dicen en Palacio, fueron las formalizaciones de ex colaboradores de la ex Presidenta Bachelet por el Caso 27/F. Los fuertes emplazamientos del oficialismo, y sobre todo del ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, "trajeron de vuelta" a la antecesora de Piñera y obligaron a los ministros a tomar posiciones.

A ello se suma que el Ejecutivo también deja atrás su política de contener el tema presidencial. Según altas fuentes de gobierno, ahora los aspirantes tendrán mayor libertad para desplegarse aprovechando las ventajas sectoriales de cada uno, lo que permite velar que no se desmarquen.

Pero la pieza clave en este nuevo diseño, y en el cual no pocos ven un pacto tácito de coexistencia -y convivencia- entre las agendas de Palacio y sus presidenciables, pasa por retrasar al menos hasta comienzos de 2013 la salida de éstos del gabinete . El tema ya se ha conversado con los ministros, y aunque algunos sostienen que el Presidente aún no ha dicho la última palabra, en el comité político hay partidarios de que la fecha sea lo más tarde posible . Un modelo contrario al ejemplo que ha sido detalladamente estudiado en Palacio: el aplicado por el ex Presidente Ricardo Lagos el 2004, cuando dejó partir del gobierno a las entonces ministras Bachelet y Soledad Alvear un mes antes de las municipales de ese año.

Una de las razones que más pesan para postergar la salida de los presidenciables, confiesa un íntimo del Presidente, es que se quiere contar con ellos como principales activos políticos todo el tiempo posible. Pero además amortiguar el éxodo que acarreará la obligada partida -en noviembre- de ministros, subsecretarios y otras autoridades que quieran competir en las parlamentarias del 2013. Retrasar el temido síndrome del "pato cojo" no sólo beneficiaría al Gobierno. Los ministros podrán conservar la ventaja mediática de sus cargos hasta que el escenario esté más decantado, y no exponerse a un largo período previo fuera de las murallas del Ejecutivo, donde ya sin ese blindaje serían seguros blancos de la oposición. Al menos Allamand y Golborne desean lo mismo: seguir en el gabinete hasta 2013.

Con o sin Bachelet

Al margen de lo anterior, lo que complica el cuadro es la incertidumbre respecto de los escenarios presidenciales, y del mecanismo para definir candidaturas en el oficialismo... y que puede tornarse más interesante con la entrada de Longueira al juego.

En lo primero, muchos creen que la ex Presidenta Bachelet volverá a postularse, lo que en el papel le facilita la pista a Golborne, hasta hoy su mejor contendor en intención de voto. Consciente de ello, el titular del MOP tiene claro que se encuentra en una posición cómoda, y es sabido que es reacio a medirse en una primaria con Allamand.

Por ello, la apuesta del ministro de Defensa es ganar la nominación del sector vía primarias, que al depender de respaldos partidarios es su única opción de sacar del camino a Golborne.

Es en ese punto donde pesa el factor Longueira. Más allá de sus posibilidades y del entusiasmo que genera en la UDI -y el debate interno que provoca (ver recuadro)-, en su entorno se insiste en que será muy pragmático si el mejor posicionado es otro. Y uno de sus amigos históricos sostiene que con su arremetida está "interviniendo" para que la balanza no se incline hacia una primaria, evitando que se revivan rencillas en la derecha.

La otra derivada, que se observa con preocupación, es que la sola entrada de Longueira y el apoyo de su partido pueden "apretar" a Golborne y terminar siendo funcional a Allamand.

Todas estas opciones son observadas desde lejos por la ministra Matthei, considerada como posible carta por La Moneda. Si bien la ex senadora ha dicho varias veces que se cuadra con Golborne, en las últimas semanas decidió guardar silencio a la espera de que se aclare el escenario. Y ya le dijo al titular del MOP que su apoyo final dependerá de quién sea el mejor posicionado.

Un último escenario es que Bachelet no se presente, cuestión poco probable según varios. El problema, se admite, es que en tal caso Golborne podría perder su ventaja, cediendo espacio a los otros competidores y abriendo una carrera a dos bandas en el sector.

El test de las municipales

Pese a la creencia de algunos en el oficialismo de que la carrera potenciará al Gobierno y generá condiciones competitivas de cara a las presidenciales, en La Moneda hacen notar que las expectativas seguirán siendo inciertas mientras no se cumplan una serie de condiciones.

La más urgente es que la popularidad presidencial y del Gobierno bordee el 40% hacia septiembre, y enfrentar así la recta final de las municipales (33% fue la marca en la última encuesta Adimark). La segunda, es que quien sea el mejor posicionado ante Bachelet, acorte la distancia a unos siete puntos para evitar que la ex Presidenta genere una "barrera sicológica" difícil de revertir.

La tercera condición es ganar la elección municipal. Sin perjuicio del porcentaje total de votos, en Palacio son concisos: la cuestión es "barrer" en la Región Metropolitana. Para ello se confía en la ventaja de los alcaldes que van a su primera reelección, a lo que suma tener el aparato del Estado, cuya ausencia por primera vez pesará a la Concertación. Pero los comicios de octubre tienen un flanco: las zonas castigadas por el 27/F, que en los hechos serán "la" evaluación de la reconstrucción. Y aunque el Minvu contempla subir enérgicamente la entrega de viviendas, en Palacio ya hay quienes dan por perdidas plazas fuertes como Concepción.

El debate de la UDI

El Consejo que la UDI realizará a fines de marzo será, admiten el partido, quizás el primer escenario en que el tema presidencial se discuta formalmente dentro de la tienda.

Si bien no ha habido un análisis oficial, la opinión mayoritaria al interior del partido es que esta vez la UDI debe llevar candidato sí o sí para no perder posicionamiento ni fuerza negociadora. De hecho, varios dirigentes plantean que no se puede volver a repetir el "gesto generoso" del partido hacia Sebastián Piñera, y que si finalmente el mejor posicionado es un candidato que no es de sus filas, el apoyo debe entregarse "con condiciones muy claras" y con una influencia clave del gremialismo en el programa presidencial.

Considerado el candidato natural de la UDI, la movida de Pablo Longueira de decir «presente» en la carrera por La Moneda -para varios- tuvo mucho de estrategia. Quienes así lo piensan en el partido sostienen que al hacerlo, el ministro copó un espacio que nadie había tomado formalmente, si bien interesados no faltan: en eso, varios militantes apuntan a la ministra del Trabajo, Evelyn Matthei, y al senador Hernán Larraín. Otros, en cambio, consideran que era "inevitable" que Longueira se lanzara, ya que "siempre ha tenido esas aspiraciones".

El análisis preliminar al interior del partido es que Allamand será candidato de RN a todo evento, y que la UDI debe levantar un nombre, sin perjuicio de que después tomen una decisión pragmática: apoyar a quien esté mejor posicionado. Ahí, el hecho de que compita o no Michelle Bachelet es un punto clave. Si lo hace, apuntan en la tienda, se debería privilegiar llegar con un sólo candidato a la primera vuelta, definido por primarias o por encuestas. Si no lo hace, dicen, "no tenemos miedo a competir en primera vuelta con los otros candidatos de la Alianza".

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