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Melero y el revuelto 2011: "El mundo político está asustado y desafiado"

El presidente de la Cámara apuesta que los movimientos sociales llegaron para quedarse, y que los políticos no saben cómo reaccionar, buscando popularidad. Dice que ello no sólo golpeará al Gobierno de Piñera hasta el final, sino también a uno eventual de Bachelet. "Y para estos tiempos su liderazgo no sirve". Sí sirve, afirma, el de Pablo Longueira. 

por:  M. Eugenia Fernández G., La Segunda
viernes, 18 de noviembre de 2011
Melero

Foto Alfonso Díaz

"Los movimientos sociales llegaron para quedarse, no se van a retirar".

Ese es el veredicto de Patricio Melero (UDI), que desde la presidencia de la Cámara de Diputados ha tenido un palco inmejorable para observar el revuelto ambiente político que ha caracterizado este año, cruzado por el conflicto estudiantil y las movilizaciones sociales.

Para el diputado UDI, el 2011 "la política cambió, quedó en evidencia la crisis de la democracia representativa".

En plena negociación del Presupuesto -bajo el ojo vigilante del movimiento estudiantil-, Melero asegura que lo que hoy predomina en la clase política es el miedo frente a este nuevo escenario. En ello apunta sobre todo a la Concertación, a la que critica por su actuación este año, y le advierte: "La crisis se va a mantener y el liderazgo de Bachelet no sirve para estos tiempos".

-¿Se está haciendo cargo la clase política de estos movimientos, de esta crisis?

-El mundo político está desafiado y asustado porque ven que los paradigmas que sustentaron el modelo chileno durante los últimos 20 años están cuestionados: la democracia representativa, el modelo económico, la política de los acuerdos... Y se amplía un movimiento social que deja de lado el rol mediador que teníamos los partidos y actores políticos. Esta es una sociedad mucho menos dependiente de las estructuras tradicionales. Siento que en el mundo político hay temor respecto de lo que viene hacia adelante, de hacer frente a esta sociedad que cambia, de enfrentarse a un padrón electoral con voto voluntario e inscripción automática.

La clase política no está clara de la senda que tiene que tomar, y eso ha afectado este año. Cuando hay temores, cuando la reputación de los partidos y los políticos está cuestionada, hay menos disposición a enfrentar la impopularidad y por tanto, hay una tendencia a ser más obsecuente y no a liderar posiciones coherentes con lo que uno piensa. Eso hace que difícil encontrar acuerdos.

-¿Eso, en las dos coaliciones?

-Creo que más en la Concertación que en la Alianza y basta ver las encuestas: ellos están en 14% y nosotros en 27%. Pero nos abarca a todos porque tiene que ver con la calidad de la política, que está en baja: está en baja nuestra reputación, la valoración que la ciudadanía tiene. Aparece un comportamiento más funcional y electoral que de coherencia con los principios que se sostienen. Si te sientes presionado, cuestionado y desafiado por la sociedad, hay dos caminos: o la escuchas y lideras tus posiciones aunque sean impopulares, o la escuchas y con el afán de ganar simpatía, accedes a todo lo que se pide.

-Pero en la misma Alianza ha habido voces que alertan de un comportamiento condescendiente, sobre todo de la UDI, por ejemplo, en el manejo que el Gobierno tuvo del conflicto estudiantil.

-Creo que en algún minuto hubo la tentación de buscar ese derrotero, pero a partir del cambio de gabinete el Gobierno se ha ido perfilando mejor y está siendo más coherente entre lo que concede y lo que piensa. En las negociaciones hay que actuar por convicción y concesión. Siento que al principio se concedía más de lo que por convicción se pensaba, y eso ha ido cambiando.

-En este ambiente de cuestionamiento, ¿fue un error el capítulo del iPad?

-Fue una incapacidad de diagnosticar lo que la gente iba a pensar. Se hizo con la mejor voluntad, con un trabajo concienzudo de meses, pero no medimos el impacto que iba a tener. Todos dijeron «este es un grupo privilegiado que se adjudica el último chiche tecnológico que todos los chilenos anhelamos». Lo de los iPad es una expresión de cómo hoy el mundo político tiene que ser muy asertivo con lo que la gente espera.

-También fue una señal de la comodidad que impera en el mundo parlamentario.

-Existe una tendencia a mantener la inercia, a no exponerse a cambios. Esso se ve en el pacto parlamentario DC-PS y sus blindajes. Me preocupa que en la puesta en marcha de la inscripción automática y voto voluntario haya temor a exponerse al desafío de 4 millones de electores que habrá que ir a buscar.

-¿Ese desafío es sano hoy?

-Necesario, imprescindible, positivo. No podemos seguir operando igual que hace 5, 10 años.

"El binominal no va a cambiar la calidad de la política"

-Ud. habla de una crisis de la democracia representativa, y muchos apuntan al sistema binominal.

-Equivocamos el diagnóstico si pensamos que con el sistema de elección va a cambiar la calidad de la política. El binominal es democrático igual que otros, pero no por eso no hay que estar abierto a cambiarlo. Pero una reflexión: los dos conglomerados, con las muchas crisis que han vivido, ya se habrían quebrado si no estuviera el binominal. Yo sé que es políticamente correcto decir que hay que cambiarlo, pero creo que primero hay que modificar la participación en los partidos, nuestras actitudes.

-¿No es un síntoma de esa crisis que la discusión del presupuesto de Educación sea prácticamente visada por el movimiento estudiantil?

-Ese rol contralor afecta la autonomía de los parlamentarios y caen en la falsa ilusión de que complaciendo todo van a lograr el aplauso fácil. Pero yo los llamo a la reflexión porque igual caen en la adhesión ciudadana.

Aquí se confunde escuchar con acceder y se ponen nerviosos, no saben cómo subirse al carro de la victoria, reniegan lo que antes defendieron, borran con el codo lo que escribieron con la mano. La democracia de los acuerdos era el gran paradigma de Chile, y ahora es casi sinónimo de fracaso.

En esto defiendo el rol del Presidente Piñera porque pese a la presiones no ha claudicado en cosas sustanciales como la libertad de educación, el derecho de los padres a resolver dónde educan a sus hijos y a poner el tema en un contexto amplio, no solamente en la educación superior. Ese liderazgo lo destaco también en Andrés Zaldívar, que pese a ser un líder antiguo en la política chilena se ha reinventado y lidera posiciones que no son excesivamente complacientes con el movimiento estudiantil y que procuran una mirada más coherente con la sociedad que hemos construido.

"Por mucho tiempo barrimos los cambios bajo la alfombra"

-¿Por qué los partidos ya no contienen las demandas sociales?

-La Coalición y la Concertación no vimos que iban a explotar estos conflictos. Durante mucho tiempo barrimos estos cambios bajo la alfombra, pensando que serían contenidos por los partidos, y algo de eso pasó en el gobierno de Michelle Bachelet. Para mí la frase de Arturo Martínez es muy elocuente, cuando dice que con Bachelet pensaban tres veces antes de hacer un paro. Pero creo que hoy ningún partido es capaz de contener estos movimientos y cambios.

Pero este no es un tema político, es sociocultural. Cuando algunos del Gobierno anterior, como Andrés Velasco, sostienen que la crisis es consecuencia de este Gobierno, les tengo una mala noticia: la va a tener este Gobierno hasta el término y los que vengan. Y tengo la certeza que para esos tiempos el liderazgo de Bachelet no sirve. Esto no lo digo peyorativamente, sino porque se requiere de liderazgos distintos. Bachelet fue buena con crisis económica y movimientos sociales contenidos, pero no sé si lo sea con bonanza y movimientos que llegaron para quedarse. Esto tiene que ver con que tuvo una contraparte muy fuerte dentro de su Gobierno, que era Velasco, y que impidió populismos, excesivas demandas. Era el custodio de la doctrina económica. Si Bachelet llegara a ser Presidenta de nuevo va a ser mucho más izquierdista que Salvador Allende.

-¿Tan así?

-Claro. No va a tener los contenedores adentro, que han sido denostados, se va a encontrar con un movimiento social que va a seguir actuando, y con una oposición que no tendrá la misma disposición que tuvo en su primer Gobierno.

-¿Y qué disposición tendría?

-Una de mirar siempre el bien común, pero de defender con fuerza nuestras convicciones frente a un Gobierno que se va a posicionar a políticas centralizadoras, menos de mercado, con una crítica a un modelo que ha sido exitoso. Van a entrar a ese Gobierno las personas que se van a encargar de destruirlo.

No está en nuestro ADN negar la sal y el agua, pero como no tendría contenedores internos, probablemente nos obligaría a ser más polares.

Los costos de "la existencia ausente de Bachelet"

-¿Ud. piensa que la sombra de Bachelet perturba a la oposición?

-Sí, la existencia ausente de Bachelet complota contra la construcción de acuerdos, que los validen frente a la ciudadanía. Yo si fuera ella, ni amarrado aceptaría ser candidata de un conglomerado que tiene un 14%, que está con partidos divididos, que hace guiños a quienes los destruyeron -el PRO-, y al PC, y sin la opción de armar un equipo como el que se tuvo inicialmente.

-Detrás de ese discurso están las ganas de que no vuelva para que no complique la presidencial.

-Si ella accede a ser candidata, es la contendora más difícil, pero quedan más de dos años... La pregunta es cuáles son los nuevos liderazgos para esta nueva etapa, y yo advierto que hay una autocomplacencia o wishful thinking de que es carrera corrida que no es real.

-Y en la Alianza, ¿qué liderazgo es el adecuado?

-Me gusta mucho lo que está haciendo Pablo Longueira, él tiene ese sexto sentido de adelantarse a los escenarios, y está desarrollando eficazmente la denuncia y el combate de la injusticia y el abuso, que son las imperfecciones del modelo. Esta es la visión moderna de lo que fue la UDI popular de hace 20 años.

-¿Es una carta presidencial?

-No me cabe duda, aunque hay más. Andrés Allamand es una carta interesante.

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