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Pedro Cayuqueo, periodista: "Estamos frente a una revolución en el mundo mapuche"

Hay que romper la caricatura, dice. Los mapuches cambiaron: no están en el campo, sino en la ciudad, y su lucha sobrepasa la reivindicación de tierras.

por:  La Segunda
viernes, 19 de diciembre de 2014
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Por Patricio De la Paz A. 

No es casualidad. En Kulmapu, la primera serie documental sobre los mapuches, hay escasa ruca, cero rehue, ningún nguillatún. El periodista Pedro Cayuqueo Millaqueo, conductor y uno de los realizadores del programa, lo quiso así. Sus entrevistados son mapuches que se dedican a asuntos distintos: arquitectos, deportistas, políticos, artistas. El primer capítulo abrió con el intendente Francisco Huenchumilla. El segundo cuenta de Ariel Taipi, un diseñador que llegó hasta Silicon Valley. En el tercero aparece el chef José Luis Calfucura, que cada domingo ofrece almuerzos en el jardín de su casa en Cerro Navia.

Cayuqueo (39) entiende de esa forma el universo mapuche. Alega que hasta ahora se ha dado una imagen incompleta de su pueblo: anclada en el conflicto del sur y limitada a la ruralidad, cuando la realidad dice que del 1.500.000 mapuches en Chile, un 70% vive en la ciudad y varias decenas de miles son profesionales y técnicos. Cayuqueo repite esas cifras. Sabe de lo que habla. El mismo es parte de esa elite intelectual mapuche que muestra en televisión, en sus tres libros y en sus columnas para medios huincas; elite que, según él, es la responsable de ampliar la percepción que existe de su raza y de su cultura. "Mapuchizar", como dice él varias veces en esta conversación frente a dos café cortados en un boliche del centro de Santiago.

"Se ha construido una caricatura del mapuche campesino, tradicionalista, militante de la causa. Existe, sí, pero está lejos de representar el conjunto de la nación mapuche. La realidad campesino-rural es minoritaria; y dentro de ella el conflicto territorial es una minoría dentro de la minoría, acotado a sectores específicos. Lo que intentamos con el programa es situar las cosas en su justa dimensión, mostrar al pueblo mapuche tal cual es hoy día. Si hay un pueblo que ha sufrido una revolución sociodemográfica es el mapuche. Y no es que este cambio implique un abandono de la identidad; al contrario, es adquirir nuevas herramientas para seguir proyectando una identidad por los próximos 200 años".

-Para mostrar la imagen completa, el programa debería incluir también al mapuche tradicional, el de poncho en el campo.

-Sí. Pero no en la primera temporada, porque ahí quisimos marcar posición editorial: decir "mostremos al mapuche que no han visto aún". En la segunda temporada sí queremos entrevistar a un militante activista por la tierra, alguna machi. Y que sea un tránsito natural, porque los pueblos, el chileno también, son diversos, tienen distintas posiciones políticas, creencias, manifestaciones culturales. La gran pregunta que siempre me hago es por qué a los mapuches se les exige ser uniformes, cuando no hay naciones uniformes. Pareciera ser que hay un discurso reivindicativo activista que ha monopolizado demasiado tiempo la voz pública y la imagen mapuche. Hay que democratizar la opinión pública mapuche, mostrar la maravillosa diversidad que tenemos. Eso va a hacer mucho más asertiva en el futuro la acción del Estado con nosotros, la de los medios y también internamente. La discriminación interna mapuche existe, es real.

-¿Discriminación interna?

-Mira, los entrevistados del programa son férreos defensores de su identidad, de seguir siendo mapuches en las condiciones actuales; y todos están dispuestos a crear, a resignificar y a reinventar; y ése es un acto de valentía en un pueblo donde hay sectores que monopolizan el discurso y son bastante conservadores. El movimiento mapuche político tiene algo muy paradójico: es un movimiento muy de izquierda en algunos ámbitos, está contra el modelo económico, por ejemplo; sin embargo, en lo cultural es extremadamente conservador, me sorprende.

-¿En qué sentido?

-En una concepción del mapuche congelada en el siglo XV, con la vestimenta del siglo XV. Muy desconfiado, muy dado a polemizar con las nuevas expresiones propias del mapuche. Son muy de estética: en las marchas en Santiago del 12 octubre, con 30 grados de calor, ves gente con manta, y eso causa sonrisa en muchas familias mapuches campesinas que en verano no usan manta.

-En tu último libro hablas de eso, de lo que decía tu abuelo: ser mapuche es más una ética que una estética, más de ser que de parecer. Por ahí va tu discurso.

-Absolutamente. La cultura de los pueblos tiene mucha relación con la lengua, allí está la forma en que interpretas el mundo. Y en nuestra lengua están muy presentes ciertos principios culturales; y tengo la esperanza de que se mantengan en el tiempo estemos o no en el campo, estemos o no usando manta, estemos o no viviendo en un rascacielos. Los mapuches quedamos estancados en el tiempo en lo cultural y hoy se está viviendo un renacimiento fascinante, que tiene que ser mostrado.

-Y eso es lo que hacen tus entrevistados. Nuevos mapuches, como tú, capacitados en lo intelectual y cultural...

-Gran parte de esos entrevistados proviene de comunidades mapuches, como yo. Los que somos de la ciudad (Cayuqueo vive en Temuco) tenemos raíces y nexos con el campo, que no se pierden. En esta época, mucha gente de Santiago está volviendo al sur para los nguillatunes. Allá están sus abuelos, sus tíos. Hay vasos comunicantes, no es algo antagónico. Estamos hablando de una vanguardia, de una elite cultural, que está tratando de hacer un aporte, y es una lucha que también tienen los sectores más duros mapuches: ellos hablan de una lucha de descolonización; y nosotros decimos que la descolonización opera en muchos ámbitos, en el arte, en la ciencia, en la educación.

La tierra

-En tus libros machacas la idea: reducir lo mapuche a la pobreza y a la pelea por las tierras es una visión estrecha, "cachar poco y nada". Pero el conflicto por el territorio es ineludible.

-La tierra es una herida abierta que requiere ser sanada, que se arrastra por demasiado tiempo. El Estado ha insistido en proteger el principal patrimonio territorial usurpado a los mapuches: las forestales tienen más de un millón de hectáreas al sur del Biobío. La persistencia de todos los gobiernos en no tocar el patrimonio forestal ha llevado a que el conflicto se haya traspasado en los últimos 10 años a los dueños de fundo y a los parceleros pobres. Hay que plantear una negociación en que ambos lados cedan. ¿Qué vamos a ceder los mapuches?: entender que no se va a limpiar La Araucanía de gente no mapuche, que debemos incluir al resto. Yo creo que el mapuche común y corriente lo entiende...

-¿Quiénes no lo entienden?

-La dirigencia más activista. Les cuesta más entenderlo, porque son las víctimas del conflicto más violento, están en la resistencia, sufriendo los embates de carabineros, la persecución policial y judicial, con jóvenes encarcelados por terrorismo. No le voy a pedir a un peñi que está en esa situación que empiece a plantear un diálogo intercultural, o una salida democrática o pacifista. Ellos, en muchos casos, están salvando el pellejo todos los días. Pero sí se le puede pedir al resto de las fuerzas vivas de la sociedad mapuche, intelectuales, académicos, sociedad civil, que empecemos a discutir una salida política al asunto. Si no despejamos la bruma que este conflicto de tierra pone sobre el tema mapuche, difícilmente vamos a poder avanzar en las cosas que yo considero las más relevantes hoy en la discusión.

-¿Cuáles?

-Cómo hacemos que este Estado heredado del siglo XIX, monocultural, centralista, monolingüe, se transforme en un Estado del siglo XXI, plurinacional, multilingüe, con 9 banderas en el frontis de La Moneda. Es una discusión mayor que trasciende el tema de la tierra.

-Pero la tierra siempre es la piedra de tope...

-Sí. Y no olvidemos que la reclamación territorial obedece a una cosmovisión. La gente no quiere la tierra para una unidad de negocio. La gente reconoce una memoria histórica, donde tal pedazo de tierra que hoy está en manos de una empresa forestal o en un fundo agrícola era el lugar de ceremonias; entonces, tiene otro valor. Pero los mapuches vamos a tener que avanzar hacia un cambio cultural. Las frías estadísticas nos llaman a repensar nuestra identidad, porque si mapuche va a ser entendido literalmente como gente de la tierra, estamos en un problema. Hoy, la minoría vive en el campo, y además la tierra se acaba.

-Hablas de diálogo, de reconocerse. Pero uno ve hoy los ánimos tan crispados, y cifras como que este año los lesionados por enfrentamientos se han triplicado en el sur. ¿No parece un poco cándida tu postura?

-Creo que no. Fíjate que La Araucanía en los últimos tres años ha sido la región de Chile que ha tenido más turismo interno. Me lo dijo Sernatur. ¿Alguien vendría si esta fuera zona de guerra, de terrorismo? La violencia en el conflicto está absolutamente sobrevendida.

La película

-Tú y 4.500 profesionales mapuches están en la corporación Enama, para socializar esta nueva mirada. Pero son resistidos por el mundo mapuche más radical. Por tipos como Aucán Huilcamán. Dicen que ustedes son "los neoliberales de los mapuches", que "renuncian a la tierra"... ¿Te complica?

-Me complica la mentira, la calumnia. Aucán es un dirigente de otra época, jubilado a los 45 años y eso le cuesta entenderlo. El mundo mapuche cambió y requiere liderazgos nuevos, miradas nuevas, abordajes nuevos. Y él es un dirigente que responde a la resistencia cultural de los años 90, al etnicismo. Está bastante solo en sus frustraciones. El censo estableció que 135.000 profesionales universitarios se declararon mapuches, y que lo mismo hacen 230.000 estudiantes entre primero y quinto de universidad. Es harto. Estamos frente a una revolución en el mundo mapuche: de una sociedad campesina estamos pasando a una sociedad de profesionales y técnicos.

-Te enojaste cuando un canal de televisión habló del "Afganistán mapuche". Tú, muy seguro, respondiste que había vida más allá de eso.

-Si el tema mapuche fuera una película, el guión hoy en Chile sería una película de vaqueros, un western: pieles rojas atacando a los cowboys, a los colonos, y colonos atacando a pieles rojas. Es una caricatura absurda. ¿Cuál podría ser la película mapuche hoy? Se me hace mucho más cercana una película como "Milk", esa del líder homosexual en San Francisco; o una película sobre los derechos civiles en Estados Unidos o "Filadelfia", acerca de las minorías sexuales y su lucha por reconocimiento y valoración. O capaz que ni siquiera sea un guión, sino varios: una película tipo "Babel", con varias historias que se mezclan. Quizás no necesitamos a John Ford como director; quizás necesitamos a González Iñárritu.

 Disparos al gobierno: "Peñailillo tiene un historial triste en materia indígena"

Pese a su discurso conciliador, que valora el diálogo y la inclusión, Cayuqueo sabe golpear fuerte. Como cuando habla del desempeño del Estado en el tema mapuche. En sus columnas ha sido un crítico feroz de todos los gobiernos. Los acusa de irresponsabilidad, de negligencia criminal, de represión. Dice que se lo dijo a la Presidenta Bachelet en septiembre en Nueva York, cuando él fue a la Cumbre de los Pueblos Indígenas y se encontraron en una recepción en la embajada. "Le dije que había una gran deuda que ella tenía con el pueblo mapuche, paradójicamente era de derechos humanos", recuerda.

-También les has pegado duro a los ministros del Interior y sus miradas "irremediablemente torpes" en aplicar la Ley Antiterrorista. ¿Cómo ha sido Peñailillo?

-Peñailillo ha tenido la suerte de contar con Huenchumilla. Sí. Porque Peñailillo tiene también un historial bastante triste en materia de represión indígena...

-Ya lo conocías, fue gobernador de Arauco en 2002.

-Sí. A Peñailillo le tocó inaugurar el desfile de lonkos por tribunales acusados de terrorismo. El fue quien interpuso la primera querella por terrorismo en Chile contra mapuches, en el gobierno de Lagos. Y obtuvo la primera condena de mapuche por terrorismo. Su historial en seguridad pública vinculada al conflicto mapuche es bastante triste, bastante vergonzoso.

-De tu crítica tampoco se escapan la policía y los fiscales, a quienes llamas "niños símbolos de la inoperancia y las metidas de pata al sur del Biobío".

-La mayoría de los fiscales son abogados sin experiencia. Gente que desconoce absolutamente el origen del conflicto, que carece de competencias interculturales. Lo que veo en muchos de los fiscales es ignorancia absoluta del tema mapuche. Más aún: observo ambición desmedida.

-Entre tanto desencanto, ves una luz de esperanza, con nombre propio. El intendente Francisco Huenchumilla. Lo comparaste con Obama en tus columnas.

-Huenchumilla ha sido muy inteligente, muy claro también en situar el tema desde el punto de vista político. Por lo tanto, bajó absolutamente los niveles de tensión y también le puso una rienda bastante ajustada a Carabineros. Partió diciendo que no iba a aplicar la Ley Antiterrorista bajo ningún punto de vista. Entonces, me atrevería a decir incluso que quien ha liderado desde el Ministerio del Interior el abordaje policial del conflicto ha sido Huenchumilla. Enhorabuena. Sin él, se habrían repetido los mismos errores. Huenchumilla es hoy un rockstar.

  

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