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Cardenal Ezzati: "No debe esperarse que la Iglesia cambie su postura sobre el aborto"

"Lo que me parece más injusto es que a una adolescente lo único que seamos capaces de ofrecerle sea ponerla en la situación que tenga que cargar toda su vida con el peso de la muerte de ese ser que crece en su vientre y que es su hijo o hija".

por:  Lilian Olivares Foto: Alejandro Balart/La Segunda
viernes, 23 de mayo de 2014

"Todos somos pecadores", dice el cardenal Ricardo. Pero hay que ser "pecadores reconciliados". De eso habló la noche de este jueves monseñor Ricardo Ezzati cuando celebró misa en la Parroquia Santa Rita de Ñuñoa, que cumplió 62 años. Y también de abrir la Iglesia, de ser alegres, y de ir a la periferia... muy en la onda del Papa Francisco.

Al término de la celebración, le preguntamos:

-¿Y usted siente que en estos momentos la Iglesia Católica chilena está con la fortaleza como para enfrentar los debates que se vienen sobre educación y aborto?

-Sin duda alguna. Tenemos experiencia de dos mil años y experiencias hermosísimas tanto en el ámbito de la educación como en el ámbito también de lo que significa hacer crecer la vida.

A primera hora de este viernes mandó sus respuestas a un cuestionario que aceptó responder. En él le recordábamos que hace algunas semanas se conoció el caso de una niña de 17 años que se hizo un aborto clandestino en su casa. Fue denunciada por su médico tratante y esta muchacha corre hoy el riesgo de ser condenada con 3 a 5 años de cárcel.

-¿Le parece justo?

-La señora Presidenta ( "la tengo en alta estima") recordaba en su mensaje que cada aborto es una señal de que como país estamos llegando tarde. Estoy completamente de acuerdo. Lo verdaderamente injusto es que la sociedad, en su conjunto, no sepa ofrecer las condiciones preventivas que eviten tanto dolor y que, además, no sepa acompañar a tantas y tantos adolescentes que sufren, simplemente por no encontrar acogida, compañía y consejo. Se trata de un problema de la mayor seriedad y, lo que me parece más injusto todavía, es que a una adolescente a la cual no le hemos ofrecido la compañía para crecer en el amor y la confianza, lo único que seamos capaces de ofrecerle sea ponerla en la situación que tenga que cargar toda su vida con el peso de la muerte de ese ser que crece en su vientre y que es su hijo o hija. Debemos trabajar para que la vida sea protegida, en todas sus etapas y bajo toda circunstancia. Y eso significa proteger la vida de los niños que están por nacer, tanto como la de los adolescentes que enfrentan un mundo que los margina y los transforma en objetos de consumo. El aborto no entregará nunca esa necesaria protección.

Le planteamos que hay quienes piensan que el debate sobre el aborto no hay que llevarlo a partir del origen de la vida, porque así no se llegará a acuerdo entre cristianos y no cristianos.

-Pero sí plantean, como Noam Titelman, reorientar el foco de la discusión hacia la penalización por parte del Estado. Por ejemplo, si la niña violada es víctima, ¿no le resulta doblemente víctima si el Estado decide penalizarla con cárcel?

-Las materias de Estado y las políticas públicas no se pueden construir a partir de la casuística, sino de los principios fundamentales que brotan de la racionalidad humana. Lo que a los cristianos les corresponde es contribuir desde una mirada antropológica, la que surge de la razón. Por ende, una contribución que es anterior a la fe que profesa. En la condición humana, el cristianismo destaca la dignidad ontológica de la cual brota la exigencia de la dignificación ética de la persona. No se trata de imponer a nadie la fe que los cristianos profesamos (...) A la verdad, como a la fe, se adhiere por convicciones y no por temor a un castigo.

-En Chile se practican unos 160 mil abortos anuales clandestinos según Titelman. ¿Qué debiera hacer la sociedad para evitarlo?

-Hay quienes afirman que existe esa cifra, pero hay también quienes sostienen que ese dato es absolutamente sobrestimado. Pero, lo importante aquí no son las cifras porque un solo aborto ya es un dolor que hiere el alma de Chile. Por eso, la suya es la pregunta fundamental respecto a este tema: ¿qué hacemos para evitarlo? Por lo mismo, me parece poco lógico que se instale la idea de que la mejor solución no es evitarlo, sino que autorizarlo. Uno esperaría que desde todas las esferas se contribuyera activamente para construir un entorno de mayor seguridad, de mayor comprensión y de mayor solidaridad; en definitiva, una verdadera comunidad de encuentro, donde todos pudiéramos colaborar para erradicar aquellos males de la sociedad que llevan a una mujer a vivir esas situaciones inhumanas de dolor.

-La Iglesia se ha ido adaptando de alguna manera a los nuevos tiempos. ¿Ve usted posible que también pueda ser replanteada su posición sobre el aborto?

-El Papa Francisco ha sido muy claro en este tema y, como él ha dicho, no debe esperarse que la Iglesia cambie su postura al respecto. Clara es también la necesidad y el desafío de seguir trabajando para comprender y acompañar, en todas las instancias que sean posibles, a quien se encuentra en esta situación de sufrimiento. La parábola del Buen Samaritano nos sigue desafiando. El Buen Samaritano no pasó de largo, sino que "vio, se conmovió y bajó de la cabalgadura", para atender y servir al que había caído en manos de los ladrones.

Adopciones irregulares: "Hablé con el padre Gabriel Joannon"

- Hay un tema que hoy preocupa, sobre adopciones irregulares en los años 70 y 80. ¿Ha conversado de esto con el padre Joannon?

-Este es un tema especialmente grave y doloroso. Sí, he conversado con el P. Gerardo. Hay una investigación en marcha que creo necesaria y respeto. Confío que aporte luces para esclarecer la verdad. Por ahora mi palabra al respecto quiere ser de cercanía a las personas que han sufrido y sufren por los atropellos que han denunciado. No me corresponde a mí establecer responsabilidades. Esa es una tarea de la justicia, pero sí me brota del alma de pastor una palabra de cercanía y de consuelo a quienes sufren por esto. Para ellos y ellas, toda mi solidaridad.

-Me gustaría que me dijera con qué sabor quedó después de la cuenta pública de la Presidenta. Me refiero a si ¿tuvo la sensación de que se vienen tiempos más difíciles para la Iglesia Católica?

-Usted me pregunta por el sabor, lo que siempre es muy subjetivo. Sin embargo, me parece importante ir más allá de la sensación y del sabor. A veces el género literario de una exposición puede gustar o no gustar: es plenamente legítimo, pero ¡qué importante es aprender a discernir y apreciar lo que es bueno y justo en la proposición del prójimo!

¿Tiempos difíciles? Los ha habido, los hay y los habrá. No me espantan. Una certeza nos llena de esperanza y optimismo. Es la promesa de Jesús: "No tengan miedo. Yo estoy con ustedes...".

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