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Familia Rillón cuenta la dura búsqueda de la guagua que el cura Joannon ayudó a dar en adopción

María Luisa Rillón: "En toda esta historia, por años, hemos estado juntos como familia. Durante la búsqueda, durante la pesadilla que pasó, los días después de que hicieron desaparecer a la guagua..." "Si Gerardo lo quiere saber, mi hermano ya lo perdonó".  

por:  Patricio Meza/La Segunda
miércoles, 16 de abril de 2014

La tarde del martes, el padre de una de las guaguas dadas por muertas para luego ser entregadas en adopciones ilegales en la década de los '80, supuestamente por parte del sacerdote Gerardo Joannon, entregó su testimonio en el marco de la investigación eclesial abierta contra el religioso.

Andrés Rillón -hijo del destacado actor conocido como "Don Pío" y comediante del mismo nombre- declaró por más de dos horas luego de que la congregación de los Sagrados Corazones (SS.CC., a la que pertenece Joannon) decretara el inicio de la investigación a cargo del canonista salesiano David Albornoz.

La Congregación informó también que "como medida prudencial, se le ha solicitado al padre Gerardo Joannon, ss.cc. que suspenda su servicio en la Parroquia de La Anunciación, por el tiempo que dure esta investigación", quedando en su reemplazo al vicario de la zona Cordillera, padre Fernando Vives.

Gerardo Joannon Rivera (77 años), tiene más de 50 años al servicio de la mencionada congregación y fue el párroco del Colegio de los Sagrados Corazones de Manquehue. También fue guía espiritual de varias generaciones de jóvenes que participaron en las comunidades que él formó como el Centro Pastoral Juvenil (CPJ). Además, fundó el grupo Uniendo Mundos, que tenía por objetivo relacionar a jóvenes de sectores acomodados con adolescentes de zonas populares como La Legua, San Ramón y La Granja.

El viernes pasado se supo en un artículo publicado por Ciper que el cura participó en una red ilegal de adopciones, ya que hacía los contactos entre médicos y familias cuando jovencitas solteras quedaban embarazadas. En ocasiones las muchachas entregaban voluntariamente las guaguas y en otras, cuando querían conservarlas, se las engañaba con consentimiento de los padres diciéndoles que sus hijos habían nacido muertos. Ese fue el caso de Andrés Rillón.

María Luisa, hermana de Andrés, relató esta mañana a "La Segunda" lo que ha vivido su familia tras el episodio. De hecho, dijo, tras la revelación pública el viernes pasado, ya han sido contactados por otras personas que piensan que pueden haber sido víctimas de la misma práctica. "Jóvenes de entre 35 y 40 años que creen que fueron entregados de la misma manera y que quieren encontrar a sus papás".

Y agrega, "mi hermano está preocupado de eso, pero no quiere ser la cara de este tema. El es un hombre feliz y siente ya tiene todo resuelto: encontró a su hija, perdonó a los que le hicieron daño", asegura. "Si Gerardo (Joannon) lo quiere saber, él ya lo perdonó".

Ayer dio su testimonio. "Lo llamó el provincial de los padres franceses, porque les interesa todo lo que él sabe".

Dos décadas buscando

El 1 de febrero de 1983 la entonces polola de Rillón (quien tenía 23 años) dio a luz en la clínica Santa María al bebé del que quedó embarazada siendo aún soltera. Al joven sólo le informaron que había nacido muerto.

"Pero mi hermano sabía que no era verdad y lo buscó por todas partes. El papá de su ex polola nunca le entregó el certificado de defunción, después por las enfermeras supo que había nacido y que era niñita. Habló con el doctor Gustavo Monckeberg (ya fallecido) y él estaba furioso, porque también lo habían engañado, diciéndole que el padre de la niña era un loco", relata María Luisa.

Pese a todo, la niña desapareció y no hubo forma de comprobar si seguía con vida y dónde estaba. "En toda esta historia, durante años, hemos estado juntos como familia. Durante la búsqueda, durante la pesadilla que pasó, los días después de que hicieron desaparecer a la guagua. Fue un período muy doloroso de ver a mi hermano mayor sufriendo y cuando ya no había nada que hacer una tía se lo llevó a Italia, para sacarle un poco de esto, porque era un sufrimiento espantoso", recuerda.

Luego de investigar con detectives varias pistas falsas y no pocas desilusiones, recién el año 2004 padre e hija pudieron reunirse. "Fue un milagro", dice María Luisa. Tras saber a los doce años que era adoptada, la joven tampoco dejó de buscarlo. Fue un sacerdote conocido de su familia adoptiva, el padre Gustavo Ferrari, quien terminó por contactarlos. El examen de ADN despejó todas las dudas.

"Nunca hubo una denuncia"

Pese a que ha transcurrido una década, nunca se presentó una denuncia ni se hizo público el caso.

"Como estas adopciones eran ilegales, mi hermano quiso proteger a los padres adoptivos de su hija, porque no tenía ningún afán de hacerles daño a ellos. Son buenas personas y también fueron víctimas de un engaño", señala María Luisa. "Ellos le contaron que nunca supieron, que si hubieran sabido que había un padre buscando a esa guagua jamás la habrían adoptado".

María Luisa incluso recuerda que ella misma enfrentó a Joannon en 1989 y este le reconoció los hechos. "Nos encontramos por casualidad, era Viernes Santo y yo le pedí por eso que no me mintiera (...) aceptó y me dijo que con el psicólogo de la madre de la guagua habían hecho un 'trabajo profundo' para que ella la entregara en adopción. Yo le dije que era un delincuente". Recuerda también que el religioso le afirmó que "no me preocupara y que él era la única persona que sabía donde estaba la niña".

 Arzobispado ante indagatoria previa: "No hay nada que decir en esta etapa"

La semana pasada, al día siguiente de conocerse la noticia, el provincial de los Sagrados Corazones (padre Alex Vigueras) emitió un comunicado anunciando que estaban "solicitando las asesorías necesarias para dilucidar cuáles deben ser los pasos a dar, para indagar más en profundidad lo sucedido".

Ayer, se resolvió suspenderlo mientras se realiza una investigación previa. Pese a su rol de párroco y a que se nombró a un vicario en su reemplazo, en la Iglesia se ha derivado todo el tema a la congregación.

Mientras, en la conferencia episcopal, derivaron las consultas a los SS.CC. y al arzobispado de Santiago, donde se limitaron a señalar que "no hay nada que decir en este etapa", agregando que la decisión de suspenderlo es adoptada por la congregación y a ellos sólo les corresponde nombrar a un reemplazo.

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