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El Yin y el Yang de Julio Jung

Tiene 71 años, pero es un twittero empedernido. Es el rey del absurdo, pero es muy coherente en su análisis del país. Sabe reírse de buena gana, aunque admite que hay cosas que le dan pena y miedo.  

por:  Miguel Ortiz A. Fotos: Fabián Ortiz A.
sábado, 16 de noviembre de 2013
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Debe ser el twittero más longevo de Chile. Tiene 71 años y más de 34 mil seguidores. ¿Qué escribe? De todo, pero siempre con ironía y dos gotitas de acidez bien intencionada. Así, el miércoles posteó "Acúsome padre que no asistí al Estadio Nacional al concierto de Justin Bieber... por mi culpa, por mi culpa, por mi gravísima culpa". Y al día siguiente: "El lunes será el día para calcular: ¿cuántos votos saqué?, ¿cuánta plata me devolverá el Servel por cada voto?, ¿qué será mi vida?".

En la breve biografía que redactó para las redes sociales, JulioHumberto Gonzalo BenitoJung del Favero resume: "Ex concejal, ex agregado cultural, ex-iliado en Caracas, actor senior a mucha honra, reincidente en amores, francotirador del pensamiento".

El jueves nos juntamos a almorzar en el « Colmado », un emporio español en el barrio Lastarria muy recomendable (Merced 346). El menú: tortilla de patatas, pan tumaca y aceitunas. De postre, crema catalana y un café.

Lo más sabroso, en todo caso, fue nuestra conversación. No hay caso: don Julio -y lo digo con todo respeto- es un viejo demasiado simpático. Por estos días se lo puede ver sobre las tablas del Teatro Ictus en la obra "Yepeto", trabajando junto a su hijo actor. La siguiente es la crónica, en primera persona, de una distendida sobremesa con un genio del buen humor.

El infarto que viene

Hace pocos días a Jung se le cayó el iPhone al water. Por eso ahora anda con uno más básico, que suena como teléfono antiguo. El doméstico incidente fue producto del acelerado ritmo de vida que lleva. Intensidad laboral que en marzo pasado le significó un infarto al corazón. Por eso dice que es un "recién nacido", que se siente joven... y admite que no aprendió la lección: "Tengo bien el colesterol y la presión un poco alta. Nada más. Me hago un chequeo médico todos los años. Yo creo que esto fue por exceso de trabajo, porque venía llegando de Iquique: en 48 horas tuvimos cuatro funciones de 'Ardiente paciencia', fue una locura. Entonces, pocos días antes de mi cumpleaños (21 de marzo), me vino un infarto y tuvieron que hacerme una angioplastía".

-Supongo que ahora bajó las revoluciones...

-A la semana siguiente del infarto retomé el trabajo. Lo único que me perdí fue viajar a Humberstone para la filmación de "Fatamorgana de amor con banda de música", de Hernán Rivera Letelier. Pero luego hice "El derechazo" y "Mejor estar solo", y ahora voy a participar en la próxima teleserie del Canal 13, en la que hago de un abuelo tipo Alan Arkin en "Little Miss Sunshine". Me gusta trabajar, porque me entretengo profundamente. Por primera vez en mi vida, este verano no tendré vacaciones y estoy feliz. Creo que vale la pena.

-Y antes de su próximo cumpleaños tendrá otro infarto.

-Es lo más probable.

La gracia de Jung radica en que las cosas las dice sin reírse, sin tratar de ser chistoso. El humor con que hizo escuela en "La Manivela", junto a Andrés Rillon.

-¿Qué lo hace reír a usted?

-Me río analizando la televisión, que es siempre igual. Todo comienza cada año con los reportajes de las playas en verano, en que entrevistas durante media hora a señoras en traje de baño que no dicen nada interesante, luego viene el Festival de Viña, la Copa Davis y las inundaciones en el invierno, con el mismo periodista vestido con el mismo traje amarillo diciendo que están anegados, despachando en el mismo paso bajo nivel. Después vienen las marchas de los estudiantes, y el paro de la basura, y la Teletón. Y todos los años lo mismo. Eso me da risa. Mucha, mucha risa.

-¿Y se ríe con Yerko Puchento?

-Ese es un humor distinto. Son personajes... y ellos no tienen la culpa de ser lo que son. El problema que yo tengo con el humor televisivo de hoy es que no hay diversidad. Existe una enorme incapacidad creativa. Todos se copian entre todos y terminan transmitiendo todos lo mismo, los mismos días. A tal hora va el futbol, a tal hora las noticias. ¿Por qué nadie innova? ¡Apuesten a otra cosa! Hoy la cultura está en el cable, que no es para todos. No todos pueden ver Film&Arts. Yo sólo pido mayor diversidad. Dejemos de copiarnos desvergonzadamente. Los chilenos debemos tener la posibilidad de elección. Pero con los cuatro canales de la televisión abierta tienen a todo Chile jodido.

Entre una aceituna y otra, mi conversación con Jung se fue yendo por las ramas. Sin saber cómo, comenzamos a recordar algunos episodios estelares de su carrera como comediante. Imposible no mencionar entonces -carcajadas de por medio- a McDonald's y Burns de "Mediomundo", viajando en una cápsula espacial... y analizando el planeta al que habían llegado, cuando en realidad estaban en Pomaire.

Jung ha hecho del absurdo su mejor aliado.

Es una mezcla entre Eugène Ionesco y Pablo Neruda, de quien sacó esa cadencia al hablar, como de caballero antiguo, con voz ronca: "Todo humor debería ser absurdo, pero hasta cierto límite. Lo que nosotros hacíamos era una distorsión dentro de lo posible. Hicimos también unos edecanes gay . No sé si eso se podría hoy".

-¿Por qué no?

-En ese entonces no nos preocupábamos del tiempo y un sketch podía durar 20 minutos. Hoy no podría durar más de 5. El ritmo es diferente. Habría que adaptarlo.

-Sería un exitazo.

-Además, hay otra cosa. Yo hace 10 años atrás era políticamente incorrecto. Hoy me inhibo más. Hay más restricciones. Para qué estamos con cosas: ya no se puede hablar de todos los temas.

Con una lata de Coca-Cola light en mano, Jung improvisa un sesudo análisis político: "Con el gobierno militar la cosa estaba más clara: la idea era recuperar la democracia y el enemigo era el que no quería o impedía eso. Pero con la democracia, aunque sea perfectible, es más complicado saber quién es el enemigo. No podemos antagonizar o descalificar a la derecha, ¿por qué? Ni al centro. Todos tienen derecho a proponer sus planteamientos. Y debería también haber derecho a criticar y autocriticarse. A veces siento que hoy es difícil tocar algunos temas sin que te descalifiquen. Hemos perdido la capacidad de dialogar.

Rostro de las AFP

Tras el café, salimos a dar un paseo por el Parque Forestal, recorriendo algunas calles en las que él vivió. Bromeando, animado por el intenso calor primaveral, Jung se instala en un banco junto a una muchacha que toma notas en una pequeña libretita. Le mete conversa, se hace el canchero, payasea, la logra intimidar. Ella se ríe, le responde que es tímida, que se puso nerviosa. Pregunta para qué son las fotos. Y don Julio le cuenta que yo soy periodista de "La Segunda", que van a aparecer juntos en el diario... y que es muy bonita.

Jung le cae bien a todo el mundo. La gente lo saluda con cariño por la calle... y también en Twitter.

-¿Quiénes son sus twitteros favoritos?

-¡Chuta! Sigo a más de mil, pero te puedo decir que es muy interesante lo que plantea Jorge Coulon (@jcoulon), Adriana Valdés (@AdrianaValdes8)... y me río mucho con las leseras que escribe Ramón Llao (@ramonllao), porque suele dar en el clavo.

Tras más de una hora de conversación, y para que no todo fuese jolgorio, decidí llevar a Jung a dos temas menos divertidos.

El primero, ahora que lo pienso, fue una pesadez de mi parte.

-¿Por qué aceptó ser rostro publicitario de las AFP?

Entonces carraspea, me aclara que no es primera vez que alguien se lo pregunta y asume un tono diferente, como de profesor:

-Las AFP es lo que hay. Es lo que tenemos. Y no va a cambiar. Olvidémonos: no va a cambiar. Podrán mejorarlas, arreglarlas, pero anatematizar a alguien por hacerle publicidad a las AFP, sería como demonizar a todos los empleados que trabajan en ellas. Es una cosa institucional y constitucional. Todos estamos en una AFP, tú y yo. Me parecería insólito transformarse en el adalid de cambiar el sistema previsional.

Se rasca la cabeza, sube el volumen, y continúa: "No olvidemos que las AFP están aprobadas por 6 Presidentes, uno de facto y otros cinco elegidos democráticamente, y cinco Parlamentos. Entonces, no me vengan con leseras: esto no es la colusión de las farmacias ni tampoco es La Polar.

"Eso me da miedo"

Segunda pregunta:

-¿Qué lo pone triste?

-Estoy muy preocupado por mi hermano Juan Enrique, tiene 69 años y está muy mal de salud. Y también me afecta la situación de mi suegro, que tiene 93. Eso me apena. Veo a mi mujer y no quiero pensar en eso.

Para terminar, antes de darle un fuerte apretón de manos y agradecerle su tiempo y buena disposición, le pedí a Julio Jung que eligiera su mejor creación, su obra más memorable, o su película preferida.

Yo creo que la respuesta la tenía preparada:

-Es muy difícil. En el cine he hecho cosas buenas, como "Amnesia", "Coronación", "Cachimba" y "El regalo", que no tienen nada que ver una con la otra. Yepeto, ahora, me tiene muy entusiasmado. Trabajar con mi hijo ha sido algo tremendamente satisfactorio. Pero la verdad es que yo siempre estoy pensando en lo próximo, en lo que viene. Ya me tentaron con otra obra de teatro. Y Silvio Caiozzi me ofreció participar en "Y de pronto el amanecer", una película que se rodará en Chiloé. Quizás sea esa la mejor película de mi carrera. Me gusta pensarlo así. Porque lo peor es cuando uno para, y se queda, y se estanca. Lo peor es dejar de estar al día, vigente. Eso me da miedo.

 
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