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Capellán de Gendarmería: "En Chile, si tienes medios económicos, familia, cierto prestigio, la cárcel no es para ti"

"Con una clase alta chilena que tenga una experiencia de Dios verdaderamente enraizada en el Evangelio, nuestro país sería distinto". Fallo en caso farmacias "es una risotada en la cara de la gente". ¿Merecen cárcel? "Obvio". "Siento que en Chile no sabemos qué hacer con los pobres, y los encarcelamos".

por:  Ana María Guerra Y.
viernes, 26 de julio de 2013

El padre Lucho, como le gusta que le digan, fue director de Infocap -"la universidad de los pobres"- hasta el 13 de marzo recién pasado. Al día siguiente asumió como capellán nacional de Gendarmería.

Ahora la vida de Luis Roblero S.J. corre agitada entre viajes a los distintos recintos penales del país, reuniones con autoridades del sector justicia y también su labor como capellán de los colegios Padre Hurtado y Juanita de Los Andes (Las Condes), entre otros.

Por eso, dice, conoce muy bien la vida en ambos extremos de las clases sociales. Y le preocupa lo que ve en los dos. Por razones distintas, claro.

En la semana en que comenzó el juicio oral contra 8 funcionarios y ex funcionarios de Gendarmería por la muerte de 81 reclusos en San Miguel, señala que en las cárceles del país "se ha mejorado en habitabilidad, en prevención de riesgos y en bajar la violencia y el hacinamiento, pero todavía falta mucho" (ver recuadro).

Pero más allá de la infraestructura, le preocupa que casi todos los reos de Chile provienen de los sectores más pobres de nuestra sociedad. Habla de mujeres sin dientes y hombres analfabetos, como parte de esa cruda realidad.

Incluso, en una carta a El Mercurio -tras conocerse el dictamen judicial que condenó a los ejecutivos de farmacia a asistir a clases de ética- afirmó que "la desproporcionalidad hace en la práctica que el que tiene y obtiene más de manera ilícita, no sea delincuente, en tanto que quien no tiene y obtiene algo de manera ilícita, sí lo sea".

-¿Qué está pasando, a su juicio?

-Yo siento que en Chile no sabemos qué hacer con los pobres y los encarcelamos. Los pobres como que nos enrostran el modelo de sociedad que venimos construyendo. Cuando tú ves que el 90% de las viviendas de La Pintana son populares, uno piensa que es imposible que de ahí no salga un delincuente. Y lo mismo con los hospitales públicos, ahora el tema de Sename... Yo creo que esto tiene mucho que ver con estructuras no justas, con desidias también que se van instalando en nosotros. Nos hemos dejado de preocupar por el otro. Entonces, agarramos a todos estos sujetos que son malos y feos y los metemos adentro de una cárcel, cerramos la puerta y lo que pase allí dentro no es problema de nadie.

-El clamor generalizado es por más cárceles...

-Yo no quiero justificar en absoluto el delito. Siempre que hablo con compañeros jesuitas les digo que la cárcel es un espacio de mucha contradicción para uno como cura, porque delante de ti hay un ser humano, una persona que ha sufrido, pero que también ha hecho sufrir a otros. Ahora, la primera gran pregunta es por qué Chile genera tanto delincuente, cuáles son las causas verdaderas de la delincuencia. Esas discusiones no están puestas, porque el encarcelado no tiene voto. La respuesta más simplona del mundo es "construyamos más cárceles", (pero) esto se sana con estructuras más justas. Nadie se puede explicar por qué se le condonaron esos miles de millones a Johnson. El chileno normal te dice "me atrasé cinco días en la cuota en una tienda del retail y me pasaron una multa gigantesca". O lo de las farmacias, eso es una risotada en la cara de la gente. Uno dice cómo ocurren esas cosas: " Yo que tengo, que quiero tener más y para eso incurro en actos ilícitos, finalmente tengo que ir a clases de ética y donar $250 millones a fundaciones que hacen caridad". Eso genera rabia, y lo que tenemos en Chile de una manera súper controlada, pero lo tenemos, es un país que está enrabiado.

-¿En Chile el que tiene plata se libra de la cárcel?

-Yo creo que sí. En Chile, si tú tienes medios económicos, una familia por detrás, cierto prestigio, por supuesto que la cárcel no es para ti. La cárcel es para los pobres. Eso digámoslo con súper harta claridad.

-Los ejecutivos que fueron conminados a asistir a clases de ética, ¿debían haber pagado con cárcel, a su juicio?

-Obvio, una persona que se colude para robarles a aquellos que necesitan salud, y que se colude con intencionalidad para fijar una banda de precio y no dejar que el mercado opere con competencia... No deseo a nadie la cárcel, pero si bien no es un delito de sangre, es un delito que les roba la vida a muchos chilenos. Y para qué hablar de otras cosas, qué pasó con La Polar, enriquecerse a costa de la pobreza de otro... Cuando peleo con mis compañeros y les digo no puedes financiar obras de caridad con platas que vienen de empresas a través de RSE , que de alguna manera están dando lo que les sobra porque tienen salarios de hambre con la gente. O sea, hacemos justicia desde la injusticia. A mí no me cuadran esas cosas.

Hablar con el padre Roblero trae reminiscencias del discurso fuerte de su compañero de congregación, Felipe Berríos. Y tal vez no sea pura casualidad. Según cuenta, vivieron en la misma residencia durante cerca de siete años. Y lo sucedió en la dirección de la "universidad de los pobres" a partir de 2001.

-¿Qué pasa con las personas cuando llegan a la cárcel, tienen posibilidad de volver a tener una vida normal?

-La cárcel te seca internamente. Todas las relaciones al interior de la cárcel están tan cruzadas por la violencia, que el daño que se te hace como ser humano es muy fuerte. La cárcel debiera ser el último recurso, el daño que hacemos no dejando que hablen por teléfono con sus familias es de una inhumanidad increíble. Habrá 10, 50 mil que seguirán haciendo los negocios desde la cárcel, pero por qué vamos a negar a una madre la posibilidad de saber qué pasa con sus hijos. Si aunque esté presa sigue siendo mamá. Y si queremos castigarla, lo que se consigue es lo contrario, porque todos esos cabros chicos es muy probable que terminen tarde o temprano involucrados (en el delito).

-¿Cómo se explica tanta violencia?

-Yo tiendo a creer que la cárcel es un concentrado social. En una cárcel uno visualiza lo que está ocurriendo en nuestras poblaciones, que están muy cruzadas por la violencia, lo se relaciona con el narcotráfico, la exclusión, la precariedad, los chiquillos que no tienen acceso a una buena educación, que no trabajan. Aunque aquí las asimetrías son llevadas al máximo. Tú entras a una galería y están completamente jerarquizadas, están lo que mandan, los que hacen el aseo, los que hacen los favores sexuales, los que lavan la ropa. Un condenado pierde su ciudadanía, aunque hoy se están introduciendo cambios.

-¿Cee que hay posibilidad de mejorar?

-Yo creo que hay un Ministerio de Justicia, servicios y un alto mando de Gendarmería realmente comprometidos con este tema. Hoy se le está metiendo cabeza a este tema. Es difícil, y todo lo que hablamos de reinserción es un tema altamente complejo, porque es gente que viene muy dañada. Hay secuelas profundas que dejan la marginalidad y la exclusión que no es son tan fáciles de revertir. Pero hay casos que nos hablan de que sí es posible. A la entrada de la Penitenciaría usted vio a los chiquillos esperando para ir a clases al Infocap. Y cuando regresan vienen contentos con lo que aprenden. Yo creo que cuando a la gente se le pone por delante una herramienta eficaz, y verdaderamente creemos, ella responde.

El avance de los evangélicos

-Los evangélicos han ido ganando mucho terreno también en las cárceles, ¿por qué?

-Yo me alegro mucho de que así sea. Tienen un apostolado súper bien montado y cuando uno entra en los espacios evangélicos están cuidados, bonitos, no hay una violencia sistemática. Lo que yo me pregunto desde la vereda católica es por qué nos hemos ido alejando de los pobres. Y me lo pregunto con un cariño y un respeto enorme, porque también trabajo en el mundo alto. Y me pregunto por qué nuestras iglesias en el barrio alto están todas repletas, de lo cual me alegro, mientras poco a poco nuestras capillas populares se han ido vaciando. No puedo dejar de preguntarme en qué se traduce esa enorme cantidad de gente donde está el poder económico y político, cuando estamos en un país de una inequidad impactante.

-¿Estamos ante una Iglesia Católica más aguachenta?

-Ambigua, ni chicha ni limonada, no jugada... Y le dices a un chiquillo de arriba "vamos a dar la vida por..." y te miran con cara de pescado. Y cuando uno como sacerdote empieza a hablar un poco más de la justicia te miran como "Usted debiera rezar". No asocian la fe a un amor profundo y radical por el ser humano. Todo lo que generó el Papa Francisco, no porque sea jesuita. Lo que ha movido a la gente es que es cercano, normal, un hombre que te dice que los curas dejemos de condenar a la gente y hablemos más de misericordia. Cuando la Iglesia se desapega de esta raíz evangélica, perdemos el norte. Mira todos los separados que se sienten condenados. Todo el tema de los abusos sexuales que se han dado en la Iglesia es la punta de un iceberg. Por debajo están otros abusos, los que tienen que ver con el abuso de poder.

-¿Haría falta que en la Iglesia y en el episcopado chileno permeara el mensaje del papa Francisco, de ir en busca de los marginados?

-¿Sabes dónde me gustaría que permeara? En clase alta chilena. A nosotros los consagrados y a nuestros obispos nos hace falta, y nos hemos equivocado, pero desearía que permeara a todo el catolicismo del barrio alto. Te aseguro que con los mismos obispos y curas, con una clase alta chilena que tenga una experiencia de Dios verdadera, verdaderamente enraizada en el evangelio, nuestro país sería absolutamente distinto. Chile es el país que es porque hay un grupo que no quiere soltar sus privilegios. Y la gran mayoría de esas personas profesan nuestra religión católica. A mí eso me duele mucho, porque es de un nivel de inconsecuencia impactante. Pero aclaro que yo conozco mucho a esa gente y hay personas espectaculares. Estamos hablando de generalidades, hay excepciones.

 
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