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Cotizando la muerte: ¿Cuánto cuesta morir? Crónica de un intimidante recorrido por cementerios, funerarias... y un mall

Obvio: no es lo mismo una urna de terciado de pino que un ataúd de madera de cedro. Pero, ¿es posible que las tarifas de un viaje al más allá fluctúen entre los $500 mil... y los $40.000.000? "Hay cosas que no se cuentan, por respeto a los finados", me advirtió un sepulturero.

por:  Miguel Ortiz A. Fotos: Fabián Ortiz A.
sábado, 15 de junio de 2013
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Este reportaje comienza en un mall del barrio alto. Yo estaba parado, haciendo fila para comprar donuts, cuando una mujer vestida de blanco se me acercó. Me dijo: "¿Le gustaría recibir información que lo ayude a planificar su futuro?". No trabajaba ella en una AFP, ni en una isapre... tampoco ofrecía seguros de vida. Todo lo contrario: me ofrecía una tumba. "Planificar mi futuro" consistía en comprar un nicho en el Cementerio Parque del Recuerdo.

-No, gracias. Tengo 31 años recién cumplidos... soy muy joven para morir.

"Pero hay que ser previsor... uno nunca sabe cuándo le llega su hora", insistió, con respeto, ofreciéndome un folleto.

Casi salgo corriendo.

El episodio, además de tiritón, me dejó pensando: resulta curioso, por decir lo menos, que la muerte se haya transformado -eufemismos de por medio- en un bien de consumo, pagable en cuotas. La pregunta, entonces, cae "de cajón": ¿Cuánto cuesta morirse?

La siguiente es la crónica, en primera persona, de una fúnebre cotización: comparé precios y servicios, nichos, mausoleos, carrozas... y hasta me metí en un ataúd. Sí, como quien se prueba un pantalón antes de comprarlo.

Que no parezca funeral

El escritor británico Evelyn Waugh , en su desopilante novela "Los seres queridos", retrata a aquella sociedad que -ya por los años 60- utilizaba el dinero para evitar enfrentarse a la conciencia de la muerte. ¿Cómo lo hacían? Maquillando y disfrazando a los fallecidos hasta convertirlos en ridículas parodias de vivos.

Algo similar pasa hoy. "Hay quienes están dispuestos a pagar millones para que el funeral no parezca funeral", me confiesa un empresario del rubro, quien prefiere mantener su identidad en las penumbras "para hablar con mayor libertad".

"Morir no es gratis", me dice, apoyado en un féretro. Y me explica, a modo de consuelo, que si bien no todo el mundo tiene dónde caerse muerto, hay algo que sí tenemos asegurado quienes estamos afiliados a algún sistema de pensión (AFP o INP): a través de la "cuota mortuoria" -unas 15 UF- se puede acceder a un servicio fúnebre "básico" que contempla, en la mayoría de los casos, una urna de terciado de pino, el traslado en carroza y un par de cirios. A eso, luego, hay que sumarle un lugar donde enterrar el catafalco.

En mi romería por las funerarias de avenida Independencia conocí a Nicolás Bergerie , quien con sólo 20 años ya administra la funeraria «El Sagrado Corazón», propiedad de su padre. Como yo, me cuenta, "son muchos los que llegan a preguntar por precios y modelos de ataúdes para ellos mismos (...) En su mayoría son personas que se van a someter a una operación muy delicada, y es posible que mueran. Entonces prefieren dejar todo listo".

-¿Y alguien le ha pedido probar el cajón antes de comprarlo?

-No, nunca.

-¿Me permite ser el primero?

-Por supuesto.

Elegí entonces el mejor de los diseños, el de $2.000.000, fabricado con maderas de raulí y castaño, con una imagen de la "Ultima cena" tallada en la tapa, por dentro, y un cristal biselado de cuerpo entero. Con la ayuda de una escalerita, me senté sobre el fondo del sarcófago... entonces entró en acción don Alejandro León , quien lleva 20 años trabajando en el rubro. "Yo tuve el honor de encajonar y maquillar al cardenal Raúl Silva Henríquez ", me cuenta, antes de pegarme un tirón por las piernas para acomodar mi peso.

La sensación, cuando aún no me ponían la tapa, ya era tremenda. Es extraño ver el mundo desde un ataúd. Es una experiencia límite, de hecho, que nadie ha muerto para contarla. Con la ayuda de Guillermo Díaz (22), quien sólo tiene tres meses de práctica, me acomodaron la cabeza sobre un almohadón... y me taparon. Estuve poco más de un minuto encerrado, con el vidrio empañado por mi acelerada respiración. Es imposible moverse, porque no hay espacio. El aire, muy pronto, se vuelve caliente, viciado. Ahí dentro me acordé de mis muertos más queridos y alcancé a imaginar cómo será mi propio funeral.

También vino Drácula a mi memoria, quien habrá tenido sus razones para elegir un lugar tan incómodo para dormir (y lo digo con absoluto conocimiento de causa). Y es que, a diferencia de lo que uno piensa, el fondo de los ataúdes no es acolchado.

Lo que sí hay son féretros de todos los tamaños. "Tenemos urnas para personas obesas, que son más anchas... también se pueden hacer a medida, para la gente más alta". Los modelos estándar, para compra inmediata, van desde 1,95 metro hasta los 40 centímetros, para los nonatos.

El más costoso de los servicios fúnebres por los que consulté fue uno que ofrece el «Hogar de Cristo», que contempla un ataúd de cedro, opaco, cinco arreglos florales con rosas (dos atriles, dos canastillos y un cubreurna), además de cuatro cirios, portacirios, 150 tarjetas de agradecimiento, dos libros de condolencias, carrozas, un vehículo de acompañantes... ¡y un coro! ¿El valor? $4.850.000.

La funeraria que administra Nicolás queda a pocas cuadras del Servicio Médico Legal: "El servicio que nosotros prestamos, muchas veces, va de la mano de un componente social muy grande y desgastante. Lo nuestro es acompañar a las personas en los momentos más difíciles de sus vidas, cuando han perdido a sus padres, a un hijo... un hermano o un amigo. Y a veces eso sucede en situaciones dramáticas, en accidentes o crímenes. Y ahí tenemos que estar nosotros, muchas veces recibiendo insultos, porque la gente se descarga con uno. En esta pega hay que tener nervios de acero".

-¿Y has tenido alguna experiencia paranormal?

-Esas cosas no se cuentan, por respeto a los finados.

Hablemos en plata

En la búsqueda de un camposanto donde descansar eternamente, me encontré también con varias sorpresas, como la extensión del Cementerio Católico que ofrece "un nuevo concepto", según se asegura en la web. Su nombre es Cementerio Santísima Trinidad Recoleta . El slogan: "Recordar, Unir, Honrar".

El lugar, que fue bendecido el año pasado por el arzobispo Ricardo Ezzati , rescata la tradición de los primeros cristianos de realizar sepultaciones en muros. La idea -explican en el lugar- es situar a los difuntos delante de uno... y no debajo, destacando la dignidad que merecen. Es un lugar donde también "prevalece la comunidad por sobre el individuo, un lugar sin exaltaciones personales, donde todos somos iguales". El diseño del lugar es obra del arquitecto Teodoro Fernández , responsable, entre otros proyectos, del Parque Bicentenario de Vitacura. ¿Cuánto cuesta? Si la necesidad de un nicho es inmediata, los valores van desde $1.450.000 hasta los $2.420.000... todos precios sujetos a descuentos por compra anticipada, con mantención perpetua y cancelables hasta en 120 cuotas.

La oferta del Cementerio Católico tiene opciones más baratas. Ahí se puede conseguir un sepulcro por 10 años en casi $550.000.

En el Cementerio General , en tanto, las dos opciones más económicas son un lugar en uno de sus patios por cinco años ($180.700) o un nicho alto, también durante un lustro ($199.200).

Una vez que se cumple el plazo, como si se tratara de un alquiler a plazo fijo -y si el "inquilino" no renueva el contrato-, los restos se reducen y pueden terminar en una fosa común.

Donde los valores son más altos es en el Parque del Recuerdo . A través de la cotización que hice vía e-mail -con una mujer que insistía en venir a visitarme para explicarme bien los servicios- se me informó que la opción menos costosa era una sepultura de tres capacidades en la ampliación del parque. Ahí podía yo conseguir un lugar por $3.770.000, a perpetuidad.

Luego los precios van subiendo, según el sector en donde se quiera permanecer enterrado. Como si se tratara de una verdadera ciudad -y tal como sucede en casi todas las necrópolis- aquí también hay "barrios" pitucos y sectores más populares. Así, los precios van subiendo... subiendo... subiendo... hasta llegar al sector L, que posee un 80% de paisajismo y sólo un 20% de sepulturas, y donde hay espejos de agua y lápidas de mármol.

¿Cuánto cuesta algo así? $34.800.000, aproximadamente.

Todo un lujo.

Calculadora en mano, entonces, y para terminar de hacer bien las tareas, llego a la conclusión de que morir en Chile puede costar $523.480 (en la más económica de las combinaciones de cementerio más servicios fúnebres) o $39.650.000, si se paga por una muerte "VIP", a todo trapo.

Por el servicio que no pregunté, porque me da cosa, básicamente, es la cremación... tan de moda, o los columbarios en las parroquias, para tener a los muertitos cerca y poder ir a verlos más seguido, después de la misa dominical.

Yo prefiero que me entierren a la antigua, y hasta con lloronas, si quieren. Que el cortejo lo encabece un sepulturero con sombrero de copa... y que las paladas de tierra me las tiren despacito, poco a poco, sin meter mucha bulla.

No vaya a ser cosa que despierte... porque andaba de parranda. 

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