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Los Pascal Allende De Valparaíso a la revolución... y de vuelta

Por su apellido y por su historia personal, estos hermanos han sido figuras públicas, a veces buscándolo y a veces no. Su íntima relación con el Presidente de la UP y los caminos que tomaron después del golpe de 1973 marcaron sus vidas para siempre, pero ellos claramente han dejado atrás muchos lastres. Y saben reírse de sí mismos, lo que no es poca cosa. 

por:  Marcel Oppliger/La Segunda
sábado, 26 de enero de 2013
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"La falta de información en Cuba es una lata", dice Pedro Gastón

Andrés conoce Cuba mejor que los otros, porque visitó la isla en la infancia de la revolución, allá por 1961, luego varias veces durante los 70 y 80, cuando era el jefe del MIR en la clandestinidad, y finalmente en los 90, cuando se instaló allá por varios años.

Pedro Gastón vivió y trabajó en La Habana en los 80 durante dos años, y Denise lo hizo por cinco años, mientras hacía sus estudios universitarios en Ciencia Política.

A propósito de la visita de Raúl Castro a Chile, en el marco de la cumbre CELAC-Unión Europea, los tres coinciden en que la revolución cubana se beneficiaría de ciertos cambios -como permitir partidos políticos opositores, por ejemplo-, pero mantienen que es un sistema "tan distinto al nuestro", que no se lo puede medir con los mismos parámetros.

Andrés recuerda con nostalgia el "sueño revolucionario de construir una sociedad más justa, el compromiso de todos con ese ideal nacional y latinoamericanista". E insiste en recordar la deuda que él y otros opositores al régimen militar en Chile tienen con el gobierno castrista.

"A mí me admira la capacidad de la revolución de construir y desarrollar su proyecto a lo largo de estas décadas", asegura.

Su hermano mayor comenta que "el pueblo cubano es maravilloso", y recuerda, al igual que su hermana, que vivían comiendo los mismos alimentos racionados que los cubanos, haciendo fila con su tarjeta.

Eso sí, reconoce Pedro Gastón, "la falta de información es una lata, y los periódicos son pura propaganda, no hay periodismo investigativo ni crítico", dice, discrepando de su hermano, que defiende la calidad informativa de la prensa estatal cubana.

Sobre la visita de Castro, descarta que haya causado revuelo, "ni siquiera entre los políticos, mucho menso entre la gente. Sólo la UDI ha querido generar ruido".

-¿Pero la UDI no tiene derecho a pedirle a La Habana que entregue a los asesinos de Jaime Guzmán que viven en la isla?

"Eso es una suposición", afirma Andrés. "Yo en Cuba jamás vi a ninguna de esas personas".

Su hermana Denise concuerda: "A mí no me consta que estén allá". Por ende, "el gobierno de Sebastián Piñera debe tratar a Raúl Castro como el Presidente de otro país y nada más".

Pedro Gastón, en cambio, si bien no puede asegurar que los acusados estén en Cuba, aventura que la actitud del gobierno isleño hacia el caso tiene que ver con que "no sé hasta que punto ha cambiado su visión sobre la dominación de las clases dominantes y la utilidad de la revolución armada", auqnue defiende avances en salud, educación y vivienda.

"Que haya un solo partido político no me gusta mucho, pero hay que decir que su sistema electoral es muy participativo, desde lo vecinal a lo nacional", acota Denise.

Algunos apellidos tienen historia y el apellido Allende es uno de ésos.

Nos sentamos a conversar con Pedro Gastón, Andrés y Denise -su hermana Mariana prefiere no aparecer en los medios-, los hijos del empresario Gastón Pascal Lyon y de Laura Allende Gossens -diputada PS elegida para tres períodos en los años 60-, sobrinos de Salvador Allende, de quien no hace falta dar señales.

El que más ha dado que hablar, por decir lo menos, es Andrés: fundador del MIR, quedó a la cabeza de la organización cuando su famoso líder, Miguel Henríquez, fue abatido por los militares durante la dictadura; por años vivió en la clandestinidad como uno de los hombres más buscados por el régimen; recibió entrenamiento en Cuba, vivió allá varios años y se hizo amigo de Fidel Castro (ver nota secundaria); vio cómo el MIR dejaba de existir a fines de los 80 y cómo se iniciaba en Chile una transición política que no estaba en sus planes. Sólo a principios del nuevo siglo, después de haber vivido en México, Argentina y Cuba, regresó definitivamente a su país. Hoy es vicerrector de la Universidad Arcis, un hombre de libros, ya no de fusiles.

Pedro Gastón es arquitecto, estudió y dio clases en la Católica, y trabajó en el gobierno de su tío como asesor del ministro de Vivienda. Exiliado a Ecuador tras el golpe, de ahí fue expulsado y terminó recalando en México, donde fue dirigente del PS en el exilio y vivió -exceptuando un paréntesis de dos años en Cuba- hasta el retorno de la democracia.

Denise también partió al exilio en México después del golpe de 1973, pero a fines de la década partió por cinco años a Cuba, donde estudió Ciencias Políticas. En la segunda mitad de los 80, desde Argentina, reclamó públicamente por su derecho a volver legalmente a Chile, lo que pudo hacer en 1990. Retomó la vida partidaria, se convirtió en dirigente del PS, fue gobernadora en Melipilla y desde 2006 es diputada, cargo en el que aspira reelegirse este año.

Entonces, los hermanos tienen historia, y mucha, pero todo empezó en el Valparaíso de los años 40.

Monaguillo a la fuerza

"Vivimos en Valparaíso hasta que yo tuve como 10 u 11 años. Mi colegio quedaba en Cerro Alegre, me acuerdo que siempre llegaba tarde, porque había que subir a pie", dice Pedro Gastón, el mayor.

Denise, que fue a las Monjas Francesas de Viña, comenta que "todos nacimos en el hospital Van Buren, donde está hoy día el Congreso. O sea, yo soy la única que trabajo en el lugar que nací, literalmente".

Recuerda que "en la casa había en el living como un espejo que se levantaba y detrás había un bar. Nos gustaba jugar ahí. Me acuerdo que había escaleras, que en el jardín había un damasco... Todavía está ahí".

Pedro Gastón:

-Esa casa tenía cerca del muro un sauce, donde yo jugaba a Tarzán. Todavía está ahí el sauce. Y había una salita chica que nunca se usó para nada, excepto para poner un tren eléctrico que tenía yo. Tú heredaste el tren -le dice a andrés-, los soldaditos, ¡heredaste todo, h...! (se ríen)

La casa que recuerda Andrés es la de su abuelo, Pascal, "una casa inmensa, tenía hasta capilla adentro, y Pedro Gastón era monaguillo", dice, mientras su hermana se ríe.

"Es que me obligaban", explica el aludido. "Me daban unas pataletas... Mi abuelo era súper católico, era como prohombre de la parroquia, entonces me hacían ir a todos los desfiles. Era una lata, muy aburrido".

Denise:

-También teníamos que ir los domingos a la casa de los abuelos. Nos vestían muy elegantes, a mí me cargaba. Te hacían unas trenzas tirantes, con unas cintas. Llegábamos allá y los niños almorzaban en un comedor...

Es que aunque los padres eran afectuosos, dice Andrés, eran otros tiempos y otras costumbres.

"En esa época la relación entre los padres y los hijos era distinta que ahora, más distante... Siempre en la casa tuvimos un comedor de niños en la cocina. Los chicos no almorzábamos con los padres, excepto los domingos. Era la práctica en ese tiempo".

Y agrega: "Tengo un recuerdo muy bonito de que, antes de entrar al colegio, mi mamá hizo como un kindergarten en la casa, donde habíamos como 4 o 5 niños de amigos de ella, y yo aprendí a leer y escribir con ella. El preescolar lo hice con ella y otros niños en mi casa".

Disciplina escolar... y reacciones

Más tarde la familia se mudó a Santiago, Denise entró al Villa María después de un tiempo, y sus hermanos al Grange School.

Andrés:

-Tenía un sistema británico de public school , donde el orden interno estaba en manos de los alumnos del último año. Entonces, el colegio se dividía en colores: light blue, dark blue, light gray, dark gray . Y cada color tenía un capitán, y Pedro Gastón fue colour captain de los light blue . Además, era capitán del equipo de rugby, de boxeo, era el líder del colegio, buen alumno, muy querido por los profesores.

En cambio, él fue todo lo contrario. "Yo fui la contraparte de mi hermano y me cargaba ese colegio. La disciplina, la prepotencia de los alumnos mayores, que eran los "prefects". Había uno que teníamos que decirle "su alteza" y pagarle una cuota de tus dulces y esas cosas", recuerda indignado.

¿La consecuencia? Frecuentas visitas sabatinas al director: "Te decía ' bend down ', sacaba una huasca el gringo maldito, y te pegaba varillazos. Tú le decías ' thank you, sir ', salías muy digno, y te ponías a correr, porque así se te soltaban los músculos".

Andrés:

-En este estado emerge naturalmente la necesidad de resistir... (reflexiona) A lo mejor son causantes de lo que yo he hecho en la vida después (se ríen los tres).

Finalmente, dice Andrés, "me echaron... para alegría mía. Y entonces entré al Saint George y ahí fui inmensamente feliz, un colegio maravilloso, más democrático. Estaba la academia literaria, de la cual fui presidente, había pintura y teatro, y estaban las misiones para hacer trabajo social. Yo fui jefe de las misiones y el subjefe fue Jovino Novoa", relata Andrés y todos se ríen.

Esos trabajos, dice, fueron su primera experiencia impactante sobre la realidad social chilena.

En todo caso, de la madre ya les venía un gen de interés por lo social.

"Es que ella si no trabajaba... ¡trabajaba, poh! Yo recuerdo mucho que mi mamá iba donde el cura este... don Bernardino, que es tío del Presidente Piñera, que tenía un centro para enseñar a gente que no sabía leer, especialmente personas que trabajaban en casas particulares".

Los Allende y Salvador

Su tío Salvador siempre fue muy cercano a la familia, cuentan los hermanos. "Nosotros veraneábamos en Algarrobo, que en ese tiempo era chiquitito. Y en la playa principal, en la calle frente al mar, estaban las casas de todos los familiares: Salvatore Pascal, los Pascal Dittborn, los Allende, etc.", rememora Andrés.

Se juntaban, entre primos e hijos de otras familias, más de 60 niños y adolescentes. "La casa del Chicho era bien entretenida, porque llegaba Frei, Neruda y una cantidad de gente del mundo político y cultural. Y uno ahí escuchando...", cuenta Andrés.

En cuanto a Pedro Gastón, "yo recién entré al partido socialista en 1971. Me acuerdo que me llamó allende y me dijo 'Mira, es complicado estar en este partido, mejor no te metas'. Yo era arquitecto y nunca me había metido mucho en política".

Y cuenta que "a mí el Chicho me usaba de chófer, desde que aprendí a manejar. Teníamos una relación bien estrecha. Creo que como él tenía puras hijas mujeres, con nosotros dos tenía una relación casi de padre e hijos. Cuando era Presidente me llamaba como 2 o 3 veces a la semana para que fuera a tomar desayuno con él a Tomás Moro, y me tiraba problemas a ver qué era lo que yo pensaba".

Según Andrés, "cuando salí del colegio ya tenía una clara vocación por el tema social. Incluso pensé en la posibilidad de meterme a cura en la congregación del colegio porque me parecía súper práctico para dedicarme a lo social. Esto generó gran preocupación familiar".

Enamorarse de una amiga de su prima Tati fue lo que lo hizo cambiar de opinión. Luego empezó a estudiar arquitectura, como su hermano, pero no era lo suyo.

"Entonces decidí ir a Lota para trabajar en el carbón y ahí -mi papá tenía una empresa exportadora e importadora de alimentos a Cuba- conocí a los cubanos", cuenta.

Partió en un barco de carga a Cuba y estuvo cerca de un año trabajando en el campo, en una granja. "Después me fui a La Habana. Pero pensé, '¿Cómo voy a estar gozando una revolución ajena?" y ahí mi prima Tati, que era la más cercana conmigo, me metió a las Juventudes Socialistas, entré a estudiar Sociología en la Católica y Historia en la Chile (no terminó Historia).

Y en las JJSS conoció a los hermanos Henríquez, a Edgardo y Miguel... y el resto es historia.

El gran cataclismo

Aunque el golpe del 73 los hizo partir por caminos distintos, los hermanos -ya casados y con hijos- coincidieron en el mismo lugar durante varios períodos de su exilio, ya fuera en México, en Cuba o en Argentina. El contacto era inevitablemente esporádico, sobre todo con Andrés, que vivía en la clandestinidad, pero nunca se cortó del todo.

Durante la UP los papás se separaron y tras el golpe, mientras la mamá partió a Cuba, el padre se quedó en Chile, donde los militares lo metieron preso por un tiempo y le quitaron sus negocios. Moriría en 1997, en plena transición democrática. La madre, Laura, falleció en Cuba en 1983.

Para los hermanos Pascal Allende, como para muchas familias, los de la dictadura fueron años oscuros, de amigos y parientes torturados, exiliados, desaparecidos, de sueños quebrados y esperanzas marchitas. Y luego vino la hora de volver.

-¿Cómo fue volver a Chile?

"Me molestaron harto al principio, el 89, porque todavía seguía Pinochet en el gobierno", recuerda Pedro.

"Yo estuve relegada, que es como arresto domiciliario -cuenta su hermana-. Teníamos en la puerta una patrulla día y noche. Tuve que pelear por el derecho a estar en Chile".

Según ella, "regresar fue súper difícil, súper contradictorio. Rico volver a lo que conoces, pero por otra parte, se deshizo tu familia. Nosotros tuvimos la suerte de vernos entre los tres, pero con el resto de los primos y de la familia hasta el día de hoy no existe nada. Con las Allende sí nos vemos harto, pero con la parte Pascal, casi nada".

Lo de Andrés fue distinto: "Sufrí dos problemas, uno que salí del MIR, que era mi vida; dos, que yo fui crítico del proceso de transición, me parecía que se llegó a una negociación de continuismo con la derecha".

Defraudado, decidió "escapar" a México, donde trabajó unos cuatro años en el ámbito universitario. Y después se volvió a Cuba.

Andrés:

-En el gobierno de Frei, Belisario Velasco fue a Cuba y habló conmigo, y luego se movió y negoció con los militares mi regreso a Chile. Me dejaron entrar como una semana cuando se murió mi papá, en 1997. Y me vine definitivamente el 2002.

¿Y la nueva generación?

Los hijos de Andrés son cuatro, mientras que Denise tiene cinco y Pedro Gastón dos.

-¿Alguno tiene el "bichito" político?

Pedro:

-Mi hijo Cristóbal fue subsecretario del Trabajo, con Lagos, cuando Solari era ministro, y trabajó con la Soledad Alvear en la reforma procesal.

Denise:

-Tengo uno, Jorge Andrés, que es militante del PS, trabaja en Indap.

"Los míos son de izquierda, pero no se meten en política", dice Andrés.

Los hermanos siguen siendo de izquierda, pero no están de acuerdo en todo 100%.

"Hubo un tránsito hacia una democracia limitada, con el mismo modelo económico, pero obviamente hay un cambio para mejor. Sin embargo, bajo la Concertación se profundizó el individualismo, la pérdida de solidaridad, el materialismo y la privatización de todo", lamenta Andrés.

Pedro:

-Ahí tenemos discusiones, yo tengo una visión distinta sobre la realidad nacional. Hubo una negociación, porque ya no se podía avanzar con la lucha armada y la revolución nueva y toda la cuestión, porque en el mundo el capitalismo ganó lejos. Los socialismos reales han desaparecido. No estoy de acuerdo con Andrés, creo que se hizo mucho y se lograron muchas cosas que no se habían logrado antes, en términos del bienestar de la gente, de lucha contra la pobreza extrema.

Los hermanos se miran, sonríen y siguen conversando. Sobre política no van a pelear, eso está claro.

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