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Chile es el segundo consumidor de pan en el mundo, tras Alemania

A pesar de que en los últimos años el consumo ha disminuido, los chilenos comen entre 86 y 90 kilogramos de pan al año por persona.

por:  EFE
viernes, 05 de octubre de 2012
Pan

Marraqueta


Foto LUN

Santiago.- Desde los albores de su existencia, Chile guarda una especial veneración por el pan, un alimento al que desde hace décadas se le conoce como “la cara de Dios".

En el país segundo consumidor de pan del mundo (tras Alemania) nadie escapa a esta admiración, que alcanza hasta a sus poetas más ilustres.

"Ésta es la sal, éste el aceite y al centro el Pan que casi habla. Oro más lindo que oro del Pan no está ni en fruta ni en retama, y da su olor de espiga y horno una dicha que nunca sacia, escribió en “La Casa,” Gabriela Mistral, ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1945.

"Pan, con harina, agua y fuego te levantas. Espeso y leve, recostado y redondo, repites el vientre de la madre, equinoccial germinación terrestre. Pan, qué fácil y qué profundo eres,” versificó en su “Oda al Pan,” Pablo Neruda, Nobel de Literatura 1971.

Hoy en día algunas cosas han cambiado. Puede que ya no se fabrique en un horno tradicional, de ladrillos o barro, puede que el pan lleve aditivos o, incluso, que se compre precongelado. Pero lo que sigue vigente es su omnipresencia en la mesa de los chilenos.

"La cara de Dios” tiene en las marraquetas y las hallullas su lado más tierno y reconocible.

La marraqueta, también conocida en Valparaíso como “pan batido” y en el sur del país como “pan francés,” necesita un periodo de elaboración más largo del normal y tiene ácido fólico, mientras que la hallulla es redonda y plana, con pequeños orificios y contiene materia grasa.

"La gracia de la marraqueta está en su proceso de elaboración, en el tiempo de espera para que afloren los sabores, los aromas, la crocancia que le proporciona una corteza dura y un interior esponjoso,” explica a Efe, Pedro Jofré, gerente general de Fechipan, la patronal de los panaderos chilenos.

Fernando atiende a los clientes que acuden a su pequeña tienda de ultramarinos en el barrio santiaguino de Providencia donde cada día vende unas 1000 unidades de “dobladitas” y “pan amasado” elaborado artesanalmente.

Estos dos panecillos “son considerados por los clientes como un complemento, no se compran todos los días.”

Mientras tanto, los consumidores de mayor poder adquisitivo buscan productos con nuevos sabores y características, “sobre todo ahora que se preocupan tanto por la alimentación saludable,” señala Jofre.

En las panaderías y supermercados chilenos también se pueden encontrar “colizas” cuadradas, “chocosos” alargados para ser cortados en rebanadas y “pan amasado.” Más difícil resulta, sin embargo, encontrar los panes europeos, como “baguettes” y "chapatas.”

Puede que estos tipos de pan no se vean mucho, pero el producto artesanal, que tanto se valora en el Viejo Continente, sigue siendo mayoritario.

"La panadería tradicional como negocio representa cerca de un ochenta por ciento de la producción,” asegura el gerente general de Fechipan.

A pesar de que en los últimos años el consumo ha disminuido, los chilenos comen entre 86 y 90 kilogramos de pan al año por persona.

"El promedio diario es de alrededor de dos a tres unidades por persona (de 200 a 250 gramos), explica a Efe Isabel Zacarías, nutricionista del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Chile.

"El pan constituye la base de la alimentación de la población chilena, principalmente en los sectores de nivel socioeconómico más bajo,” comenta la también nutricionista Astrid Caichac .

Tanto es así, que cuando cosecha un triunfo el equipo de fútbol Colo Colo, considerado tradicionalmente “el equipo del pueblo,” en Chile se dice al día siguiente que “el pan sabe menos amargo en las mesa de los pobres.”
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