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Así se vive en la misteriosa comunidad a la que acudía el asesino de Lolol: ¿Es una secta?

A una semana de la brutal decapitación de una profesora de Vitacura a manos de Oscar López, "La Segunda" quiso conocer el estilo de vida de la «Comunidad Los Robles».

por:  Felipe Díaz P./La Segunda
viernes, 20 de julio de 2012

No se acercan ni por si acaso.

Están a menos de 6 kilómetros de distancia, pero los habitantes del pueblo de Lolol (región de O'Higgins) nada quieren saber de los integrantes de la denominada «Comunidad Los Robles», una agrupación de familias que eligió "desconectarse" de la sociedad y vivir en una especie de colectividad hippie.

Los rumores en el pueblo indican que si algún desconocido intenta ingresar a los terrenos de esta "secta" -así le dicen los lololinos-, será expulsado "a punta de escopeta".

Fernando Verdugo , uno de los comerciantes del pueblo, cuenta en voz baja que "esos chiquillos tienen cosas extrañas. Andan por la calle gritando 'Yo soy Dios, tú eres Dios'... pero la verdad es que no le hacen mal a nadie".

La «Comunidad Los Robles» se vio forzada a salir de su anonimato hace algunos días, luego de que se supiera que el anticuario Oscar López Rodríguez -quien el jueves pasado decapitó a una profesora de Vitacura en su tienda- frecuentaba ese lugar. De ahí, dicen, López habría sacado las ideas de que se comunicaba con seres superiores. El artesano asustaba a sus vecinos gritando a viva voz que su misión era "salvar el mundo".

El propio Ricardo Rincón (DC), diputado por la zona, reconoció que "me han señalado que Oscar López habría tenido vinculaciones con otras personas de la comuna, y no puede descartarse la existencia de una secta (...). Oficiaré al Ministerio del Interior por lo que está ocurriendo con la dotación policial de Lolol. Es insuficiente y, en las actuales circunstancias, la población requiere apoyo y una mayor vigilancia, especialmente tras estos antecedentes de una posible secta".

El hijo de López, de hecho, dijo que los trágicos hechos fueron culpa de la comunidad: "Para mí ellos llevaron a la perdición a mi papá. Conozco a dos personas de ahí que lo llevaron. Me amenazaron. En esa comunidad está todo".

Lo cierto es que cada vecino del pueblo tiene su propia interpretación de lo que ocurre dentro de la comunidad... y cómo es el singular estilo de vida que llevan.

"La Segunda" viajó hasta Lolol para desentrañar los misterios que rodean a la comunidad. Nos adentramos, asimismo, en los 5,7 kilómetros que separan el pueblo de las parcelas Los Robles, en un empinado camino de tierra.

¿Su nombre es Joaquín?

La entrada a la «Comunidad Los Robles» está bloqueada por una reja de alambres. En ambos extremos hay vigas de fierro, que tienen signos de STOP y letreros con dibujos de perros peligrosos, ladrando. Allí comienza un largo camino de tierra... y a un costado un cartel, de letras rojas, con la advertencia "CAMINO CORTAO". A lo lejos se ven casas de chimeneas humeantes y pequeñas huertas.

Tras llamar en reiteradas ocasiones, se nos acercó una camioneta azul con el pick-up cubierto por una carpa.

Un hombre conducía... y una mujer de anteojos iba de copiloto. Atrás un joven de pelo largo, con globos de colores inflados.

Ninguno se quiso identificar, pero aseguraron que están preparando una "declaración pública". Aceptan conversar brevemente. Dicen que están aburridos de que los traten de secta, que les recuerden a lo sucedido en Pirque el 2007 (la inhumación ilegal de una mujer) o la trama de "Su nombre es Joaquín", la truculenta teleserie nocturna de TVN.

Es la mujer quien toma la palabra.

"La gran mayoría de nosotros somos personas retornadas de la ciudad al campo", comienza diciendo. Y agrega escuetamente que los terrenos corresponden a un hombre que hace más de 30 años decidió abandonar Lolol para radicarse en Santiago.

En la capital tuvo a sus primeros hijos, pero -asegura la mujer- se aburrió de la agitada vida de ciudad y volvió a Lolol, donde actualmente reside. Dos de sus hijos también viven permanentemente en el lugar, mientras que los otros siete tienen casas "pero sólo vienen de vez en cuando".

"Es mentira que vivimos todos juntos. Aquí hay como 40 casas y hay algunas a medio construir porque hay gente que se está mudando", añade, enfática. La residente de la comunidad cuenta también que viven de criar a sus propios animales, cosechar sus frutas y verduras... y de la artesanía que elaboran y venden.

El asesino recolectaba cachivaches

La "vocera" relata que estuvo en el pueblo recopilando "toda la información" que se había publicado acerca de la comunidad y que con ese material iban a preparar una declaración: "Es increíble todas las tonteras que se han escrito y dicho en la tele". Agrega que tuvo que salir en esta "misión" porque en la colectividad hay gente que no sabe leer ni escribir. Otros no tienen siquiera un televisor.

¿Respecto a la relación que tenían con Oscar López? La mujer dice que el anticuario pasaba por cada una de las viviendas de la comunidad buscando "cachivaches" para luego vender. "Nada más que eso", asegura.

Como forma de despedida -antes de invitarnos a abandonar los terrenos-, como amedrentándonos, sube el tono de la voz y nos pregunta: "¿Ustedes piensan que nadie sabe que ustedes andan por acá? Se equivocan, todos lo saben". Eso, justo antes de que la camioneta acelerara para perderse tras una colina.

El hombre con dos mujeres

De vuelta en el camino principal, Vicente Muñoz , vecino de la comunidad, se detiene para conversar sobre sus "fronterizos", como les llama. "Ellos llevan viviendo aquí cerca de 18 años y nadie sabe a ciencia cierta cuántas personas hay dentro", dice.

Dentro de la comunidad, cuenta, son dos hermanos quienes parecen ser los líderes: Los hermanos Miguel y Juan.

El primero, confidencia Muñoz, "tiene dos mujeres que viven con él y nadie parece escandalizarse". Por otro lado, sin embargo, algunas de sus actitudes lo han dejado perplejo. Por ejemplo, recuerda que el día del terremoto del 27 de febrero de 2010 "casi toda la comunidad bajó al pueblo para ayudar a las víctimas (...) Son demasiado buenos vecinos. Cuando les comentas que tienes algún problema te ayudan, y lo hacen gratis, nunca cobran nada a cambio".

Los hermanos líderes de la comunidad, en todo caso, no tienen buena fama en Lolol.

Gastón Correa , quien trabaja en una bencinera del pueblo, indica que "hace un tiempo una pareja de jóvenes decidió irse de la comunidad. Se dice que Miguel trató de meterse con la mujer y que por eso optaron por mandarse cambiar". Según la información que maneja el bombero, la mayor parte de los residentes de esta "secta" son de Santiago, Santa Cruz o de otros pueblos cercanos.

Correa añade que el estilo de vida "natural" que posee la colectividad llega a tal extremo que "casi nunca van a consultorios, tienen los hijos dentro de la misma comunidad y los menores no asisten al colegio".

Este último punto consta y preocupa a las autoridades locales. El alcalde de Lolol, Marco Marín , indica que "nosotros estamos usando todas las instancias que tenemos a manos para que ellos sean notificados de esta situación".

Y agrega que tiene conocimiento de que "a algunos niños los llevan a un consultorio que hay en las cercanías para controles médicos, pero no sé si será a todos los niños... porque la verdad es que no sé cuántos niños hay, porque nunca he entrado".

Marín señala que "me preocupa que no reciban educación, y hemos visto que a algunos vecinos de Lolol también les preocupa esta situación. Ante esto, en los próximos días yo me reuniré con algunas personas que conozco de la comunidad para plantearles este tema".

El vínculo de la marihuana

Tras el brutal crimen de la semana pasada, en la residencia de López la policía encontró cerca de medio kilo de marihuana. Esta droga es -según algunos vecinos del pueblo- otro de los vínculos que habría entre el anticuario y la polémica comunidad.

"A ellos les gusta irse en la volaíta", señala un lololino que opta por el anonimato. El mismo alcalde cuenta que "yo tengo entendido que hace uno o dos años unos miembros de la comunidad tuvieron problemas judiciales porque les encontraron una plantación ilegal de marihuana. Pero fue sólo eso... no implica que estén cerca de convertirse en una secta satánica o algo parecido".

En tanto, el comerciante Fernando Verdugo revela un curioso episodio que, a su juicio, ilustra la particular relación de López con el grupo: "Fue hace unos meses atrás, cuando ese loquito tuvo un enfrentón con uno de los tipos de la comunidad en la feria del pueblo. Empezó con que López pasó a llevar a uno, que era chico. Pero llegó otro más grande y se agarraron a pelear. De ahí nunca más se pescaron".

Esa riña terminó en una causa judicial en que el anticuario fue acusado de lesiones. Sin embargo, y de manera inexplicable, el proceso llegó a término de manera amigable. Todo quedó en nada.

Otros vecinos postulan tesis diferentes para explicar el distanciamiento de López con la comunidad: que se opuso al liderazgo absoluto de los hermanos y eso le costó el exilio. Algunos incluso aseguran que su ocupación como anticuario era algo "demasiado extraño para el perfil de la colectividad".

Sus bizarros hábitos se pueden observar con más claridad hoy, cuando la tormenta mediática ya pasó y los policías ya terminaron de buscar más cadáveres en su jardín. Desde el terreno aledaño a la casa de López se puede ver su baño: no es más que una tina en la tierra, rodeada de ramas que hacen las veces de cortina. Allí acumulaba escombros y botellas, las mismas que solía pedir a gritos mientras andaba en bicicleta junto a su perro... el que hoy permanece solo, atado a un poste de la vivienda.

"Se revuelven el ganado entre ellos"

Fernando Verdugo cuenta también que "son como ocho los cabros jóvenes. Yo conozco a la mayoría. Viven entre todos con las mujeres... y se revuelven el ganado entre ellos".

En tanto que Gastón Correa asegura que "ellos casi nunca bajan al pueblo. Se dedican a la venta de artesanías. No comparten con el resto de las personas, sólo vienen a cosas puntuales y se van". Uno de los "paseos obligados" que hacen las mujeres es ir a comprar miel.

El alcalde Marín remata diciendo que "sólo se trata de un grupo de vecinos que vive de forma independiente. Esa es una forma voluntaria de vida" y que "no hemos recibido antecedentes de que nada irregular ocurra en ese sector".

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