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Las Pérez: Lily y Cecilia, los lazos "sin sangre" de la senadora y la intendenta

A una le gusta la "U" y a la otra el Colo Colo. Una es judía y la otra católica. Las unen circunstancias, afectos y ambiciones.

por:  Lilian Olivares / La Segunda
sábado, 02 de junio de 2012

El otro día estaba una de cumpleaños y la otra le escribió, temprano, en twitter: "Felicidades, hermanita". Pronto comenzaron las preguntas: ¿Así que la intendenta Metropolitana y la senadora de RN son hermanas?

Se apellidan Pérez.

Hace más de una década andaban para arriba y para abajo juntas, en La Florida.

La Lily y la Cecy.

Se adoptaron como "hermanas" por esos tiempos.

Hoy corren por la vida pública en una carrera que las mantiene en primera línea y sólo paran cuando terminan... en la clínica.

A ambas les ocurrió.

Fue un jueves de mayo cuando la parlamentaria cumplió 48 años. La casa de la senadora Lily Pérez, en La Dehesa, estaba llena de flores.

En el dormitorio, decenas de regalos se amontonaban sobre la cama. La regalada se los mostraba a la Intendenta Cecilia Pérez, mientras el marido -Miguel Bauzá- revelaba que el obsequio que más llamaba la atención -una chaqueta corta, sin mangas, de zorro- se lo había hecho él. De otro modo, lo hubiera mandado de vuelta, nos dijo.

Hasta Bauzá les tomaba fotos a las dos mujeres hermanadas por decisión y más allá de la política... tanto era el gusto que daba verlas como cabras chicas en día de cumpleaños.

Para el mundo político, Lily Pérez es la maestra de Cecilia. Para ellas, hay algo allí adentro que es más fuerte.

Lily creció en un barrio de Macul, junto a sus padres Samuel y Lilian, que tenían una fábrica de esponjas y una tienda de ropa. "Tuve una niñez absolutamente protegida y feliz. Todos los recuerdos que tengo son positivos. Por ello tal vez soy muy segura. Siempre me segurizaron en todo aspecto", cuenta, y recuerda vivencias con su hermano menor, Samuel, al que perdió trágicamente en 1999.

Cecilia vivió su infancia en una casa en el paradero 21 de Vicuña Mackenna, junto a sus padres Luis y Ana (ambos, funcionarios de la Telefónica) y sus dos hermanos hombres, en medio de una familia extendida que siempre celebraba cumpleaños en multitud.

-Ahí crecí. Aunque también siento que una parte importante de mi infancia la viví en San Miguel. Mi mamá trabajaba en El Llano, y me puso en un colegio que quedara cerca de su trabajo, por lo que también tengo muy buenos recuerdos ahí.

Estudió en el colegio Corazón de María de La Florida, donde se destacó como gran deportista -hasta hoy practica fútbol- y también como líder de grupos cristianos del colegio y más tarde de la Universidad. Su madre la matriculó en ese establecimiento para tenerla cerca, porque desde niña Cecilia sufrió de pielonefritis. Por ello tiene el hábito de beber tres litros de agua diariamente.

Lily estudió siempre en el Colegio Hebreo, y fue campeona de pinpón.

Una es católica y otra es judía. Y aunque profesan una religión distinta, la fe es un elemento que las une. Y también los dolores que acompañan las vivencias.

La primera experiencia de pérdida la tuvo Cecilia a los 15 años, cuando murió su abuela.

-Ella nos crió, porque mi mamá trabajaba todo el día. Yo era su regalona, la única mujer de los tres hermanos. Vivía a dos cuadras de mi casa y veraneábamos juntas. Cuando murió, sentí una impotencia, una pena y una rabia enormes. Sentí que una parte de mí se moría también.

Esa sensación la conoció más tarde Lily... cuando ya las Pérez se habían encontrado en la vida.

El encuentro en La Florida de dos chicas con metas altas

Cecilia conocía la comuna de La Florida como la palma de su mano. Ahí se instaló la familia Pérez Jara para echar raíces definitivas.

-Los fines de semana salíamos a pasear en bicicleta. Nuestros papás nos sacaban a distintos lugares, y así fui conociendo diversos barrios, plazas y calles. Mientras más lugares descubría, más increíble encontraba que era esta ciudad.

Su tiempo libre lo ocupaba en hacer deportes y en coordinar las comunidades católicas. Lo hacía con tal pasión, que a la familia le pareció natural que al terminar el colegio ingresara a estudiar Derecho. Lo hizo en la Universidad Andrés Bello.

En eso estaba cuando un día llegó a buscarla a su casa una concejal de La Florida que se apellidaba igual que ella.

En realidad, se habían conocido por allá por el año 1994. En esa época Lily Pérez San Martín, titulada de publicista en la Universidad del Pacífico y con postgrado en la Universidad Gabriela Mistral sobre filosofía política, era concejal de La Florida y tenía especial afán en buscar talentos jóvenes para el servicio público. .

Por esa época, Cecilia tenía 20 años y Lily 31.

Fue sintonía a primera vista. Cuenta Cecilia:

-En ese tiempo la Concertación doblaba en La Florida. Ella vio en mí un potencial importante de liderato y, como iba levantando líderes juveniles en la comuna, llegó a buscarme a mi casa.

Dice Lily:

-Me llamó la atención que fuera tan activa, que estudiara Derecho y que se apellidara Pérez.

Eso fue lo primero. Luego fue descubrir que Cecilia era "una chica con metas".

Cecilia:

-A mí me llamó la atención su capacidad de liderazgo y la pasión que ponía en el servicio público, que fue lo que terminó convenciéndome de involucrarme de lleno en la política.

De ahí en adelante no se volvieron a separar.

Hasta hubo letreros de campaña con el apellido Pérez y las fotos de ambas. Fue cuando Lily se lanzó a una candidatura a diputada. Recorrieron ferias, barrios, hogares, siempre juntas. A partir de entonces se comenzó a correr el rumor de que eran "hermanas". A ellas no les molestó. Por el contrario.

Parten el día llamándose a las siete de la mañana

Cuando Lily salió elegida diputada por el distrito 26 de La Florida, nombró a Cecilia su jefa de gabinete.

La "alumna" pronto comenzó a mostrarse aventajada. A los 26 fue electa concejal en La Florida. Y conoció a Carlos Contreras, actual consultor previsional, quien era hermano de una secretaria municipal. "Fue amor fulminante", cuenta. Pero un amor con complicaciones, ante los ojos de los padres de Cecilia. Carlos era separado y diez años mayor que ella.

Lily fue entonces su confidente, y también su testigo de matrimonio cuando al pasar los años su "discípula" se casó.

Cuenta la senadora:

-Yo conozco a todos sus familiares. Me los encuentro en todas partes. Hace poco estaba entre La Ligua y Papudo y de repente escuché: "¡Lilita!, soy el tío Pelao!".

Cecilia:

-Ha estado en los matrimonios de mi familia, en los cumpleaños de mis papás. La quieren mucho a la Lily.

-Ustedes usan zapatos parecidos, tienen actitudes similares, son decididas...

-Yo creo que uno va haciendo simbiosis".

Lily:

-De verdad, yo creo que ha sido una vida juntas. Nos miramos y nos entendemos.

Cecilia:

-Partimos llamándonos a las siete de la mañana. Por la voz, sé cómo está. También sé lo que le va a molestar.

Y sabe cómo somatiza Lily.

Vivió con ella la desaparición de Samuel Pérez San Martín, el único hermano de Lily, en Perú en 1999. Era sicólogo, judío cuasimodista, tenía una parcela en Pirque y trabajaba con el entonces alcalde de esa comuna, Manuel José Ossandón, en el área social. Precisamente había fundado la corporación de desarrollo social.

Tres meses estuvo desaparecido entre las montañas, hasta que la senadora, que partió a buscarlo y se asesoró incluso por un chamán, logró encontrarlo. Durante todo este tiempo, Cecilia vivía pendiente de los dos hijos de Lily y llevaba a Paula al colegio.

Lo enterraron en Pirque.

Cecilia:

-De ahí, a las dos semanas te atacó un virus -le recuerda a Lily- Te ocurre cuando has tenido un estrés muy grande, de dolor y laboral.

-¿Notó un cambio en su amiga-hermana después de esa experiencia dramática?

-La diferencia que yo noté cuando falleció Samuel es que antes tenía que responderles a todos. Y después de Samuel decidió hacer sólo lo que la hiciera feliz. Sigue siendo fuerte, responsable, inteligente. Pero con las prioridades cambiadas. Se da tiempo para irse de viaje con su marido.

Sólo hacen una tregua cuando terminan hospitalizadas

El segundo golpe que impactó la salud de la senadora ocurrió durante el viaje a Israel, en la gira presidencial de Sebastián Piñera. Fue en marzo del año pasado.

Comenta Lily:

-Yo creo que hubo una acentuación de situaciones. Primero fue la campaña senatorial, luego el juicio oral de los neonazis (que la amenazaron al punto que hasta hoy tiene un escolta). Y más tarde el viaje a Israel, que fue muy significativo para mí.Tuve un desgaste físico y emocional total.

Llegó de la gira directo a la Clínica Alemana, con una inflamación al trigémino.

Cecilia:

-Los primeros dos días no sabíamos si iba a vivir. El doctor dijo que dos horas más y te podrías haber muerto -le comenta a la senadora.

Estuvo tres meses recuperándose y se incorporó al trabajo político antes del alta, cuestión que le recrimina Cecilia: Pero ella hace lo mismo. Tanto así, que el jueves al mediodía la intendenta ingresó a la Clínica Las Condes y quedó hospitalizada por una crisis de hernia lumbar... y las secuelas para su enfermedad al riñón. Pese a ello, desde la clínica continuó con sus tareas que la tienen hoy en una oficina con vista a La Moneda.

Sus maridos son amigos y fanáticos del fútbol. Lily es del Colo Colo y Cecilia de la U.

A la senadora le gusta el perfume J'adore, de Dior. Cecy usa Dune, también de Christian Dior.

-El mío es más dulce, el de la Lily más fresco. Yo soy la más dulce de las dos -dice Cecilia.

Ante lo cual, Lily responde:

-Para los perfumes, nomás.

Hace una pausa y advierte:

-La política es parte de nuestra historia, pero después la historia se convirtió en una vida. Es mucho más.

Mujeres que corren en la política: los casos "bombas" y "27/F"

"Siento que con la Lily nos vemos reflejadas mutuamente. Ninguna de las dos tuvo hermanas mujeres, así que somos como las hermanas que nunca tuvimos", comenta Cecilia.

Son mujeres que corren con los tiempos... con fuertes ambiciones y al ritmo de la nueva política.

La senadora lleva 25 años en Renovación Nacional. La intendenta, 17. Una es más tradicional que la otra: Cecilia. Pero ambas forman parte del sector más liberal. Dice Lily: "No hay que plantear la nueva derecha como algo peyorativo. Si se entiende como más social, más de centro, más liberal, sí; por cierto, soy de la nueva derecha".

Les preguntamos por los tiempos que les tocó a sus padres y los que viven ellas. Lily contesta:

-¡Ufff, los tiempos! El Chile de mis padres era con más tiempo para la familia, más tardes de juegos juntos, más tiempos de regalonear. Almuerzos con sobremesa y largas conversaciones de fin de semana, vacaciones eternas, tardes de invierno frente a la chimenea jugando Juegos de Palabras y de Memoria. Hoy el tiempo se hace nada. El sábado y domingo son "mis" días en familia. En la práctica, un lujo en estos tiempos actuales.

Cecilia reflexiona:

-Antes quizás la vida era más sencilla, más tranquila y más simple. Había más tiempo para todo. La vida actual es demasiado acelerada, pero esa intensidad también tiene sus ventajas: la conectividad y las comunicaciones abren un sinnúmero de oportunidades. Aunque más allá de los tiempos o de las épocas, estoy convencida de que el mejor Chile aún está por construirse. Es el que estamos construyendo hoy, y que le heredaremos a nuestros hijos y nietos. Este desafío es una de las inspiraciones por las que estoy en política.

-Cómo le pondrían paños fríos a la polémica suscitada por el caso Bombas (que afecta al ministro Rodrigo Hinzpeter) y a la generada por la actuación de Bachelet en el 27/F? ¿O no le pondrían paño frío, sino que acentuarían la confrontación?

Cecilia:

-En política siempre es buena la mesura, la reflexión, la autocrítica y la crítica constructiva. Respetaría los tiempos y los procesos de cada una de las investigaciones y la independencia que deben tener los poderes del Estado. Más allá de declaraciones o de cualquier interpretación interesada, es necesario dejar que las instituciones funcionen.

Lily:

-El ministro del Interior merece respeto, también la ex Presidenta de la República. Cualquier investigación que involucre a una autoridad debe ser hecha con el afán de la búsqueda de la verdad y con el mayor respeto. Destruir la institucionalidad es el peor de los mundos, asoma el populismo o el autoritarismo. La confrontación de ideas o de la búsqueda de la verdad nunca puede ser sinónimo de ataques personales o descalificaciones.

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