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Marcela Cubillos habla de su hermano y del mensaje que le dejó: "No dejes nunca de soñar apasionadamente"

El 9 de agosto celebraron su cumpleaños y le confesó a la ex diputada: "Chica, para mí el mejor regalo es vivir con mis hijos". Marcela cuenta hoy: "Se fue en el mejor momento de su vida, estaba feliz, con una pareja encantadora, con sus niños, realizando sus sueños". 

por:  Lilian Olivares, La Segunda
lunes, 05 de septiembre de 2011

El viernes pasado, la ex diputada Marcela Cubillos recibió un llamado a su celular. Era el empresario Bernardo Matte.

-¿Has sabido de Felipe hoy día?- le preguntó.

Ella le contestó:

-No he hablado con él. Supe que el martes estuvo en La Serena, ¿por qué?

-Porque tengo amigos en la isla y me dicen que hay un avión perdido y que creen que en ese avión viene Felipe.

Marcela llamó a su pareja, Andrés Allamand. "Me dijo que estaba ocupado viendo un probable accidente de un avión en Juan Fernández". El ministro de Defensa ni sospechaba que su cuñado y amigo podría ser uno de los pasajeros. "Estamos recién investigando", le contó a la diputada.

Marcela se comunicó con su hermano mayor, Luis Hernán. El le dijo que había tenido un intercambio de mails con Felipe, donde le contaba que iba partiendo a la isla.

Poco después, con la lista de pasajeros, lo confirmaron.

Esa noche, la hermana del empresario que la tarde del terremoto del 27 de febrero del año pasado cambió radicalmente su vida para dedicarse a encabezar la ayuda del mundo privado en rescate de los damnificados, se dirigió con Andrés Allamand a la casa de su hermano.

-Andrés juntó a los cuatro niños (los hijos de su hermano) y hablamos con ellos. En la casa de Felipe estaba reunida toda la familia. Andrés les explicó todos los antecedentes que había del accidente.

La manera en que Marcela Cubillos se enteró de la noticia que hoy golpea al país y a su familia en lo personal le permitió aplacar el dolor de una madre: Marcela Sigall Ortúzar.

-Lo que más agradezco es haber podido evitar que mi mamá se enterara por la televisión. Ahora lo que más nos preocupa son los hijos de Felipe. Todos queremos cuidarlos, que estén tranquilos...

¿Hablemos de él?

Fue la invitación que le hicimos a la hermana de Felipe Cubillos Sigall, uno de los 21 pasajeros del avión FACh que la tarde del viernes debía llegar, una vez más, en el vuelo de ayuda a los terremoteados habitantes de la isla Robinson Crusoe, en el archipiélago de Juan Fernández. Está pálida y serena, con jeans y un poncho, en el living de su casa, con un libro y el mensaje que le dejó su hermano.

Su último cumpleaños en nuevo hogar

El 9 de agosto Felipe Cubillos celebró sus 48 años. Y le contó a su hermana Marcela, la ex diputada, que su mejor regalo era volver a vivir con sus cuatro hijos.

-El cumpleaños fue en su casa, se cambió hace poco. Fue increíble, muy a su estilo. Las niñitas a cargo de la comida, Felipe chico a cargo de la parrilla. Estaban los amigos del yate, los amigos de la Universidad, los amigos de Desafío Chile, su nueva relación, la familia... un despelote. Nos reímos mucho.

Los hijos de Marcela estaban contentísimos: eran los únicos niños.

-Mis niños lo adoraban porque Felipe siempre fue muy cercano y además compartíamos mucho la vida.

Felipe vivía en un apartamento de un ambiente en la Avenida El Cerro, tocando el cerro San Luis. Ahí lo pilló el terremoto el año pasado. Tiempo después, sus hijos comenzaron a involucrarse en la tarea que había emprendido el padre, dedicado ciento por ciento a instalar escuelas a lo largo del país, y a movilizar la iniciativa privada en la reconstrucción. Volvieron a vivir con el padre.

Cubillos se cambió entonces a una casa más amplia.

-Cuando mi hermano me avisó, me dijo: "Chica, para mí es el mejor regalo vivir con mis hijos". En dos minutos armó su vida para poder armar la de ellos. El siempre fue un tremendo papá y el terminar viviendo con ellos fue la coronación de una relación. Sus hijos tienen mucho de él, mucho esa locura de Felipe. Y tienen un clan maravilloso. Felipe estaba muy feliz con la vida...

Lo dice ella, que siempre tuvo una relación estrecha con su hermano.

-Los tres niños míos lo adoraban. Y él me decía, con toda esa pasión que tenía, "¡chica, yo adoro a tus niños!". Felipe vino a suplir en muchos momentos eso. Aparecía en los veranos con su perra gigante en la playa donde veraneábamos, venía a la casa a ver partidos con los niños. Era de la "U", mis niños de la Católica. Quizás el mayor dolor de mis tres hijos, no sólo el ver a sus primos sufriendo, ha sido por qué Dios se lleva a alguien así.

De la infancia, sus recuerdos se asocian a Algarrobo

-Me acuerdo de Felipe peleando con mi papá porque echaba sus equipos de música al yate y Felipe era competitivo, entonces consideraba todo un peso innecesario.

-¿Y en la etapa universitaria?

-Cuando llegó a estudiar Derecho a la Universidad de Chile no le gustó el ambiente político que había y armó el MUA, Movimiento Universitario Autónomo, con sus amigos Antonio Bascuñán, Javier Ovalle y Gerardo Varela. Siempre fue así: de sueños y acción. Lo mismo cuando dio la vuelta al mundo. Puchas que le costó. Nadie creía que le iba a resultar y armó su vuelta al mundo. Entre medio se enfermó grave, volvió desnutrido, débil, estuvo internado, y volvió a partir. Nadie se atrevió si quiera a insinuarle que no lo hiciera.

-Para las navidades, ¿esperaba algún regalo en especial?

-Su pasión eran los yates, todo lo que tuviera que ver con la navegación. Una vez montó en el medio del jardín una tremenda estructura para practicar, porque los yates, cuando van escorados van tirados para afuera.

El Cabo de Hornos y la bandera de Chile

Siempre fue embalado, cuenta Marcela. Del colegio Tabancura entró a la Escuela Naval y poco antes de dar la Prueba de Aptitud Académica optó por irse al Instituto Nacional.

-Cuando entró, me comentó que ahí apreciaban lo que era recibir una buena educación, porque cuando no llegaba un profesor a clases los alumnos reclamaban.

-¿Siempre fue un soñador?

-Sí, lo que fue cambiando en su vida es que los sueños los fue haciendo realidad. El, sus sueños los puso en práctica. Cuando fue a la regata de la vuelta al mundo, tenía una obsesión por ser el primero en pasar por el Cabo de Hornos.

-¿Por qué le importaba tanto pasar por el Cabo de Hornos?

-Creo que heredó de mi papá un sentido de país. El decía: "Yo quiero pasar con esta bandera por el Cabo de Hornos".

-Esa vez viajó su mamá a verlo pasar, con los nietos...

-Sí, fue mi mamá con los niños de él. El impacto de mi mamá fue grande. Después me comentó: "Nunca pensé lo chico que era el yate donde andaba Felipe recorriendo el mundo, mínimo en ese mar horrible y con esa bandera maravillosa y los niños gritándole". Ese fue uno de los momentos estelares de su vida. Cuando había cumplido quizás su sueño más grande, vino lo del terremoto.

-Y cambió su vida...

-A mí me llamó al día siguiente del terremoto. Me dijo: "Chica, me voy Iloca". ¡Pero cómo! "No, es que me voy. Me conseguí un amigo que tiene helicóptero y me lleva a Iloca. Es que no me puedo quedar acá sentado viendo todo lo que está pasando". Y partió nomás. Mientras todos estábamos comentando el drama, y muchos se pasaron comentando el drama, él no lo dudó. Tenía esa libertad. Partió. Esa locura de libertad, de decir parto y da lo mismo, ¿quién hace eso? A mi me impresiona, porque ha sido de una generosidad a toda prueba, de un locura y de una libertad que feliz se involucró y no paró más.

Su amigo cura, Marcelo Gidi

Aunque no era católico, tenía una visión de la vida que irradiaba fe. Una vez se lo preguntamos directamente: ¿Crees en Dios? y respondió: "Durante mucho tiempo me hice la pregunta. Y pensé: "Si yo el día de mañana tuviera certeza completa, me preguntaría qué vida debiera llevar yo en esta tierra. Concluí que sería parecida a la que llevo hoy. Luego, dejó de ser un problema para mí. Y sí, yo creo en Dios, aun cuando no tengo ninguna religión. Y porque creo, además, que los seres humanos sabemos lo que está bien y lo que está mal".

Marcela Cubillos comenta:

-El tuvo un muy buen amigo sacerdote, Marcelo Gidi. Es un cura jesuita, su íntimo amigo en ese plano. Y en la misa de ayer dijo que mi hermano tenía esa certeza de que al final una vida buena es lo que más te acerca a Dios. Felipe estaba en su mejor momento personal, con su vida, con sus niños, acompañado por una mujer muy encantadora.

Su último llamado fue para leerle la columna "Soy un indignado"

Cuatro días antes, mientras la diputaba iba manejando su auto, camino a reunirse con Andrés Allamand para ir a comer juntos, recibió un llamado en su celular. Era lunes y quien la llamaba era su hermano Felipe.

-Me dijo que parara, que quería leerme la columna que iba a publicar al día siguiente en La Segunda.

Se refería a su última columna en el diario, aquella que tituló "Soy un indignado". En ella planteaba que "logramos levantar escuelas caídas para que nuestros niños pudieran estudiar, pero, un año después, otros las queman" (Ver artículo completo con sus columnas)....

Marcela detuvo el auto y escuchó a su hermano:

-Me dijo: "Ahora sí va a quedar la embarrada con lo que voy a escribir". Y me leyó. Al día siguiente me volvió a llamar para comentarme los twitter que había generado con lo que escribió. Uno siente que en esa columna volcó todo lo que estaba pensando. Me da mucha nostalgia recordar ese día, camino al restorán. El estaba feliz.

"El cambió la vida de personas concretas"

Está orgullosa de la vida de su hermano, que cuando le regaló su libro "Sueños de alta mar" le escribió esta dedicatoria: "Chica, no dejes nunca de soñar apasionadamente".

-Ese fue el mensaje que me dejó Felipe. Haber podido querer y tener a un hermano así es un ejemplo para uno, para los niños.

-¿Ve en su muerte un sentido más trascendente, dado el momento álgido que estaba viviendo el país y lo que se ha producido entre la gente ahora?

-En este momento no tendría la generosidad ni la visión. Quizás lo único es pensar que Felipe murió en el mejor momento de su vida, haciendo lo que quería y en el lugar que él quería. Quizás el único consuelo es que murió feliz y en el mar.

-El movilizó a mucha gente, en su campaña "Desafío Levantemos Chile..."

-Felipe tenía una cosa que a mí me maravilla: si él le podía cambiar la vida a una persona, eso para él era importante.

-Es curioso, pero él no arrastraba cosas... incluso llamaba la atención que en pleno invierno anduviera sin calcetines, como que el ropaje le estorbaba...

-Su obsesion era no enredarse. Cuando creó el "Levantemos Chile" decía que si se esperaba a que el Estado resolviera el tema de los colegios caídos esos niños se quedarían sin escuela. Cuando armó "a mí sí me importa", daba su vida por eso.

Se queda reflexionando y comenta: "Uno se enreda para hacer las cosas, en tanto él cambió la vida de personas concretas. Eso es un tremendo ejemplo, es por lo que yo más admiración le tengo en su rol público: haber cambiado la vida a personas. Y en su rol privado, lo que más valoro es su forma de ser padre. Todos tienen en su carácter mucho de él. De partida, los cuatro desde chicos son muy libres. Eso, más la fuerza que les va transmitir su papá desde el cielo, los va a ayudar. Nosotros estamos sufriendo, pero hay una persona contenta: Es mi papá. Seguro están hablando de regatas, de Juan Fernández, a donde él lo llevó de niño. Están hablando del mar...

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