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Fernando Savater conversa con "La Segunda Sábado": "El pueblo se equivoca permanentemente en todas partes"

El filósofo vasco revisa la actualidad de una España asfixiada por la crisis económica y los escándalos de corrupción. "Los jóvenes sienten como una agresión personal no poder comprarse la última tablet que ha salido". "Creo que el rey debería haber intentado abdicar en el príncipe Felipe, una persona mucho más preparada y que se ha mantenido al margen de escándalos". 

por:  Pedro Pablo Peñaloza
sábado, 27 de abril de 2013
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"Creo que se ha diluido el movimiento de Los Indignados"


-En medio de la crisis irrumpieron Los Indignados; sin embargo, aquel movimiento parece haberse diluido.

-Sí, creo que se ha diluido. Tuvo su momento, no era un movimiento organizado, era una reacción de asombro, de desconcierto. De allí salieron algunos movimientos que han conseguido ciertas cosas como "Stop Desahucios", que ha llamado la atención sobre un problema real, aunque muchas veces planteado de una manera demagógica.

A veces quedan algunos residuos de estos antisistema que viven parasitariamente del descrédito de la política. No tienen propuestas sino protestas. La protesta hace ruido y es lo más fácil de hacer. El problema está en la propuesta. El populismo no ha llegado en España a alcanzar las cotas de otros sitios, como Italia, pero aquí el equivalente del populismo demagógico son los nacionalismos separatistas.


-¿Ese nacionalismo representa una amenaza real para la unidad de España?

-Durante mucho tiempo ha sido una forma de sacar ventajas. Hoy ya sí, sobre todo en el caso de Cataluña, los nacionalistas moderados que empezaron a jugar este papel de chantaje se han visto un poco desbordados. Cataluña ha sido prácticamente la región de España peor gobernada y administrada, pero ahora tratan de inventar que ha sido España la que le expolia.

Se ha creado en muchas partes una especie de animadversión morbosa a la idea del país en conjunto. El enemigo es España. Cosas tan absurdas como que sea el único país de Europa donde en algunas regiones no se puede educar a los niños en la lengua común. La inmersión lingüística que existe en Cataluña no la hay en ninguna parte, algo totalmente arbitrario, antidemocrático, en el fondo, franquista. Las autonomías han sido en buena parte causa del desastre económico de España, por el derroche, pero además han fomentado una falta de espíritu del país.


-El futuro de la monarquía también pareciera estar en entredicho.

-La mayoría de nosotros no somos monárquicos, pero en un momento de la Transición era una salida. Como había gente empeñada en boicotear todos los elementos comunes del país, la figura del rey algo alcanzó de fuerza, con una cierta utilidad como símbolo del país. Eramos de un cierto monarquismo pragmático, como el menor de los males.

Hoy comenzamos a plantearnos si esto merece la pena o no. En este momento sería muy arriesgado, con la crisis, con el separatismo, empezar además a cuestionar la monarquía. Pero, a medio plazo, probablemente se cuestionará. La monarquía ha gestionado muy mal sus piezas. Creo que el rey debería haber intentado abdicar en el príncipe Felipe, una persona mucho más preparada y que se ha mantenido al margen de escándalos.


-¿Llegará Felipe?

-Yo tengo mis dudas y creo que él también. Verdaderamente, se le está poniendo la cosa muy difícil. Hoy tampoco la abdicación es fácil, por el contexto. Cambiar el timonel en plena tempestad, no es lo mismo que hacerlo en el puerto.


-¿Sigue teniendo la Iglesia un peso importante en la política española?

-Ahora desgraciadamente ha aumentado porque el partido en el Gobierno es muy clerical. El mal de este país es que la izquierda se apoya siempre en los nacionalistas y la derecha en los curas. Son las dos peores alianzas.

En el terreno educativo, éstos (el Partido Popular) son enormemente clericales. Privilegian la educación privada frente a la pública, la religiosa frente a la laica. La mayoría de los representantes de los ministerios son gente próxima al Opus Dei.


-El término "pobreza" vuelve a formar parte del debate político en España. ¿Qué significa esto para el futuro del país?

-Es verdad que hoy hay mucha gente en España que está en la pobreza. No es lo mismo ser pobre en Europa que en otros lugares. Aquí tenemos pobres en business class , pero pobres. España es un país donde había pobres y estaba acostumbrado a la pobreza. Yo conocí los cupones de racionamiento. Todo eso fue desapareciendo. Ya no se sabe cómo se convive con la pobreza. Los jóvenes sienten como una agresión personal no poder comprarse la última tablet que ha salido. Todavía queda calvario por delante.

También existió un spanish way of life . Los españoles crecían, se desarrollaban y, por la tarde, dormían la siesta. Hasta que un día estalló la burbuja inmobiliaria y aquel sueño de riqueza levantado a fuerza del ladrillo se desplomó como un castillo de naipes.

Entonces, apareció la palabra "crisis". Y más atrás, su hija "pobreza". El toro embistió y no dejó hueso sano. Incluso, la monarquía ha saltado de las apacibles páginas de la prensa rosa a las oscuras notas de las secciones judiciales de los diarios.

"España es la tormenta perfecta; todo lo que puede fallar está fallando" , reconoce el filósofo Fernando Savater (San Sebastián, 1947). Mordaz e irónico, el escritor vasco disecciona la realidad de su país. Identifica a los nacionalismos y la Iglesia como los grandes enemigos de la democracia española, carga contra socialistas y conservadores y, al momento de repartir culpas, no olvida a sus conciudadanos: "en una democracia, engañado o no engañado, lo que puede ser malo es el pueblo".

-Dos temas llenan las páginas de los periódicos españoles: las malas noticias económicas y los escándalos de corrupción. ¿Qué está pasando?

-Todo se ha concitado para que la cosa empeore. Vivimos durante cierto tiempo en una especie de burbuja, creyendo que aquí todos éramos millonarios, todo el mundo pedía crédito, hipotecaban la casa para hacer la boda de la hija. Luego se reveló que todo eso era falso.

A eso se unió una serie de escándalos que han ido descubriéndose. Creo que la proliferación de autonomías ha favorecido esto. Somos un Estado que multiplica por 17 (número de gobiernos autonómicos) la posibilidad de funcionarios corruptos. Tenemos 17 estados dentro del Estado. Cuando el Estado se debilita, inmediatamente atacan los separatismos, sobre todo el catalán, que tiene una deslealtad crónica.

Para colmo, ahora resulta que a partir del escándalo de Urdangarin han salido cosas del rey y de la institución de la monarquía, que se mantenía un poco al margen y era una especie de símbolo compartido, que en el extranjero venía bien.

En cuanto a la crisis, Zapatero (José Luis Rodríguez, ex presidente socialista) la gestionó muy mal y ahora el Gobierno conservador lo que hace es obedecer ciegamente las órdenes de Alemania, convertida en un especie de severa gobernanta de toda Europa.

Junto a eso hay un cierto desánimo, en un país de un nivel cívico que nunca ha sido muy alto. Encima, ahora el Gobierno conservador destierra la posibilidad de una educación ciudadana en el bachillerato y regresa otra vez la religión. Las dos maldiciones de la democracia española desde el siglo XIX son el separatismo y la iglesia, ahora vuelven las dos cosas a aparecer.

-Menciona a Alemania, ensalzada como la locomotora de Europa, en contraste con una España que algunos percibían entregada a la ética del ocio, disfrutando de generosos beneficios sociales. ¿Es justa esa visión?

-Eso tampoco es verdad. Esa es la percepción anglo-alemana. España es un país donde se trabaja, aunque en otras cosas. Un país muy parcialmente industrializado, donde hasta hace muy poco el turismo y los servicios eran la gran industria. En España ha habido una protección social muy fuerte, la sanidad ha funcionado realmente muy bien, de hecho, los alemanes vienen aquí a curarse.

La imagen de que en España la gente se pasa la vida tumbada al sol, mientras en Alemania trabajan, es un sueño de los que normalmente vienen aquí a tumbarse al sol. España es otra cosa, si bien es cierto que es un país sin patentes industriales. No inventa, vive de patentes ajenas.

Hemos recibido mucho de Europa y poco a poco nos hemos convertido en deudores. Por otra parte, curiosamente eso ha permitido que los españoles entiendan mejor lo que ha ocurrido en América Latina durante mucho tiempo con la deuda externa. Ahora saben lo que es, cómo la deuda externa puede bloquear la posibilidad de inversión en educación. Esa lección se está aprendiendo.

"El populismo es la democracia de los ignorantes"

-¿Puede generar esta crisis un cambio en la cultura de los españoles, en cómo se ven a sí mismos y su relación con Europa?

-En mi generación todos éramos europeístas porque nos parecía que Europa era la alternativa a la dictadura y el atraso. Ortega y Gasset decía: "España es el problema, Europa la solución". Luego, se vio que la cosa no era tan fácil.

Al principio, el impacto de la crisis se paró por uno de esos elementos culturales que no existe en otros lugares de Europa, pero sí en los países del sur. La ONG que funciona mejor: la familia. Gracias a ella, millones de parados siempre estaban acogidos por alguien. Pero como ya llevamos 5 años de crisis, a la familia se le acaban los recursos, no puede seguir haciendo esa labor asistencial y la situación se hace más amarga.

-Eso aumenta el "euroescepticismo".

-Europa se ve como parte del problema por las exigencias que impone permanentemente. A uno le pueden parecer muy malas las exigencias de Alemania, pero por otra parte el dinero tiene que venir de allí y solos no podemos salir de este agujero. Europa, en general, ya no da la sensación de que garantiza la prosperidad, sino que exige esfuerzo.

Los padres de la Unión Europea plantearon la idea de crear un espacio de libertades cívicas, de derechos y deberes ciudadanos, y todo eso a la gente le parecía muy bien mientras hubiera negocio. Cuando dejó de haber negocio...

-¿Quién tiene la culpa de este desbarajuste? ¿La Canciller alemana, Angela Merkel, Bruselas, los políticos locales, los banqueros o todos los anteriores?

-Siempre la culpa es de otros: los bancos, el gran capital, las exigencias de Europa. Sobre los movimientos de los indignados, del 15M, yo creo que estaba bien que la gente se reuniera a hablar de sus cosas en lugar de estar mirando el partido de fútbol. Eso es un avance, pero hay muy poca autocrítica. Los banqueros no son entidades filantrópicas, pero quienes pedían los créditos eran los ciudadanos.

Nadie protestaba contra los banqueros al momento de recibir el crédito; protestaban cuando tuvieron que devolverlo. Ciudadanos poco informados, poco preparados, y que se endeudaban con una alegría absoluta. No he conocido ningún país en Europa donde todo el mundo tenga la casa hipotecada y hasta dos veces.

Pierde su casa el que la tiene hipotecada en unas condiciones determinadas que, por supuesto, comenzaron en la época de los socialistas. A todos nos impresiona que el banco nunca parece que puede perder. Si está ganando, no te da las ganancias y si está perdiendo, tienes que ayudarle porque si no pierdes tu dinero. Eso es un poco difícil de aceptar, que el mismo banco que ha recibido ayudas públicas, luego sea implacable con sus deudores.

La crisis es del sistema económico, pero el pueblo no es virginal ni estas tonterías demagógicas. El populismo es la democracia de los ignorantes y cada vez más estamos viviendo en los países del sur el populismo. Los políticos son nuestros mandados. Si ellos son malos, peor seremos nosotros que les hemos elegido.

-¿El pueblo puede ser malo?

-Por supuesto que sí. En la democracia lo que es malo es el pueblo, por eso hay que educarlo. La única inversión buena es intentar educar al pueblo para que sepa lo que tiene que elegir. El pueblo se equivoca permanentemente en todas partes. Un pueblo ignorante es una bomba de relojería; es como vivir en una jaula de locos. Al pueblo hay que educarlo, garantizar los mecanismos para que salga de su atraso, de la ignorancia y de la demagogia.

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