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Habla chofer de Jaime Guzmán, testigo de su muerte: "De repente se me cayó en el hombro"

Revela por qué partieron a la UDI en vez de ir al Hospital.  

por:  Lilian Olivares, La Segunda
lunes, 11 de agosto de 2014

Luis Fuentes lo va a ver al cementerio cada 15 días.


Foto CLAUDIO CORTES

La única vez que su nombre estuvo en las portadas de la prensa fue en abril de 1991, cuando asesinaron al senador Jaime Guzmán Errázuriz.

El conductor Luis Fuentes Silva (65 años) lleva el registro mental de todos los momentos importantes del caso. Recuerda así ese lunes 1 de abril de 1991:

-Llegamos al Campus Oriente de la Católica y me quedé esperando a don Jaime en el estacionamiento. Yo me quedaba siempre leyendo en el auto, mientras don Jaime subía a hacer sus clases, pero ese día la Anita (la secretaria de la Facultad de Derecho) me fue a buscar al auto. Me extrañé, porque primera vez que me llamaba para que subiera. Y ahí, cuando me vio, me hizo un gesto con la mano para que lo esperara un ratito y me pidió: "Bajemos juntos". O sea, yo casi estaba pedido, también.

Jaime Guzmán había divisado a dos hombres sospechosos y se devolvió. Esperó un rato en secretaría y luego bajó junto al chofer.

-El estaba como siempre. Me dijo: "Ya, vámonos, Luchito. Tenemos que pasar a la UDI". Salimos a la calle, doblamos a la derecha, yo iba a unos 40 km/hr seguramente cuando, al llegar al semáforo, de improviso cambió la luz de verde a roja. Paré y se acercaron unos gallos, y uno sacó el arma y ¡papapapapá! Yo arranqué en medio de las balacera.

-¿Qué le dijo Guzmán?

-Me dijo: "Son los mismos que vi adentro". Seguí camino y a la vuelta, en Los Leones, le dije: "Lo llevo al Hospital de Carabineros", porque como que se estaba sintiendo mal. Yo creí que era el susto, porque no le vi sangre. No me imaginé que estaba baleado. "¡No, no! Al Hospital Militar", me contestó. Y por ahí, a la altura de Lota, se me cayó en el hombro, desmayado. Así que partí a la UDI (la sede está en la calle Suecia) a buscar a alguien que me ayudara. Y salió Juan Díaz con otro y partimos al Hospital Militar, ellos golpeando las puertas de los autos para que se hicieran a un lado, contra el tránsito, con baliza, con todo. Después que llegamos, no lo volví a ver. A mí me llevaron a otro piso, me dieron unos remedios y luego llegaron el general Pinochet y parece que Ballerino. Y me dijeron: "Se murió tu jefe".

Hoy, Luis Fuentes piensa que Guzmán lo presentía: "Ni siquiera hizo el gesto de protegerse. Solo tomó su rosario".

Después de eso anduvo escondido durante meses. Le pusieron escolta. Fue a declarar ante dos ministros investigadores, lo llevaron a ruedas de presos, lo interrogaban una y otra vez, como único testigo directo del asesinato. "Si nadie sabe lo que pasé. Estuve en tratamiento, dopado. Tenía pesadillas, despertaba gritando, no podía dormir".

Le costó rehacer su vida. Hoy va cada 15 días al cementerio a llevarle flores al senador. Cada vez que sale de su casa le pide al retrato de óleo que le regaló Rosario Guzmán que lo proteja; asegura que ha hecho milagros en su familia. "Yo quería mucho a don Jaime, y mi esposa también. Todavía es mi jefe, aunque no esté aquí".

 
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