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Chileno lanza sorprendente concierto para orquesta de robots

Rodrigo Cádiz compuso una obra para la "Man and machine robot orchestra", de Bélgica, convirtiendo en ritmo los ciclos de 24 horas que nos gobiernan. "En mi cabeza no era nada distinto a crear una obra normal, en el sentido de pensar la música", explica.

por:  La Segunda / Juan Carlos Ramírez F.
martes, 15 de enero de 2013

Una orquesta de más de 50 robots "descansa" en una pieza acondicionada, llena de cables y computadores, en la ciudad de Gante, Bélgica. Se trata de la "Man and Machine Robot Orchestra", creada hace 25 años por el compositor e inventor belga Godfried-Williem Raes. Un proyecto único en el mundo, ubicado en un galpón de la Fundación Logos, institución especializada en explorar las nuevas posibilidades tecnológicas de la música.

Allí se celebró, entre octubre y noviembre del año pasado, el World Music Days, el festival itinerante más importante para la música de vanguardia. Y allí brilló el chileno Rodrigo Cádiz (1972), quien compuso "Ritmos circadianos", una obra de aproximadamente diez minutos, para ser interpretada exclusivamente por estos robots. Cada uno de ellos emite un timbre particular que, aunque estén controlados mediante señales eléctricas, producen sonido acústico.

Cádiz -uno de los pocos artistas latinoamericanos con formación doctoral en música y tecnología- editará esta semana la obra en formato digital en su página web (www.rodrigocadiz.com).

Los músicos deben tocar desnudos

La obra toma su nombre del latín, donde "circa" y "diem" significan "aproximadamente" y "día", respectivamente. Y nace de la idea que los procesos biológicos siguen un ciclo gobernado por una especie de reloj central que afecta a plantas, animales, hongos, bacterias y humanos. Así, los robots experimentarían ese patrón cíclico rítmico.

Aunque en rigor, más que "humanoides", explica, son instrumentos musicales de distintas dimensiones y componentes robóticos. A tal punto llegan las exigencias de la fundación que los músicos que quieran interactuar con esta orquesta, deben hacerlo desnudos. Si las máquinas muestran sus cables y procesos, ¿por qué el ser humano no podría hacerlo?

"Yo no tuve que sacarme la ropa, eso sí, porque presenté una composición y no tuve que tocar con ellos", dice riéndose Cádiz. Además de licenciado en música en mención composición en la U. Católica, es ingeniero civil industrial con mención en ingeniería eléctrica en la misma universidad. Dos mundos que terminarían conectándose y que lo llevaron a obtener un doctorado con mención en música y tecnología en la Northewstern University de Estados Unidos el 2006, donde estudió composición acústica y música computacional.

"Veo a los «Ritmos circadianos» como una composición tradicional. Es como componer una obra para una orquesta de cuerdas. En mi cabeza no era nada distinto a crear una obra normal, en el sentido de pensar la música", explica.

Aunque, por supuesto, tenía claras las inmensas posibilidades de una orquesta de robots. "La obra tiene que ver con los ciclos que gobiernan nuestra actividad como seres humanos que corresponden a 24 horas. A veces nos desacoplamos de eso y no coinciden con los ciclos de sueño, por ejemplo. Como cuando tenemos insomnio. Lo que quería era experimentar muchos «ritmos circadianos» con una orquesta de robots", explica.

Un disparador de esta música tiene que ver con los sistemas complejos como las hormigas o los peces, donde, si se analiza uno de ellos, no se podrá comprender la función que desempeñan en un paisaje macro. Sin embargo, en grupo se puede generar un comportamiento complejo.

Así, desde 2009, Cádiz junto al físico Cristián Huepe y el ingeniero en sonido Marco Colasso, financiados por una beca Fondecyt, estuvieron trabajando en la creación de redes de osciladores acoplados que emulan este proceso. Una especie de "cardúmenes" que generan y controlan el comportamiento dinámico del material musical.

"Cualquier aparato que mande impulsos periódicos como una batería, al acoplarse con otra, a la larga se va a mimetizar en la misma frecuencia e influenciar entre ellos", explica Cádiz. La obra fue aceptada para ser presentada en el festival y obtuvo una Ventanilla Abierta del Consejo Nacional de la Cultura para que pudiese viajar a implementarla.

La secreta explosión de la electroacústica en Chile

Cádiz, que ha compuesto y editado discos tanto para conjuntos de cámara como con medios electrónicos y computacionales, cree que vivimos una explosión de música electroacústica, convirtiéndonos en uno de los referentes de la región. Aunque, reconoce, aún sigue siendo una música difícil de alcanzar a oídos masivos.

Así, por ejemplo, está el Festival Ai-makoo, que se celebró en octubre de 2012 en Valparaíso, o la apertura del Diplomado en Arte Sonoro -que toma sus bases en la obra de John Cage y el Fluxus- que impartirá Arcis desde abril.

También destacan eventos como "Cien acordes geométricos extendidos", de Sebastián Jatz, el mismo que hace unos meses revivió la mítica partida de ajedrez entre Cage y Duchamp en el Bellas Artes. Así, entre el 23 de enero al 23 de abril en el GAM, 76 personas -artistas, psicólogos, adolescentes- irán turnándose en un órgano para tocar un acorde de entre 1 y 6 horas de duración, todos los días.

Pero también habrán acordes más extensos que serán ejecutados con pesos sobre las teclas y silencios que carecerán de personas en las vitrinas del local Puma Lab, donde se desarrollará la experiencia.

Para Jatz, la pieza plantea un estado inmutable y no obstructivo considerando el alto impacto que tiene cualquier realización en la Alameda. "Para los organistas apela a la persistencia, al estado de alerta, a la concentración y a la contribución a una tarea mayor que ellos mismos. Para el público, propone la experiencia de detenerse un momento a oír, ya sea el sonido sutil que sale hacia fuera de la vitrina, o la experiencia cercana al trance del sonido incesante y omnipresente en el sitial junto al organista".

Cádiz, por otro lado, acaba de obtener un Fondart para su proyecto "Sistema de creación musical en tiempo real basada en ondas cerebrales" que, tal como su nombre lo indica, explorará la música y sonido que pueden crear nuestra mente.

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