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Presidente de la Cámara Chilena del Libro: "No se construye industria editorial llevando un pabellón a Guadalajara"

Arturo Infante, también editor de Catalonia, advierte que los 11 mil libros que quedaron como saldo de la feria (los otros 10 mil se vendieron) podrían terminar "en el sótano de la embajada". 

por:  La Segunda / Juan Carlos Ramírez F.
martes, 04 de diciembre de 2012

Más de 100 escritores, 80 editoriales y 21 mil libros chilenos fueron a la FIL, que terminó el domingo.


El domingo terminó la Feria del Libro de Guadalajara (FIL), se desmontó el pabellón de Chile y los 11 mil libros que quedaron fueron enviados a las bodegas de la emblemática editorial Fondo de Cultura Económica -que los distribuirán en México- y, en general, se sacan cuentas alegres.

Sin embargo, Arturo Infante, presidente de la Cámara Chilena del Libro, que vela por el desarrollo de la industria y además organiza las ferias del país, le pone paños fríos a tanta fiebre "literaria".

Esto incluye las cifras de ProChile que señalan que la exportación de "servicios editoriales" aumentó en un 62% en los últimos dos años. "Eso no significa que se estén vendiendo más libros, sino más bien se refiere a los «contenidos» que se venden a otros países y que no es necesariamente narrativa, ensayo o poesía", explica.

También propone la triste imagen de esos 11 mil libros, vagando en las tierras mexicanas. "Si no se vendieron en el pabellón, es probable que no se vendan en las librerías de allá y terminen donados, destruidos o en el sótano de la embajada chilena", dice.

De todos modos, Infante -que también es editor y director del sello Catalonia- cree que la experiencia mexicana será significativa para la industria nacional. "Esta inmersión en Guadalajara debería provocar un remezón en la estrechez de miras de que ha sido víctima el mundo cultural chileno".

-En términos generales, ¿qué nos dejó la experiencia Guadalajara?

-Comprobó que el Estado puede hacer de la cultura una buena inversión. Pero no sólo para engrosar el PIB, sino para el enriquecimiento espiritual e intelectual de sus ciudadanos. Espero que la mentalidad predominante en Chile, de que la cultura es un gasto que incomoda las partidas del presupuesto general, cambie con la experiencia mexicana.

-¿Es posible generar en Chile una feria de las proporciones de Guadalajara?

-La Feria de Guadalajara ha llegado a ser la primera del mundo de habla hispana por la voluntad y el pleno respaldo económico de la Universidad de Guadalajara y del Estado de Jalisco. Nuestra FILSA es la tercera o cuarta mayor de la lengua, pero se financia con aportes de los editores chilenos y algunos pocos auspiciadores privados. Aquí el Estado no pone un peso para su existencia, y es bueno que lo sepan todos los que por estos días hacen comparaciones odiosas.

"Decidimos que los trapos sucios se lavaban en casa"

La organización de la delegación nacional en Guadalajara tuvo varias polémicas: la dimisión de autores emblemáticos como Germán Marín, la comentada "bajada" del jefe de Ediciones UDP Matías Rivas o las críticas sobre la poca presencia de editoriales independientes, universitarias o el sector del libro infantil.

Infante: "Los editores de la Cámara del Libro, tal como los independientes, se sintieron igualmente ninguneados y desairados. Todos juntos decidimos que los trapos sucios se lavaban en casa y que era una irresponsabilidad dañar el esfuerzo de la muestra con un escándalo. Recibimos las disculpas de los organizadores por los errores cometidos. Después de todo fuimos los editores los que aportamos y seleccionamos los 21.000 libros que dieron sentido, razón y éxito de ventas al pabellón chileno".

-¿Qué faltó en la misión chilena?

-Haber aprovechado mejor la experiencia de los editores, con mucho conocimiento de las claves de esta feria. Eso habría permitido haber armado, conjuntamente, redes de continuidad. Pero terminaron de convidados de piedra en el tercer patio de la casa-Chile que era el pabellón. Les faltó conocimiento de cómo funciona la industria editorial. Es el afianzamiento de lazos entre los profesionales del libro el que construye la continuidad. Por las opiniones recibidas, creo que nuestro país tuvo un buen desempeño. Pero la proporción de los chilenos invitados -un tercio de escritores versus dos tercios de artistas, operadores y funcionarios- suena desbalanceada.

-¿La FIL podría ser un impulso para construir industria en Chile?

-No se construye industria editorial en Chile llevando un atractivo y nutrido pabellón a una feria en Guadalajara. Eso se parece más a un desembarco de "imagen-país" y no alcanza para mover un pelo a la industria editorial. Eso se consigue con incentivos reales a la industria. Los mismos que tiene la minería, la agricultura, las pesqueras, la banca o las isapres, que son espacios productivos respetados en Chile. Somos un cúmulo de desincentivos y no es casual que seamos el país con más alto IVA al libro, cuando en el resto del mundo no existe o está rebajado.

-¿Cuál es el tema que más urge para establecer una política del libro en nuestro país?

-La política del libro y la lectura ya está definida desde años por todos los actores del mundo del libro en Chile y también por el Consejo del Libro y la Lectura. Falta sólo la voluntad política de implementarla y asumir el libro como una prioridad de Estado. Llevamos mucho tiempo esperando que alguien le ponga el cascabel al gato al tema. Lamentablemente, sólo vemos una administración de la rutina.

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