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Médicos del Psiquiátrico denuncian aumento de agresiones por llegada de pacientes drogadictos

Aseguran que en lo que va del año se han registrado 20 ataques de internos hacia funcionarios. También falta personal y hay hacinamiento. Algunas salas tienen 10 a 12 camas con enfermos. Debiera ser la mitad. Personas violentas conviven con las que tienen depresión... por la falta de espacio.

por:  La Segunda / Patricio Pino M.
viernes, 03 de agosto de 2012
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Hace algunas semanas, el vendedor de antigüedades Oscar López decapitó a un vecino de Lolol y a una profesora de Vitacura, sin que hasta hora se conozcan sus reales motivaciones.

Lo único que se sabe del asesino es -dicen quienes lo conocieron- que tenía "delirios místicos, alucinaciones y era violento".

Si alguien hubiera podido anticipar lo enfermo que estaba, a lo mejor hubiera sido internado en el Instituto Psiquiátrico José Horwitz, centro de referencia a nivel nacional de este tipo de pacientes.

Lo dramático es que es el establecimiento atraviesa por una fuerte crisis, que fue denunciada a través de una carta a "La Segunda" por la Asociación de Funcionarios Médicos del instituto. Los profesionales advirtieron que de no haber drásticos cambios, podría haber "graves daños" a la red de salud mental.

Y no se refieren sólo a la escasez de recursos, sino incluso al peligro que viven diariamente los funcionarios, que en lo que va del año contabilizan 20 ataques de internos. Uno de los más graves fue el que afectó a mediados de mayo a la psiquiatra Olga Fadol mientras atendía en la Sector 3, cuando un drogadicto la hirió gravemente. Providencialmente, señala el tesorero de la Asociación de Funcionarios Médicos, Christian Arévalo, el paciente se apaciguó solo. "Si hubiera querido seguir agrediendo, lo habría logrado", asegura el doctor Christián Arévalo ,

El último incidente ocurrió la semana pasada en la Urgencia, donde una mujer atacó a una doctora con el palo de un escobillón .

Desde hace mucho que el personal pide un carabinero en dicho servicio, como es habitual en otros centros hospitalarios. Los funcionarios requieren su presencia por los hechos de violencia y también porque han ocurrido robos de potentes medicamentos desde el recinto.

Y éste es sólo uno de los problemas que enfrenta el centro ubicado en avenida La Paz. Se suman el aumento de pacientes en conflicto con la justicia y con problemas de drogas, la falta de especialistas, el hacinamiento y las dificultades para que los pacientes "estabilizados" dejen el hospital y ese cupo pueda ser llenado por otros enfermos.

"No hay cómo darse cuenta de lo que pasa"

El Psiquiátrico tiene alrededor de 465 camas. De ellas, unas 260 están en las ocho secciones de pacientes de corta estadía. También está la Unidad de Urgencia, que cuenta con 16 camas. Además, existe una sección de pacientes crónicos, con 60 camas, y una sección forense, donde están aquellos sujetos a los que la justicia ha sobreseído por enfermedad mental.

La infraestructura es precaria. Los denominados "agudos" (desestabilizados por problema mental, de drogas o ambos) reciben terapia de los profesionales en boxes de dos por dos metros, que contienen apenas unas sillas y una mesa pequeña. "Ahí queda la puerta cerrada y si un paciente se pone agresivo no hay cómo darse cuenta de lo que pasa", se queja Díaz. "La única seguridad son dos porteros para unos 300 pacientes", afirma Arévalo.

En la sección forense son internadas personas que la justicia sobreseyó debido a alguna enfermedad mental. Ahí estuvo, por ejemplo, Rodrigo Orias, el asesino del sacerdote Faustino Gazziero. "Las personas que han cometido actos violentos debieran estar en condiciones diferentes a las que existen en el hospital. Lo ideal es que los pacientes más complejos estén en salas individuales. Pero no hay cómo sostener un sistema así", argumenta el doctor Arévalo.

A esa sección llegó también Gonzalo Ramos, quien atacó con un sable a su hermana actriz, para ser sometido a una evaluación sicológica ordenada por el tribunal. En su caso, la estadía fue sólo transitoria.

Drogas hacen aumentar la violencia

No es todo, porque en el tiempo ha habido un cambio en el perfil de los ingresos. "En estos momentos, dentro del hospital tenemos entre 20% y 30% de pacientes que tienen algún problema de drogas. Hay algunos que son solamente adictos y otros tienen problemas mentales y además consumen drogas. En ambos casos, las posibilidades de que haya violencia aumentan hasta seis veces", afirma Arévalo.

La llegada progresiva de este tipo de pacientes agrava el problema del hacinamiento. "Tenemos servicios con una concentración de 10 a 12 camas por sala, lo que es mucho para pacientes psiquiátricos. En los servicios modernos, lo máximo es hasta seis personas", agrega Christian Arévalo.

"Una de nuestras demandas es bajar el número de camas", recalca.

La necesidad de internar a tantos pacientes hace que no exista una adecuada segregación. Como indica Daniel Díaz, "puede ser que a alguien lo hospitalicen por un cuadro depresivo y le toque en el mismo lado que un paciente violento, con esquizofrenia o alguien que haya llegado por consumo de drogas y tenga síndrome de abstinencia. Debiera haber un servicio especializado para manejar pacientes más complejos".

Por si fuera poco, adelanta Arévalo, pese a que todos los esfuerzos del gobierno son para separar a los adolescentes infractores de los que han sido vulnerados en sus derechos, los médicos tienen la información de que "el Ministerio de Justicia quiere que empiecen a llegar algunos adolescentes con medidas de protección. Se va a dar la paradoja de que van a estar con otros adolescentes agresivos, que han cometido un delito".

Déficit de personal

Según la asociación, debería haber un médico por cada seis pacientes. Pero en el Psiquiátrico hay un doctor cada nueve internos. Y con los paramédicos, la cifra sube a uno cada 12 enfermos.

"En una asamblea, dijeron que después de 1973 la planta esquemática disminuyó un tercio y nunca volvió a subir. Aquí antes había un servicio dental y cuando el dentista se jubiló, nadie lo reemplazó. Ahora, cuando a un paciente le duelen las muelas, tienen que mandarlo a la Posta Central a sacarse la pieza y nada más", explica Arévalo.

"También se practicaban operaciones, pero ese espacio ahora lo ocupa el área administrativa", añade Díaz. Según este psiquiatra, el déficit de personal llega al 15%. "Pero ahora tenemos tres abogados y antes no teníamos ninguno", afirma.

Otro problema, señalan los médicos, es la falta de hogares o residencias para los pacientes que hayan mejorado. El psiquiatra Díaz advierte que "en este momento el Area de Salud Mental del Ministerio no tiene una política de crecimiento de esos centros, donde los enfermos son apoyados por el Estado para reinsertarse en la sociedad, en un ambiente protegido".

Agrega que "a muchos pacientes la familia los ha venido a dejar y después no se ha hecho cargo. En cada sección hay entre dos o cuatro internos que llevan dos años y deberían haberse ido, pero no tienen dónde. Estamos ocupando el hospital como hogar y es una cadena: si no hay camas en agudos, no se pueden trasladar personas de Urgencia y como no hay espacio en Urgencia, tenemos que mandar para la casa a los que debieran quedarse; por ejemplo, los que llegan por instinto suicida".

"Yo tengo un paciente que lleva dos años y no se puede ir por su cuenta, pero tampoco está la familia para que lo venga a recoger. Hace un par de años que no se crea un hogar protegido", añade Arévalo.

Resumen los psiquiatras: "Muchas veces tenemos que dar de alta antes de que la persona esté compensada, porque tenemos la presión de desocupar luego la cama".

 Doctora atacada: "Primera vez que enfrento tanta violencia"

Un mes y medio estuvo con licencia la psiquiatra Olga Fadol, luego de ser atacada por un paciente con problemas de droga.

Hoy, si no fuera por un ligero tinte violáceo sobre una de sus cejas, escasamente quedan signos del ataque que la dejó inconsciente y que sólo no pasó a mayores porque la madre del paciente avisó lo que estaba ocurriendo.

En conversación con "La Segunda" aseguró que "es primera vez en 30 años que enfrento una situación de tanta violencia. Nunca había pasado por algo similar".

-¿Quedó muy afectada?

-Mi ánimo no era muy bueno después, porque uno está para prestar un servicio al otro y termina agredido. (Pero) uno sabe que aquí está más expuesto que en otros lugares.

- Habría sido distinto con botones de pánico y las cámaras anunciadas?

-Estaba en esta misma oficina, sentada lejos de la vía de escape. Cuando el paciente se enojó, tiró la silla contra la ventana, rompiendo los vidrios. Cuando trato de salir, él me toma y me golpea. Era como la una y ya no había nadie.

-Cuanto tiempo después volvió a trabajar?

-Estuve con licencia un mes y medio. Uno sabe que esto no pasa todos los días, si bien han aumentado los casos de violencia intrahospitalaria. Ha habido una seguidilla. El mismo día hubo un episodio en la policlínico, pero la doctora se resguardó. Esa misma noche, le fracturaron la nariz a una funcionaria. Tampoco hay guardias en el policlínico.

-Están recibiendo más pacientes por tema de drogas...

-Muchos más y ellos son delincuentes, porque por conseguir la droga hacen cualquier cosa. Es una puerta abierta para la delincuencia.

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