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Los secretos que esconde la reconstrucción del Edificio Ejercito Bicentenario

Este miércoles se inaugurará el nuevo complejo que albergará a las Fuerzas Armadas. Un megaproyecto que obligó a reconstruir los ex Arsenales de Guerra situados al lado del Parque O'Higgins, pieza por pieza. "La idea es revitalizar una zona fundacional de Santiago".  

por:  La Segunda / Juan Carlos Ramírez F.
martes, 12 de junio de 2012

La primera piedra de cuando el edificio fue construido a fines del siglo XIX


La inauguración mañana del Edificio Ejército Bicentenario -en los ex Arsenales de Guerra, al lado del Parque O'Higgins- constituye al menos dos hitos históricos. Primero, convertirse en el primer complejo de edificios que centraliza el trabajo de las Fuerzas Armadas. Segundo, la recuperación de un monumento histórico, prácticamente desarmándolo por completo y volviéndolo a montar.

En efecto: El terremoto de 2010 obligó a extremar las medidas de seguridad para esta construcción fundada en 1896 y ubicada en el perímetro de las calles Blanco Encalada, Tupper, Ejército y Jorge Alessandri.

Así lo explica el coronel Mauricio Heine , jefe del proyecto, quien junto a Julio Castillo , socio de de la empresa constructora DPL-Ingevec, recorren el zócalo, mientras se ultiman los detalles del lugar.

"Por primera vez en la historia habrá un edificio institucional que concentrará a la Comandancia en Jefe y al Ejército", explica Heine, mientras muestra el nuevo auditorio con capacidad para 300 personas. "Antes había bodegas", dice Heine. Tal como en la sala protocolar o los enormes comedores contiguos, que son lo que hay tras sus muros si uno viene desde la Alameda.

Un proceso donde hubo que, literalmente, sacar los ladrillos uno por uno, al mismo tiempo que 120 artesanos expertos trabajaban en el pino oregón -afortunadamente, un material noble que resistió los remezones de 1985 y 2010-.

56 mil metros cuadrados y abierto al público

Este edificio fue construido en la época del Presidente Jorge Montt por un grupo de ingenieros politécnicos militares formados en Francia. Aquél respondía a la necesidad de un lugar para reunir municiones y armas, además de funcionar en un principio como un museo de guerra.

Su arquitectura replicaba la de los cuarteles ingleses, que destacaban por una albañilería de ladrillos a la vista. Modulado por diez torreones en 5 y 7 hileras de vanos en la fachada principal, su planta es un paralelepípedo alargado, de dos pisos y que encierra en su interior un zócalo. Todas estas particularidades convirtieron a la construcción en un monumento nacional, que fue declarado como tal el año 2000.

Lo interesante del proyecto es que, además de restaurar sus dos pisos, se construyeron dos edificios más. Uno para la comandancia en jefe y otro para el estado mayor. Trabajarán allí más de 400 personas y se incluirán oficinas de Transparencia e Información Pública, Tesorería del Estado Mayor General del Ejército, Tesorería del Ejército y Jefatura Administrativa y Logística del Estado Mayor General del Ejército, entre otras.

Son 56 mil metros cuadrados -31 mil de construcción nueva y 20 mil de restauración- con un costo superior los 24 mil 600 millones de pesos y una capacidad de 1.200 personas.

Incluye helipuerto, 350 estacionamientos, wifi , gimnasios, muros especiales para disipar el calor e incluso paneles solares.

Tecnología de punta potenciada por su cercanía al Museo Militar, el Parque O'Higgins (donde se hacen las paradas militares), la Facultad de Ingeniería de la U. de Chile y el Club Hípico. El edificio, además, estará abierto al público que podrá recorrer sus dos pisos y testimoniar su reconstrucción.

"La idea es revitalizar una zona fundacional de la ciudad de Santiago", agrega Heine.

"Dialoga el pasado con el presente"

El complejo incluye en su interior una pérgola de "transición", que une la construcción antigua de la nueva, sin que el cambio sea brusco. Además, hay muchos detalles que hablan de un proyecto que se adapta a las últimas tecnologías para el uso de hormigón armado, pastas especiales para reparar grietas o incluso el cuidado de dejar marcadas las piezas nuevas que se usaban para completar ventanas, puertas o bisagras con un "R 2010".

"Esto es por el tema del «falso histórico»: la idea es que no se confunda con los materiales originales", explica Heine.

El representante de la constructora explica que trabajar en estas condiciones, especialmente con el alto nivel de la organización militar, fue "algo extraordinario", además de asumir el desafío que era respetar un edificio así -con las normas fijadas por el Consejo de Monumentos Nacionales- y adaptarlo a la norma moderna.

Mientras se recorre este lugar, no deja de llamar la atención como convive lo antiguo con lo moderno, simbolizado en una piedra cuadrada que, aunque no tiene ninguna inscripción, todo indica que fue la primera piedra del edificio original.

"Acá dialoga el pasado con el presente y, por qué no, el futuro", asiente Heine.

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