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Expertos proponen cinco recetas para enfrentar analfabetismo funcional de los chilenos

Elevar la calidad de la educación y la capacitación no basta para enfrentar el hecho de que el 80% de los chilenos no comprende lo que lee.

por:  Marcela Gómez
martes, 17 de septiembre de 2013
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A la conciencia que ya hay sobre la necesidad de mejorar la educación, debe sumarse con la misma fuerza y urgencia la de elevar la calidad de la capacitación e integrar ambos sistemas como un proceso continuo, de modo que los chilenos sigan aprendiendo y mejorando sus competencias a lo largo de su vida.

Esta podría ser, en síntesis, la receta de los expertos para enfrentar la realidad revelada por el estudio sobre competencias básicas de los chilenos, que detectó que el 80% de los adultos entre 15 y 65 años no comprende lo que lee, es incapaz de realizar inferencias de un texto o efectuar un cálculo aritmético simple para obtener una respuesta. Lo más grave: el estudio del Centro de Microdatos de la U. de Chile confirma que este deficiente desempeño no ha variado en los últimos 15 años.

"Estos resultados sorprenden, puesto que reflejarían un estancamiento en el nivel de competencias alfabéticas de la población, contradiciendo los avances que ha habido en estos años en términos de mayor cobertura de la enseñanza media y superior, así como mejoras obtenidas en las pruebas internacionales Pisa y Timms", dice el experto del PNUD, Osvaldo Larrañaga.

Con todo, nadie discute que quienes están hoy en la fuerza de trabajo tienen serias deficiencias formativas y de educación, que constituyen un serio obstáculo para avanzar en productividad e innovación. Y entre los expertos se discuten al menos cinco recetas que podrían hacer la diferencia para la próxima medición.

1 Tomar decisiones ya, aunque los resultados no se vean en décadas

El director de estudios de Horizontal, Andrés Hernando, dice que los déficits que se aprecian en las competencias básicas de los chilenos "no se solucionarán antes de una nueva medición, en 15 años más, porque el impacto de las modificaciones que hay que hacer en educación básica, de adultos y en el sistema de capacitación no se verá hasta en unos 20 años".

Dante Contreras, experto de la U. de Chile, tiene una visión más optimista y dice que en los próximos 15 años podríamos ver al menos señales positivas en los grupos más jóvenes, si se concretan las reformas profundas en educación que están sobre la mesa y se desarrolla una política activa y distinta en capacitación, haciéndose cargo de quienes están en la fuerza laboral pero carecen de las competencias necesarias.

"Si no se hacen los cambios, no habrá mejoras. Y las transformaciones necesarias deberían haber comenzado ayer", remata Hernando para graficar la urgencia del tema.

2 Plan masivo de rescate

El presidente del organismo técnico de capacitación (OTIC) de la Cámara Chilena de la Construcción, Leonardo Daneri, recuerda que cuando hace 15 años un primer estudio dio la voz de alerta sobre las deficientes competencias de los chilenos, la reacción fue un masivo plan de nivelación de estudios. "Se gastó muchísima plata en estos cursos, la gente sacó su licencia básica y media pero no sirvió de nada, porque aun con el certificado no mejoraron porque tenemos un sistema educacional muy precario y solucionar más arriba no sirve. Así de dramático", dice.

Hernando explica que ese esfuerzo no resultó porque no fue evaluado ni hubo seguimiento. Así, propone ahora "planes de rescate" con nivelación de estudios y de lectura más abiertos y básicos, diseñados y aplicados por el Estado. "Hay que hacer varios pilotos y evaluar sus resultados; y los que vayan mejor, hacerlos masivos. Tenemos que reconocer que la sociedad falló en asegurar el derecho a una educación que cumpla con el más mínimo estándar. Esta es una forma de remediar un condoro", afirma.

Dante Contreras cree que es más barato, eficiente y con mejores posibilidades de éxito que este proceso de nivelación sea parte de la capacitación formal y no algo separado. Explica que hay algunas instituciones, como Infocap y Cristo Vive, que trabajan con personas con educación formal muy precaria que están dentro del grupo de baja comprensión funcional, instruyéndolos en oficios y abriéndoles espacios importantes de capacitación, incremento de competencias laborales y empleo. "Estas experiencias exitosas son interesantes de replicar más ampliamente", propone.

3 Integrar educación y capacitación

El economista de la U. de Chile, Oscar Landerretche, dice que un problema que subyace a estos resultados y que hay que resolver es la separación que existe entre capacitación y sistema educativo, que incluso dependen de ministerios distintos. "En todos los países avanzados que nos ganan en estos rankings, ambos sistemas están tejidos y administrados en forma conjunta", comenta.

Pone el ejemplo de Alemania, países nórdicos y California, que tienen un sistema público de educación superior de tres pisos que incluye un sistema de formación profesional con prácticas en las empresas y regreso al sistema formal para obtener títulos (no un sistema separado como en Chile). Así, cuando los jóvenes están en la educación media, dependiendo de cómo ha sido su desempeño buscan transitar a universidades de élite enfocadas en investigación y formación académica, acceder a universidades masivas públicas con un perfil más parecido a nuestros institutos profesionales o se orientan a áreas técnicas con prácticas en empresas. Incluso se van a trabajar allí y vuelven a completar ciclos técnicos y obtener certificaciones.

"Eso es el mundo ideal al que tendríamos que movernos, pero estamos a mil años luz", asegura. Primero, porque todo esto tiene como prerrequisito una oferta de calidad superior a la que tenemos hoy. "No sólo no tenemos un sistema unificado ni articulado, sino que tampoco por separado están haciendo un buen trabajo", acota. Añade que además, este cambio exige niveles de coordinación y acuerdos de largo plazo "por lo que hay pocas experiencias que no sean con un rol fuerte del Estado, lo que lo hace doblemente difícil porque aquí tenemos una matriz neoliberal antiestatal".

4 Revisar el sistema asociado a franquicia tributaria

Al hablar del diagnóstico compartido que existe sobre las reformas necesarias, Dante Contreras apunta a la franquicia tributaria que permite a las empresas descontar de sus impuestos el gasto en capacitación de su personal bajo ciertos requisitos. "En el círculo de economistas hay convencimiento de que es un instrumento que ha fracasado y, salvo excepciones, las Otec y OTIC no han estado a la altura en generar capacitación que tenga impacto en empleabilidad y mejores salarios", afirma. Por ello, plantea que allí se requiere una reforma sustantiva y cree que el convenio entre el BID y el Gobierno para reformar el Sence es un buen paso en esa dirección.

Discrepa de este punto de vista el presidente de la OTIC de la Cámara Chilena de la Construcción. "La ministra Matthei quería demoler el sistema de capacitación. Después se dio cuenta de que, como en todas partes, hay empresas que hacen bien la capacitación y otras no. Cambiar en este minuto nuestro sistema de capacitación con una masa laboral que no entiende lo que lee sería brutal. No podemos ahora destruir lo que hay y partir de cero", asegura.

Admite que la franquicia está hecha para empresas medianas y grandes, de modo que a la larga quienes están sin empleo o trabajan en una PYME tienen que postular a las becas estatales. Sobre los resultados de la capacitación, aclara que cuando las personas se capacitan van a ser más productivas, pero la diferencia no se aprecia claramente porque esos conocimientos se traspasan a los compañeros de trabajo y porque si hay una mejor oferta laboral en otra empresa, el trabajador no se cambia para no perder su indemnización. "Así, la capacitación produce un efecto positivo que no siempre se ve reflejado", precisa.

5 Potenciar la dimensión educativa de los medios de comunicación

Landerretche dice que hacerse cargo del déficit del sistema escolar implica "caminar y mascar chicle al mismo tiempo". Es que, a su juicio, no transitaremos hacia ningún mayor estadio de desarrollo o de democracia si los chilenos no saben hablar o sumar, lo que a su juicio no se resuelve sólo en el sistema educativo formal.

"Los países a los que les va bien tienen un proceso permanente de educación de su gente a través de radios y TV públicas, plataformas web, teatros y muchas otras vías mediante las cuales están enseñando cómo escuchar música o algo de la historia, desde una cosa simple a una sofisticada. Mientras creamos que los medios públicos o los museos no son parte del sistema educativo o pueden guiarse solo por criterios comerciales, estamos perdidos", opina.

 Nuevas preguntas...

El informe sobre competencias básicas de los chilenos está evaluándose a fondo, por lo que siguen apareciendo sorpresas y preguntas. Por ejemplo, Osvaldo Larrañaga (PNUD) detecta un hecho positivo, que es que en el grupo de 25 a 34 años se muestran ganancias importantes en el 2013 respecto de 1998. "La generación actual consigue 13 puntos más en prosa y 11 puntos en los módulos de documentos y cuantitativo. Esto significa que en prosa Chile habría abandonado el último lugar que tuvo en 1998 entre los 22 países de mayor desarrollo que tomaron esa prueba, sobrepasando a Portugal, Polonia y Eslovenia".

Por otro lado, Larrañaga comenta que resulta extraño que el grupo de 15 a 24 años muestre muy escasos avances respecto de sus congéneres en 1998, ya que ese desempeño no se condice con los mejores puntajes que están consiguiendo en la prueba Pisa. "En la década del 2000 el país avanzó 40 puntos en la medición de lectura en esa prueba y se situó en el primer lugar en América Latina. Hay por tanto una contradicción por explicar entre ambos resultados", argumenta.

Añade que otro factor preocupante es que habría una depreciación de las competencias alfabéticas de las personas durante su vida, ya que para personas con similar nivel de escolaridad se observa una caída de los puntajes a medida que aumenta la edad.

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