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La moda de los magnates extranjeros que dominan el fútbol europeo

Es cada vez más común que los clubes importantes del Viejo Continente sean adquiridos por millonarios de diversas latitudes. Algunos casos han sido muy exitosos, otros aún está por verse.  

por:  Andrea Betancourt
sábado, 24 de enero de 2015
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Pese a sus buenos resultados dentro de la cancha en el último tiempo, el Atlético Madrid de España pasa por un complejo momento en lo económico, con varios años de balances en rojo.

Pero eso podría cambiar, ya que esta semana el multimillonario chino Wang Jianlin compró el 20% del club, a través de su grupo inversor, Wanda.

El chino, de 60 años, es un magnate del sector inmobiliario que siempre ha tenido al fútbol como pasión, por lo que vio en los "colchoneros" la oportunidad perfecta para integrarse al fenómeno cada vez más común de los inversionistas extranjeros que se apoderan de los grandes clubes de Europa.

Roman, el pionero


La dinámica tiene como fecha de comienzo junio del 2003, cuando un multimillonario ruso llamado Roman Abramovich compró el Chelsea de Londres.

Uno de los hombres más poderos de Europa, Abramovich formó parte del antiguo Ejército soviético y comenzó con las inversiones en bienes raíces, pero la gran fuente de sus ingresos viene de los negocios petroleros; con una fortuna personal estimada en US$ 9,5 billones, está en el lugar 50 de los más ricos del mundo.

Capital que se hizo evidente desde el comienzo en el Chelsea, que gracias a sus amplios bolsillos se convirtió en animador del fútbol inglés con un gasto de 1.500 millones de dólares en las últimas once temporadas.

Y la inversión rindió frutos: desde el 2003, los "Bleus" han ganado tres títulos de la Premier League y llegaron dos veces a la final de la Champions, ganando la definición del 2012.

Inglaterra, mercado abierto


El exitoso ejemplo de Abramovich abrió el apetito de otros magnates, sobre todo en Inglaterra.

Si el Chelsea pasó de comparsa a protagonista, la transformación del Manchester City fue aún más dramática.

La razón se llama Mansour Bin Sayed (44), primer ministro de los Emiratos Arabes Unidos, quien se convirtió en el dueño de los "Ciudadanos" en septiembre de 2008. Desde entonces, su inversión ha sido superior a los mil millones de dólares en fichajes, que le ha permitido ganar, por ejemplo, dos veces la liga inglesa y, tal vez más importante, ganar relevancia en su ciudad, eternamente dominada por el United.

Los "Diablos Rojos" también han tenido su inyección de capital extranjero, aunque en su caso se trata de una familia, los Glazer, de Estados Unidos.

El patriarca, Malcolm, comenzó en 2003 una paulatina compra de acciones hasta que dos años después dio el gran salto y se apoderó del 90% del equipo, porcentaje que dividió en partes iguales entre sus seis hijos.

Casi desde el comienzo las grandes decisiones quedaron en manos de dos de ellos -Joel y Avram- y cuando el padre murió en mayo del año pasado aumentó la participación de los que se habían mantenido más alejados, Kevin, Edward y Darcie, tildados por no saber mucho de 'soccer' y jamás haber visto en vivo un partido del United. Se rumoreó que venderían sus paquetes accionarios, aunque eso aún no se concreta.

La presencia de los Glazer ha sido resistida desde el comienzo por los hinchas, que han intentado infructuosamente recuperar el control del equipo. El descontento ha sido tal que incluso ha habido manifestaciones masivas a las afueras del Estadio Old Trafford y se les critica que bajo su mandato el club está arrojando pérdidas por primera vez en su historia.

Si en el United el tema es familiar, la situación del Arsenal no puede ser más diferente.

El equipo de Alexis Sánchez tiene desde el 2007 a dos grandes accionistas, el norteamericano Stan Kroenke (dueño del 66%) y el uzbeko Alisher Usmanov (30%). Ambos por sobre los 60 años, han rivalizado desde el principio y se dice que no hablan hace años, por lo cual los medios británicos suelen hablar de la situación como una verdadera "guerra civil", en constante pugna por aumentar su participación y con permanentes desencuentros sobre cómo encaminar al equipo.

Los jóvenes magnates


Una liga que ha sido reticente a la inversión extranjera es la de Italia, pero eso comenzó a cambiar con el indonesio Erick Thohir, quien pese a tener recién 41 años es propietario de gran parte de los medios de comunicación de su país.

Conocedor de los mercados, vio una oportunidad cuando en septiembre del 2013 se supo que Massimo Moratti, el histórico presidente del Inter de Milán, estaba listo para vender la mayoría de su presencia accionaria. Así, Thohir adquirió el 70% del club por 450 millones de dólares.

Su arribo en Italia aún no se ha traducido en inversiones rutilantes como las de sus pares, pero el pobre rendimiento del equipo de Gary Medel tiene esperanzados a los hinchas "neroazurri" de que se convenza de meter la mano en el bolsillo.

Otro mozalbete es el qatarí Nasser Al-Khelaifi (41), quien en 2011 compró el 70% del París Saint-Germain de Francia.

Otrora jugador de tenis, en su breve administración logró que el PSG se convirtiera en el mejor equipo del país y uno de los más potentes de Europa, gracias a pases millonarios que incluso lo han puesto en conflicto con el 'Fair Play Financiero' que la UEFA quiere imponer, con un límite de 60 millones de euros en fichajes.

El bolsillo de Khelaifi es tan amplio que declaró que eso no le preocupaba y que pagaría todas las multas necesarias con tal de seguir reforzando su equipo.

Los casos fallidos


El ruso Dmitry Rybolovlev fue bautizado como "el nuevo Abramovich" cuando compró hace tres años el 66% de las acciones del Mónaco de Francia.

Cardiólogo de 48 años, se ha caracterizado por las inversiones no tradicionales; partió con una empresa que ofrecía tratamientos médicos alternativos y hoy es dueño de Uralkali, compañía que produce y exporta potasio.

Para controlar el equipo, tuvo que negociar directamente con el Principado, al que "convenció" con un acuerdo de inversión de 200 millones de dólares durante cuatro años, y la relación partió muy bien, contratando a figuras como los colombianos Radamel Falcao y James Rodríguez.

Sin embargo, por ahora el proyecto está en pausa. Los problemas económicos obligaron a vender a ambos para hacer caja y Rybolovlev dejó de invertir tanto. Cuentan los rumores, la razón son los 4.500 millones de dólares que le tuvo que pagar en mayo pasado a su ex esposa Elena, en el que se considera el divorcio más caro de la historia.

Otro caso que partió muy bien fue el del Málaga, que en 2011 fue adquirido por el jeque Abdullah Al-Thani.

Miembro de la familia real de Qatar, prometió hacer del modesto club español el próximo gran poder en Europa, objetivo para el cual gastó 150 millones de dólares en refuerzos y un técnico de primera línea como Manuel Pellegrini.

Pero el "Ingeniero" apenas duró dos años cuando detectó que el flujo de capital comenzó a detenerse, el equipo se despotenció y las promesas de grandeza quedaban en nada.

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