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Sub 20: la historia no oficial de los 11 titulares en Turquía

El domingo, de cara al Mediterráneo y en el exclusivo balneario turco de Antalya, la Selección Chilena Sub 20 inicia su participación en el Mundial de la categoría. La Rojita la integran jóvenes con historias de vida muy disímiles. Algunos en el seno de familias tradicionales, otros que día a día han debido sortear grandes obstáculos desde muy niños. Los seleccionados dirigidos por Mario Salas no descartan ser campeones. Sueñan con superar el tercer lugar logrado por la Roja de José Sulantay, el 2007 en Canadá. Hay consagrados como Angelo Henríquez en la Premier League, y que está en duda para debutar por un cuadro febril, y los que ven este torneo como la oportunidad para llegar al fútbol europeo.

por:  La Segunda
viernes, 21 de junio de 2013

El duro camino al exito de Bryan Rabello

Bryan Martín Rabello Mella esuna de las principales estrellas de la Sub 20. Claro que sus inicios no fueron fáciles: creció en un entorno familiar complejo y tuvo una infancia de sacrificios en la Población Claudio Arrau de Rancagua. Incluso su carrera estuvo a punto de verse truncada por falta de dinero.

Las "pichangas" en la cancha de cemento de su barrio le permitieron escapar del fantasma de la delincuencia. Desde chico sorprendió por su talento, a tal punto que a cuando apenas tenía 10 años le pagaban 3.000 pesos para ir a jugar contra adultos al campamento de El Teniente.

También brillaba en la Escuela El Cobre D30, de la Población Manso de Velasco. Estuvo tres años en la selección que usaba una cancha de tierra que debía ser limpiada cada mañana por los mismos jugadores para sacar los restos de vidrio de botella que quedaban de la noche.

Tan bueno era que un vecino lo llevó a la escuela oficial de Colo Colo, en el complejo Patricio Mekis de Rancagua. Rápidamente se hizo conocido y el cuadro albo le propuso que entrenara en Santiago.

El problema era que no tenía plata para viajar. Con la ayuda de la abuela de Míchel Ramírez, compañero de las divisiones inferiores, pudo salir adelante. La señora Georgina Reyes los iba a buscar todos los días al colegio, les daba almuerzo, los llevaba en bus al Monumental, donde debían estar a las cuatro de la tarde, y a las 10 de la noche volvían a Rancagua.

Tiempo después, cuando tenía 13 años, Bryan y la señora Georgina se trasladaron a Santiago a una casa que les entregó Colo Colo, y el presidente de Blanco & Negro, Gabriel Ruiz-Tagle, lo apadrinó. Así comenzó un ascenso constante, que hoy lo tiene en el Sevilla de España y jugando un mundial.

El "Zlatan" chileno que fue barrista de la UC

De niño, Nicolás Castillo tenía dos sueños: jugar en Universidad Católica y en Europa. El primero ya lo cumplió, el segundo está cerca -el Udinese de Italia lo quiere a toda costa-, y de yapa, llega al Mundial de Turquía como estrella y máximo artillero de la Roja.

El talento goleador lo heredó de su padre, Humberto, durante años figura del club Lourdes de Renca. Ahí el pequeño Nicolás dio sus primeros pasos como futbolista, entre los 4 y 7 años.

Ya a esa edad era fanático: No se perdía ningún partido por televisión, y tenía como máximo ídolo Zlatan Ibrahimovic. Por eso, y por su parecido físico con el sueco, sus amigos en la población Huamachuco 1 lo apodaron "El Zlatan".

Además de su padre, quien jugó un importante papel en su carrera fue su abuelo materno, Omar Mora. El le traspasó su cariño por U. Católica cuando lo llevó por primera vez al estadio, y él también lo acompañó a probarse a las divisiones inferiores del cuadro estudiantil, a los 11 años, luego de un frustrado intento en Colo Colo.

Don Omar, sin embargo, nunca pudo ver jugar a su nieto con la camiseta cruzada, ya que murió poco después de que lo aceptaron. En su honor, el delantero celebra los goles apuntando con los dedos índices al cielo.

Paralelamente, su fanatismo por la UC iba en aumento. Su hermano mayor, Diego, lo acercó al mundo de las barras, y hasta hace poco tiempo era miembro activo de una de las principales facciones de la hinchada cruzada, los Rencatólica.

En las divisiones inferiores de la UC rápidamente se dieron cuenta de que tenían un "diamante en bruto", que necesitaba ser pulido. De personalidad rebelde, estuvo constantemente con sicólogos y profesores para que pudiera controlar su carácter. Incluso se fue a vivir a San Carlos de Apoquindo, donde se hospedan los juveniles de provincias, para que no tuviera que viajar tanto. Si bien al principio no logró adaptarse y abandonó las instalaciones, tiempo después él mismo pidió regresar.

Ya más maduro, en todas las divisiones inferiores fue figura, consagrándose goleador y campeón en la Sub 11 y Sub 15.

A los 17 años firmó su primer contrato y hoy, con 20, ya ha defendido a la Roja adulta y, en el Mundial de Turquía, puede dar el gran paso que lo catapulte al fútbol europeo.

Angelo Henríquez deslumbró desde niño

El mítico ex entrenador del Manchester United, Alex Ferguson, tenía como política "rastrear" el planeta buscando talentos.

Y en Chile encontró a uno que lo deslumbró de inmediato: un joven delantero de 15 años llamado Angelo José Henríquez Iturra. Por eso, de inmediato firmaron con la U un precontrato por 4 millones de euros que les daba el derecho para, cuando consideraran que estaba suficientemente maduro, llevárselo a Inglaterra.

Una madurez que explotó como pocas veces se ha visto en la historia del fútbol chileno. Cuando los azules perdieron a Gustavo Canales a comienzos de 2012 y se encontraron de pronto sin un delantero centro, Jorge Sampaoli no dudó en utilizar a esa joyita escondida en las cadetes y que durante tres temporadas viajaba 3 veces al año a Manchester para impregnarse de a poco del "espíritu" de la institución.

De hecho, hasta la partida de Canales, y viendo que sus opciones de jugar en el primer equipo eran reducidas, la opción de partir a préstamo era más que cierta.

Pero nada, porque en menos de seis meses, Henríquez se ganó a punta de goles (incluyendo uno en su estreno en la Copa Libertadores del año pasado) el rótulo de heredero de Zamorano y Salas y no le dejó al United más alternativa que ejercer la cláusula, tal vez antes de lo que pensaban.

"Cuando llegué a la U, a los 12 años, les decía a mis compañeros de serie que me encantaría jugar en el Manchester, en el estadio de Old Trafford, el 'Teatro de los Sueños', al lado de Ruud Van Nistelrooy o de Wayne Rooney", dijo alguna vez; en el playstation , su equipo siempre eran los "Diablos Rojos".

Nada mal para un muchacho que sólo dos años antes de ir a probarse al "Caracol Azul" -cuando César, su hermano mayor, jugaba en el primer equipo de la U- tenía pensado ser tenista profesional. De hecho, en el Club de Tenis de La Reina se frotaban las manos cuando lo veían jugar, seguros de que tenían al sucesor de su alumno más ilustre, Fernando González. "Iba a ser profesional, pero me aburrí, el tenis era muy individual, aunque el tenis me ayudó en el cambio de ritmo y en la viveza", reconoció hace unos años.

Una historia de éxito prematuro que también ha significado una pequeña revancha para su padre, Alfredo. También futbolista, jugó en la U a fines de los 70 y terminó su carrera en Trasandino de Los Andes luego que no le pagaran el sueldo. Consiguió un empleo como administrativo de un banco, y recorrió el mundo como parte de la Selección Chilena bancaria, un giro del destino que le permitió darles a sus cuatro hijos las comodidades que él nunca tuvo.

Sebastián Martínez de "hermano de" a figura con nombre propio

Cuando Sebastián Ignacio Martínez Muñoz debutó con la camiseta de la U en octubre de 2011, a los 18 años, ya era uno de los proyectos azules más interesantes, y hermano menor de Christian -el "Chino"- quien jugó siete temporadas en el cuadro universitario.

De hecho, el actual volante de Audax Italiano fue su primer espejo para decidir dedicarse al fútbol profesionalmente; se inscribió cuando niño en la misma escuela de fútbol en Maipú y siempre lo acompañaba, hasta que a los 12 años decidió probarse en el antiguo "Caracol Azul"... Al principio no quedó, pero no claudicó y al año siguiente lo intentó nuevamente, ahora sí con éxito.

Fue quemando etapas en las inferiores de la U hasta el ansiado debut, un sábado contra Palestino en el Estadio Nacional. No fue un estreno "completo", ya que soñaba con marcar un gol, pero claramente lo suyo era otra cosa: trabajo y lucha en el mediocampo, aunque con mucho talento.

Fueron esas características las que le fueron dando cada vez más oportunidades en el primer equipo, y nunca tantas como con Jorge Sampaoli como entrenador, quien vio en él al reflejo del jugador moderno, capaz de quitar tantas pelotas como de repartírselas a sus compañeros, y con la habilidad para rendir en varias posiciones; el mismo reconoce que "me falta jugar de arquero nomás".

A punta de actuaciones, poco a poco se ganó un nombre propio y hoy no es un despropósito afirmar que ya es más famoso que su hermano, número puesto en la U y pilar indispensable de la Sub 20. "No me gusta que me digan 'Chinito' porque siento que me tratan como el espejo de él. Prefiero que me llamen Seba", afirmó en su momento.

Amante de los videojuegos y el reggae, es un líder introvertido, de pocos amigos, pero que sobre todo respira fútbol e incluso a sus 20 años ya se visualiza como técnico tras el retiro, ojalá colgando los botines en el Santiago Bueras de Maipú que lo vio crecer. Y ojalá jugando alguna vez con Christian, "el hermano mayor de Sebastián Martínez".

Igor Lichnovsky, el capitán al que comparan con su ídolo

Cuando Igor Lichnovsky Osorio llegó a probarse en la U a los 10 años, era para ser delantero. Pero los profesores azules vieron en su llamativo desarrollo físico las armas para formar al defensa central del futuro y el tiempo parece que les dio la razón.

Titular en todas las series menores azules, es pieza fija en las selecciones nacionales hace años -participó en el Sudamericano Sub 15 de Bolivia el 2009 y en el Sub 17 de Ecuador en 2011- hasta terminar con la jineta de capitán de esta Sub 20 mundialera.

Oriundo de Peñaflor -una localidad profundamente arraigada en la historia reciente azul-, tuvo que soportar las críticas iniciales que decían que un hombre de su estatura (mide 1.87 metro) no podía ser bueno con el balón en los pies, pero con trabajo y sacrificio logró pulir su juego aprovechando al máximo, por ejemplo, el que Jorge Sampaoli lo incluyó desde que llegó en sus equipos 'sparring'. "Una experiencia maravillosa", según propia confesión.

Esa experiencia lo tenía preparado para su gran debut, a los 17 años y nada menos que en un "Clásico Universitario" ante la Católica donde deslumbró a los que no lo conocían, pero que no hizo más que confirmar lo que ya venía anunciando.

Si es por cumplir sueños, Igor desde pequeño expresó su admiración por el defensa español del Barcelona Gerard Piqué, y hace unos meses el prestigioso diario de Marca le dedicó una nota... titulada "El Piqué Chileno".

"El Polaco" para sus amigos, ya suena en varios equipos de Europa, como del Chelsea de Inglaterra que hace años le sigue la pista, pero que se deberá apurar porque ya hay varios más en línea, en una lista que de seguro crecerá tras el Mundial.

Andrés Robles, "Choro" como el padre

Es lo que se llama un hijo de tigre. O en este caso, de "Choro. Héctor Robles fue un destacado defensa, defendió la Selección Chilena, y llevó la jineta de capitán cuando Wanderers se tituló campeón por última vez, en 2001.

Andrés, uno de los cuatro hijos del "Choro", tenía siete años y era la mascota de ese elenco. Hoy, con 19, ya es titular en el conjunto porteño, también juega de defensa, y es una de las piezas fijas en la Roja Sub 20 que disputará el Mundial de Turquía.

"Chuky", como lo apodaron por su carácter inquieto, siempre quiso seguir los pasos de su padre, y desde chico mostró tantas o más condiciones. A los 10 años ingresó a la filial wanderina de los hermanos Cabrera, en Quinta Normal, y con 15 recién cumplido debutó en el primer equipo.

Fue en mayo de 2009, en un partido ante Naval por el torneo de Primera B. El técnico Jorge Aravena lo citó sorpresivamente, y lo envió a la cancha a tres minutos del final.

Lo singular del caso es que integró el plantel junto a algunos de sus ídolos de infancia, como Moisés Villarroel y Héctor Barra, amigos de su padre y a los que les decía "tíos". Ellos lo molestaban y le hacían broma diciéndole que no dejarían que en la cancha los llamara por su nombre. A fin de cuentas, lo doblaban en edad...

Paralelamente estudiaba en el Kingstown School de Reñaca. Su madre, Marcela, le exigía sacarse buenas notas, y él logró compatibilizar el fútbol con el colegio.

En la Roja integró prácticamente todas las divisiones inferiores -fue capitán de la sub 17 en el Sudamericano de 201-, y en el cuadro porteño siempre jugó en categorías mayores a las que le correspondía por edad.

El gran salto lo iba a dar a comienzos de 2012, cuando entrenó durante una semana con Villarreal B de España a la espera de un futuro fichaje. Sin embargo, en abril sufrió una rotura de ligamentos cruzados de la rodilla derecha, y se perdió el resto de la temporada.

Al Sudamericano Sub 20 de Mendoza, en enero de este año, llegó sin haber jugado prácticamente nada, pero igual el técnico Mario Salas le dio la confianza y lo mantuvo en el plantel.

Nicolás Maturana, un triunfo a la vida

Antes de que se hiciera un nombre en la U, Mario Salas sorprendió a varios al nominar para el Sudamericano de Mendoza a Nicolás Maturana. Lo conocía de su paso por Barnechea, pero los encontrones entre ambos fueron visibles, y sin embargo confió en él.

Pero sin duda esa no fue la mayor batalla que el "Nico" dio en su vida... ni de cerca.

Maturana se supo sobreponer a una infancia compleja, que incluso le significó pasar tiempo internado en el Centro de Aldeas Mis Amigos de Peñaflor, que entrega ayuda al Servicio Nacional de Menores (Sename) luego de que su madre -obligada a actuar como ambos padres- no pudo seguir manteniéndolo a él ni a sus otros cuatro hermanos.

Ahí recibió cariño y dedicación, pero no fue todo, ya que el destino quiso que uno de los encargados de las divisiones inferiores de la U, el ex jugador Cristián Mora, fuera padrino de dicho centro y aceptara el consejo del director del hogar, Luis Ortúzar, para darle un vistazo a un pequeño muchacho de Lampa con enormes condiciones futbolísticas, y que de inmediato deslumbró no sólo a él sino a todos los veedores azules. Según cuentan, en la primera pelota que tocó, eludió a cinco rivales.

De inmediato lo ingresaron a la "Casa del Jugador" de la U para brindarle un apoyo multidisciplinario y una mejor alimentación, porque presentaba algunos signos de desnutrición y exhibía menor masa muscular y potencia física que sus compañeros de generación; ya al mes había subido tres kilos.

Todos sus profesores le tomaron un cariño especial por su particular historia pero, obviamente, sólo con buenas intenciones no se habría ganado un puesto ni en el equipo profesional ni en la Rojita mundialista.

"Me siento un ejemplo de vida", reconoció Maturana durante el torneo clasificatorio en Argentina.

Siempre consciente de sus raíces y en especial de todos los sacrificios y esfuerzos que han hecho, tanto él como todos aquellos que lo apoyaron, el zurdo suele visitar el Centro de Peñaflor para contar su experiencia a los pequeños que hoy residen ahí y que, tal como él lo hiciera en su momento, sueñan con algún día dar el gran salto en la vida.

"Hay que demostrarles que no todo está perdido en la vida cuando te va mal, que siempre existe una esperanza de surgir, una ilusión y es bonito compartir esa experiencia con ellos", apunta.

Felipe Campos, talento, madurez y máxima concentración

El lateral de la Rojita llegó a los 15 años a probarse a Palestino proveniente de la comuna de Renca y no tuvo problemas para quedar inscrito en su serie.

Desde un principio, el "Murci", como lo llaman en La Cisterna, cautivó a los entrenadores no sólo por su gran potencia y habilidad en la cancha, sino por su personalidad.

"Es un muchacho muy maduro y profesional para la edad que tiene. De una personalidad envidiable, dócil, atento con sus compañeros, cooperador, aplicado y concentrado en el trabajo", señaló Jaime Escobar, su entrenador en la Sub 19 campeona de Palestino el año pasado, equipo que también integraron Darío Melo y Alejandro Contreras.

Respecto de su estilo de juego, Escobar contó que "es de un esfuerzo tremendo, le pega muy bien al balón y tiene un gran juego aéreo y es fiero en la marca. Por lo mismo es que avanzó sin problemas en sus divisiones y lo subimos al plantel de honor, tiene mucha proyección".

Su sueño es llegar a consagrarse en un equipo grande y jugar en el exterior.

Una de las experiencias que atesora es haber viajado a Palestina a jugar con un combinado armado por el entonces técnico del primer equipo Gustavo Benítez

Su madurez se ve reflejada en su visión de lo que ha logrado a su corta edad y lo que significa vestir la camiseta de Chile: "Soy una persona joven. Mi sueño era jugar en un equipo profesional y ya lo estoy haciendo. Otra de mis metas era llegar a la Selección y también lo estoy cumpliendo y la verdad es que lo que sentí cuando me puse la camiseta de Chile por primera vez sólo lo puedo resumir en una palabra: impagable".

Dario Melo, el "fan" de Claudio Bravo

El portero de la Sub 20 se inició en Barrabases.

Lógicamente no en el club de "Pirulete" o "Sam", sino en la señera academia amateur de fútbol nacional que ha sido cuna de varios connotados futbolistas chilenos. Ahí fueron sus primeros pasos en fútbol después de jugar por su barrio en la Quinta Normal en el club "Cambiare".

Tras enterarse por un aviso en el diario de que en Palestino estaban realizando pruebas de jugadores, el pequeño Darío, de 11 años, tomó sus cosas y junto a diez amigos se presentaron en dicho examen. De ese grupo quedaron él y un delantero.

Pese a ser hincha de Colo Colo en esos tiempos, con los años se transformó en seguidor de la tricolor de Palestino, club que ahora lo ve como una de sus principales cartas de exportación.

Sus padres son futboleros y su papá, del mismo nombre, no quería que fuera arquero, por considerar que es la más ingrata de las posiciones. De hecho, lo instaba para que fuera atacante. Su madre, Carmen, era admiradora del portero francés Fabian Barthez, así que el ahora portero de la Sub 20 creció viendo al arquero de la selección gala, luego admiró al meta de Italia, Gianluigi Buffon y de Chile tiene en lo más alto a Claudio Bravo.

Su peor momento lo vivió en la gira de preparación para el Sudamericano cuando fue acusado de robo en un confuso incidente en un aeropuerto de Inglaterra. El hecho provocó que Fernando Carvallo, el técnico de la Sub 20 en ese momento, lo marginara del plantel y devuelto a Chile.

Fue tratado con sicólogos de su equipo y según quienes lo conocen cuentan que "fue un duro golpe que le ha ayudado a madurar".

Las mismas fuentes cuentan que tiene una personalidad extrovertida, y un carácter muy fuerte. "Se impone en el camarín, hay que andar frenándolo, pero generalmente es un motivador".

Cristian Cuevas: El "viejo chico" del Chelsea

-¿Y "eso" es nuestro mejor jugador?, preguntó entre alarmado y sorprendido Ricardo Abumohor, al ver la fotografía de un joven de 15 años que apenas pasaba el 1,60 metro y de físico esmirriado...

Así lo recuerda hoy el argentino Fernando Vergara, jefe técnico del Fútbol Joven de O'Higgins de Rancagua, el día que expuso ante el directorio del club quiénes eran los mejores proyectos futuros en el trabajo que venían desarrollando en las series cadetes.

Apenas pasaron tres años y Cristián Cuevas, terminado el Sudamericano Sub 20 de Mendoza -y con el cual la Rojita clasificó al Mundial de Turquía-, fue adquirido por el Chelsea de Inglaterra al ser considerado como uno de los mejores jugadores del torneo. Los "blues", que dirige nada menos que José Mourinho, posaron sus ojos en este volante por la izquierda que llegó a los 6 años al club.

Cuevas es un rancagüino que viene de una familia futbolizada que vive a 4 cuadras de "La Gamboína", complejo deportivo de O'Higgins. Su padre Miguel es mecánico de una de las empresas que transporta mineros a El Teniente y su madre, "Rosita", auxiliar de párvulos y una de las figuras emblemáticas de la barra de O'Higgins.

"Simbi" es el apodo de este jugador (por "Simba" de la película el Rey León), que por sus grandes recursos técnicos siempre jugaba en series superiores a su edad. "Podría jugar un nuevo Mundial Sub 20 porque es del 95", dice Vergara. Quienes lo formaron en O'Higgins, Fred Gayoso, Italo Pinochet, Manuel Cáceres, Víctor Fuentes, Gastón Retamal y el argentino Cristián Arán, coinciden en describirlo como un "viejo chico". "Fue extraordinario desde niño, jugaba en todos los puestos, volante y lateral por la izquierda, volante central, stopper. Sin tener un gran físico lo suplía con sus recursos técnicos".

Vergara piensa que en su formación ayudó que viene de una familia bien constituida, "que respiran fútbol" y que lo obligaron a terminar sus estudios. Dos de sus hermanos mayores jugaron también en las inferiores y uno estuvo en la Tercera División en el General Velásquez y Deportes Colchagua. A Cuevas lo describe con un carácter "gracioso, sociable, bueno para la talla, alegre y extravertido". Dice que cuando este verano lo contrató el Chelsea, "todos los que participamos en su formación nos sentimos campeones... Fue lo mismo que si hubiésemos ganado la Champions League".

César Fuentes: El "Mateo" de La Roja

Promedio de notas sobre 6 tuvo siempre César Fuentes hasta que egresó de la Enseñanza Media, quien es el volante central de la Sub 20 que vive con sus padres y hermanas en la Villa Salustro -una de las más tradicionales de Rancagua-, y que llegó a O'Higgins a los 11 años.

Al igual que en el colegio, en cadetes siempre destacó por ser respetuoso y disciplinado en cada una de las series por las que pasó. Los técnicos lo recuerdan como un jugador que seguía las instrucciones al pie de la letra y que tenía las "antenas paradas para mejorar su juego", cuenta Fernando Vergara, jefe técnico del Fútbol Joven de la Celeste. "Esos jugadores son muy valiosos porque la formación que realizas con ellos es muy completa, por la actitud que tienen para el aprendizaje del fútbol", agrega.

Rancagüino de tomo y lomo, su padre, Manuel, es empleado de Codelco en El Teniente y su madre, Rosa, dueña de casa. Como tiene sólo hermanas influyó para que ellos decidieran apoyarlo desde niño en actividades deportivas para que se vinculara con jóvenes de su edad.

"Siempre jugó de volante central, él hace un trabajo que no es tan vistoso, que lo aprecian más los técnicos que los hinchas, y que para el equipo es tremendamente útil. Está siempre en los relevos y cubre a los otros volantes", agrega Vergara.

Desde niño César Fuentes se distinguió por ser un muy buen alumno. Era habitual enterarse en O'Higgins de que en su colegio era premiado a fin de año como uno de los mejores alumnos. "Aquí era igual, aplicado, responsable aunque más bien reservado, no tan extravertido como Cristián Cuevas".

Curioso, pero nunca tuvo apodos, cosa habitual entre los futbolistas jóvenes. "Puede ser que siempre fue visto como muy maduro para su edad", dice.

Fernando Vergara piensa que un factor importante para su crecimiento como jugador fue que "tiene una familia estable, que si bien no es futbolizada, se preocupó de que tuviese una buena educación además de jugar al fútbol, lo que a él le ha dado una muy buena base para seguir creciendo".

 

 

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