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El cine chileno de los 60: "Nos sorprendió el desprecio hacia la cultura popular"

Verónica Cortínez y Manfred Engelbert realizaron la más exhaustiva investigación sobre la década. 12 años de estudio y nuevas verdades.  

por:  Constanza León, La Segunda
viernes, 24 de octubre de 2014

Una conversación sin fin es la que se podría tener con Verónica Cortínez y Manfred Engelbert, autores de "Evolución en Libertad: El cine chileno de fines de los sesenta" (Editorial Cuarto Propio). Es el fruto de 12 años de investigación de la producción de la década y su contexto histórico.

Sus casi mil páginas -de un rigor metodológico exhaustivo- abordan, principalmente, los tres años más prolíficos (de 1967 a 1969) y ocho películas clave, que mañana presentan en la Feria del Libro (ver recuadro).

"Teníamos un proyecto para trabajar desde los 60 hasta el 2000, asumiendo que las películas estaban más o menos estudiadas. Pero vimos no sólo errores, sino que todo estaba muy mal estudiado. Encontramos prejuicios críticos con los que nos habían contado la historia del cine chileno", cuenta Verónica.

Se reduce a los 4 grandes mitos: Raúl Ruiz, Miguel Littin, Helvio Soto, Aldo Francia "y el resto no existía".

Así, no sólo repasan "Tres tristes tigres" (1968), "El chacal de Nahueltoro" (1969), "Caliche sangriento" (1969) y "Valparaíso mi amor" (1969), sino también "Largo Viaje" (Patricio Kaulen, 1967), "Morir un poco" (Alvaro Covacevich, 1967), y las dos películas más despreciadas de la era: "Tierra quemada" (Alejo Alvarez, 1968) y "Ayúdeme Ud. compadre" (Germán Becker, 1968). Ambas vienen en DVD adjuntas a los libros.

A partir de 1967 se nota el impacto de los decretos para fomentar el cine impulsados por el gobierno de Frei. "Privilegiamos las películas de mayor éxito con el público y/o con la crítica (éxito de público y pésimas críticas: "Ayúdeme Ud. compadre"; fracaso de público y excelentes críticas: "Tres tristes tigres"). La segunda mitad de los 60 demuestra una enorme amplitud de fuerzas creadoras por diestra y siniestra", añade la escritora.

"El resultado es cada vez más una pesquisa. Trata de evaluar algún tesoro cultural que no se había apreciado lo suficiente", dice Manfred.

"Resulta una síntesis interesante no sólo de cine, sino también de teatro, novela, la música popular y la de élite".

No dejaron detalle al azar.

- Cito: "Toda película es una creación singular y producto de un proceso cultural complejo". Probablemente, eso resulta clave en la obra.

Verónica: -Comenzamos a hacer un análisis de cine, sabiendo que íbamos a abordar el contexto, pero no al nivel que lo hicimos. Llegamos hasta los 30, porque nos vimos obligados a reconstruir la historia. En el tomo II, incorporamos un cancionero con todas y cada una de las canciones de las películas chilenas.

Manfred: -Nos dimos cuenta de lo poco que se habían estudiado los 60. La historia de Chile parece que había comenzado con los 70, Golpe, dictadura, y ya. Y nos encontramos con mucho prejuicio. Ante una época enormemente rica que demuestra que en Chile se había construido durante décadas una cultura popular y erudita.

"Los partidos no dividían las aguas"

Verónica y Manfred se ríen a carcajadas, se complementan las frases, se interrumpen y se enfrascan en discusiones ideológicas por largos minutos.

Cuentan que los cineastas de la época "continúan en realidad la labor de extensión cultural iniciada a fines de los 30 con una chilenización al segundo grado, creando nuevos géneros, como el western o el musical".

Becker baila una cueca en "Ayúdame Ud. compadre", junto a su mujer. De fondo suena Violeta Parra. "El valor de Violeta no se reivindica sólo para la Izquierda, ni para la Derecha. Era un Chile matizado", sostiene Manfred.

-De muchas transformaciones.

-Exactamente. Y el corte dramático viene el 73. Ahora que la gente ve que estamos revalorando a Becker, no saben que es pinochetista. Pero estamos hablando de los 60, cuando Becker contrataba a Littin. Situación que quizás nunca hubiera pasado después del Golpe. En los 60 los partidos políticos no dividían las aguas.

-Entonces, era un cine politizado, pero no partidista.

M.: -Exactamente. "El Chacal", mi película favorita, no es una propaganda de la UP. Es un caso histórico, por el momento en el que se filma, de 1960. Eso lo comprendimos bastante tarde. El Presidente Alessandri le negó el indulto al asesino y causa escándalo; se usa políticamente, pero la problemática es sociopolítica, es la pobreza.

V.: -Al comienzo de ese capítulo nos preguntamos en qué sentido vamos a usar la palabra política. Si Becker es político es porque significa un programa político concreto. Por lo mismo que no está vigente ahora, porque ese programa dejó de estar vigente incluso en el período de Frei.

M.: -Nos sorprendió el desprecio hacia la cultura popular, hasta el día de hoy. María de la Luz Marmentini, directora de Ecran, dijo que el desprecio al cine ilustra una actitud común a la Derecha política: "No sabían que el cine pudiera influenciar a la opinión pública. ¡Cómo, si la tele y las películas eran para entretenerse!".

-¿La cultura era propiedad de la Izquierda?

M.: -Y la Izquierda también hizo proselitismo. Era una Izquierda enormemente diferenciada. El Golpe falsificó por todos lados esa riqueza creadora de los 60. Había un matiz de los intelectuales de izquierda de desprecio a las expresiones populares. En El Siglo criticaban a Becker, al mismo tiempo que exaltaban el folclor búlgaro que llegaba a Chile. ¿Por qué si teníamos una riqueza folclórica local? Venga de Becker o de Los Quincheros.

-La Izquierda no aprovechó la gran oportunidad que tenía para hacer un musical político con la música de Violeta Parra, los otros Parra o Quilapayún.

-¿Cuál era la razón de ese desprecio?

M.: -Política pura. Más bien impura.

V.: -También una arrogancia elitista. Héctor Soto, por ejemplo, era más político que todos los políticos juntos.

M.: -Hay un desprecio en los supuestamente educados. Eso no se justifica.

"El mito derribado es que Becker es un tonto"

"Ayúdeme Ud. compadre" fue la película más exitosa del cine chileno, hasta "El chacotero sentimental" (1999), de Cristián Galaz. Sin embargo, recibió calificativos como "un bodrio elefantástico" (Carlos Ossa, de El Siglo), "una ensalada subcinematográfica" (Las Noticias de Ultima Hora), "una repelente, abyecta y execrable nulidad" (Joaquín Olalla). El periodista de Izquierda Eugenio Lira Massi escribe: "Becker hizo una gran película. Una película alegre que nos tiene que dejar a todos felices y orgullosos".

"La factura de las películas no excluye poder disfrutar de ellas más allá de las fronteras políticas que no son TAN rígidas durante este momento histórico. Otro ejemplo revelador, del que lamentablemente nos enteramos después de la impresión del libro, es que Becker contrató a Littin para que filmara la Galería de los Presidentes de La Moneda", añade Cortínez.

El verdadero rescate de Becker lo hace la dupla. "Es peor el caso de Alvarez, que es quien de verdad desaparece. Becker no desaparece. Ruiz, que lo mencionó siempre en su obra, me lo confesó. Yo le dije: «Tú nunca te olvidaste de Becker, porque él logró hacer lo que tú no pudiste»".

Manfred concluye: "La historia del cine fue injusta con él". La madre de Véronica, bailarina de ballet, le dijo una vez que todo lo que ella hacía venía de Becker. "Patricio Guzmán nos dijo exactamente lo mismo: «Becker nos enseñó a pensar en grande»".

En las imágenes aparecen desde "los problemas sociopolíticos" hasta estrellas como Don Francisco, Pedro Messone y Sergio Livingstone. "Uno ve la carga política que trae, pero ni Becker está consciente de eso. El quiso hacer la mejor imagen de Chile. La foto más bonita", explica Engelbert.

Y aunque nunca menciona a Frei en la cinta, se filtran la electrificación de los trenes al sur, la nacionalización del cobre, la construcción de los hospitales, el papel de la mujer, etc. Un Chile más lindo "y democratacristiano". En las fotos está Eduardo Frei con el hijo de Becker, su ahijado.

-¿No es más valioso que se haga de esta manera, medio inconsciente, en vez de esa propuesta discursiva que resulta forzosa en ciertas películas nacionales?

V.: -¡Por supuesto! Por eso a Becker le resultó.

M.: -Hay una inocencia en la película, y en él también, que a mí me lo hace soportable.

V.: -El mensaje es que los chilenos somos felices.

-Con una carta destapan una poco conocida amistad entre Ruiz y Littin. ¿Qué otro mito derribaron?

V.: -Que en el cine chileno hay más continuidad que ruptura. Que la publicidad proveía de recursos a todos los cineastas. Helvio Soto y Alvarez hacían promociones para la Coca-Cola. Que Becker creó el Ictus.

M.: -¡Era un gran creador cultural! En contra de la imagen de propagandista. El mito derribado es que Becker es un tonto. Es un grande de la cultura chilena. Hay que tomarlo en serio como historiador.

-¿Qué añoran ustedes de esa época?

-La apertura pre Golpe (dicen casi al unísono). Pero la vamos recuperando de a poco. Eramos una sociedad distinta. Sin desaparecidos. Sin esa herida que dejó el Golpe.

M.: -Vivimos un momento feliz, con desigualdades brutales, que se ven en los documentales de Izquierda de la época. Es muy fuerte. Una gran mayoría era consciente de que Chile se estaba construyendo. Teníamos proyectos diferentes, pero esa pelea a muerte que vivimos después no existía.

-Ustedes, como Becker, hacen un rescate patrimonial que va mucho más allá de las intenciones primarias.

V.: -Efectivamente, como nos dijo Zurita después de leer el libro: "Esto es toda la época que vivimos, con las ilusiones que tuvimos y cómo se vinieron abajo. Ese es el Chile en el que crecí".

M.: -Somos rescatistas en el sentido de recuperar el hecho de que hay muchas cosas posibles si aprendemos los unos de los otros. Somos miembros de una sociedad.

-Hoy se instala el valor individual, pero se pierde un montón de posibilidades de comunicación, de actuar colectivamente. La corrección política nos prohíbe soñar y actuar con firmeza. Somos más miedosos, pero es un problema universal. De todos modos, los dos estamos muy felices de vivir hoy.

Germán Becker Ureta, gestor cultural, realizador en cine y TV, fue también director artístico del Teatro de Ensayo de la UC, dirigió 26 obras de teatro y 25 clásicos universitarios. Hoy, con 87 años, les preguntó a los autores por el concurrido lanzamiento en el Centro Cultural Palacio de La Moneda. Lo único que les dijo fue: "¿Y estaba Littin?".


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