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Los electroshocks que cambiaron a Lou Reed

Mick Wall, con más pasión que análisis intelectual, reconstruye el camino del músico que murió en 2013.  

por:  Juan Carlos Ramírez F., La Segunda
martes, 16 de septiembre de 2014
Lou Reed

Foto La Segunda

A los 17 años, Lou Reed fue enviado por sus padres a terapia electroconvulsiva. "El último grito de la moda en la América de finales de los años 50 para meter en vereda a los chicos delincuentes", nos contextualiza Mick Wall autor de 'Lou Reed: Su vida' (Alianza Editorial, 2014), biografía de tapa dura y 223 páginas que acaba de llegar a Chile.

Confundido por su atracción por los hombres, comenzó a hablar y moverse "afeminadamente", según el biógrafo. Para "curarle de su pujante homosexualidad", durante ocho semanas, le conectaron electrodos a la cabeza que le hicieron perder memoria y dejaron sus manos temblorosas para siempre.

El músico que murió el año pasado, a los 71 años -producto de un cáncer de hígado- nunca los perdonó y se fugó a Nueva York, a estudiar Literatura. Allí conoció al poeta Delmore Schwartz, "otro niño hipersensible de padres judíos", quien lo apadrina. Luego vendría Andy Warhol

"Yo no tengo una personalidad propia", aseguró. Tampoco olvidaría "la cosa que te metían por la garganta para que no te tragaras la lengua".

Wall -que ha publicado investigaciones sobre Ozzy Osbourne, Axl Rose y Led Zeppelin- intenta aproximarse a Lou Reed, reconociendo las terribles consecuencias de su hospitalización.

Su lado salvaje

El libro, con más pasión que análisis intelectual (lo que le ha generado críticas no tan elogiosas), reconstruye el camino con que Reed se convertiría en una leyenda.

Esto incluye su tormentosa primera banda, The Velvet Underground, que nunca pudo lograr el éxito; las paranoicas sesiones del disco 'Transformer' donde perdió la voz, ante el horror de David Bowie -su productor- dejando a medias 'Walk on the wild side y 'Perfect day', o la grabación del criticado disco 'Lulu' junto a Metallica ("Lo mejor que he hecho en mi vida", dice Reed).

También, claro, se relatan sus recaídas en las drogas (llegó a simular inyectarse heroína en el escenario) y su relación con Laurie Anderson, su última compañera. "Guapa, con el pelo corto y en punta, y una inteligencia demoledora, era casi el retrato robot de la compañera perfecta para alguien como Lou", escribe Wall.

Cuenta que, meses antes de fallecer, dijo en la presentación de su libro de fotografías: "Creo de verdad en el poder del rock. Del verdadero rock. No del pop-rock. Porque cuando estás triste o te pasa algo, con el rock-fuerza, con el rock verdadero, al cabo de tres minutos te sientes transformado".

 
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