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Oscar, el Tony Canarito: "Soy el menos Parra de los Parra"

El menor de los hermanos Parra, con 84 años, estrena esta semana su documental. Y confiesa a La Segunda que decidió volverse payaso porque Violeta y Nicanor no le "daban pelota". Sólo con su apodo. "Si triunfo en el mundo artístico que sea por mi mérito y no por mi apellido".  

por:  La Segunda / Juan Carlos Ramírez F.
martes, 13 de mayo de 2014

Todo comenzó con Nicanor Parra Parra

"Todo lo musical viene de mi padre", dice Oscar, explicando la extraordinaria herencia artística de su familia. Se llamaba Nicanor Parra Parra y era profesor de música en San Carlos. Se enamoró de la campesina Clarisa Sandoval Navarrete. Fruto de este matrimonio nació -en un ambiente de pobreza y sacrificio- el antipoeta Nicanor Parra (1914); la folclorista Hilda Parra (1916-1975); la célebre Violeta Parra (1917-1967); Eduardo Parra, conocido como Tío Lalo (1918-2009); Roberto Parra, creador del jazz guachaca y "La negra Ester" (1921-1995); Caupolicán o Polito (1924), fallecido antes de los dos años; Elba Parra, también llamada Yuca (1926-1981); el cantautor Lautaro Parra (1928-2013), y Óscar Parra (1930). Luego, Clarisa se casaría con el militar Miguel Segundo Ortiz, con quien tendrían a Olga y Marta.

El clan Parra continuaría preservando la tradición artística ligada tanto a las raíces como a la modernidad a través de Angel Parra (padre e hijo), Isabel Parra, Tita Parra, Colombina Parra, Barraco, y Javiera Parra.

Oscar Parra Sandoval (84) está inquieto. Viene saliendo de una operación y lo único que quiere es levantarse y salir a recorrer la Villa Vicente Huidobro de Puente Alto, donde las calles tienen nombres de poetas como Baudelaire o Mallarmé.

Está obligado a quedarse en su pulcra casa, escuchando radio y bajo los cuidados de Iris Guajardo, su esposa desde 1956.

También conocido como "Tony Canarito", el menor de los hermanos Parra (ver recuadro) estrena este sábado, el mediometraje "El Parra menos Parra", a las 17 horas en el Museo Nacional de Bellas Artes. Él mismo fue el impulsor de la idea de dejar un testimonio audiovisual con su vida. "Soy el Parra que faltaba" dice.

Apoyado por su hijo, también llamado Oscar y bajo la dirección de Jorge Catoni, el artista cuenta su historia (con la picardía permanente), recorre lugares clave en su vida y, lo más importante, recita lo que él llama "monólogos".

Textos picarescos con los que se lucía en sus rutinas circenses y que concentran todo el ADN de los Parra: antipoesía, humor, tragedia y chilenidad. "Es curiosa la vida", dice pensando en Nicanor, 16 años mayor. "Los únicos Parra que quedan vivos son el mayor y el menor".

-¿Qué piensa de Nicanor ahora que cumplirá 100 años?

-Bueno, él no quería que le celebraran. No sabía si iba a llegar a esa edad. Pero hace mucho tiempo que no lo veo. Para mí, es un tremendo poeta, tremendo escritor.... y tremendo de apretado. Para mí, el más talentoso era Lautaro, pero pasó algo bien feo.

-¿Qué cosa?

-Él viajó de Suecia a pedirle ayuda, porque estaba enfermo. Y Nicanor le dijo, en Las Cruces, que "cada uno se rasca con sus propias uñas". ¡Eso fue lo que le dijo! Un tiempo después, Lautaro se murió.

-¿Qué le diría a Nicanor si lo viera?

-Que no sea tan apretado. Y que me ayude. ¿Pero qué le vamos a hacer? Fue siempre así. Y con tanta plata que ha ganado con los premios...

"Aprendí de los payasos a payasear"

Hace tiempo que no puede tocar la guitarra, por un problema en los dedos. Algo que lo frustra más. Pero aún recuerda sus rutinas como el Tony Canarito, su alter ego, que combinaba con rancheras o cuecas, que cantaba vestido de huaso. Hasta que finalmente su media hermana, Marta logró integrarlo al espectáculo "El circo popular". "Aprendí de los payasos a payasear y empecé a pintarme".

Parra se ríe solo al recodar esa época -entre los años 50 y 60- donde era una especie de rockstar de la época y las chicas lo perseguían, ante el espanto de su esposa. "¡Lo he pasado tan bien! ¡Lo he pasado tan bien!... ", exclama con nostalgia.

Luego dice, "espérese, que no quiero perder el hilo", antes de lanzarse a contar historias subidas de tono sobre zancudos que pican mujeres, monjas enclaustradas o poemas dedicados a la fiesta, la amistad y el vino.

-Usted se quitó el apellido para convertirse en payaso. ¿Fue deliberado?

-Sí. Fue a propósito. Fue una decisión mía. Dije: Si triunfo en el mundo artístico que sea por mi mérito y no por mi apellido. Aparte, mis hermanos no me pescaban mucho. Porque yo era el conchito de la familia. El menos Parra de los Parra. Ellos eran los buenos. ¿Pero sabe qué? Al final yo terminé conociéndome Chile entero y ellos no. Violeta sólo iba a las ciudades grandes.

"Violeta era muy peleadora y enamorada"

-¿Cómo se llevaba con ella?

-Más o menos. Es que la Violeta era muy peleadora... Y enamorada. Una vez me metí en una pelea que tenía con un novio y me mordió. Ahí dije yo: Nunca más. Pero para mí es un genio. Lo más grande.

-¿Era difícil de carácter?

-Sí. Muy complicada. Pero ella fue la primera estrella de la familia. Con ella todo el mundo conoció el apellido. Después vino Nicanor, que era el intelectual. Fue gracias a mi madre que él pudo estudiar.

-¿No le molesta que todo el mundo hable de Violeta como si la conociera?

-¡Me gusta! Está bien que todo el mundo la conozca. Aunque a mí no me gustaba mucho como cantaba...

-¿No?

-Lo que me gustaba era como escribía. ¡Ay!, qué buena era componiendo y escribiendo. Como guitarrista también.

-Al ser el menor de la familia, ¿siente que su relación fue distinta con ellos?

-¡Es que mis hermanos no me daban pelota! Ellos eran los buenos y talentosos. Uno era el que no tenía idea de nada. Aprendieron a tocar de oído y yo era el más lento. Ellos me chuleteaban porque tenía mal oído y no los podía seguir con la guitarra. ¡Hasta que aprendí solito!

-Pero logró hacer algo muy distinto: Se metió al circo.

-¡Sí! Partí tocando el bombo, limpiando y de mozo. Hasta que terminé siendo tony. ¡¡¡Uf!!!. De ese mundo ya no queda nada. Yo sería, quizá, el último tony. Pero pucha que lo pasaba bien. Recorríamos todo Chile. Y yo conocía a las chiquillas, ellas se me acercaban. Mi señora me pillaba y me daba unos charchazos.

¡Me llovían las chiquillas!

Todas estas anécdotas forman parte del disco "Cuecas del Sr. Corales" (1967). Una colección de catorce canciones dedicadas al circo donde se mezclaban los típicos instrumentos del circo con los de la cueca. Luego grabaría más canciones que, tras el Golpe de 1973, se perdieron para siempre, confirma.

Aparte del mediometraje, ya hay un libro editado con su vida: "Canarito, el Parra que faltaba", de Pablo Padilla (2008, RIL). "Pero lo que cuento es la mínima parte de lo que he vivido, en verdad", dice. Por eso ahora está preparando una obra de teatro llamada "La muerte del payaso" y sobre la vida en el circo, que será estrenada antes de fin de año. "Ese payaso es uno mismo", dice.

-¿Ese Chile de los años 50 y 60 era muy diferente del de ahora?

-Es que en verdad no recuerdo mucho. ¡Me lo pasaba tomando!

-¿Y qué es lo que más recuerda de su vida como payaso?

-¡Que me llovían las chiquillas! Ay, en todos los pueblos me llegaban regalos y venían a esperarme. En todos lados dejaba un amor.

-Al final, se quedó con Iris...

-¡Sí! Ella me cuida y está conmigo. Tenía 18 cuando la conocí. Yo estaba cantando mexicano y vestido de huaso. ¡Imagínese! Después me acerqué y la invité una bebida. Y listo.

El menor de los Parra mira de reojo a su esposa, quien sonríe. Le pide que vaya a buscar discos y trofeos. Comienza a recitar el primer verso de la nueva obra que prepara y que retrata los días finales de un payaso: "Era un triste tony despechado...". Luego para y advierte que es, en verdad, "una comedia como las de mi hermano Roberto". Pero también se queja: "Mi voz está buena para hablar, pero para canturrear no". Luego, suspira, cierra los ojos y repite: "Pero he vivido tanto... y lo he pasado taaaan bien".

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