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La ruta Santiago - Valparaiso

por:  Ana Rosa Romo R.
sábado, 22 de marzo de 2014
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Es posiblemente la carretera más transitada de la zona central. El camino Santiago- Valparaíso y Viña se trazó a comienzos del siglo XIX y, de a poco, fue adquiriendo su fisonomía actual, hasta su denominación como Ruta 68. Para el viajero no solo ofrece un paisaje muy típico del valle central, sino también una variada oferta gastronómica que no decae en ninguna época del año.

FAVORITO DE CONGRESISTAS


Agua de Piedra (km 55, Curacaví). Es uno de los más antiguos. Fundado en 1958 por Eduardo Mc Vey, quien compró la propiedad al automóvil Club de Chile, e instaló una bomba de bencina Copec y una hostería.

Su hija Priscilla, quien está al mando ahora, lo remodeló completamente, amplió su capacidad y agregó estacionamientos, juegos infantiles y terrazas. Y afirma con mucha seguridad: "Nos propusimos convertirnos en el mejor restaurante de la Ruta 68, y podemos decir con orgullo que lo hemos logrado. Somos parada obligada de congresistas, empresarios, viajeros y gente de Curacaví".

El equipo de cocina cuenta con más de 30 personas y está liderado por el chef Rigoberto Catalán.

"Nos caracterizamos por ofrecer comida chilena de calidad, rápida y económica, pero con una amplia carta de sándwiches y pastas para satisfacer todos los gustos. Además, somos los únicos que ofrecemos dulces chilenos de Curacaví, frescos y recién horneados en casa", señala Priscilla.

Las especialidades más requeridas de la carta son los platos tradicionales: El pastel de choclo es el rey ($6.500 pesos), lomo a lo pobre (trozo de lomo liso o vetado con agregado de cebolla caramelizada, huevos y papas fritas $9.000), empanadas de queso fritas o de horno para llevar ($1.200 pesos.) y dulces chilenos a granel ($1.100).

Abierto todo el año, de 10:00 a 23:00 horas, de lunes a viernes. Fines de semana, hasta las 00:00 horas. Capacidad: 300 personas. 100 estacionamientos.

AMBIENTE FAMILIAR


Antumapu (km 53, Curacaví). Guillermo Barros Hurtado lo construyó en 1973 con el propósito de crear un espacio de encuentro familiar y de descanso para los viajeros.

"En su edificación se usaron materiales extraídos desde el mismo lugar. El techo, parquet, sillas, mesas, puertas y mesones, que se mantienen hasta el día de hoy, fueron hechos por gente de la zona, utilizando madera de encino del mismo terreno", cuenta Guillermo Barros Vásquez, nieto del fundador, quien junto a sus primos y una tía están a cargo de la administración.

"Nuestro ambiente tranquilo y familiar, y la excelente relación precio-calidad, se ganó la fidelidad de los clientes; hoy nos visitan segundas y terceras generaciones de quienes antes pasaban con sus padres o abuelos. Además, nuestro gran parque es perfecto para llevar a los más pequeños", afirma Guillermo.

La comida que ofrece es al más puro estilo chileno, destacando platos típicos como pastel de choclo ($ 4.500), cazuela de ave ($ 4.150), carne mechada con puré o arroz ($ 6.380), arrollado con papas mayo ($ 7.600), escalopa suiza (escalopa, jamón y queso con papas fritas $ 8.360), entre otros.

En la línea de sándwiches, los favoritos son: Barros luco ($ 3.680), chacarero ($ 3.850) y churrasco Italiano ($ 4.450).

Abierto todos los días de 09:30 a 00:00 horas, durante todo el verano. El resto del año, hasta las 22:30 horas. Capacidad 210 personas, distribuidas en dos comedores y una terraza.

SABORES Y OLORES TIPICOS


La Cabaña (km 48.8, Curacaví). En la década del 60 un matrimonio italiano inició en este lugar un pequeño negocio para dar a conocer el vino añejo, la chicha y la champaña que ellos elaboraban. También ofrecían sándwiches, pero poco a poco la clientela empezó a exigir platos.

A ese local ingresó a trabajar Elsamira Muñoz, quien décadas después, tras la muerte de la dueña, compró el local.

"Hay gente que cree que todavía soy trabajadora de aquí y no la propietaria", cuenta riéndose Elsamira, que convirtió el restaurante en uno de comida típica chilena.

"Este es un negocio familiar que nos transporta a nuestra infancia, con esos sabores y olores típicos de nuestra cocina y con un ambiente de familia, pero sin dejar de lado la calidad", asegura su hija, Sandra Donoso.

Otra de sus hijas, Carmen Gloria, es la encargada de la cocina, de donde emergen los platos que más solicitan los clientes: Pastel de choclo en fuente de greda ($6.500), cazuela de vacuno y ave (porción de 200 a 250 gramos de carne, papa cocida, choclo, zapallo, arroz y verduras $ 5000), carne mechada (tres cortes de mechada elaborada sólo con zanahoria y cocida durante dos horas y media, con acompañamiento $ 7.000) y empanadas de pino ($ 1.500).

Los sándwiches son en pan amasado casero y se ofrecen barros luco, chacareros, barros jarpa, arrollado, pernil, etc.

Abierto todos los días de 08:00 a 21:30 horas. Capacidad: 80 personas.

GASTRONOMIA Y VINOS


Restaurante Indómita (km 64, Casablanca). Pertenece a la Viña Indómita, de Bethwines, brazo vitivinícola de Bethia. "Se creó con el objetivo de potenciar la ubicación estratégica de nuestra viña y atender a nuestros numerosos clientes internacionales, uniendo lo mejor de nuestros vinos con una gastronomía de excelencia", señala la administradora, Carmen Yáñez.

Por lo mismo, definen su línea como "con algunos guiños a la cocina tradicional, pero 100% enfocada en ser la mejor acompañante de los vinos de Indómita yde otras viñas pertenecientes a Bethwines: Porta, Santa Alicia y Agustinos", apunta Carmen.

El responsable de la oferta es el chef Tomás Olivera Leiva.

De la carta destacan: Cebiche del día ($ 6.500), congrio con salsa de locos ($ 9.900) y trilogía de mote con huesillo ($ 3.900).

Abierto de lunes a domingo, de 12:30 a 16:30 horas. Capacidad: 70 personas.

ESTILO CAMPESTRE


Los Hornitos de Curacaví (Km. 48.8, Curacaví) . Creado por José Miguel de la Jara Anguita en 1976 como restaurante de comida típica chilena.

"Como familia apegada a las tradiciones, quisimos desarrollar un lugar que reuniera nuestros gustos campesinos", señalan los dueños.

Sus principales características las conserva hasta el día de hoy: Platos abundantes, garzones vestidos de huaso, piso de tierra, lámparas de greda, decoración muy campestre y música chilena para amenizar. También hay un sector destinado a la venta de souvenirs.

Roberto Reyes Jiménez es el chef que por 21 años ha supervisado las preparaciones, "con los sabores de nuestros abuelos". Las de mayor demanda siguen siendo el pastel de choclo en horno de barro ($6.800), asado al horno de barro con taza de jugo ($8.350), arrollado huaso ($7.900), costillar de cerdo ($8.250), porotos granados con longaniza ($7.450), escalopa a lo pobre ($11.990), filete a lo pobre ($11.900) y empanadas de horno ($2.180)

Abierto de lunes a domingo, de 09:00 a 17:30 horas. Capacidad: 250 personas.

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