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Rosita Serrano: El sonoro regreso del "Ruiseñor Chileno"

Al cumplirse 15 años de su muerte, la artista más importante que ha tenido Chile a nivel internacional -según la crítica especializada- renace desde el olvido gracias a una película que repasa su vida y carrera musical. Conocida en toda Europa como la "Edith Piaf Alemana", además de figura mediática durante el Tercer Reich, la cantante falleció sola y arruinada en una pieza común del Hospital del Tórax de Providencia. Aquí, su historia y los conciertos que deslumbraron al Santiago de 1948.  

por:  Enrique Morales Lastra La Segunda
sábado, 01 de septiembre de 2012
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"Soy de las que saben que el amor existe. Soy la esperanzada, la que espera. La que espera algo mejor. ¿Qué? No lo sé; pero no importa". Estas palabras escribió en su diario íntimo, a fines de la Segunda Guerra Mundial, María Esther Aldunate del Campo cuando se encontraba refugiada en Suecia, después de huir de la Alemania nazi.

Ese es el verdadero nombre de la mujer que cantaba bajo el seudónimo de Rosita Serrano

Vivió una existencia al límite. Es la que el cineasta Pablo Berthelon Aldunate (38), sobrino nieto de la diva, ha querido retratar durante 1 hora en el documental "Amapola roja", título que responde a la traducción castellana de "Roter Mohn", uno de los singles más conocidos de Serrano en alemán. El filme ya está editado y listo para estrenarse. Se financió con dineros del Consejo de la Cultura y se mostrará en las salas de cine en octubre. Ha despertado tal interés, que incluso su director ya vendió a TVN los derechos de exhibición, para que el canal público proyecte la película durante el próximo año.

A través de entrevistas realizadas a gente que conoció a la artista, las que se grabaron en Chile y en Alemania, conversaciones con críticos, y recorridos por tiendas de anticuarios que venden en Berlín los vinilos de Rosita como pan caliente, Berthelon relata detalles hasta ahora desconocidos de la vida de su célebre pariente.

Un nombre que, para los entendidos, constituye "la leyenda internacional en la historia de la música chilena".

El novelista Enrique Lafourcade la recuerda emocionado: "La conocí en Madrid, en los años 50, cuando aún llenaba teatros. Era pelirroja, bellísima, esbelta, con unos ojos como esmeraldas, y medía por sobre el metro 75. Un crítico de Nueva York dijo que Rosita tenía más pimienta que Carmen Miranda y el look de Hedy Lamarr", afirma el cronista-escritor.

El camino al estrellato

Nació en Quilpué, en junio de 1914. Era hija del diplomático Héctor Aldunate y de Sofía del Campo, esta última, la primera soprano nacional que grabó con la RCA Victor. Tuvo un hermano, llamado Luis, y tres medios hermanos del primer matrimonio de su madre. Esther -así era llamada de niña- vivió una infancia marcada por el abandono y las carencias afectivas: la temprana separación de sus padres y los continuos viajes a los que estaba obligada su progenitora a causa de su carrera artística, hicieron que Rosita pasara largas temporadas junto a familias ajenas a la propia.

De una de aquellas adoptó el nombre y el apellido con que se hizo famosa en Europa: de los Serrano Palma, de Quilpué. Un gesto que se puede entender como la búsqueda del arraigo existencial que siempre le fue esquivo. En efecto, siempre firmaba las dedicatorias que le solicitaban con la rúbrica de "Rosita Serrano de Chile", en un deseo de asentar su pertenencia a un país que nunca la sintió como suya.

Dotada de un talento vocal natural, Serrano fue una cantante autodidacta que jamás asistió a escuela alguna, y que sólo recibió lecciones de su famosa madre. Cantaba en doce idiomas y, al igual que Carlos Gardel, podía leer música a través del silbido, "maravillosamente", según una crónica de los años 30. Esta característica explica el apodo de "Ruiseñor" que recibiría con el tiempo.

Luego de un breve matrimonio, y el debut musical en Brasil y en Portugal (1930), partió rumbo a Alemania, para encontrarse con Sofía del Campo. No le fue posible, y por la impresión nerviosa que esto le produjo, cayó enferma de bronconeumonía en un hospital berlinés. En ese lugar, un médico de origen peruano le enseñó a tocar la guitarra. "Un instrumento que llegaría a formar parte de sí, en su futura trayectoria artística", complementa el investigador Juan Dzazopulos.

Sería el paso que antecedería al éxito.

La gloria en Alemania

Hasta que llegó la presentación en el Wintergarten de Berlín (1936), "una versión alemana del célebre Olimpia parisino", dice Dzazopulos. Entonces, Rosita no se detendría hasta alcanzar el reconocimiento. Cantó ahí, por un contrato que la ataba, hasta 1942. En paralelo, llegó a cobrar mil marcos de la época por subirse a los escenarios de los grandes hoteles y cabarets de Europa. Desde entonces se le comienza a conocer como "Der Chilenische Nachtigall" ("El Ruiseñor Chileno").

La cumbre de sus triunfos llegaría en 1942, al firmar un contrato en Budapest, Hungría: sus conciertos fueron grabados en audio y filmados en celuloide. "Rosita Serrano fue un ídolo indiscutido en Alemania y Europa. Se dice que su fama superó a la de Zarah Leander", asegura el historiador de la música, Juan Dzazopulos.

Llegó a producir más de 180 discos de un solo tema entre 1938 y 1976. Algunos lideraron los ranking de esas casi cuatro décadas: "La paloma", "El pequeño pájaro del amor" ("Der Kleine Liebesvogel"), "Y la música sigue tocando" ("Und die Musik Spielt Dazu"), "Oui, Madame", y "Amapola roja". Algunas de estas canciones serían ocupadas en las bandas sonoras de conocidas películas: "El tambor de hojalata" (1979), de Volker Schlöndorff, basada en la novela homónima del Premio Nobel Günter Grass, y "La casa de los espíritus" (1993), que protagonizada por Jeremy Irons y Meryl Streep, se inspira en una obra de la chilena Isabel Allende. Después de la Segunda Guerra, su mayor éxito sería editar un disco en español, con la RCA Victor, de las cuatro canciones de la película "La cenicienta" de Walt Disney, además de figurar con presentaciones en el Hotel Pierre, y el Restaurant La Rue, de la Calle 58, en Nueva York.

La actriz Carmen Barros , que fue amiga de Rosita, confirma la obsesión que sentía por la artista el ministro de Propaganda del Reich Joseph Goebbels, y la admiración que tenía por la cantante el mismísimo Adolf Hitler. Su permanencia en Alemania hasta poco después de que Chile rompiera relaciones con el Eje, ha dado pábulo para que fuera acusada por el historiador Víctor Farías "de nacionalsocialista" en su libro "Los nazis en Chile", interpelación que también incluye al pianista Claudio Arrau.

La Telefunken realizó un documental sobre Serrano en 1942, lo que ilustra la popularidad de la artista en el norte de Europa. Al año siguiente huyó a Suecia. Finalmente, la diva participó en cinco películas entre 1937 y 1951, una situación no igualada por ninguna artista chilena en el primer mundo.

Enrique Lafourcade, quien también fue cercano a Rosita, relata que Hitler besó la mano de la cantante después de escucharla en el Wintergarten y que se presentó para el Führer y Mussolini, cuando el Duce visitó Berlín en 1937. El escritor también afirma que Hermann Göring, el mariscal de la Fuerza Aérea del Reich durante la guerra, invitaba frecuentemente a Serrano a su castillo en Prusia.

Todo eso se acabó cuando junto a su madre, Rosita se fue con lo puesto, un par de maletas y diez marcos cada una, desde Alemania a Estocolmo, a comenzar de cero.

Su visita a Chile en 1948

Mientras vivió en Suecia entabló amistad con el rey Gustavo V, y residió largas temporadas en Finlandia, Grecia, Suiza e Inglaterra. En 1947, al efectuar una gira por medio oriente, se casó con el magnate egipcio Pierre Aghion, el que, según propia confesión de Serrano, fue el amor de su vida. La pareja fija su residencia en Alejandría. Aghion es riquísimo, es viudo, y tiene un hijo.

En ese instante de su carrera, Rosita regresa a Santiago después de 20 años de ausencia, contratada por la Sociedad Nacional de Agricultura para presentarse en el Teatro Municipal. Corría junio de 1948. El acuerdo incluía el pago de 10 mil dólares, más los pasajes de ida y vuelta por barco. El hecho convulsionó a la sociedad chilena de la época, y Serrano se alojó con gran pompa en las mejores dependencias del Hotel Crillón.

Agotó las localidades y la crítica la ovacionó.

A inicios de los 50 retornó a la nueva Alemania Federal con gran éxito.

Un final a lo María Callas

Las similitudes de Rosita Serrano con María Callas llaman profundamente la atención. Las dos fueron acusadas de adherir al nacionalsocialismo en algún punto de sus caminos, lo que tarde o temprano les traería consecuencias en su trayectoria profesional. La griega fue expulsada del Conservatorio de Atenas por presentarse ante la oficialidad de las Waffen SS, en tiempos de la ocupación alemana, y debió regresar a Nueva York a probar suerte. Y a Rosita los gobiernos de la Concertación le negaron una pensión por gracia, debido a sus vínculos con la jerarquía nazi y a la mutua simpatía que se tenía con Augusto Pinochet, cuando el general gobernaba el país.

Comenzada la década de 1960 se inició el declive de Serrano. Falleció su segundo esposo, quien había perdido la inmensa fortuna, estableció una relación con el dibujante Will Williams, deambuló por Alemania, Austria, Chile, otra vez Alemania, hasta regresar definitivamente a Santiago en 1991.

Vivió en La Reina y luego en un humilde departamento de la calle Catedral, que le financiaban sus amigos. "Subsistía gracias a la caridad", confiesa Pablo Berthelon.

Falleció a raíz de un edema pulmonar el domingo 6 de abril de 1997, en el pabellón para indigentes del Hospital del Tórax de Providencia. Al igual que aconteció con María Callas, sus restos fueron cremados y más tarde sus cenizas fueron lanzadas al Mar Mediterráneo, como antes sucedió con María Callas.

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