Inspirada en "El Infarto del Alma", el libro de Diamela Eltit y Paz Errázuriz, hoy debuta en "El otro", del aclamado director Luis Guenel.
Foto Paz Errázuriz
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Hace siete años el aplaudido Luis Guenel ("El olivo"), ahora de 27 años, se topó con el libro "El infarto del alma", de la escritora Diamela Eltit y la fotógrafa Paz Errázuriz y quedó prendado con la historia.
Hoy junto a su compañía El Niño Proletario estrena en Factoría Italia su versión para las tablas: "El otro".
Junto a Francisco Medina (el inolvidable MC de "Cabaret"), asistente de dirección, decidieron abordar la historia. "Nos pareció interesante cómo aparecía de manera bella algo totalmente excluido de la sociedad, cómo se vuelve interesante un lugar que podría ser de la indigencia".
Como suele hacer en sus montajes, Guenel convocó a un elenco de distintas generaciones: José Soza, Paola Lattus, Greta Nilsson, Eduardo Soto, Rodrigo Velásquez, Daniel Antivilo y Carolina Cifras.
Estos siete actores encarnan a pacientes psiquiátricos, con lenguajes y sentimientos propios. "La idea era trabajar la soledad, el abandono y alejarnos del prejuicio de lo que es in paciente siquiátrico", dice Guenel, que se ha ganado el aplauso de la crítica en una prematura carrera que partió a sus 20 años, cuando Alfredo Castro apadrinó con una beca para que estudiara dirección.
Para este montaje decidieron ir al Hospital Psiquiátrico de Putaendo, donde surgió la historia que inspiró el libro. "Cuando ves que te abrazan, muestran cariño y establecen relaciones de amor y confianza, se transformó en un trabajo que tenía que ser humano. No queríamos representar el siquiátrico, sino la sensación nos dejó estar ahí".
"Fue súper fuerte, una experiencia impactante. Cuando ves que no controlan su propio cuerpo, no es fácil de digerir", recuerda. Visitar la sección geriátrica le resultó lo más impactante. "Los más viejitos han pasado por mucho medicamento, no hay posibilidad de palabra, hay un sonido que no se entiende, una estridencia, la mirada en otro lugar. Y, sin embargo, tratan de comunicarse contigo".
Después vino el gran desafío: "¿Cómo traduces esto sin que se vea falso, como una maqueta?". Decidieron despojar la escenografía. "Sus mentes son complejas, tienen mucho recovecos. Pero su entorno es simple, no hay tantas cosas... Nos alejamos de la línea realista que teníamos y nos fuimos por un lado más poético".
La decisión del lugar también fue tomada a conciencia como una metáfora: "El galpón fue una gran sombrería, hoy día tiene algo de abandono, hubo mucha vida en un minuto".
"Nos preguntamos si es posible el amor"
Con el montaje buscan plantear una reflexión de fondo: "En la vorágine de crecimiento y desarrollo del país, nos preguntamos si es posible el amor y nos encontramos con que el amor está ocurriendo en el siquiátrico, el lugar menos pensado. Es una gran ironía y un llamado de atención a la sociedad".
Guenel considera un "privilegio" el casting que convocó y con el que ha trabajado por 4 meses. Y reconoce que, pese a su experiencia, su rol le resulta un reto. "No es fácil dirigir, cada obra es un desafío importante. Se nos va la vida con la compañía, ponemos todo de nosotros".
Entre sus planes está llevar "El olivo" en septiembre a Colombia y Brasil. Además, desde hace 6 años realiza el festival Cielos del infinito, en el que llevan teatro, danza y música a las últimas cuatro ciudades del país: Puerto Williams, Tierra del fuego, Puerto Natales y Punta Arenas.
Como compañía ya habían adaptado otro texto de la escritora chilena. "Eltit llega a tus manos hoy y es totalmente contemporánea, hay una forma de comprender la construcción social del país, que se me vuelve contingente, punzante, provocativa".