Comentario del crítico de ópera Francisco Javier Bernales: “Plácido Domingo sigue vigente a pesar de su edad y su larga carrera sobre los escenarios, en este rol que no le exige grandes esfuerzos y que le queda como anillo al dedo, nos permitió gozar de su arte prácticamente como en sus primeros tiempos”.
Francisco Javier Bernales, crítico de opera.
Foto Luciano Riquelme.
Por Francisco Javier Bernales
Una noche especial, no acostumbrada, en que todo resultó muy bien, hay que reconocer la brillantez, la inteligencia y el gran esfuerzo del Teatro Municipal para montar una ópera a un año de su estreno mundial en Los Angeles. Es también necesario recalcar y felicitar a sus directivos cuando algo es notable, como asimismo lo hacemos cuando consideramos que algo no anduvo al 100%. Anoche estaba en la función el 80% del poder político, económico y social de Chile con el Presidente de la República a la cabeza, el alcalde de Santiago, senadores y diputados, ministros, ex presidentes. Connotados empresarios y un público conocedor que hacía fila desde temprano para lograr buenas ubicaciones en galería, todos ensimismados viendo y apreciando una bella ópera escrita en castellano, por un latino que desgraciadamente falleció y no pudo saborear el tremendo éxito de su obra. Además, con un elenco de primer orden con Plácido Domingo aún vigente a pesar de su edad y de su larga carrera sobre los escenarios, en este rol que no le exige grandes esfuerzos y que le queda como anillo al dedo. Nos permitió gozar de su arte, su musicalidad, su voz y su presencia escénica prácticamente como en sus primeros tiempos. Tuvimos muchísima suerte de haber visto a Domingo en un rol que le acomoda y no en las incursiones de barítono que definitivamente no son para él y que últimamente y sin necesidad ha efectuado en grandes teatros. Su Neruda fue absolutamente maravilloso y quedará en nuestra memoria y nuestras retinas como un gran acontecimiento después de 45 años, para quienes tuvimos la suerte de verlo en Carmen y Andrea Chenier en 1967. La producción escénica, iluminación y regie de la Opera de Los Angeles, resultó absolutamente espectacular, con destacados artistas a la cabeza, muy inteligente en soluciones, muy bella en lo estético e iluminación perfecta, todo un lujo irrepetible.
En lo musical, Daniel Catán, un valiente que se atrevió a escribir ópera en castellano, también se atrevió a escribir ópera de melodía, como decía Puccini “contra tutto e contra tutti, faró ópera di melodía”, oponiéndose a los movimientos modernos en que la disonancia y la atonalidad dejaban la melodía de lado y precisamente muchos pasajes de ésta ópera nos evocan a Puccini sin siquiera pensar que Cattan es un “copión” ya que también encontramos rasgos de Debussy en la parte orquestal y tampoco podríamos decir que es copión, Cattan hace lo suyo, tiene su estilo y es bueno en lo que hizo, el público gozó esa marea de bellas melodías como también gozamos de las incursiones orquestales profundas en que se dejó sentir el buen orquestador.
Completando el elenco, la chilena Cristina Gallardo Domâs como Matilde Urrutia, otrora maravillosa soprano lírica a la altura de las más importantes del mundo, ha sabido conservar la finura de su canto y su estilo, si bien es cierto que su voz ya no es la misma maravilla que fue, igualmente la artista está presente y se nota, su voz aún tiene mucho que decir y nos alegramos de verla recuperada y esperanzados de verla brillando como antes. Como el cartero Mario Ruoppolo, el tenor Charles Castronovo, quien es parte del elenco original también, nos gustó sobremanera, es un artista completo, buena voz —muy parecida a la de Domingo en ciertos pasajes— volumen respetable, timbre muy agradable y muy buen actor. Amanda Squitieri como su novia Beatrice también nos agradó, poseedora de una buena voz, muy musical, cumplió a cabalidad su cometido, entregándonos una muy bella Beatrice. Bastante más nos llamó la atención su tía Doña Rosa, encarnada por la mezzo española Nancy Fabiola Herrera, cantante que hay que seguir de cerca ya que nos impresionó su bello timbre y volumen, aparte de su excelente actuación. Muy buen tenor Claudio Fernández en el difícil rol del Padre de Mario, Javier Arrey como Giorgio, Federico Gallar como el político Di Cosimo y Exequiel Sánchez como el sacerdote completaron un elenco de primerísimo orden junto a la dirección orquestal del maestro Grant Gershon, quien dirigió nuestra Orquesta Filarmónica logrando un extraordinario resultado.
En resumen, una función espectacular, público delirante y el agrado de haber asistido a una función inolvidable.