La actriz de "Gladys" protagoniza "Los perros", de la mexicana Elena Garro, que se estrena mañana en el Teatro Universidad Católica.
En la escenografía de su nueva obra.
Foto IVAN SARMIENTO
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Con varias películas en cartelera y otras por venir, a Catalina Saavedra le queda espacio para el teatro.
La actriz debuta mañana en el Teatro UC con la obra "Los perros", de la escritora mexicana Elena Garro. En la historia, la pequeña Ursula (Ignacia Agüero) sabe que será raptada y abusada por un hombre de su pueblo, con lo cual se repite la historia de su madre (Saavedra).
"Lo que me cautivó de esta obra fue el texto. Es un cuento muy atractivo y está escrito de una manera que es un gran desafío para un actor: es bastante poética. No es una obra realista, y eso indiscutiblemente lleva a una emocionalidad profunda", señala la actriz en la función de preestreno.
La puesta en escena sugiere piso de tierra, una cama, ollas y plantas en una casa de un ambiente donde madre e hija conviven en la pobreza. Apenas el sonido de una guitarra completa el texto. Es la propuesta del director Rodrigo Pérez, quien a juicio de la actriz, "logra hacer poesía en la puesta en escena".
La historia transcurre en la periferia mexicana, pero esto no se nombra en la obra y tampoco genera confusión. "No cuesta nada situarlo aquí. Son temas reconocibles en nuestra sociedad".
La laureada protagonista de la cinta "La nana" y la obra "Gladys" -que se presentará en el Festival de Lisboa- se confiesa "súper mala para llorar", pero no pudo evitarlo apenas leyó la historia, de apenas 15 páginas. "La pobreza, marginalidad, desamparo y el abandono total de la miseria son temas conmovedores y necesarios de recordar. Sobre todo en un mundo que se mira al ombligo siempre. Cada vez somos más egoístas en sensibilizarnos con el desprotegido".
Pese al delicado tema que aborda, para la actriz lo atractivo "es la mezcla de pobreza con poética... La idea es sensibilizar más que deprimir".
Un año cinematográfico
Este 2012, Catalina Saavedra ha estado en varias cintas: ya se la vio en "La lección de pintura", de Pablo Perelman, y en "Joven y alocada", de Marialy Rivas. "Humoradas cinematográficas", dice, porque son papeles pequeños.
Terminó de rodar "Las niñas Quispe", de Sebastián Sepúlveda; estará en "La jubilada", de Jairo Boisier, y en "Caleuche" de Jorge Olguín. Además, en "La pasión de Michelangelo", de Esteban Larraín, interpreta una pueblerina de Peñablanca, mujer de un fotógrafo (Roberto Farías) que "no cree (en la aparición de la virgen) y que después se va engrupiendo por una necesidad y rollo propio. Ese rol representa a mucha gente".
En televisión no está porque "no ha habido ningún proyecto interesante de alguna productora independiente".
"De las producciones de los canales mismos no espero nada. Están atados de manos en relación con sus líneas editoriales. Desde hace muchos años. Se hace lo que vende".
Dar la espalda a las producciones de los canales es un "gusto" que se da "de chora porque económicamente no me convendría dármelo", confiesa. "Si alguna vez pasa un periodo largo que no tengo nada, puedo vender cosas. Ser actriz no es la única opción en la vida".